Murió el Gral. Galindo

El general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo murió el pasado 15 de febrero en Zaragoza a los 81 años a causa del coronavirus. El general estuvo al frente de la 513 Comandancia de la Guardia Civil en el cuartel de Intxaurrondo (Guipúzcoa) desde 1980 hasta 1995. Desarticuló 90 comandos terroristas de la banda comunista-separatista ETA y detuvo a más de 800 terroristas. Estaba en posesión, entre otras condecoraciones, de la Medalla de Oro de la Guardia Civil, máxima condecoración que se concede en el Cuerpo.

El general Galindo había sido expulsado de la Guardia Civil a resultas de la condena judicial que le imputaba pertenencia al grupo antiterrorista GAL, y por su relación con el asesinato en 1983 de los etarras José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala. El Tribunal Supremo le condenó en 2001 a más de 70 años de cárcel. Cumplió menos de cinco por razones graves de salud, quedando en arresto domiciliario con vigilancia policial. En 2013 los tribunales le concedieron la libertad condicional, pero nunca el indulto.

En 2006 el general Rodríguez Galindo publicó sus Memorias (Mi vida contra ETA, Barcelona: Editorial Planeta, 2006, 635 págs.), negando toda responsabilidad en los hechos que le llevaron a la cárcel, al tiempo que dejó para la historia interesantes reflexiones.

Habla de las gravísimas deficiencias técnicas y humanas de la policía y la Guardia Civil para combatir a ETA, después de que todos los etarras amnistiados por el nuevo régimen volviesen a la actividad terrorista. Es el caso de la guerra de las banderas, donde la Guardia Civil no tenía personal ni siquiera para garantizar que la bandera española ondease en los ayuntamientos.

Relata cómo algunas operaciones antiterroristas de la Guardia Civil tuvieron que aplazarse por los contactos entre ETA y el Gobierno en Argelia, recibiendo instrucciones de prolongar indefinidamente las investigaciones y de relajar la presión sobre los terroristas. Recuerda que en 1988 se modificó la Ley Antiterrorista con dos leyes orgánicas para aumentar los derechos de los etarras detenidos y para disminuir la eficiencia policial.

También denunció en sus Memorias el poder de la propaganda y la manipulación nacionalistas de la información y de las conciencias como un factor explicativo de la realidad etarra. Hay una comprensión sistemática del PNV hacia ETA, frenando a la Ertzaintza. Una parte importante del clero guipuzcoano es nacionalista. En este sentido recuerda con amargura al obispo Setién, que prohibió en las iglesias de su diócesis que la bandera nacional cubriese el ataúd de los muertos. Los obispos de Bilbao en aquella época condenaron las medidas desproporcionadas en la lucha contra ETA.

Con respecto a los malos tratos a los etarras detenidos, niega su conocimiento o autorización, aunque no descarta que alguno hubiera. Puntualiza que había fugas, forcejeos y detenciones violentas.

Niega su implicación en los GAL, aunque tiene palabras de elogio para los miembros del PSOE o de la policía condenados por ello. También niega la relación de la policía con el Batallón Vasco Español. Dice de los GAL que sirvieron para que Francia dejase de ser un refugio etarra, porque los franceses vieron que su territorio se convertiría en un escenario de guerra. Ningún español debe olvidar que Francia hasta 1984 consideraba a los etarras como presos políticos. En cualquier caso, dice el general Galindo que la hipocresía sobre el GAL es enorme. Pocos saben que el entonces director de Diario-16, Pedro J. Ramírez, reclamaba el exterminio físico de los etarras, les negaba los derechos humanos, reclamaba la necesidad de desratizar el País Vasco, o insistía en la legitimidad moral para emplear métodos irregulares en Francia…

No es digno de elogio sin embargo el espíritu funcionarial del general Galindo en estrecha amistad con los dirigentes del PSOE, que pasan del GAL a la negociación con ETA sin solución de continuidad. Muchos de ellos le dejaron sólo ante los tribunales. Pero nunca les delató. Admite que las negociaciones con ETA supusieron una esperanza para el separatismo. Visto lo visto por el general Galindo, es paradójica su respuesta a propósito del 23 de febrero de 1981 asegurando fidelidad a la legalidad vigente.

Los estrategas de la mentira y la provocación, como denomina a los separatistas, le implicaron en tráfico de drogas, contrabando y torturas. Los etarras detenidos tenían la consigna de denunciar torturas siempre que eran detenidos, la inmensa mayoría falsas. Y Las autoridades civiles seguían el juego a los terroristas. Las ruedas de reconocimiento eran interminables, amén del recurso abusivo de los terroristas a los tribunales, que hasta la Ley de Partidos negaron la ilegalización de HB.

Galindo habla de la colaboración con su comandancia de algunos arrepentidos, o acobardados o sobornados, que de todo hubo. Los más curiosos son los arrepentidos, que llegaban a decir que España es una gran nación y que todo esto del nacionalismo es una locura. Otros se retiraron millonarios a sus casas después de muchos años amasando una fortuna por la extorsión a los empresarios y por el botín de los secuestros.

El libro refleja la mentalidad etarra. El nacionalismo ha sido capaz de crear un tejido social donde crecen muchos jóvenes sin conocimiento alguno de la historia de España, algo que por otra parte ocurre en todas las regiones. Pero con el añadido del odio racista a los símbolos de España y a todo lo que España representa en la historia. Un nacionalismo que sigue siendo legal y con derechos de gobierno para destruir todo lo sagrado:

Para Siempre P´alante


3 respuestas a «Murió el Gral. Galindo»

  1. Es conveniente recordar, antes y después de leer el libro, que el PSOE pasó de celebrar con cava cada nuevo asesinato de ETA (especialmente de Guardia Civil, Policía o Militar) a crear los GAL para “solucionar el problema” mediante el asesinato “por razón de Estado”
    ¿Y cuando cambió de actitud?
    En cuanto llegó al poder y “cogió cacho”
    La misma actitud del bellaco que avanza en la cola a empujones y codazos… y cuando llega a la ventanilla se vuelve muy digno y dice ¡no empujen!
    El PSOE había llegado al poder en buen medida a hombros del terrorismo “anti franquista” pero una vez en el Poder no estaba dispuesto a que sus antiguos colaboradores le dificultaran la recogida de nueces.
    Esa es la verdadera memoria histórica que debe enseñarse a las nuevas generaciones.

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