No fue un golpe de Estado

Es normal y corriente hoy en día hablar del comienzo de la Guerra Civil como el “golpe de estado” que dio el General Franco, con el Ejército y parte de los españoles.

Si embargo este léxico, impuesto por la izquierda y sus poderosas terminales mediáticas encubre una inmensa falsedad. No hubo un golpe de estado. Hubo una sublevación contrarrevolucionaria, eso sí. Un alzamiento contra el Frente Popular, sin duda alguna. Pero no un golpe de estado, expresión con la que se quiere deslegitimar la actuación de la mitad de los españoles que no podían soportar los desmanes, arbitrariedades e injusticias de la Segunda República.

Como ya sé que lo anterior va a provocar una feroz irritación a la izquierda, según su costumbre cuando se le lleva la contraria, intentaré explicarlo, aunque algunos, socialistas y más allá, siempre sectarios, no querrán entenderlo nunca. Para que se pueda dar un golpe de estado es preciso, ante todo, que exista un Estado de Derecho. El día 18 de julio de 1936 no existía en España ese estado. ¡No, hombre no, no existía!. Lo que existía era una situación revolucionaria, que hizo que “no fue posible la paz” como muy bien expresó Gil Robles (personaje nada sospechoso de “franquismo”).

En efecto, si repasamos la vida y milagros de la Segunda República, observamos que ella sí que empezó con un golpe de estado, pues unas elecciones municipales, las del 12 de abril de 1931, no autorizaban, legalmente y con arreglo a la Constitución de 1876, un cambio de régimen. Pero la osadía de Miguel Maura y Niceto Alcalá Zamora, presentándose en el Ministerio de la Gobernación (hoy sede de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol) exigiendo “paso al gobierno de la República”, ante unos atónitos y desorientados Guardias Civiles, dio paso a un régimen contrario a la Monarquía, con el agravante, cosa que olvidan las izquierdas, que la mayoría de los concejales elegidos eran, con notable diferencia, monárquicos.

Seguidamente se aprobó la Constitución de 9 de diciembre de 1931, sin someterla a referéndum nacional. Resulta poco democrático, por decir algo suave, esa ausencia de llamada a la voluntad popular.

Pero la República siguió a lo suyo, y antes de un mes de su proclamación permitió la quema de varias iglesias y conventos en Madrid, simultáneamente (ya es casualidad) el día 10 de mayo de 1931, y al día siguiente en toda España, lo que seguramente se entiende como un gesto de buena voluntad hacia los católicos, toda una invitación a  la concordia, claro. Ya lo dijo Manuel Azaña, hoy glorificado por la izquierda: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.

Pero siguen los acontecimientos, y cuando se convocan elecciones a Cortes en 1933, Largo Caballero, gran capitán del socialismo (¿sabías eso, Sánchez?) ya advirtió que:

En caso de que las derechas sean llamadas al poder, el Partido Socialista contrae el compromiso de desencadenar la revolución”.

Es lo que se llama un talante democrático, ¡faltaría más!

Y efectivamente, en octubre de 1934 desencadenaron la revolución de Asturias, con cerca de 2.000 muertos, destrucción casi total de la catedral de Oviedo, y de la Cámara Santa, y asesinatos de fuerzas del orden, soldados y toda clase de civiles, entre otras barbaridades. Para hacer frente a la rebelión contra la República (esto sí que fue un golpe de estado), el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, llamó para dirigir las operaciones al General más prestigioso del Ejército, uno que se llamaba Francisco Franco, el cual logró sofocar la rebelión, conviene no olvidarlo, de la izquierda contra la República. En Cataluña, Francisco Maciá proclamó la independencia, bien que esta se acabó en cuanto el General Goded mandó emplazar un par de baterías de campaña enfrente del Palacio de la Generalitat. Es un caso claro de fugacidad del heroísmo. Fugaz: “Que huye y desaparece con velocidad” (Diccionario de la Real Academia).

Llegaron las elecciones de febrero de 1936, y la izquierda cometió un “pucherazo”, como han demostrado  Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, en su documentada obra “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”, (Madrid, Espasa, 2017), libro, naturalmente, cuidadosamente silenciado por la izquierda.

No contentos con esa fechoría, el Frente Popular depuso, de forma harto discutible, al presidente de la República, D. Niceto Alcalá Zamora, (bien que se lo había ganado, por intrigante y sectario). A partir de ahí, todo fueron calamidades, asesinatos, ocupaciones de fincas, quema de cosechas y  destrucción de bienes (de gentes de derechas, claro) y otras muchas ilegalidades que cita Gil Robles en su discurso del día 16 de junio de 1936:

Desde el 16 de febrero hasta el 15 de junio, inclusive, 160 iglesias totalmente destruidas; 251 asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto; 269 muertos; 1.287 heridos de diferente gravedad; 251 agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan; 138 atracos consumados; 23 tentativas de atraco, 23; 69 centros particulares y políticos destruidos; 312 centros asaltados; 113 huelgas generales; 228 huelgas parciales; 10 periódicos totalmente destruidos; 33 asaltos a periódicos, intentos de asalto y destrozos; 146 bombas y petardos explotados. ¿Era esto un Estado de Derecho? ¿Habrá todavía alguien que lo pueda afirmar en serio?

Y llegamos al momento cumbre de la desaparición ya total y absoluta de la República, si es que todavía existía como Estado: El 13 de julio de 1936, funcionarios de policía, es decir, servidores del orden público y de la paz social de esa inexistente República de trabajadores de todas clases, policías afectos a Indalecio Prieto, socialista por supuesto, asesinan al jefe de una minoría opositora, el Abogado del Estado D. José Calvo Sotelo, por el tan socorrido  procedimiento del tiro en la nuca.

Después de todo esto, que es la historia muy resumida de la Segunda República, ¿de verdad se puede decir que el alzamiento, no de unos generales, sino de la mitad de los españoles dirigidos por unos militares en julio de 1936 fue un golpe de estado?

Ni había estado al que golpear, ni había derecho, ni había orden, ni había seguridad para la vida de las personas. Lo que hicieron Franco, Mola, Goded, Yagüe, Fanjul y otros muchos, seguidos con entusiasmo por media España (sí, con entusiasmo), no fue un golpe de Estado. Simplemente, “media España no se resignaba a morir”, en frase, nuevamente de Gil Robles.

La izquierda se niega a reconocer sus muchos errores, y por eso pretende blanquear la Segunda República, convencernos de que aquello era la Arcadia feliz, de la misma manera que está blanqueando a ETA, pero las cosas son como son y no como nos gustaría que hubiesen sido. Lo de Franco fue una sublevación contra el anárquico, ilegal y revolucionario Frente Popular, no contra esa idílica República que solo existe en la imaginación calenturienta e ignara de la izquierda española.

No, desde luego, lo del 18 de julio no fue un golpe de Estado.


10 respuestas a «No fue un golpe de Estado»

  1. Brillante artículo, que suscribo plenamente, de la a a la z.
    Mis felicitaciones al ilustre autor, y a El Español Digital, por publicarlo.
    SOLO LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES.

    1. Muchas gracias a Ramiro, estas cosas hay que empezar a recordarlas, si no, va a acabar resultando que la República fue algo así como el Paraíso. Gracias de nuevo. Saludos, José Yusty

  2. Magnífico artículo que sintetiza perfectamente la verdad histórica de aquella nefasta II República que lo fue, sobre todo, porque los partidos antidemocráticos de la siempre en España extrema izquierda, que lo son todos los de dicho sector, la querían socialista y soviética, revolucionaria, y se la cargaron, como hoy se están cargando la democracia, después de haber segado la raíz que fue la etapa de gobierno del Caudillo, de imborrable memoria en todo.
    Aplausos al articulista y a la web por publicarlo.

    1. Muchas gracias a Héctor, cuando se quiere saber la verdad, no hay nada más fácil, y sobre todo, que no nos tomen por idiotas. Saludos, José Yusty

  3. En los centros de enseñanza secundaria, salvo muy loables y excepcionales casos, la historia de España que se enseña nada o muy poco tiene que ver con la que se pretende enseñar en este estupendo artículo del magistrado (jubilado) José Yusty Bastarreche y que lleva por título «No fue un golpe de Estado». Porque es que la izquierda, el ideario progre, el globalismo, el laicismo excluyente y lo políticamente correcto constituyen el humus o sustrato nutricios de la enseñanza actual. O lo que es lo mismo: el pensamiento de izquierdas domina las aulas, más allá del deseo y la intención, que no raramente puede ser buena, de cierto número de docentes.

    Al acabar de leer este directo, lúcido y breve artículo enseguida he reparado en el siniestro protagonismo que siguen teniendo en Canarias algunos sectarios de la extrema izquierda metidos a locutores de radio a los que aún se les hace la boca agua -por no decir sangre, sangre inocente de los casi 120.000.000 de víctimas inocentes que en cosa de un siglo ha ocasionado el comunismo- cuando proclaman el tópico «el sanguinario, criminal y genocida Francisco Franco, que dio un golpe de Estado contra la legalidad de la Segunda República, coaligado con los sectores más reaccionarios del Ejército, de la Iglesia, de la burguesía, de la oligarquía…».

    Al respecto de lo cual hoy día no abrigo casi que duda alguna: de tan sectarios y llenos de resentimiento y odio como están, tienen el entendimiento nublado. Y el alma ennegrecida, de tan cerrados como están a la gracia del Espíritu. Caterva de viles desalmados, descerebrados, materialistas y corruptos sacamantecas a la que con todos los honores pertenecen los Rufianes, Errejones, Iglesias. Monteros, Yolandas Díaz, Echemingas Domingas, Sánchez, Lastras. Ávalos, Icetas, Simones, Marlascas y resto de miserables de la izquierda malandrina y analfabeta española; o por mejor decir, en verdad antiespañola, anticristiana, antiidentitaria, antipatriota.

    Buenas noches.

    1. Muchas gracias Justino Hispano por tan amables comentarios al artículo «No fue un golpe de Estado»
      Efectivamente, la izquierda está dispuesta a dominarlo todo, menos mal que existen publicaciones como El Español, que permiten opinar libremente.
      Saludos, José Yusty

  4. En líneas generales, resultó ser el único camino para la propia defensa que le dejaron transitar a esa MÁS DE MEDIA España que no se resignaba a morir, ni tenía obligación de hacerlo. Finalmente, la -en un principio- guerra civil terminó derivando en una inesperada y sorprendente Cruzada de Liberación, cuyas consecuencias -andando el tiempo- acabaron convirtiéndose en una lluvia de bendiciones para España.

  5. Jesús, muchas gracias por tu agradable comentario. Tenía una auténtica necesidad de decirlo, no podía callarme por más tiempo. Es una cuestión de principios. Claro, el que los tiene, hay algunos Excmos. Sres. que desconocen ese concepto.
    Muchas gracias de nuevo, y saludos, José Yusty

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