La próxima ley de «muerte digna», la eugenesia que nos amenaza.

Eugenesia, etimológicamente hablando significa “buen nacimiento”, pero de lo que se trata con ella, en realidad y crudamente, es intentar, mediante la modificación biológica de las leyes genéticas, de las leyes de la herencia, «perfeccionar» la especie humana.

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Ya está aquí. O, mejor dicho, ya lleva entre nosotros más de un siglo, bien que es ahora cuando toma su forma más peligrosa porque se la está camuflando y adornando, con lazo y todo, para venderla convenientemente y, peor aún: justificarla.

Eugenesia, etimológicamente hablando significa “buen nacimiento”, pero de lo que se trata con ella, en realidad y crudamente, es intentar, mediante la modificación biológica de las leyes genéticas, de las leyes de la herencia, «perfeccionar» la especie humana. Mediante la eugenesia se busca intervenir en los rasgos hereditarios para conseguir el nacimiento de personas «más sanas y con mayor inteligencia». ¿Les suena a algo no muy lejano? Pues sí, a la parte oscura del nazismo.

Pero lo bueno, o lo malo, o lo peor de lo anterior, es que mientras todas las democracias siguen criminalizando y pestificando tal ideología por sus barbaridades eugenésicas, lo cual no está mal, como las democracias son profundamente relativistas, materialistas y deshumanizadas, como en muchos aspectos no se diferencian de los nazis excesivamente, siempre que no se haga con una esvástica en el brazo y con luz y taquígrafos, es decir, siempre y cuando lo hagan los demócratas, proceden ahora a vendernos lo que los nazis hicieron, bien que, claro, lo venden «democráticamente», es decir, con mucha propaganda, con maravillosas imágenes, con frases repletas de ese buenismo y sentimentalismo ñoño y estúpido en el que son maestras. Lo paradójico es que lo que abominan de los nazis lo quieren llevar ahora las democracias a su culminación, pero siempre con la condición de que aquello se siga considerándose malo y lo de ellos, que es lo mismo o peor, bueno.

Los primeros eugenesistas que se conocen fueron los espartanos, que niño que nacía o crecía con alguna tara, niño que era eliminado, así, sus ejército fue durante décadas el más poderoso de aquella zona y época.

Herbert Spencer,

En 1862 surgió Herbert Spencer, impulsor de los denominados «Primeros Principios», antecesor de Darwin, teoría social que defendía la aplicación de la ley de la supervivencia del más apto a la sociedad, de forma que incluso los impulsos humanitarios debían ser excluidos para que nada, ni ellos, interfirieran con las leyes de la naturaleza, incluyendo la lucha social por la existencia.

Tras él, es en 1883 cuando se acuña el término de eugenesia desarrollándose en dos variantes complementarias: por un lado la necesidad de la selección del grupo humano más adecuado, por otro la segregación de aquellos que no cumplieran con las características físicas e intelectuales de aquél.

En 1907 el estado de Indiana (EEUU) fue el primero del mundo, y en año tan temprano, que directamente legalizó una ley eugenésica: la de esterilización de personas. Indiana, y con él otros estados –para 1931 ya serían veintisiete los que contaran con normas permisivas–, llevaron adelante programas de esterilización con el objetivo de lograr un pueblo uniforme, de rasgos definidos y “pura sangre”, para asegurarse la reproducción de aquellos individuos que contaran con la dotación física e intelectual deseada, lo que llevó a la esterilización legal, y por ello obligada, de muchos alcohólicos, epilépticos, ciegos, sordos y mujeres consideradas promiscuas o criminales; los etiquetaban como débiles mentales, afirmando que era la mejor forma de asegurar el porvenir de la sociedad e, incluso, la solución contra la pobreza. Se calcula que hasta la década de los sesenta unas 60.000 personas fueron esterilizadas en EEUU de acuerdo a tal ley y dichas normas; la mayoría, curiosamente, afroamericanas, o sea negros.

Carrie Buck

Caso significativo fue el ocurrido en 1924 en EEUU. Carrie Buck, una huérfana que vivía en una casa de adopción, fue violada por el sobrino de sus padres adoptivos; al poco tiempo supo que estaba embarazada. Tenía 17 años y era una chica como cualquier otra; sus padres adoptivos la ingresaron en un hospital para epilépticos y enfermos mentales para evitar que su situación mancillara el apellido de la familia. Carrie fue condenada a la esterilización; pero no cedió fácilmente. Recurrió a la Corte Suprema de Justicia. Perdió y en 1927 fue esterilizada. Uno de los argumentos del jurado fue “Tres generaciones de imbéciles son suficientes” (intentaban expresar que el gen Buck era deficiente).

Winston Churchill

En el Reino Unido fue en 1910 cuando personalidad ya por entonces tan relevante como Winston Churchill –azote después de la Alemania nazi– propuso, siendo ministro del Interior británico, una ley de «internamiento y esterilización» de los «débiles mentales». Idea que fue entusiastamente apoyada, entre muchos otros, por otra relevante personalidad: Graham Bell.

John Maynard Keynes

Tras la estela de Churchill, John Maynard Keynes, el reputado economista, fundó en 1914 la Sociedad Eugenésica Británica, quitándose la careta.

Ni que decir tiene la gran influencia y éxito que todo lo anterior logró por entonces en aquel país y en todo el mundo anglosajón, tanto es así que fueron los países escandinavos –Suecia, Dinamarca y Noruega, más con ellos Suiza– los que se llevarían la palma, de forma que desde la década de los treinta hasta la mitad de los setenta del siglo pasado, atención a las fechas, se calcula que fueron unas 63.000 personas las esterilizadas; si se tiene en cuenta la enorme diferencia de población con los EEUU, se puede afirmar que, para eugenésicos, los escandinavos.

Cuando llegan los nazis al poder, en 1933, la eugenesia se aplica tal y como se venía haciendo desde mucho antes en los países citados, como hemos visto  –y hasta mucho después, como también hemos visto–, con la única diferencia de que los nazis la extendieron, mediante la «Ley de prevención de la descendencia» a núcleos y colectivos de población que consideraron inferiores per se, como por ejemplo gitanos, judíos, comunistas y sodomitas, a los cuales no bastó esterilizar –se calcula que lo fueron unas 400.000 personas–, sino que se llegó a su eliminación física. Fue sólo a raíz de tal «pasada», cuando por unos años la eugenesia –lo de los nazis no fue distinto a lo de los yanquis, británicos o escandinavos, bien que a lo bestia– perdió fuelle; aunque dichas leyes y normas en los países citados nunca fueron abolidas, ni condenadas, ni olvidadas, ni evitadas, tan sólo sumergidas, ocultadas a la espera de mejor ocasión.

Los defensores de la eugenesia aseguran que esta práctica alivia el sufrimiento (al evitar que nazcan personas con malformaciones o graves enfermedades, por ejemplo) y permite que la sociedad ahorre recursos. La selección artificial, el diagnóstico prenatal, la ingeniería genética, el control de natalidad y la eutanasia –o la «muerte digan»– impuesta o pedida por el intereseado o su familia, son los mecanismos de la eugenesia de hoy.

Hoy en día, el Nuevo Orden Mundial se ha quitado la careta y, recogiendo las teorías eugenésicas ya citadas, hace de la eugenesia bandera principal de sus planes para el futuro de ese mundo ideal que dice que quiere lograr, el cual, claro está, no será posible si no se controla la natalidad reduciéndola para que haya posibilidad de alimentar «bien» a todos, reduciéndola para que esos todos puedan tener la adecuada calidad de vida, educación y asistencia sanitaria, es decir, el tiempo y medios necesarios para disfrutar de tiempo para el ocio y evitando que seres humanos malformados, deficientes, tarados o ancianos consuman recursos, generen gastos, no produzcan y… no disfruten realmente de la vida, por lo que lo mejor es… o que no nazcan o que sean eliminados… «dignamente». Las próximas leyes de «muerte digna» — muerte impuesta o pedida, eutanasia–, que ya todos los partidos de España propugnan con la boca grande o chica, con matices o sin ellos, son el caballo de Troya de la eugenesia que viene, que ya está aquí y… en pcocas décadas a lo nazi, ya lo verán.

 

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