Negociaciones sobre Gibraltar

En el libro colectivo “A 40 años de la Guerra de las Malvinas. Una mirada diferente”, coordinado por Marcos P. Moloeznik y José G. Paz, que va a publicarse en Buenos Aires, he participado con el capítulo “Gibraltar, Malvinas y la técnica de la coyuntura”, del que se reproduce “Negociaciones sobre Gibraltar”.

Una de las singularidades más marcadas, que cuenta sin duda con entidad propia, en la técnica de las relaciones internacionales, es la de la coyuntura. La técnica de la coyuntura, una subtécnica donde las generales de la ley quiebran ante el momento, ante la oportunidad, ante la tesitura. Gibraltar y Malvinas, se incluyen, con sus analogías y diferencias, bajo ese título…

…En la evolución del contencioso de Gibraltar, prescindiendo de alguna que otra situación más o menos opinable sobre el animus británico respecto de un eventual cambio de posición sobre el Peñón, comentadas por nuestro amigo Andrés Oppenheimer, como las equívocas propuestas inglesas de negociación en 1940, realmente sólo en dos ocasiones Reino Unido ha estado dispuesto a mover ficha sobre Gibraltar y de hecho, en ambas, a cederlo o al menos a mostrarse marcadamente proclive a hacerlo, claro que con condiciones calificables en el eufemismo de cortesía como inaceptables. En efecto, en el proyecto de Londres, en 1973 con los tories, el arriendo sería por un milenio, 999 años, y en las negociaciones frustradas del 2002, cuando se estuvo a punto de concluir un acuerdo “para antes del verano”, según rezaba el triunfalismo carpetovetónico, pronto torpedeado por el previsible referéndum gibraltareño con el no menos previsto casi 99% contrario a la causa españolista, todavía peor ya que España tendría que aceptar la cosoberanía pero renunciando a cualquier reclamación de futuro sobre la, irrenunciable, soberanía.

Cierre de la «verja»

Con Franco, forzado por las continuas inverecundias inglesas, desde la visita a la Roca de Isabel II en 1954, al referéndum de adhesión a Britannia en 1967, se implantó el cierre de la Verja, en 1969, que se mantuvo hasta 1985, ya con la administración socialista y que, más allá de muestra de firmeza, se tradujo en un sonoro fracaso, repercutiendo sobre la necesitada población circundante, al no poner en marcha el obligado plan de desarrollo del Campo de Gibraltar. El ministro de Exteriores socialista, Fernando Morán, hizo un ofrecimiento de cosoberanía, con grandes concesiones a los llanitos, que no se tradujo en nada, y que en 1997 sería superado, en cuanto a generosidad se sobrentiende, por el del PP, Abel Matutes, quien llegó a mantener las mismas altas ventajas, incluida la preciada y potencialmente destrabadora doble nacionalidad, y con “una autonomía todavía superior a la de Baviera”, la más alta de Europa. Será con el de nuevo titular de Santa Cruz, socialista, similares vaivenes a los argentinos en Malvinas, Miguel Angel Moratinos, con quien tanto he conversado sobre nuestros contenciosos diplomáticos,  el único con quien se estuvo a punto de poner en marcha mi vieja propuesta de creación de una oficina para los contenciosos, a fin de tratarlos coordinada, adecuadamente, cuando se incremente la línea aproximadora, con la formación de un Foro tripartito, donde por primera vez participan junto a España y Reino Unido, los gibraltareños, y el propio Moratinos efectúa, en el 2007, la primera visita de un titular de Santa Cruz a Gibraltar, simbolizando, desde la foto histórica ante los asombrados y no menos históricos macacos, en el mirador top, con sus entusiasmados colegas Mlliband y el primer ministro gibraltareño Peter Caruana, que la cuestión de la soberanía queda aparcada y prevalecerá en esta etapa la cooperación, impulsando al Campo de Gibraltar, justamente como medio para llegar a ella.

Fabián Picardo

Con the Rock sin moverse ni un ápice hacia la soberanía española, la llegada al gobierno local, en diciembre del 2011, de Fabián Picardo, decidido, y comprensible “por nacido durante la Verja”, campeón de la línea dura, “wake up and smell the coffee! Gibraltar nunca será español”, condensaba su credo político en Naciones Unidas, esgrimiendo los dos referéndums celebrados, al tiempo de propugnar una amplia autonomía local pero siempre dentro de la corona británica, a la que seguiría unido a perpetuidad, al estilo de los países de la Commonwealth. La fijeza británico−gibraltareña se mostraba con toda su crudeza, en febrero del 12, durante la primera visita oficial del presidente del gobierno español a Londres, cuando el premier David Cameron reiteró tajantemente ante Mariano Rajoy la ya consagrada posición inglesa: “nunca negociaremos ningún cambio de status en Gibraltar contra la voluntad de sus habitantes, que son quienes tienen derecho a negociar libremente su futuro”, escuchada por el gallego, como antes por el leonés Zapatero, pero a través de intérprete, porque esa es otra y aunque no exceda de lo anecdótico, en Gibraltar no hay nada anecdótico, procedería reseñarse, en las diferencias con Malvinas, donde todos los gobernantes argentinos han soportado la misma cantinela, y respondido, pero en directo. Como en la esgrima y sus puntos de contacto con la diplomacia.

Con la Roca inamovible por activa y por pasiva y con la situación degradándose, el ministro de Exteriores Garcia Margallo, PP, (el mismo que luego, ya con las negociaciones del Brexit en marcha, prorrumpiría con un “!pondré la bandera en el Peñón antes de cuatro meses!”) entona un canto a la pretendida dignidad de la impotencia, “nunca pisaré Gibraltar mientras no ondee la bandera española”, mientras que yo, que había dado una conferencia en Algeciras, fui invitado al Peñón al máximo nivel, pero cuando llegué ya había salido la respuesta de Picardo, “en ese caso tendrá que esperar una eternidad”. Naturalmente no visité al líder llanito pero sí di un cordial paseo por Main Street con su predecesor Peter Caruana, que había perdido las elecciones por la mínima, y que me comentó algo así como que con él la situación nunca se había degradado tanto. También es el inspirador de lo que yo mismo he denominado “doctrina Caruana”: “Nosotros en Gibraltar no somos ni mucho menos anti españoles; lo que somos es anti la pretensión española de conseguir el Peñón contra nuestra voluntad”.

Después, el 13 de julio del 2013, cando los británicos celebraban el bicentenario del tratado de Utrecht, “maravillosa obra del Señor” en la catalogación de su negociador el vizconde de Bolingbroke, con el Grand Te Deum for the Peace of Utrecht, de Haendel, junto con su no menos espléndido Jubilate para solos, coros, y orquesta, escribí, ingenua aunque creo que obligadamente, que al resonar como hace tres siglos en la catedral de Saint Paul, todos quisiéramos creer que sus notas grandiosas envolverán la buena voluntad que permita comenzar a trazar el iter hacia el mejor entendimiento de las partes… Lo hice, como otras veces, desde la biblioteca del muy británico Reform Club, con la memoria viva de sus ilustres miembros, Churchill, Gladstone, Russell o Palmerston, que todos ellos se ocuparon de the Rock, y como Fox, cantaron su carácter inconquistable.

Con la llegada de la administración socialista en el 2018, con Pedro Sánchez, se ha vuelto, aunque en tono menos maximalista y más cooperativista, con el Campo de Gibraltar al fondo, a la línea de Moratinos, terminándose de concluir el primer tratado internacional, desde Utrecht, con Gibraltar, y lo ha sido en materia fiscal buscando suprimir el insoportable fraude. ”Los tres gobiernos están contentos: Madrid consigue un control fiscal sobre lo que ocurre en la Roca, en lo que afecta a España y a sus residentes; Londres encuentra un aliado mientras abandona la UE; y Gibraltar se quita el lastre de ser un paraíso fiscal para el vecino y gana seguridad jurídica para sus ciudadanos y residentes”, explica Jesús Verdú, de la universidad de Cádiz, con quien hemos compartido algún seminario. Desde la oposición, nuestra amiga Valentina Martínez−Ferro, PP, Agustín Rosety, Vox, y Guillermo Rocafort, se acusa al gobierno de haber perdido la oportunidad histórica que representa el Brexit; de haber roto un consenso histórico en política exterior; de ceder en la baza de la soberanía al reconocer a Gibraltar estructuras de estado, registro mercantil, catastro, agencia tributaria y legislación propias. Y de dar status a Gibraltar como sujeto de negociación bilateral al mismo nivel que el gobierno español, mientras que se pronostica que en el previsto comité de coordinación, sin instancias al arbitraje de terceros ni de organismos internacionales, los puestos del RU quedarán en manos de los locales.

Respecto del tema soberanía, “el convenio incluye un cláusula que reserva la posición de España en su demanda histórica”. Faltaría más. Se nos antoja no demasiado, frente a tamaños interlocutores (quizá nunca esté de más, como una cláusula de estilo, traer a colación el “A Ynglaterra metralla que pueda descalabrarles”, de Gondomar y eso que el ilustre diplomático gallego lo acuñó antes de que Albión tomara el Peñón, y que en versión actualizada se traduciría en el cumplimiento estricto del tratado de Utrecht) a la búsqueda de la soberanía, y su paso previo de la cosoberanía, con una duración “razonable”, como se apuntó por Madrid en las negociaciones Aznar−Blair, es decir, la que corresponde a la mentalidad del tercer milenio, añadimos nosotros.

España tiene que aprovechar a fondo la coyuntura irrepetible que proporciona el Brexit, en cuyas negociaciones ha conseguido dos puntos de primer nivel: el reconocimiento por la UE de Gibraltar como colonia, y el derecho de veto en toda negociación UE−RU que se refiera a Gibraltar. Con esos aprestos, y aunque la salida británica no dejará a los llanitos in the lurch, como yo mismo hiperbolicé, aplicando una técnica de la coyuntura  factible, que no habrá necesidad de que la firme Metternich, más las inevitables dosis de realpolitik, no parece caber duda de que se abren sugerentes expectativas en el horizonte diplomático contemplable.


4 respuestas a «Negociaciones sobre Gibraltar»

  1. El traidor y masón de ZAPATERO, y el subnormal de MORATINOS, crearon una especie de comisión tripartita para discutir sobre el futuro de la colonia británica, dónde a GIBRALTAR se le daba estatus ¡de tercero!, en pie de igualdad con España y el Reino Unido de la Gran Bretaña…
    Vamos, lo nunca visto.
    y de Iglesias y Sánchez, el duó genocida, NO ESPERO NADA MEJOR, SINO PEOR, pues no en vano decía Pérez Reverte que Zapatero, al lado de Sánchez, nos parecería Churchill.
    ¡Claro que ir a peor en este asunto, ES CASI IMPOSIBLE!

    1. CIERRE DE LA VERJA, PATRULLA DE LA MARINA ESPAÑOLA POR NUESTRAS AGUAS TERRITORIALES, Y QUE ENTREN POR EL AIRE, O NADANDO…
      Y, por supuesto, impedir que sigan ganando terreno al mar, ocupando las aguas españolas, pues GIBRALTAR tiene ahora EL DOBLE DE EXTENSIÓN QUE CUÁNDO SE CEDIÓ, y lo peor del caso es que los escombros, la tierra, las rocas, etc., que se llevan allí para seguir engrandeciendo el peón, ¡son españolas!, ante la pasividad y desidia de nuestra administración, que debería impedir LA ENTRADA DE LOS CAMIONES CORRESPONDIENTES ALLÍ.
      Como nos decía el Maestro Nacional que me desasnó, en tiempos del Caudillo: ¡ESPAÑA LIMITA AL SUR CON LA VERGÜENZA!

      1. Antonio, todo eso que dice es muy cierto, pero como paso previo a todo ello es preciso reforzar primero nuestro ejército.
        Tenemos los aviones F-18 que se le caen los alerones de viejos, tenemos abandonada la Marina (a pesar de ser lo menos abandonado en comparación a lo abandonado que está todo lo demás), disponemos de 2 submarinos porque el nuevo S-80 todavía no se ha construido, carecemos de un ejército nacional, donde esté implicada toda la nación, cada uno en su cometido, y no me refiero solo a reservistas, sino a una sociedad civil preparada para transformarse en una sociedad que se transforme para contribuir al esfuerzo de guerra), el vehículo blindado de 8 ruedas «Dragón» acusa un retraso de 10 años, en parte porque la industria militar española ha sido desmantelada.
        Los medios de comunicación están en manos de la anti-España. Hay más televisiones y más periodistas en la propia España que están a favor y al servicio de Marruecos y de Gibraltar, que los que están de parte de España si es que hay alguno más allá de los minoritarios que operan en emisoras de internet.
        No podemos caer en el error de Argentina en 1982, Gran Bretaña no es un pais civilizado, sólo entiende cuando el palo que tu tienes es tan grande o más que el que tienen ellos. La Justicia y paz no es un parámetro que ellos entiendan, ellos solo entiendes las relaciones internacionales como relaciones de chantaje y de poder. Para ponerse serio con Gran Bretaña, antes España tiene que regenerarse y hacerse fuerte por dentro, y corregir el desarme que sufrimos desde hace 50 años. Cuando en vez de un submarino tengamos al menos 6, una fuerza aérea moderna y de no menos de 250 aparatos de combate modernos, y una sociedad donde la Guardia civil y la Policia no pare a los coches en Madrid el 2 de mayo (efemérides del 2 de mayo de 1808) y los multe por llevar la bandera de España, como pasó el pasado 2 de mayo. Zapatero ponía ricos a los prestamistas internacionales firmando deuda pública, para luego despilfarrar ese dinero en subvenciones absurdas a paises extranjeros, el resto hacen los mismo.El dinero debe ser gastado en otras cosas, ninguna más apremiante que la Defensa, porque cada dinero que se invierte en Defensa es invertir en la Paz, el bienestar y la seguridad de la gente («Si vis pacem, para bellum»). Gran Bretaña sólo se detendrá en Gibraltar cuando vea que si manda una fragata la puede perder, pero mientras pueda ahuyentar a las patrulleras de la Guardia civil y España se achante, y no tengamos con qué devolver el golpe 10 por 1, no tenemos nada que hacer, por eso muy posiblemente, en las elecciones generales españolas, en la politia española etc. etc. estén operando los servicios secretos de muchos paises entre ellos Gran Bretaña, para que sigamos teniendo estos políticos de mierda que tenemos desde que se cargaron a Carrero Blanco, porque con esta gente tienen asegurado que tendrán dominada a España. De ahí la responsabilidad de los mandos militares españoles de no rechistar a la clase política, ni opinar siquiera, porque una cosa es el respeto o debido a las instituciones políticas de España y otra dejar hacer a los enemigos de España y mantenerse en silencio sin ni siquiera alertar de lo que está pasando.
        Estgo incluye al Jefe Supremo de las FFAA, que parece que lo que pasa en España no va con él, como si en lugar de Rey de España lo fuera de otro pais.

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