Muy breve pero contundente historia de España
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Fijaos, si me permitís, voy a hacer como una especie de síntesis muy básica de la historia de España. Tan básica que vas a decir, oye, en menos de cinco minutos te la cuento la historia de España. Mira, yo digo que España tiene un amplio ciclo fundacional, una especie de placa base de la historia de España, la cual además no es muy distinta de la del resto de Europa.
Es la que yo llamo la España de las tres culturas, Celtíbera, Romana y Goda. El proceso histórico de la etnogénesis, la edad del bronce, los pueblos prerromanos, los que yo estudié en mi tesis doctoral, la España de celtas, íberos y celtíberos, Numancia, Viriato, los astures en el monte Medulio, los cántabros crucificados que cantan himnos de victoria aún crucificados, la España prerromana. La España romana, que no es cualquier cosa, los romanos convierten la península ibérica en una unidad político-territorial y administrativa, Hispania, provincia de Roma, la España romana.
Y finalmente la España goda, que ya es un reino soberano, que tiene como proyecto ser reino soberano de esa provincia romana, y que además implica conversión al catolicismo, en el tercer concilio de Toledo, donde se produce ya lo que llaman la fusión del trono y el altar. Esto de fusión del trono y el altar que la modernidad contemporánea los señala como algo despectivo, sin embargo es algo positivo, significa que la acción política está guiada por el orden natural que a su vez se ve desarrollado, manifestado en plenitud con la revelación cristiana. El trono y el altar, el reino visigodo de Toledo, todo esto es un proceso histórico amplísimo y que tiene paralelos en toda Europa, la Europa prerromana, la Europa grecorromana, la Europa de las invasiones bárbaras, los primeros reinos cristianos en la altísima Edad Media… Bien, pues si esta es la primera etapa, la fundacional, la siguiente es la que ya marca nuestra idiosincrasia, porque es la etapa de la reconquista, en el año 711, aprovechando una guerra civil dentro de la monarquía visigoda, se produce la usurpación islámica.
El islam usurpa la cristiandad española para establecer un islam en el sur de Europa, un islam donde estaba ese regnum hispaniae de los godos, y a partir de la invasión musulmana el largo proceso de reconquista, restauración y repoblación. España se rehace a sí misma, desde las montañas del norte, desde la España pirenaica, la España cantábrica, la España atlántica, el Tercio Norte, la España verde y fresca, ¿verdad? Va en un proceso paulatino, siglo a siglo, bajando la frontera. A pesar del califato de Córdoba, a pesar de Almanzor, a pesar de los almorávides, a pesar de los almohades, la cristiandad hispánica se impone.
Y España se recristianiza y se rehispaniza. Y eso, ojo, ese superar la usurpación musulmana, ya es un raro característico español, porque ese proceso arduo no lo tiene el resto de Europa. Nosotros sí.
A través de la invasión musulmana podíamos haber perdido la raíz grecorromana, el marco cristiano-católico-visigótico, incluso la matriz pagana de las leyendas populares celto-germánicas, todo eso podría haberse perdido, y haber quedado bajo la égida del totalitarismo islámico. Bien, pues no. Nosotros no descendemos de las coordenadas filosóficas, religiosas y espirituales de Almanzor, descendemos de las coordenadas filosóficas, religiosas y espirituales de Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa, de Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa, de Fernando III el Santo conquistando Sevilla y Córdoba.
Ahora, a ese segundo periodo, Reconquista, le sucede otro tercer periodo característico español, el Imperio. España se proyecta de manera universal. Surge lo que podríamos llamar la españolidad universal de matriz católica, basada en el dios uno y trino, frente al monoteísmo unilateral islámico, frente al monoteísmo unilateral judío y frente a la irracionalidad regresiva de los aztecas, de los caníbales, de los pueblos indígenas de la América precolombina, el dios uno y trino, que tanto es el dios padre absoluto omnipotente, como es que ha sido carne, huesos y sangre, ha estado aquí como nosotros y ha sufrido como nosotros de manera evidente en el Calvario.
Bien, el dios uno y trino y la España universal del Imperio. Esa España universal del Imperio es una cosa única, es un raro característico propio nuestro. Yo digo que España Reconquista e Imperio.
Su ciclo fundacional pueden ser Celtíberos, Romanos y Godos, la España de las tres culturas, pero su rasgo característico, su idiosincrasia histórica, Reconquista e Imperio. ¿A partir de aquí qué ocurre durante el siglo XVIII? Cambia la dinastía y se produce paulatinamente el afrancesamiento de las élites. Es pensar cómo ya en el siglo XVIII se establece la idea de prohibir los autos sacramentales.
Se pone la semilla, ¿no? Calderón de la barca, hay que sacarle de la ecuación. ¿Qué España es esa que en el siglo XVIII quiere sacar a Calderón de la barca de la ecuación, cuyos autos sacramentales son la mayor profundidad de religiosidad espiritual en las artes escénicas que cabe en Europa entera? Entonces se siembra una semilla que nos lleva ya al desastre. ¿Cuál es el desastre? La España de la modernidad contemporánea.
Con los desgarros del siglo XIX, creo que seguimos casi en los desgarros del siglo XIX en pleno siglo XXI en España, y a partir de ahí, fijaos, nos chupamos las tres guerras carlistas, la primera república, la restauración, la guerra civil que gana Franco, el franquismo… Es decir, España entra en un proceso que le lleva en 250 años a quedar paulatinamente subordinado a aquellos que nos ganaron la pelea. En la paz de Westfalia, en el tratado de Utrecht, en el propio siglo XIX, la Europa subvertida por la herejía protestante, la subversión que podríamos decir genéricamente anglo-protestante. Nos ganan.
Bien, pues durante casi dos siglos y medio, España paulatinamente ha ido quedando subordinada. Independientemente de los pormenores de los últimos 250 años, que es muy pormenor, que si las tres guerras carlistas, que si la España liberal, que si Franco, que si… Ha pasado muchas cosas. Pero más allá de todo eso, que se haría para otro debate, llegamos en pleno siglo XXI a la encrucijada.
La encrucijada es la siguiente. Si España sigue los patrones, los carriles de la modernidad contemporánea, de lo que yo llamo postmodernidad de construcción y globalismo, su destino es diluirse y desaparecer. Y va a desaparecer en la postmodernidad la construcción y el globalismo como el resto de Occidente, que se va a autodestruir con ese cáncer.
Esa es una de las posibilidades. Vinculada a esa posibilidad está también que, incluso desde dentro, en nombre de esa misma de construcción, nos fragmentemos con el nacional separatismo. El cáncer de la anti-España nacional separatista.
Yo en mi libro digo que está la España inane, que está bien que se diluya, ¿no? En el globalismo dice pues nos diluimos, nos diluimos la España inane y la anti-España. Nos fragmentamos. Esa es una opción.
La otra opción es reconquista, restauración. Y esta reconquista y restauración es, fijaos, no sólo contra la postmodernidad la construcción y el globalismo, sino también contra el islam. Porque el islam que derrotamos en Granada, el islam que derrotamos en Lepanto, el islam que Carlos V no derrota en Túnez, sigue ahí.
Y como si fuera una doble pinza, desde dentro somos una manzana podrida por la postmodernidad la construcción y el globalismo, y desde fuera los orcos de Mahoma nos quieren comer. Bien, pues esa es la encrucijada en la que estamos.
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Fijaos, si me permitís, voy a hacer como una especie de síntesis muy básica de la historia de España. Tan básica que vas a decir, oye, en menos de cinco minutos te la cuento la historia de España. Mira, yo digo que España tiene un amplio ciclo fundacional, una especie de placa base de la historia de España, la cual además no es muy distinta de la del resto de Europa.
Es la que yo llamo la España de las tres culturas, Celtíbera, Romana y Goda. El proceso histórico de la etnogénesis, la edad del bronce, los pueblos prerromanos, los que yo estudié en mi tesis doctoral, la España de celtas, íberos y celtíberos, Numancia, Viriato, los astures en el monte Medulio, los cántabros crucificados que cantan himnos de victoria aún crucificados, la España prerromana. La España romana, que no es cualquier cosa, los romanos convierten la península ibérica en una unidad político-territorial y administrativa, Hispania, provincia de Roma, la España romana.
Y finalmente la España goda, que ya es un reino soberano, que tiene como proyecto ser reino soberano de esa provincia romana, y que además implica conversión al catolicismo, en el tercer concilio de Toledo, donde se produce ya lo que llaman la fusión del trono y el altar. Esto de fusión del trono y el altar que la modernidad contemporánea los señala como algo despectivo, sin embargo es algo positivo, significa que la acción política está guiada por el orden natural que a su vez se ve desarrollado, manifestado en plenitud con la revelación cristiana. El trono y el altar, el reino visigodo de Toledo, todo esto es un proceso histórico amplísimo y que tiene paralelos en toda Europa, la Europa prerromana, la Europa grecorromana, la Europa de las invasiones bárbaras, los primeros reinos cristianos en la altísima Edad Media… Bien, pues si esta es la primera etapa, la fundacional, la siguiente es la que ya marca nuestra idiosincrasia, porque es la etapa de la reconquista, en el año 711, aprovechando una guerra civil dentro de la monarquía visigoda, se produce la usurpación islámica.
El islam usurpa la cristiandad española para establecer un islam en el sur de Europa, un islam donde estaba ese regnum hispaniae de los godos, y a partir de la invasión musulmana el largo proceso de reconquista, restauración y repoblación. España se rehace a sí misma, desde las montañas del norte, desde la España pirenaica, la España cantábrica, la España atlántica, el Tercio Norte, la España verde y fresca, ¿verdad? Va en un proceso paulatino, siglo a siglo, bajando la frontera. A pesar del califato de Córdoba, a pesar de Almanzor, a pesar de los almorávides, a pesar de los almohades, la cristiandad hispánica se impone.
Y España se recristianiza y se rehispaniza. Y eso, ojo, ese superar la usurpación musulmana, ya es un raro característico español, porque ese proceso arduo no lo tiene el resto de Europa. Nosotros sí.
A través de la invasión musulmana podíamos haber perdido la raíz grecorromana, el marco cristiano-católico-visigótico, incluso la matriz pagana de las leyendas populares celto-germánicas, todo eso podría haberse perdido, y haber quedado bajo la égida del totalitarismo islámico. Bien, pues no. Nosotros no descendemos de las coordenadas filosóficas, religiosas y espirituales de Almanzor, descendemos de las coordenadas filosóficas, religiosas y espirituales de Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa, de Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa, de Fernando III el Santo conquistando Sevilla y Córdoba.
Ahora, a ese segundo periodo, Reconquista, le sucede otro tercer periodo característico español, el Imperio. España se proyecta de manera universal. Surge lo que podríamos llamar la españolidad universal de matriz católica, basada en el dios uno y trino, frente al monoteísmo unilateral islámico, frente al monoteísmo unilateral judío y frente a la irracionalidad regresiva de los aztecas, de los caníbales, de los pueblos indígenas de la América precolombina, el dios uno y trino, que tanto es el dios padre absoluto omnipotente, como es que ha sido carne, huesos y sangre, ha estado aquí como nosotros y ha sufrido como nosotros de manera evidente en el Calvario.
Bien, el dios uno y trino y la España universal del Imperio. Esa España universal del Imperio es una cosa única, es un raro característico propio nuestro. Yo digo que España Reconquista e Imperio.
Su ciclo fundacional pueden ser Celtíberos, Romanos y Godos, la España de las tres culturas, pero su rasgo característico, su idiosincrasia histórica, Reconquista e Imperio. ¿A partir de aquí qué ocurre durante el siglo XVIII? Cambia la dinastía y se produce paulatinamente el afrancesamiento de las élites. Es pensar cómo ya en el siglo XVIII se establece la idea de prohibir los autos sacramentales.
Se pone la semilla, ¿no? Calderón de la barca, hay que sacarle de la ecuación. ¿Qué España es esa que en el siglo XVIII quiere sacar a Calderón de la barca de la ecuación, cuyos autos sacramentales son la mayor profundidad de religiosidad espiritual en las artes escénicas que cabe en Europa entera? Entonces se siembra una semilla que nos lleva ya al desastre. ¿Cuál es el desastre? La España de la modernidad contemporánea.
Con los desgarros del siglo XIX, creo que seguimos casi en los desgarros del siglo XIX en pleno siglo XXI en España, y a partir de ahí, fijaos, nos chupamos las tres guerras carlistas, la primera república, la restauración, la guerra civil que gana Franco, el franquismo… Es decir, España entra en un proceso que le lleva en 250 años a quedar paulatinamente subordinado a aquellos que nos ganaron la pelea. En la paz de Westfalia, en el tratado de Utrecht, en el propio siglo XIX, la Europa subvertida por la herejía protestante, la subversión que podríamos decir genéricamente anglo-protestante. Nos ganan.
Bien, pues durante casi dos siglos y medio, España paulatinamente ha ido quedando subordinada. Independientemente de los pormenores de los últimos 250 años, que es muy pormenor, que si las tres guerras carlistas, que si la España liberal, que si Franco, que si… Ha pasado muchas cosas. Pero más allá de todo eso, que se haría para otro debate, llegamos en pleno siglo XXI a la encrucijada.
La encrucijada es la siguiente. Si España sigue los patrones, los carriles de la modernidad contemporánea, de lo que yo llamo postmodernidad de construcción y globalismo, su destino es diluirse y desaparecer. Y va a desaparecer en la postmodernidad la construcción y el globalismo como el resto de Occidente, que se va a autodestruir con ese cáncer.
Esa es una de las posibilidades. Vinculada a esa posibilidad está también que, incluso desde dentro, en nombre de esa misma de construcción, nos fragmentemos con el nacional separatismo. El cáncer de la anti-España nacional separatista.
Yo en mi libro digo que está la España inane, que está bien que se diluya, ¿no? En el globalismo dice pues nos diluimos, nos diluimos la España inane y la anti-España. Nos fragmentamos. Esa es una opción.
La otra opción es reconquista, restauración. Y esta reconquista y restauración es, fijaos, no sólo contra la postmodernidad la construcción y el globalismo, sino también contra el islam. Porque el islam que derrotamos en Granada, el islam que derrotamos en Lepanto, el islam que Carlos V no derrota en Túnez, sigue ahí.
Y como si fuera una doble pinza, desde dentro somos una manzana podrida por la postmodernidad la construcción y el globalismo, y desde fuera los orcos de Mahoma nos quieren comer. Bien, pues esa es la encrucijada en la que estamos.
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Fijaos, si me permitís, voy a hacer como una especie de síntesis muy básica de la historia de España. Tan básica que vas a decir, oye, en menos de cinco minutos te la cuento la historia de España. Mira, yo digo que España tiene un amplio ciclo fundacional, una especie de placa base de la historia de España, la cual además no es muy distinta de la del resto de Europa.
Es la que yo llamo la España de las tres culturas, Celtíbera, Romana y Goda. El proceso histórico de la etnogénesis, la edad del bronce, los pueblos prerromanos, los que yo estudié en mi tesis doctoral, la España de celtas, íberos y celtíberos, Numancia, Viriato, los astures en el monte Medulio, los cántabros crucificados que cantan himnos de victoria aún crucificados, la España prerromana. La España romana, que no es cualquier cosa, los romanos convierten la península ibérica en una unidad político-territorial y administrativa, Hispania, provincia de Roma, la España romana.
Y finalmente la España goda, que ya es un reino soberano, que tiene como proyecto ser reino soberano de esa provincia romana, y que además implica conversión al catolicismo, en el tercer concilio de Toledo, donde se produce ya lo que llaman la fusión del trono y el altar. Esto de fusión del trono y el altar que la modernidad contemporánea los señala como algo despectivo, sin embargo es algo positivo, significa que la acción política está guiada por el orden natural que a su vez se ve desarrollado, manifestado en plenitud con la revelación cristiana. El trono y el altar, el reino visigodo de Toledo, todo esto es un proceso histórico amplísimo y que tiene paralelos en toda Europa, la Europa prerromana, la Europa grecorromana, la Europa de las invasiones bárbaras, los primeros reinos cristianos en la altísima Edad Media… Bien, pues si esta es la primera etapa, la fundacional, la siguiente es la que ya marca nuestra idiosincrasia, porque es la etapa de la reconquista, en el año 711, aprovechando una guerra civil dentro de la monarquía visigoda, se produce la usurpación islámica.
El islam usurpa la cristiandad española para establecer un islam en el sur de Europa, un islam donde estaba ese regnum hispaniae de los godos, y a partir de la invasión musulmana el largo proceso de reconquista, restauración y repoblación. España se rehace a sí misma, desde las montañas del norte, desde la España pirenaica, la España cantábrica, la España atlántica, el Tercio Norte, la España verde y fresca, ¿verdad? Va en un proceso paulatino, siglo a siglo, bajando la frontera. A pesar del califato de Córdoba, a pesar de Almanzor, a pesar de los almorávides, a pesar de los almohades, la cristiandad hispánica se impone.
Y España se recristianiza y se rehispaniza. Y eso, ojo, ese superar la usurpación musulmana, ya es un raro característico español, porque ese proceso arduo no lo tiene el resto de Europa. Nosotros sí.
A través de la invasión musulmana podíamos haber perdido la raíz grecorromana, el marco cristiano-católico-visigótico, incluso la matriz pagana de las leyendas populares celto-germánicas, todo eso podría haberse perdido, y haber quedado bajo la égida del totalitarismo islámico. Bien, pues no. Nosotros no descendemos de las coordenadas filosóficas, religiosas y espirituales de Almanzor, descendemos de las coordenadas filosóficas, religiosas y espirituales de Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa, de Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa, de Fernando III el Santo conquistando Sevilla y Córdoba.
Ahora, a ese segundo periodo, Reconquista, le sucede otro tercer periodo característico español, el Imperio. España se proyecta de manera universal. Surge lo que podríamos llamar la españolidad universal de matriz católica, basada en el dios uno y trino, frente al monoteísmo unilateral islámico, frente al monoteísmo unilateral judío y frente a la irracionalidad regresiva de los aztecas, de los caníbales, de los pueblos indígenas de la América precolombina, el dios uno y trino, que tanto es el dios padre absoluto omnipotente, como es que ha sido carne, huesos y sangre, ha estado aquí como nosotros y ha sufrido como nosotros de manera evidente en el Calvario.
Bien, el dios uno y trino y la España universal del Imperio. Esa España universal del Imperio es una cosa única, es un raro característico propio nuestro. Yo digo que España Reconquista e Imperio.
Su ciclo fundacional pueden ser Celtíberos, Romanos y Godos, la España de las tres culturas, pero su rasgo característico, su idiosincrasia histórica, Reconquista e Imperio. ¿A partir de aquí qué ocurre durante el siglo XVIII? Cambia la dinastía y se produce paulatinamente el afrancesamiento de las élites. Es pensar cómo ya en el siglo XVIII se establece la idea de prohibir los autos sacramentales.
Se pone la semilla, ¿no? Calderón de la barca, hay que sacarle de la ecuación. ¿Qué España es esa que en el siglo XVIII quiere sacar a Calderón de la barca de la ecuación, cuyos autos sacramentales son la mayor profundidad de religiosidad espiritual en las artes escénicas que cabe en Europa entera? Entonces se siembra una semilla que nos lleva ya al desastre. ¿Cuál es el desastre? La España de la modernidad contemporánea.
Con los desgarros del siglo XIX, creo que seguimos casi en los desgarros del siglo XIX en pleno siglo XXI en España, y a partir de ahí, fijaos, nos chupamos las tres guerras carlistas, la primera república, la restauración, la guerra civil que gana Franco, el franquismo… Es decir, España entra en un proceso que le lleva en 250 años a quedar paulatinamente subordinado a aquellos que nos ganaron la pelea. En la paz de Westfalia, en el tratado de Utrecht, en el propio siglo XIX, la Europa subvertida por la herejía protestante, la subversión que podríamos decir genéricamente anglo-protestante. Nos ganan.
Bien, pues durante casi dos siglos y medio, España paulatinamente ha ido quedando subordinada. Independientemente de los pormenores de los últimos 250 años, que es muy pormenor, que si las tres guerras carlistas, que si la España liberal, que si Franco, que si… Ha pasado muchas cosas. Pero más allá
de todo eso, que se haría para otro debate, llegamos en pleno siglo XXI a la encrucijada.
La encrucijada es la siguiente. Si España sigue los patrones, los carriles de la modernidad contemporánea, de lo que yo llamo postmodernidad de construcción y globalismo, su destino es diluirse y desaparecer. Y va a desaparecer en la postmodernidad la construcción y el globalismo como el resto de Occidente, que se va a autodestruir con ese cáncer.
Esa es una de las posibilidades. Vinculada a esa posibilidad está también que, incluso desde dentro, en nombre de esa misma de construcción, nos fragmentemos con el nacional separatismo. El cáncer de la anti-España nacional separatista.
Yo en mi libro digo que está la España inane, que está bien que se diluya, ¿no? En el globalismo dice pues nos diluimos, nos diluimos la España inane y la anti-España. Nos fragmentamos. Esa es una opción.
La otra opción es reconquista, restauración. Y esta reconquista y restauración es, fijaos, no sólo contra la postmodernidad la construcción y el globalismo, sino también contra el islam. Porque el islam que derrotamos en Granada, el islam que derrotamos en Lepanto, el islam que Carlos V no derrota en Túnez, sigue ahí.
Y como si fuera una doble pinza, desde dentro somos una manzana podrida por la postmodernidad la construcción y el globalismo, y desde fuera los orcos de Mahoma nos quieren comer. Bien, pues esa es la encrucijada en la que estamos.
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De descubrirse.
Un auténtico milagro que haya pensadores así.
Dios le bendiga.
Y todos le apoyemos.
Enhorabuena sentidísima.
Los 45 años de está nociva democracia, en la que predominan las ideologías antinacionales de los partidos de izquierda (con el asentimiento tácito del partido de centro, que es el PP), han provocado un lavado de cerebro en millones de españoles los cuales han perdido el sentimiento patriótico. Los alumnos aprenden una Historia de España llena de falsedades y debido a la masiva inmigración islámica estamos en peligro porque los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla.
Está clara la encrucijada donde estamos, muchas gracias por decirlo…si no ocurre algo de tipo sobrenatural, nos disolvemos como cultura y como nación
Nos disolvemos, no veo ningun reino visigodo que defienda nuestra fe y nuestra cultura
¡Impresionante!
¡Eureka!
www «muy-breve-pero-contundente-historia-de-espana», es un descubrimiento repentino, una revelación creativa, sorprendente…,
y
como ha escrito Don José María M. García …,
¡Un auténtico milagro que haya pensadores así!
¡Gracias!
Saludos
y tras esta enorme historia de esfuerzo llego la democracia liberal y destrozo todo lo hecho.
En su primera etapa la España de Ultramar, en la segunda Cuba Puerto Rico etc, en la tercera casi se carga lo que quedaba de España y en esta cuarta va a dejas España convertida en la Mancha
Reconquista y Restauración de un Orden Social Cristiano, es decir de la Civilización. Las otras cosas, son eso, otras cosas pero la única civilización es la nuestra.