No hay color entre un Credo y el otro

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Hoy, pocos saben de la existencia en la Iglesia de dos Credos, porque desde hace mucho el único que prácticamente se reza en las Misas es el denominado “de los apóstoles” o Credo “corto”, toda vez que los sacerdotes, sea por desconocimiento –como lo oyen–, sea por abreviar y “no cansar” a los fieles, hacen uso sólo de ese y no del “largo”, es decir, del Credo Niceno-contantinopolitano; que, dicho sea de paso, fue el único hasta… bueno, cómo no, el tan manido como polémico último concilio… por ahora.

Confesamos que nosotros rezamos sólo el Credo “largo” y no por llevar la contraria, ni por esnobismo, ni por llamar la atención, sino porque tras larga meditación, tras años de rezar y conocer sólo el “corto”, hemos llegado a la conclusión de que tanto para recordarnos a nosotros mismos, como para dar testimonio de nuestra Santa Fe, es decir, de todo aquello en lo que creemos, nada mejor, ni más exacto, ni más espiritual, ni más maravilloso que el Credo “largo” y además, bien que esto es ya una decisión muy particular nuestra, en latín, sí, rezado en latín, como lo oyen; idioma conceptualmente muy superior a cualquiera de los vulgares actuales.

El caso es que hay notabilísimas diferencias teológicas entre uno y otro Credo, siendo el “largo” infinitamente superior al “corto”, pues en este último se omiten creencias esenciales y expresiones determinantes que sí figuran en el “largo”.

Por lo dicho, les animamos a que analicen uno y otro con máximo detenimiento. A que consulten las diferencias, a que observen las carencias del “corto” con respecto al “largo” y a que tras ello, seguro que coincidirán con nosotros y se decidirán, de aquí en adelante, a volver al “largo” siempre y, aún más, a intentar exigírselo a los sacerdotes de sus respectivas parroquias, aunque sea empeño condenado al fracaso de antemano por ahora, pero sin cejar en él. Y… ya puestos a rezarlo en latín, que es lo suyo y que para los hispanohablantes es fácil, muy fácil.

Les ofrecemos a continuación un cuadro comparativo entre uno y otro y, debajo de él, el Credo “largo” en latín. Que ustedes lo disfruten, aprendan, enseñen y recen siempre que puedan.

Credo Niceno-constantinopolitano Credo “de los apóstoles”
“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, Creador del cielo y de la tierra.
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza
(debería decir “consustancial”) del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros lo hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo, Nuestro Señor,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
y se hizo hombre; nació de Santa María Virgen,
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato; padeció bajo el poder de Poncio Pilato
padeció y fue sepultado, fue crucificado, muerto y sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras, descendió a los infiernos,
y subió al cielo, al tercer día resucitó de entre los muertos,
y está sentado a la derecha del Padre; subió a los cielos
y de nuevo vendrá con gloria y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
para juzgar a vivos y muertos, Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. la santa Iglesia católica,
Confieso que hay un solo bautismo la comunión de los santos,
para el perdón de los pecados. el perdón de los pecados,
Espero la resurrección de los muertos la resurrección de la carne
y la vida del mundo futuro. y la vida eterna.
Amén. Amén.

Credo Niceno-constantinopolitano en latín:

Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem coeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium.

Et in unum Dominum Jesum Christum, Filium Dei unigenitum.
Et ex Patre natum ante omnia saecula.
Deum de Deo, lumen de lumine, Deum verum de Deo vero.
Genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem omnia facta sunt.

Qui propter nos homines, et propter nostram salutem descendit de coelis.
Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine: et homo factus est.
Crucifixus etiam pro nobis: sub Pontio Pilato passus, et sepultus est.
Et resurrexit tertia die, secundum Scripturas.
Et ascendit in coelum: sedet ad dexteram Patris.
Et iterum venturus est cum gloria, judicare vivos et mortuos: cujus regni non erit finis.

Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patre Filioque procedit.
Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur: qui locutus est per prophetas.

Et unam, sanctam, Catholicam et Apostolicam Ecclesiam.
Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum.
Et exspectio resurrectionem mortuorum.
Et vitam venturi saeculi.

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2 thoughts on “No hay color entre un Credo y el otro”

  1. Es mucho más bonito y completo el largo, pero además no debería recitarse tan deprisa, que no da tiempo a darse cuenta de lo que uno dice, sino como hablando, para entender mientras lo pronunciamos. Siempre lo echo de menos en las misas dominicales.

    1. Estimada seguidor: Muy bien, totalmente de acuerdo. El Credo “largo” tiene todo lo que le falta al “corto” desde cuaqluier punto de vista. Como usted bien dice se echa de menos y muchas veces se sufre por su falta. Saludos cordiales

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