ESCUCHAR NOTICIA:José Utrera
Nuevas y trascendentes informaciones.
Gracias a una interesantísima charla de D. Luis Felipe Utrera Molina en el Espacio Ardemans (15-XI-2025), con nuevas aportaciones sobre Arias Navarro, me he decidido a hacer un resumen de las más llamativas singularidades de este personaje. Del cual, por cierto, apenas circulan más que muy sucintas e interesadas biografías, algo muy propio de quien fue espía y jugó siempre importantes acciones en la sombra.
Arias hasta 1936
Carlos Arias Navarro (Madrid, 11-XII-1908 – 27-XI- 1989) fue el séptimo hijo de Ángel Arias Mascaraque (1868-1911) y Nieves Navarro Colunga (1878-1943), quienes tuvieron ocho hijos (seis de ellos varones; tres de ellos murieron antes que su padre).
Según un trabajo publicado en el diario ABC el 11-XII-2008:
“pertenecía a una familia industrial, bien situada, muy trabajadora y … católica a machamartillo … (Su) padre murió en 1912, cuando … (él tenía) sólo tres años … (La) intensa relación con su madre, por la que sintió veneración, y la vida desordenada de sus hermanos mayores, marcó el carácter … mostró extraordinarias dotes para el estudio, como lo atestigua su expediente académico en el Instituto San Isidro de Madrid, donde finalizó el bachillerato en 1923, con 14 años … (Previa) una autorización especial para cursar los estudios de Derecho … (los) terminó en tres años, licenciándose en 1926 (con 18 años). Fue discípulo aventajado de Julián Besteiro (importante político del PSOE y la UGT)”.
En la revista Blanco y Negro (5-I-1974) se precisaba que su padre era un empleado del matadero municipal de Madrid, donde vivía con su familia en el nº 95 la calle Toledo.
Blas Piñar López, en “Escrito para la Historia” (Temas diversos, capítulo 9) recogió que:
“Carmen Franco nos dijo que Carlos Arias fue secretario particular de (Manuel) Azaña. Ciertamente que esta secretaría la desempeñó cuando el segundo presidente de la II República era jefe del Registro General de Últimas Voluntades, en el Ministerio de Justicia; pero también es verdad que sólo se nombra secretarios particulares a personas de máxima confianza” … Si Carlos Arias no continuó como secretario particular de Azaña, cuando a éste se le designó ministro del Ejército, fue debido a que, en vísperas de oposiciones a Fiscales, Carlos Arias le rogó que prescindiese de él para dedicarse al estudio. Si no podía estudiar no podía presentarse a las mismas con probabilidades de éxito. Carlos Arias -continuó narrándonos- obtuvo plaza de fiscal. En Málaga -su lugar de destino- mantuvo una cordialísima y pública amistad con el Presidente de la Diputación, que estaba afiliado a la Masonería. Bajo el dominio rojo de Málaga, Carlos Arias -reproduzco tan sólo lo que oí a Carmen Franco- actuó de fiscal, sin problemas. Sin embargo, poco antes de la entrada del Ejército en la ciudad ingresó en la cárcel, de tal modo que fue liberado de la prisión por los nacionales. Se militarizó y ejerció su ministerio con notable eficacia”.
Azaña y hermanos Rivas Cherif
Esta información concuerda en muchos aspectos con otras. En concreto, en el libro “Azaña jurista” [i] se dice:
“Un Episodio Ignorado. Ha de relatarse ahora, muy brevemente, un episodio del que (Azaña) no da más que un lacónico rastro impreso, y un testimonio verbal (Nota 48). En el Anuario de la Dirección de los Registros del año 1929 aparece como escribiente Carlos Arias Navarro. Contaba entonces veintiún años. Había aprobado el mismo año 1929 las oposiciones al cuerpo administrativo del Ministerio (obtuvo el primer puesto en las del cuerpo técnico del Ministerio de Justicia). El primer destino de Carlos Arias es la Dirección de los Registros. En ella permanecería hasta 1931. Azaña, veintiocho años mayor que él, en un puesto relevante del Centro directivo, se apercibe pronto de la inteligencia y la ambición del nuevo escribiente. Hace amistad con él, o quizá sienten sólo la simpatía o la complicidad quienes se ven llamados a más altos destinos que el sillón burocrático, y Azaña le recomienda que estudie, porque su capacidad podía llevarle a otras metas. Arias seguiría fielmente el consejo, y en muy poco tiempo aprobaría las oposiciones de Fiscal en 1933, y después las de jurídico militar y notario (*). En su época en la Dirección de los Rastros (sic; ¿Registros?), Carlos Arias colabora con Azaña, y, con escasa formación jurídica, es un eficaz colaborador en la redacción de las resoluciones sobre Registro Civil”.
(*) Nota: Parece obligado señalar que es dudoso que, si aprobó la oposición a fiscal en 1933, en los tres años siguientes aprobara las de notario y jurídico militar. Carlos Engel, en su monumental libro “El Cuerpo de Oficiales en la Guerra de España” (Quirón Ediciones, 2008, Valladolid), no lo incluye entre los jurídicos en 1936; lo más probable es que hiciera un corto servicio militar enfocado a oficial jurídico de complemento. Más adelante veremos cuando obtuvo las de notario.
También hay concordancia con el anteriormente citado artículo de ABC dice que: “… Arias quería ser notario y como la oposición tardaba en convocarse, ganó, mientras tanto, la plaza de fiscal en el año 1933, siendo destinado a Málaga con 24 años”. Concretamente a la Inspección Fiscal del Tribunal Supremo en Málaga.
Fraga Iribane (en El cañón giratorio: conversaciones con Eduardo Chamorro, Argos Vergara, 1982) y José María de Areilza (en Diario de un ministro de la monarquía, Espejo de España, Planeta, 1977) escribieron que Arias, por entonces, era próximo a la izquierda en aspectos como el anticlericalismo.
José Antonio Fernández de la Vega, con bastón, Gobernador Civil de Málaga el verano de 1936
Con relación a Azaña, Arias debió mantener un trato importante hasta la guerra, pues, en las memorias que empezó a escribir hay borradores en los que menciona “el intento de captación de Manuel Azaña (a él), así como su despedida en el Palacio de Buenavista (Ministerio de la Guerra) de Cipriano y Lolita Rivas Cherif (cuñado y mujer del Presidente de la República)” [ii].
La guerra en Málaga
El periodo de la Guerra de Liberación es tremendamente oscuro en el caso de Arias. La versión oficial es que, por sus ideas afines a los sublevados, se escondió y fue finalmente detenido, pasando, al ser liberado por las fuerzas nacionales, a integrarse en ellas como oficial jurídico de complemento. Pero, además de la antedicha versión de Carmen Franco, hay otras (Aquí y Aquí), afines a los frentepopulistas, que hablan de su colaboración y connivencia con los milicianos de Málaga, de la protección del presidente de la Audiencia de Málaga D. Atilano Lorente González (luego presidente del Tribunal Popular local), e incluso de ser “quintacolumnista”. De su actuación represora en la ciudad liberada, en el Juzgado Militar nº 10, le vino el malvado/exagerado apodo, impuesto por “La Izquierda”, de El Carnicerito de Málaga.
Confieso que no he tenido acceso a su hoja de servicios, cuestión ardua en la actualidad, pero parece ser que posteriormente estuvo destinado como capitán jurídico de complemento en Bilbao, Santander, Castellón de la Plana, Talavera de la Reina y Arenas de San Pedro. Durante sus destinos como jurídico en el Frente Norte y Levante estuvo a las órdenes del Coronel Camilo Alonso Vega (IV/4ª Brigada/División de Navarra).
Ungría. SIPM. Gabaldón y su hija. Gutiérrez Mellado en 1936
El Asunto Gabaldón
Y aquí aparece el trascendental suceso del asesinato del Comandante de la Guardia Civil Eugenio Isaac Gabaldón, su hija Pilar de 17 años y José Díaz Madrigal, el soldado conductor del vehículo militar en que volvían a Talavera de la Reina de un viaje. Gabaldón, destinado en el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) en el importantísimo centro de Torre de Esteban Hambrán (Toledo, próximo a Talavera), dependiente de la Sección de Información de la División nacional que cubrió la mayor parte del frente de Madrid durante la guerra (se creó en abril de 1937, al mando del Coronel Yagüe, como División Reforzada de Madrid, cambiando sucesivamente de nombre y numeración a 4ª División, 74ª y 14ª al final de la guerra, cuando la mandaba el Coronel Carroquino). Esta sección de información siempre estuvo mandada por el Comandante de Caballería, luego Teniente Coronel, Francisco Bonel Huici, y a ella se incorporó el Capitán Manuel Gutiérrez Mellado en 1938, tras pasarse a zona nacional después de una azarosa y oscurísima actuación en Zona Roja, seguramente como agente doble (ver el correspondiente anexo en Carrero asesinado. Clave de la Transición).
Los crímenes fueron perpetrados fríamente la noche del sábado 29 de julio de 1939, apenas cuatro meses después del fin de la guerra. Y, según la versión oficial, por tres significados excombatientes comunistas (Juventudes Socialistas Unificadas, JSU) que, inexplicablemente, habían sido puestos en libertad poco tiempo antes. Y digo que sin posible explicación porque, como demuestro en mis trabajos (El Asunto Gabaldón), el SIPM había infiltrado, primero, y detenido, después, a la mayoría de los miembros del Partido Comunista que se aprestaban a seguir la lucha armada con acciones terroristas; por ejemplo: tres días antes del asesinato de Gabaldón había detenido Sinesio Cabada Guisado (a) Pionero, Secretario General de las JSU y su jefe máximo tras la detención en mayo de José Peña (Brea (a) El Gordo. Lo asesinos de Gabaldón iban vestidos con uniformes del Ejército Nacional, armados solo con pistolas, y no habían antes hecho ningún atentado o robo, ni lo hicieron luego. Y solo “pararon” al coche de Gabaldón (hay indicios de que el chofer pudo hacerlo bajo presión de otros mandos de su unidad, colaborando así con los ejecutores, y siendo sustituido por un desconocido cadáver). Recientemente se ha querido justificar todo ello con la insostenible y nueva disculpa de que “pretendían asaltar la cárcel de Oropesa” (abracadabrante, por no decir esperpéntico).
Apenas 48 horas después fueron detenidos, siendo fusilados, junto con otros muchos (incluidas las “13 Rosas”) el 5 de agosto. Todos menos “el Pionero”, quién fue devuelto del piquete de ejecución a la celda e interrogado por el Capitán Gutiérrez Mellado, para ser definitivamente fusilado el 15 de septiembre (aunque sobre eso hubo ya muchas dudas entonces, pues su cadáver sería oficialmente desenterrado el 21 de noviembre de 1939 para comprobaciones).
Curiosamente, al día siguiente (30 de julio) del asesinato de Gabaldón y antes de que apareciera su cadáver, murió asesinado un colaborador suyo, el falangista Jacinto Alcántara, que había tenido contactos anteriores con la masonería (según Eugenio Vegas Latapié en sus “Memorias Políticas 1938-1942”); tuvo una muerte ritual en apariencia. La casa de Gabaldón en Madrid, en la calle Doctor Esquerdo y donde se hallaban varios archivos, fue asaltada y desapareció toda la documentación. El 18 de agosto de 1939, cayó asesinado un confidente muy cercano al comandante, el falangista (jefe de centuria) Antonio Pérez Asperilla, precisamente por su novia Amelia Treviño, hija de un importante masón teosófico (este hecho lo recogió porteriormente Jakin Boor, es decir, Franco). Curiosamente, repito a propósito y por último, el General Carroquino murió al ser arrollado su automóvil el 23 de septiembre de 1939, junto a su mujer y el conductor; Carroquino era jefe, o lo había sido hasta pocos días antes, de Bonell, Gabaldón, el Guti y Arias.
El escándalo de todo ello fue enorme. Unido a otros y la constatación de corruptelas y mal funcionamiento del SIMP de la inmediata posguerra (desapariciones de joyas y bienes, certificados falsos, etc), entre otras consecuencias produjo en aquel mismo septiembre el cese del que fue primer Director General de Seguridad de los Nacionales, el Coronel José Ungría Jiménez, quien lo era desde enero de 1939. Casi a la vez, se ordenó que tanto el personal del SIPM como la información recopilada pasaran a los Estados Mayores, abandonando el citado servicio las labores de policía. En diciembre se suprimió el SIPM. La ¿casualmente casi coincidente? defenestración de Yagüe poco después (junio de 1940), quien había sido jefe de muchos de los citados y conocía perfectamente la situación, prácticamente frenó el “Caso Gabaldón”. Con el paso del tiempo los procedimientos judiciales se fueron enmarañando, hubo muchos testigos que se desmintieron y finalmente cayó poco a poco en el olvido.
En el fondo de esta oscura trama está la más que probable infiltración de la masonería entre los mandos del SIMP, cuestión que siempre defendió la viuda del comandante y otros allegados; la misma aparece documentalmente en los varios consejos de guerra que se siguieron, hasta 1950, contra los asesinos y su cómplices, y que dieron pié a denuncias concretas, entre otros, contra el Teniente Coronel Bonell Huici, el Capitán de Artillería Gutiérrez Mellado y el Capitán Jurídico Arias Navarro, adscrito al SIPM, y, no menos llamativamente, el primo de Gutiérrez Mellado, el abogado Salvador Mellado de Zulueta, a cuya casa de Villaviciosa de Odón se había acogido en julio de 1936 tras el fracaso del Alzamiento en Madrid.
Arias también había estado relacionado con los consejos de guerra que terminaron en la mencionada condena a muerte de 56 miembros de las JSU, incluidas las 13 Rosas. Fue fiscal adjunto, al menos, de la causa militar nº 37.038 contra Sinesio Cabada Guisado y once más.
Arias: Capitán Jurídico del E. Aire (E. Complemento) y Gobernador Civil
Los años de la Posguerra
Sin duda estos escándalos hicieron que Arias se apartara del foco y retomara su carrera civil. El hecho es que ingresó en el Cuerpo Jurídico del Aire, en la escala de complemento, y en 1942 ganó la oposición a notarías, obteniendo la plaza de Notario en Cuevas de Almanzora (Almería). Pero en 1944, tras la muerte de su madre, ya estaba (¿también?) como abogado fiscal en la Audiencia Territorial de Madrid [iii]. Según Javier Rodríguez González (en La implantación de la dictadura franquista en la provincia de León), “durante esos años es un hombre apartado de la política y no se siente miembro de ninguna de las ‘familias’ del nuevo Régimen, desprecia a los falangistas, siente profunda antipatía hacia los demócrata-cristianos y los monárquicos le parecían el final de nuestra raza”.
El 25 de noviembre de aquel 1944 fue nombrado Gobernador Civil y jefe Provincial del Movimiento de León, puesto en el que permaneció hasta el 4 de febrero de 1949. ¿Cómo y porqué se produjo ese salto de un anónimo notario y capitán jurídico de complemento de Aviación?: misterio. En todo caso vino de la mano de Romualdo Hernández Serrano, por entonces Fiscal Jefe de la Causa General y muy influyente en la Administración Local. Romualdo fue el padre de Antonio Hernández-Gil, presidente de las Cortes en la Transición y el primero en quitar el Crucifijo de ellas.
En el Norte de la provincia de León campeaban los terroristas del ‘maquis’. El secuestro por ellos del hijo del dueño de la Compañía Hullera Vasco-Leonesa, resuelto felizmente con la intervención de Arias, forjó su amistad con Emilio Valle Egocheaga, su propietario, y el noviazgo con su hija Luz, con la que se casaría 10 años después, en 1956; no tuvieron hijos. La Hullera Vasco-Leonesa había sido fundada en Bilbao en 1893 y Valle Egocheaga la adquirió en 1942 y pronto llegó a contar con más de 2.000 mineros en plantilla.
Arias, con su mujer. Una de las minas familiares
Antes de cesar como gobernador civil de León había ascendido a Comandante Jurídico del Ejército Aire (B.O. de 11 de enero de 1949). Arias, finalizado su mando en León, ocupó la Notaría de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), hasta 1952. Aquel año fue nombrado Gobernador Civil de Tenerife (1952-54) y luego de Navarra (1954-57).
En 1957 fue nombrado Ministro de Gobernación (Interior) el General Camilo Alonso Vega, que había sido Director General de la Guardia Civil desde 1943 hasta 1955. D. Camilo inmediatamente nombró Director General de Seguridad (DGS) a Arias (¿quién le asesoraría?) y le abrió el camino a el Palacio del Pardo. De esta forma, la familia Arias, que ya tenía una situación económica desahogada por la notaría de él y la fortuna de ella, alcanzó, además, un trato muy cordial con las de Alonso Vega y Franco. En la DGS, en la que permaneció ocho años, Arias tuvo al Coronel Eduardo Blanco Rodríguez como jefe del Servicio de Información de la Policía desde 1959 a 1965; Blanco relevó a Arias al frente de la DGS hasta 1974, tras la muerte de Carrero Blanco y el ascenso de Arias a la Presidencia del Gobierno.
Mientras, en 1965 fue nombrado alcalde de Madrid, lo que le dio una importante proyección nacional e internacional. De sus actuaciones más llamativas fue el poner, en otoño de 1970, una gran estatua al masón, criptojudío, traidor y genocida Simón Bolívar. Todo un indicio de que el Régimen tenía el enemigo dentro y envalentonado.
En junio de 1973 Carrero Blanco, recién nombrado Presidente del Gobierno, le nombró Ministro de la Gobernación. Antonio, el hermano de su mujer, llegó a desempeñar aquel año una dirección general en dicho Ministerio.
Parte 1 de 3
[i] Azaña jurista. Ministerio de Justicia, Secretaría General Técnica, Centro de Publicaciones, Madrid, 1990.
Agradezco encarecidamente esta información que me proporcionaron hace lustros D. Blas Piñar Pinedo y su padre.
[ii] El papel olvidado de la mujer de Arias Navarro, por Alejandra De La Llave en ‘elcierredigital.com’ del 27-XI-2025.
Los Rivas Cherif descendían de la familia de un sultán marroquí que se hizo cristiano y renunció a finales del s. XVIII (Pío Baroja, https://minernm.blogspot.com/2014/). De la presunta homosexualidad de Azaña y su cuñado corrió mucha tinta; ver: “Cosas que pasan, Rectitud”, por Alfonso Ussía, https://www.eldebate.com/opinion/20220119/rectitud.html.
[iii] AGA, Gobernación, caja 126. ‘Proa’: diario de Falange Española de las J.O.N.S.; 25 de noviembre de 1944 https://prensahistorica.mcu.es/ca/consulta/registro.do?id=1031100.Pulse para escuchar el textoJosé Utrera
Nuevas y trascendentes informaciones.
Gracias a una interesantísima charla de D. Luis Felipe Utrera Molina en el Espacio Ardemans (15-XI-2025), con nuevas aportaciones sobre Arias Navarro, me he decidido a hacer un resumen de las más llamativas singularidades de este personaje. Del cual, por cierto, apenas circulan más que muy sucintas e interesadas biografías, algo muy propio de quien fue espía y jugó siempre importantes acciones en la sombra.
Arias hasta 1936
Carlos Arias Navarro (Madrid, 11-XII-1908 – 27-XI- 1989) fue el séptimo hijo de Ángel Arias Mascaraque (1868-1911) y Nieves Navarro Colunga (1878-1943), quienes tuvieron ocho hijos (seis de ellos varones; tres de ellos murieron antes que su padre).
Según un trabajo publicado en el diario ABC el 11-XII-2008:
“pertenecía a una familia industrial, bien situada, muy trabajadora y … católica a machamartillo … (Su) padre murió en 1912, cuando … (él tenía) sólo tres años … (La) intensa relación con su madre, por la que sintió veneración, y la vida desordenada de sus hermanos mayores, marcó el carácter … mostró extraordinarias dotes para el estudio, como lo atestigua su expediente académico en el Instituto San Isidro de Madrid, donde finalizó el bachillerato en 1923, con 14 años … (Previa) una autorización especial para cursar los estudios de Derecho … (los) terminó en tres años, licenciándose en 1926 (con 18 años). Fue discípulo aventajado de Julián Besteiro (importante político del PSOE y la UGT)”.
En la revista Blanco y Negro (5-I-1974) se precisaba que su padre era un empleado del matadero municipal de Madrid, donde vivía con su familia en el nº 95 la calle Toledo.
Blas Piñar López, en “Escrito para la Historia” (Temas diversos, capítulo 9) recogió que:
“Carmen Franco nos dijo que Carlos Arias fue secretario particular de (Manuel) Azaña. Ciertamente que esta secretaría la desempeñó cuando el segundo presidente de la II República era jefe del Registro General de Últimas Voluntades, en el Ministerio de Justicia; pero también es verdad que sólo se nombra secretarios particulares a personas de máxima confianza” … Si Carlos Arias no continuó como secretario particular de Azaña, cuando a éste se le designó ministro del Ejército, fue debido a que, en vísperas de oposiciones a Fiscales, Carlos Arias le rogó que prescindiese de él para dedicarse al estudio. Si no podía estudiar no podía presentarse a las mismas con probabilidades de éxito. Carlos Arias -continuó narrándonos- obtuvo plaza de fiscal. En Málaga -su lugar de destino- mantuvo una cordialísima y pública amistad con el Presidente de la Diputación, que estaba afiliado a la Masonería. Bajo el dominio rojo de Málaga, Carlos Arias -reproduzco tan sólo lo que oí a Carmen Franco- actuó de fiscal, sin problemas. Sin embargo, poco antes de la entrada del Ejército en la ciudad ingresó en la cárcel, de tal modo que fue liberado de la prisión por los nacionales. Se militarizó y ejerció su ministerio con notable eficacia”.
Azaña y hermanos Rivas Cherif
Esta información concuerda en muchos aspectos con otras. En concreto, en el libro “Azaña jurista” [i] se dice:
“Un Episodio Ignorado. Ha de relatarse ahora, muy brevemente, un episodio del que (Azaña) no da más que un lacónico rastro impreso, y un testimonio verbal (Nota 48). En el Anuario de la Dirección de los Registros del año 1929 aparece como escribiente Carlos Arias Navarro. Contaba entonces veintiún años. Había aprobado el mismo año 1929 las oposiciones al cuerpo administrativo del Ministerio (obtuvo el primer puesto en las del cuerpo técnico del Ministerio de Justicia). El primer destino de Carlos Arias es la Dirección de los Registros. En ella permanecería hasta 1931. Azaña, veintiocho años mayor que él, en un puesto relevante del Centro directivo, se apercibe pronto de la inteligencia y la ambición del nuevo escribiente. Hace amistad con él, o quizá sienten sólo la simpatía o la complicidad quienes se ven llamados a más altos destinos que el sillón burocrático, y Azaña le recomienda que estudie, porque su capacidad podía llevarle a otras metas. Arias seguiría fielmente el consejo, y en muy poco tiempo aprobaría las oposiciones de Fiscal en 1933, y después las de jurídico militar y notario (*). En su época en la Dirección de los Rastros (sic; ¿Registros?), Carlos Arias colabora con Azaña, y, con escasa formación jurídica, es un eficaz colaborador en la redacción de las resoluciones sobre Registro Civil”.
(*) Nota: Parece obligado señalar que es dudoso que, si aprobó la oposición a fiscal en 1933, en los tres años siguientes aprobara las de notario y jurídico militar. Carlos Engel, en su monumental libro “El Cuerpo de Oficiales en la Guerra de España” (Quirón Ediciones, 2008, Valladolid), no lo incluye entre los jurídicos en 1936; lo más probable es que hiciera un corto servicio militar enfocado a oficial jurídico de complemento. Más adelante veremos cuando obtuvo las de notario.
También hay concordancia con el anteriormente citado artículo de ABC dice que: “… Arias quería ser notario y como la oposición tardaba en convocarse, ganó, mientras tanto, la plaza de fiscal en el año 1933, siendo destinado a Málaga con 24 años”. Concretamente a la Inspección Fiscal del Tribunal Supremo en Málaga.
Fraga Iribane (en El cañón giratorio: conversaciones con Eduardo Chamorro, Argos Vergara, 1982) y José María de Areilza (en Diario de un ministro de la monarquía, Espejo de España, Planeta, 1977) escribieron que Arias, por entonces, era próximo a la izquierda en aspectos como el anticlericalismo.
José Antonio Fernández de la Vega, con bastón, Gobernador Civil de Málaga el verano de 1936
Con relación a Azaña, Arias debió mantener un trato importante hasta la guerra, pues, en las memorias que empezó a escribir hay borradores en los que menciona “el intento de captación de Manuel Azaña (a él), así como su despedida en el Palacio de Buenavista (Ministerio de la Guerra) de Cipriano y Lolita Rivas Cherif (cuñado y mujer del Presidente de la República)” [ii].
La guerra en Málaga
El periodo de la Guerra de Liberación es tremendamente oscuro en el caso de Arias. La versión oficial es que, por sus ideas afines a los sublevados, se escondió y fue finalmente detenido, pasando, al ser liberado por las fuerzas nacionales, a integrarse en ellas como oficial jurídico de complemento. Pero, además de la antedicha versión de Carmen Franco, hay otras (Aquí y Aquí), afines a los frentepopulistas, que hablan de su colaboración y connivencia con los milicianos de Málaga, de la protección del presidente de la Audiencia de Málaga D. Atilano Lorente González (luego presidente del Tribunal Popular local), e incluso de ser “quintacolumnista”. De su actuación represora en la ciudad liberada, en el Juzgado Militar nº 10, le vino el malvado/exagerado apodo, impuesto por “La Izquierda”, de El Carnicerito de Málaga.
Confieso que no he tenido acceso a su hoja de servicios, cuestión ardua en la actualidad, pero parece ser que posteriormente estuvo destinado como capitán jurídico de complemento en Bilbao, Santander, Castellón de la Plana, Talavera de la Reina y Arenas de San Pedro. Durante sus destinos como jurídico en el Frente Norte y Levante estuvo a las órdenes del Coronel Camilo Alonso Vega (IV/4ª Brigada/División de Navarra).
Ungría. SIPM. Gabaldón y su hija. Gutiérrez Mellado en 1936
El Asunto Gabaldón
Y aquí aparece el trascendental suceso del asesinato del Comandante de la Guardia Civil Eugenio Isaac Gabaldón, su hija Pilar de 17 años y José Díaz Madrigal, el soldado conductor del vehículo militar en que volvían a Talavera de la Reina de un viaje. Gabaldón, destinado en el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) en el importantísimo centro de Torre de Esteban Hambrán (Toledo, próximo a Talavera), dependiente de la Sección de Información de la División nacional que cubrió la mayor parte del frente de Madrid durante la guerra (se creó en abril de 1937, al mando del Coronel Yagüe, como División Reforzada de Madrid, cambiando sucesivamente de nombre y numeración a 4ª División, 74ª y 14ª al final de la guerra, cuando la mandaba el Coronel Carroquino). Esta sección de información siempre estuvo mandada por el Comandante de Caballería, luego Teniente Coronel, Francisco Bonel Huici, y a ella se incorporó el Capitán Manuel Gutiérrez Mellado en 1938, tras pasarse a zona nacional después de una azarosa y oscurísima actuación en Zona Roja, seguramente como agente doble (ver el correspondiente anexo en Carrero asesinado. Clave de la Transición).
Los crímenes fueron perpetrados fríamente la noche del sábado 29 de julio de 1939, apenas cuatro meses después del fin de la guerra. Y, según la versión oficial, por tres significados excombatientes comunistas (Juventudes Socialistas Unificadas, JSU) que, inexplicablemente, habían sido puestos en libertad poco tiempo antes. Y digo que sin posible explicación porque, como demuestro en mis trabajos (El Asunto Gabaldón), el SIPM había infiltrado, primero, y detenido, después, a la mayoría de los miembros del Partido Comunista que se aprestaban a seguir la lucha armada con acciones terroristas; por ejemplo: tres días antes del asesinato de Gabaldón había detenido Sinesio Cabada Guisado (a) Pionero, Secretario General de las JSU y su jefe máximo tras la detención en mayo de José Peña (Brea (a) El Gordo. Lo asesinos de Gabaldón iban vestidos con uniformes del Ejército Nacional, armados solo con pistolas, y no habían antes hecho ningún atentado o robo, ni lo hicieron luego. Y solo “pararon” al coche de Gabaldón (hay indicios de que el chofer pudo hacerlo bajo presión de otros mandos de su unidad, colaborando así con los ejecutores, y siendo sustituido por un desconocido cadáver). Recientemente se ha querido justificar todo ello con la insostenible y nueva disculpa de que “pretendían asaltar la cárcel de Oropesa” (abracadabrante, por no decir esperpéntico).
Apenas 48 horas después fueron detenidos, siendo fusilados, junto con otros muchos (incluidas las “13 Rosas”) el 5 de agosto. Todos menos “el Pionero”, quién fue devuelto del piquete de ejecución a la celda e interrogado por el Capitán Gutiérrez Mellado, para ser definitivamente fusilado el 15 de septiembre (aunque sobre eso hubo ya muchas dudas entonces, pues su cadáver sería oficialmente desenterrado el 21 de noviembre de 1939 para comprobaciones).
Curiosamente, al día siguiente (30 de julio) del asesinato de Gabaldón y antes de que apareciera su cadáver, murió asesinado un colaborador suyo, el falangista Jacinto Alcántara, que había tenido contactos anteriores con la masonería (según Eugenio Vegas Latapié en sus “Memorias Políticas 1938-1942”); tuvo una muerte ritual en apariencia. La casa de Gabaldón en Madrid, en la calle Doctor Esquerdo y donde se hallaban varios archivos, fue asaltada y desapareció toda la documentación. El 18 de agosto de 1939, cayó asesinado un confidente muy cercano al comandante, el falangista (jefe de centuria) Antonio Pérez Asperilla, precisamente por su novia Amelia Treviño, hija de un importante masón teosófico (este hecho lo recogió porteriormente Jakin Boor, es decir, Franco). Curiosamente, repito a propósito y por último, el General Carroquino murió al ser arrollado su automóvil el 23 de septiembre de 1939, junto a su mujer y el conductor; Carroquino era jefe, o lo había sido hasta pocos días antes, de Bonell, Gabaldón, el Guti y Arias.
El escándalo de todo ello fue enorme. Unido a otros y la constatación de corruptelas y mal funcionamiento del SIMP de la inmediata posguerra (desapariciones de joyas y bienes, certificados falsos, etc), entre otras consecuencias produjo en aquel mismo septiembre el cese del que fue primer Director General de Seguridad de los Nacionales, el Coronel José Ungría Jiménez, quien lo era desde enero de 1939. Casi a la vez, se ordenó que tanto el personal del SIPM como la información recopilada pasaran a los Estados Mayores, abandonando el citado servicio las labores de policía. En diciembre se suprimió el SIPM. La ¿casualmente casi coincidente? defenestración de Yagüe poco después (junio de 1940), quien había sido jefe de muchos de los citados y conocía perfectamente la situación, prácticamente frenó el “Caso Gabaldón”. Con el paso del tiempo los procedimientos judiciales se fueron enmarañando, hubo muchos testigos que se desmintieron y finalmente cayó poco a poco en el olvido.
En el fondo de esta oscura trama está la más que probable infiltración de la masonería entre los mandos del SIMP, cuestión que siempre defendió la viuda del comandante y otros allegados; la misma aparece documentalmente en los varios consejos de guerra que se siguieron, hasta 1950, contra los asesinos y su cómplices, y que dieron pié a denuncias concretas, entre otros, contra el Teniente Coronel Bonell Huici, el Capitán de Artillería Gutiérrez Mellado y el Capitán Jurídico Arias Navarro, adscrito al SIPM, y, no menos llamativamente, el primo de Gutiérrez Mellado, el abogado Salvador Mellado de Zulueta, a cuya casa de Villaviciosa de Odón se había acogido en julio de 1936 tras el fracaso del Alzamiento en Madrid.
Arias también había estado relacionado con los consejos de guerra que terminaron en la mencionada condena a muerte de 56 miembros de las JSU, incluidas las 13 Rosas. Fue fiscal adjunto, al menos, de la causa militar nº 37.038 contra Sinesio Cabada Guisado y once más.
Arias: Capitán Jurídico del E. Aire (E. Complemento) y Gobernador Civil
Los años de la Posguerra
Sin duda estos escándalos hicieron que Arias se apartara del foco y retomara su carrera civil. El hecho es que ingresó en el Cuerpo Jurídico del Aire, en la escala de complemento, y en 1942 ganó la oposición a notarías, obteniendo la plaza de Notario en Cuevas de Almanzora (Almería). Pero en 1944, tras la muerte de su madre, ya estaba (¿también?) como abogado fiscal en la Audiencia Territorial de Madrid [iii]. Según Javier Rodríguez González (en La implantación de la dictadura franquista en la provincia de León), “durante esos años es un hombre apartado de la política y no se siente miembro de ninguna de las ‘familias’ del nuevo Régimen, desprecia a los falangistas, siente profunda antipatía hacia los demócrata-cristianos y los monárquicos le parecían el final de nuestra raza”.
El 25 de noviembre de aquel 1944 fue nombrado Gobernador Civil y jefe Provincial del Movimiento de León, puesto en el que permaneció hasta el 4 de febrero de 1949. ¿Cómo y porqué se produjo ese salto de un anónimo notario y capitán jurídico de complemento de Aviación?: misterio. En todo caso vino de la mano de Romualdo Hernández Serrano, por entonces Fiscal Jefe de la Causa General y muy influyente en la Administración Local. Romualdo fue el padre de Antonio Hernández-Gil, presidente de las Cortes en la Transición y el primero en quitar el Crucifijo de ellas.
En el Norte de la provincia de León campeaban los terroristas del ‘maquis’. El secuestro por ellos del hijo del dueño de la Compañía Hullera Vasco-Leonesa, resuelto felizmente con la intervención de Arias, forjó su amistad con Emilio Valle Egocheaga, su propietario, y el noviazgo con su hija Luz, con la que se casaría 10 años después, en 1956; no tuvieron hijos. La Hullera Vasco-Leonesa había sido fundada en Bilbao en 1893 y Valle Egocheaga la adquirió en 1942 y pronto llegó a contar con más de 2.000 mineros en plantilla.
Arias, con su mujer. Una de las minas familiares
Antes de cesar como gobernador civil de León había ascendido a Comandante Jurídico del Ejército Aire (B.O. de 11 de enero de 1949). Arias, finalizado su mando en León, ocupó la Notaría de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), hasta 1952. Aquel año fue nombrado Gobernador Civil de Tenerife (1952-54) y luego de Navarra (1954-57).
En 1957 fue nombrado Ministro de Gobernación (Interior) el General Camilo Alonso Vega, que había sido Director General de la Guardia Civil desde 1943 hasta 1955. D. Camilo inmediatamente nombró Director General de Seguridad (DGS) a Arias (¿quién le asesoraría?) y le abrió el camino a el Palacio del Pardo. De esta forma, la familia Arias, que ya tenía una situación económica desahogada por la notaría de él y la fortuna de ella, alcanzó, además, un trato muy cordial con las de Alonso Vega y Franco. En la DGS, en la que permaneció ocho años, Arias tuvo al Coronel Eduardo Blanco Rodríguez como jefe del Servicio de Información de la Policía desde 1959 a 1965; Blanco relevó a Arias al frente de la DGS hasta 1974, tras la muerte de Carrero Blanco y el ascenso de Arias a la Presidencia del Gobierno.
Mientras, en 1965 fue nombrado alcalde de Madrid, lo que le dio una importante proyección nacional e internacional. De sus actuaciones más llamativas fue el poner, en otoño de 1970, una gran estatua al masón, criptojudío, traidor y genocida Simón Bolívar. Todo un indicio de que el Régimen tenía el enemigo dentro y envalentonado.
En junio de 1973 Carrero Blanco, recién nombrado Presidente del Gobierno, le nombró Ministro de la Gobernación. Antonio, el hermano de su mujer, llegó a desempeñar aquel año una dirección general en dicho Ministerio.
Parte 1 de 3
[i] Azaña jurista. Ministerio de Justicia, Secretaría General Técnica, Centro de Publicaciones, Madrid, 1990.
Agradezco encarecidamente esta información que me proporcionaron hace lustros D. Blas Piñar Pinedo y su padre.
[ii] El papel olvidado de la mujer de Arias Navarro, por Alejandra De La Llave en ‘elcierredigital.com’ del 27-XI-2025.
Los Rivas Cherif descendían de la familia de un sultán marroquí que se hizo cristiano y renunció a finales del s. XVIII (Pío Baroja, https://minernm.blogspot.com/2014/). De la presunta homosexualidad de Azaña y su cuñado corrió mucha tinta; ver: “Cosas que pasan, Rectitud”, por Alfonso Ussía, https://www.eldebate.com/opinion/20220119/rectitud.html.
[iii] AGA, Gobernación, caja 126. ‘Proa’: diario de Falange Española de las J.O.N.S.; 25 de noviembre de 1944 https://prensahistorica.mcu.es/ca/consulta/registro.do?id=1031100.
José Utrera
Nuevas y trascendentes informaciones.
Gracias a una interesantísima charla de D. Luis Felipe Utrera Molina en el Espacio Ardemans (15-XI-2025), con nuevas aportaciones sobre Arias Navarro, me he decidido a hacer un resumen de las más llamativas singularidades de este personaje. Del cual, por cierto, apenas circulan más que muy sucintas e interesadas biografías, algo muy propio de quien fue espía y jugó siempre importantes acciones en la sombra.
Arias hasta 1936
Carlos Arias Navarro (Madrid, 11-XII-1908 – 27-XI- 1989) fue el séptimo hijo de Ángel Arias Mascaraque (1868-1911) y Nieves Navarro Colunga (1878-1943), quienes tuvieron ocho hijos (seis de ellos varones; tres de ellos murieron antes que su padre).
“pertenecía a una familia industrial, bien situada, muy trabajadora y … católica a machamartillo … (Su) padre murió en 1912, cuando … (él tenía) sólo tres años … (La) intensa relación con su madre, por la que sintió veneración, y la vida desordenada de sus hermanos mayores, marcó el carácter … mostró extraordinarias dotes para el estudio, como lo atestigua su expediente académico en el Instituto San Isidro de Madrid, donde finalizó el bachillerato en 1923, con 14 años … (Previa) una autorización especial para cursar los estudios de Derecho … (los) terminó en tres años, licenciándose en 1926 (con 18 años). Fue discípulo aventajado de Julián Besteiro (importante político del PSOE y la UGT)”.
En la revista Blanco y Negro (5-I-1974) se precisaba que su padre era un empleado del matadero municipal de Madrid, donde vivía con su familia en el nº 95 la calle Toledo.
“Carmen Franco nosdijoque Carlos Arias fue secretario particular de (Manuel) Azaña. Ciertamente que esta secretaría la desempeñó cuando el segundo presidente de la II República era jefe del Registro General de Últimas Voluntades, en el Ministerio de Justicia; pero también es verdad que sólo se nombra secretarios particulares a personas de máxima confianza” … Si Carlos Arias no continuó como secretario particular de Azaña, cuando a éste se le designó ministro del Ejército, fue debido a que, en vísperas de oposiciones a Fiscales, Carlos Arias le rogó que prescindiese de él para dedicarse al estudio. Si no podía estudiar no podía presentarse a las mismas con probabilidades de éxito. Carlos Arias -continuó narrándonos- obtuvo plaza de fiscal. En Málaga -su lugar de destino- mantuvo una cordialísima y pública amistad con el Presidente de la Diputación, que estaba afiliado a la Masonería. Bajo el dominio rojo de Málaga, Carlos Arias -reproduzco tan sólo lo que oí a Carmen Franco- actuó de fiscal, sin problemas. Sin embargo, poco antes de la entrada del Ejército en la ciudad ingresó en la cárcel, de tal modo que fue liberado de la prisión por los nacionales. Se militarizó y ejerció su ministerio con notable eficacia”.
Azaña y hermanos Rivas Cherif
Esta información concuerda en muchos aspectos con otras. En concreto, en el libro “Azaña jurista”[i]se dice:
“Un Episodio Ignorado. Ha de relatarse ahora, muy brevemente, un episodio del que (Azaña) no da más que un lacónico rastro impreso, y un testimonio verbal (Nota 48). En el Anuario de la Dirección de los Registros del año 1929 aparece como escribiente Carlos Arias Navarro. Contaba entonces veintiún años. Había aprobado el mismo año 1929 las oposiciones al cuerpo administrativo del Ministerio (obtuvo el primer puesto en las del cuerpo técnico del Ministerio de Justicia). El primer destino de Carlos Arias es la Dirección de los Registros. En ella permanecería hasta 1931. Azaña, veintiocho años mayor que él, en un puesto relevante del Centro directivo, se apercibe pronto de la inteligencia y la ambición del nuevo escribiente. Hace amistad con él, o quizá sienten sólo la simpatía o la complicidad quienes se ven llamados a más altos destinos que el sillón burocrático, y Azaña le recomienda que estudie, porque su capacidad podía llevarle a otras metas. Arias seguiría fielmente el consejo, y en muy poco tiempo aprobaría las oposiciones de Fiscal en 1933, y después las de jurídico militar y notario (*). En su época en la Dirección de los Rastros (sic; ¿Registros?), Carlos Arias colabora con Azaña, y, con escasa formación jurídica, es un eficaz colaborador en la redacción de las resoluciones sobre Registro Civil”.
(*) Nota: Parece obligado señalar que es dudoso que, si aprobó la oposición a fiscal en 1933, en los tres años siguientes aprobara las de notario y jurídico militar. Carlos Engel, en su monumental libro “ElCuerpode Oficialesen la Guerra de España” (Quirón Ediciones, 2008, Valladolid), no lo incluye entre los jurídicos en 1936; lo más probable es que hiciera un corto servicio militar enfocado a oficial jurídico de complemento. Más adelante veremos cuando obtuvo las de notario.
También hay concordancia con el anteriormente citado artículo de ABC dice que: “… Arias quería ser notario y como la oposición tardaba en convocarse, ganó, mientras tanto, la plaza de fiscal en el año 1933, siendo destinado a Málaga con 24 años”. Concretamente a la Inspección Fiscal del Tribunal Supremo en Málaga.
Fraga Iribane (en El cañón giratorio: conversaciones con Eduardo Chamorro, Argos Vergara, 1982) y José María de Areilza (en Diario de un ministro de la monarquía, Espejo de España, Planeta, 1977) escribieron que Arias, por entonces, era próximo a la izquierda en aspectos como el anticlericalismo.
José Antonio Fernández de la Vega, con bastón, Gobernador Civil de Málaga el verano de 1936
Con relación a Azaña, Arias debió mantener un trato importante hasta la guerra, pues, en las memorias que empezó a escribir hay borradores en los que menciona “el intento de captación de Manuel Azaña (a él), así como su despedida en el Palacio de Buenavista (Ministerio de la Guerra) de Cipriano y Lolita Rivas Cherif (cuñado y mujer del Presidente de la República)” [ii].
La guerra en Málaga
El periodo de la Guerra de Liberación es tremendamente oscuro en el caso de Arias. La versión oficial es que, por sus ideas afines a los sublevados, se escondió y fue finalmente detenido, pasando, al ser liberado por las fuerzas nacionales, a integrarse en ellas como oficial jurídico de complemento. Pero, además de la antedicha versión de Carmen Franco, hay otras (Aquí y Aquí), afines a los frentepopulistas, que hablan de su colaboración y connivencia con los milicianos de Málaga, de la protección del presidente de la Audiencia de Málaga D. Atilano Lorente González (luego presidente del Tribunal Popular local), e incluso de ser “quintacolumnista”. De su actuación represora en la ciudad liberada, en el Juzgado Militar nº 10, le vino el malvado/exagerado apodo, impuesto por “La Izquierda”, de El Carnicerito de Málaga.
Confieso que no he tenido acceso a su hoja de servicios, cuestión ardua en la actualidad, pero parece ser que posteriormente estuvo destinado como capitán jurídico de complemento en Bilbao, Santander, Castellón de la Plana, Talavera de la Reina y Arenas de San Pedro. Durante sus destinos como jurídico en el Frente Norte y Levante estuvo a las órdenes del Coronel Camilo Alonso Vega (IV/4ª Brigada/División de Navarra).
Ungría. SIPM. Gabaldón y su hija. Gutiérrez Mellado en 1936
El Asunto Gabaldón
Y aquí aparece el trascendental suceso del asesinato del Comandante de la Guardia Civil EugenioIsaac Gabaldón, su hija Pilar de 17 años y José Díaz Madrigal, el soldado conductor del vehículo militar en que volvían a Talavera de la Reina de un viaje. Gabaldón, destinado en el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) en el importantísimo centro de Torre de Esteban Hambrán (Toledo, próximo a Talavera), dependiente de la Sección de Información de la División nacional que cubrió la mayor parte del frente de Madrid durante la guerra (se creó en abril de 1937, al mando del Coronel Yagüe, como División Reforzada de Madrid, cambiando sucesivamente de nombre y numeración a 4ª División, 74ª y 14ª al final de la guerra, cuando la mandaba el Coronel Carroquino). Esta sección de información siempre estuvo mandada por el Comandante de Caballería, luego Teniente Coronel, Francisco Bonel Huici, y a ella se incorporó el Capitán Manuel Gutiérrez Mellado en 1938, tras pasarse a zona nacional después de una azarosa y oscurísima actuación en Zona Roja, seguramente como agente doble (ver el correspondiente anexo en Carrero asesinado. Clave de la Transición).
Los crímenes fueron perpetrados fríamente la noche del sábado 29 de julio de 1939, apenas cuatro meses después del fin de la guerra. Y, según la versión oficial, por tres significados excombatientes comunistas (Juventudes Socialistas Unificadas, JSU) que, inexplicablemente, habían sido puestos en libertad poco tiempo antes. Y digo que sin posible explicación porque, como demuestro en mis trabajos (El Asunto Gabaldón), el SIPM había infiltrado, primero, y detenido, después, a la mayoría de los miembros del Partido Comunista que se aprestaban a seguir la lucha armada con acciones terroristas; por ejemplo: tres días antes del asesinato de Gabaldón había detenido Sinesio Cabada Guisado (a) Pionero, Secretario General de las JSU y su jefe máximo tras la detención en mayo de José Peña (Brea (a) El Gordo. Lo asesinos de Gabaldón iban vestidos con uniformes del Ejército Nacional, armados solo con pistolas, y no habían antes hecho ningún atentado o robo, ni lo hicieron luego. Y solo “pararon” al coche de Gabaldón (hay indicios de que el chofer pudo hacerlo bajo presión de otros mandos de su unidad, colaborando así con los ejecutores, y siendo sustituido por un desconocido cadáver). Recientemente se ha querido justificar todo ello con la insostenible y nueva disculpa de que “pretendían asaltar la cárcel de Oropesa” (abracadabrante, por no decir esperpéntico).
Apenas 48 horas después fueron detenidos, siendo fusilados, junto con otros muchos (incluidas las “13 Rosas”) el 5 de agosto. Todos menos “el Pionero”, quién fue devuelto del piquete de ejecución a la celda e interrogado por el Capitán Gutiérrez Mellado, para ser definitivamente fusilado el 15 de septiembre (aunque sobre eso hubo ya muchas dudas entonces, pues su cadáver sería oficialmente desenterrado el 21 de noviembre de 1939 para comprobaciones).
Curiosamente, al día siguiente (30 de julio) del asesinato de Gabaldón y antes de que apareciera su cadáver, murió asesinado un colaborador suyo, el falangista Jacinto Alcántara, que había tenido contactos anteriores con la masonería (según Eugenio Vegas Latapié en sus “Memorias Políticas 1938-1942”); tuvo una muerte ritual en apariencia. La casa de Gabaldón en Madrid, en la calle Doctor Esquerdo y donde se hallaban varios archivos, fue asaltada y desapareció toda la documentación. El 18 de agosto de 1939, cayó asesinado un confidente muy cercano al comandante, el falangista (jefe de centuria) Antonio Pérez Asperilla, precisamente por su novia Amelia Treviño, hija de un importante masón teosófico (este hecho lo recogió porteriormente Jakin Boor, es decir, Franco). Curiosamente, repito a propósito y por último, el General Carroquino murió al ser arrollado su automóvil el 23 de septiembre de 1939, junto a su mujer y el conductor; Carroquino era jefe, o lo había sido hasta pocos días antes, de Bonell, Gabaldón, el Guti y Arias.
El escándalo de todo ello fue enorme. Unido a otros y la constatación de corruptelas y mal funcionamiento del SIMP de la inmediata posguerra (desapariciones de joyas y bienes, certificados falsos, etc), entre otras consecuencias produjo en aquel mismo septiembre el cese del que fue primer Director General de Seguridad de los Nacionales, el Coronel José Ungría Jiménez, quien lo era desde enero de 1939. Casi a la vez, se ordenó que tanto el personal del SIPM como la información recopilada pasaran a los Estados Mayores, abandonando el citado servicio las labores de policía. En diciembre se suprimió el SIPM. La ¿casualmente casi coincidente? defenestración de Yagüe poco después (junio de 1940), quien había sido jefe de muchos de los citados y conocía perfectamente la situación, prácticamente frenó el “Caso Gabaldón”. Con el paso del tiempo los procedimientos judiciales se fueron enmarañando, hubo muchos testigos que se desmintieron y finalmente cayó poco a poco en el olvido.
En el fondo de esta oscura trama está la más que probable infiltración de la masonería entre los mandos del SIMP, cuestión que siempre defendió la viuda del comandante y otros allegados; la misma aparece documentalmente en los varios consejos de guerra que se siguieron, hasta 1950, contra los asesinos y su cómplices, y que dieron pié a denuncias concretas, entre otros, contra el Teniente Coronel Bonell Huici, el Capitán de Artillería Gutiérrez Mellado y el Capitán Jurídico Arias Navarro, adscrito al SIPM, y, no menos llamativamente, el primo de Gutiérrez Mellado, el abogado Salvador Mellado de Zulueta, a cuya casa de Villaviciosa de Odón se había acogido en julio de 1936 tras el fracaso del Alzamiento en Madrid.
Arias también había estado relacionado con los consejos de guerra que terminaron en la mencionada condena a muerte de 56 miembros de las JSU, incluidas las 13 Rosas. Fue fiscal adjunto, al menos, de la causa militar nº 37.038 contra Sinesio Cabada Guisado y once más.
Arias: Capitán Jurídico del E. Aire (E. Complemento) y Gobernador Civil
Los años de la Posguerra
Sin duda estos escándalos hicieron que Arias se apartara del foco y retomara su carrera civil. El hecho es que ingresó en el Cuerpo Jurídico del Aire, en la escala de complemento, y en 1942 ganó la oposición a notarías, obteniendo la plaza de Notario en Cuevas de Almanzora (Almería). Pero en 1944, tras la muerte de su madre, ya estaba (¿también?) como abogado fiscal en la Audiencia Territorial de Madrid [iii]. Según Javier Rodríguez González (en La implantación de la dictadura franquista en la provincia de León), “durante esos años es un hombre apartado de la política y no se siente miembro de ninguna de las ‘familias’ del nuevo Régimen, desprecia a los falangistas, siente profunda antipatía hacia los demócrata-cristianos y los monárquicos le parecían el final de nuestra raza”.
El 25 de noviembre de aquel 1944 fue nombrado Gobernador Civil y jefe Provincial del Movimiento de León, puesto en el que permaneció hasta el 4 de febrero de 1949. ¿Cómo y porqué se produjo ese salto de un anónimo notario y capitán jurídico de complemento de Aviación?: misterio. En todo caso vino de la mano de Romualdo Hernández Serrano, por entonces Fiscal Jefe de la Causa General y muy influyente en la Administración Local. Romualdo fue el padre de Antonio Hernández-Gil, presidente de las Cortes en la Transición y el primero en quitar el Crucifijo de ellas.
En el Norte de la provincia de León campeaban los terroristas del ‘maquis’. El secuestro por ellos del hijo del dueño de la Compañía Hullera Vasco-Leonesa, resuelto felizmente con la intervención de Arias, forjó su amistad con Emilio Valle Egocheaga, su propietario, y el noviazgo con su hija Luz, con la que se casaría 10 años después, en 1956; no tuvieron hijos. La Hullera Vasco-Leonesa había sido fundada en Bilbao en 1893 y Valle Egocheaga la adquirió en 1942 y pronto llegó a contar con más de 2.000 mineros en plantilla.
Arias, con su mujer. Una de las minas familiares
Antes de cesar como gobernador civil de León había ascendido a Comandante Jurídico del Ejército Aire (B.O. de 11 de enero de 1949). Arias, finalizado su mando en León, ocupó la Notaría de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), hasta 1952. Aquel año fue nombrado Gobernador Civil de Tenerife (1952-54) y luego de Navarra (1954-57).
En 1957 fue nombrado Ministro de Gobernación (Interior) el General Camilo Alonso Vega, que había sido Director General de la Guardia Civil desde 1943 hasta 1955. D. Camilo inmediatamente nombró Director General de Seguridad (DGS) a Arias (¿quién le asesoraría?) y le abrió el camino a el Palacio del Pardo. De esta forma, la familia Arias, que ya tenía una situación económica desahogada por la notaría de él y la fortuna de ella, alcanzó, además, un trato muy cordial con las de Alonso Vega y Franco. En la DGS, en la que permaneció ocho años, Arias tuvo al Coronel Eduardo Blanco Rodríguez como jefe del Servicio de Información de la Policía desde 1959 a 1965; Blanco relevó a Arias al frente de la DGS hasta 1974, tras la muerte de Carrero Blanco y el ascenso de Arias a la Presidencia del Gobierno.
Mientras, en 1965 fue nombrado alcalde de Madrid, lo que le dio una importante proyección nacional e internacional. De sus actuaciones más llamativas fue el poner, en otoño de 1970, una gran estatua al masón, criptojudío, traidor y genocida Simón Bolívar. Todo un indicio de que el Régimen tenía el enemigo dentro y envalentonado.
En junio de 1973 Carrero Blanco, recién nombrado Presidente del Gobierno, le nombró Ministro de la Gobernación. Antonio, el hermano de su mujer, llegó a desempeñar aquel año una dirección general en dicho Ministerio.
Parte 1 de 3
[i]Azaña jurista. Ministerio de Justicia, Secretaría General Técnica, Centro de Publicaciones, Madrid, 1990.
Agradezco encarecidamente esta información que me proporcionaron hace lustros D. Blas Piñar Pinedo y su padre.
[ii]El papel olvidado de la mujer de Arias Navarro, por Alejandra De La Llave en ‘elcierredigital.com’ del 27-XI-2025.
5 respuestas a «Notas para una biografía de Arias Navarro (1/3)»
Magnifico trabajo en el que se intenta desvelar las actividades de un sesgado personaje que desde la secretaria personal de Manuel Azaña llego, tras el asesinato de Carrero Blanco, a la Presidencia del Gobierno de España, cargo que consiguió cuando la persona, que el debía proteger desde su cargo de ministro de la Gobernación, fue asesinado.
Lo normal en casos así es que el ministro hubiera sido cesado de inmediato y mandado a su casa de forma rápida y con deshonor pero en este caso, fue premiado y promocionado a Presidente del Gobierno en la última etapa de vida del Caudillo, decisión esta que dejo boquiabierto a casi todo el mundo.
Este tipo de individuos, entre los que destaca el general Gutierrez Mellado tienen la habilidad de flotar en todo tipo de liquidos y terminar siendo el imprescindible individuo que lo maneja todo.
Este trabajo del coronel Manrique es, como todos los suyos, excelente
Artículo de gran interés, muy bien estudiado y documentado, y que voy a guardar, como oro en paño.
¡Espero con impaciencia las sucesivas entregas!
Gracias, don José María, a usted y a EL ESPAÑOL DIGITAL, por darlo a la luz pública.
Excelente el artículo y excelentes los comentarios.
Como muy bien dice Geppetto, el Ministro que tiene que garantizar la seguridad del presidente del Gobierno, le asesinan al Presidente, y en lugar de mandarlo a una mazmorra por inepto o por traidor, lo hacen encima Presidente del Gobierno.
Debería investigarse qué cargo tenía en la Masonería, y su decisión de entregar el Sáhara de manera tan cobarde, tan antinacional, y tan indigna.
Este tipo de personajes no deberían haber muerto de muerte natural, sino tras un juicio.
Enhorabuena al autor
Es el mismo caso de JFK y Lyndon B. Johnson( no se debe permitir que un imbécil ponga en riesgo una obra de siglos, su carnet de lacayo masón corre por la web como el de el P2 Berlusconi ), y por la misma razón. La apisonadora marrano masona, siempre anticristiana; y por ende, anti española. Nada más ganar la guerra ya había un montón de masones en el ejército( creo recordar que Buhigas o el padre Guerra, a ver si lo miro, comentan que Arias y el Mellado se dedicaban de alféreces, precisamente a meter o amparar a masones en el ejército ). Y en la vejez/retiro al Pardo de Franco, esto era ya la típica merienda masones pre franquista que apesta todos los libros de historia decimonónica española( hasta el punto de atragantarse la lectura ); y que nos ha traído hasta este pozo pútrido. Comenta también que el Arias se hizo encerrar ‘en su cárcel’, antes de la llegada de los nacionales, para así poder ser ‘salvado’ de los rojos; cuando él fue un rojeras, anticlerical como se menciona; en la República. Fue el mano criminal en la muerte de su presidente, e hipócrita protocolario como ninguno; alias lagrimas de cocodrilo. Y el Mellado otro lacayo masón lameculos marranos que tal cantaba. Precisamente Gabaldón, experto en masonería, iba a cambiar impresiones con el presidente portugués, que pudieran haber puesto en evidencia a algún pájaro de estos. Y de ahí el tema. Por supuesto, estos sembradores de escoria revolucionaria, la emplean de carnaza si es preciso, pues la desprecian tanto como sus amos a ellos. Así, para ganarse la confianza de los nacionales, se hizo pasar por un ‘facha mata rojos’ cuando le hizo falta a la causa( marrana, que no la tonto útil bolchevique ); haciendo gala de una crueldad que no tuvo el régimen; antes al contrario.
Magnifico trabajo en el que se intenta desvelar las actividades de un sesgado personaje que desde la secretaria personal de Manuel Azaña llego, tras el asesinato de Carrero Blanco, a la Presidencia del Gobierno de España, cargo que consiguió cuando la persona, que el debía proteger desde su cargo de ministro de la Gobernación, fue asesinado.
Lo normal en casos así es que el ministro hubiera sido cesado de inmediato y mandado a su casa de forma rápida y con deshonor pero en este caso, fue premiado y promocionado a Presidente del Gobierno en la última etapa de vida del Caudillo, decisión esta que dejo boquiabierto a casi todo el mundo.
Este tipo de individuos, entre los que destaca el general Gutierrez Mellado tienen la habilidad de flotar en todo tipo de liquidos y terminar siendo el imprescindible individuo que lo maneja todo.
Este trabajo del coronel Manrique es, como todos los suyos, excelente
¡¡¡¡¡¡ MUY INTERESANTE ARTÍCULO !!!!
Artículo de gran interés, muy bien estudiado y documentado, y que voy a guardar, como oro en paño.
¡Espero con impaciencia las sucesivas entregas!
Gracias, don José María, a usted y a EL ESPAÑOL DIGITAL, por darlo a la luz pública.
Excelente el artículo y excelentes los comentarios.
Como muy bien dice Geppetto, el Ministro que tiene que garantizar la seguridad del presidente del Gobierno, le asesinan al Presidente, y en lugar de mandarlo a una mazmorra por inepto o por traidor, lo hacen encima Presidente del Gobierno.
Debería investigarse qué cargo tenía en la Masonería, y su decisión de entregar el Sáhara de manera tan cobarde, tan antinacional, y tan indigna.
Este tipo de personajes no deberían haber muerto de muerte natural, sino tras un juicio.
Enhorabuena al autor
Es el mismo caso de JFK y Lyndon B. Johnson( no se debe permitir que un imbécil ponga en riesgo una obra de siglos, su carnet de lacayo masón corre por la web como el de el P2 Berlusconi ), y por la misma razón. La apisonadora marrano masona, siempre anticristiana; y por ende, anti española. Nada más ganar la guerra ya había un montón de masones en el ejército( creo recordar que Buhigas o el padre Guerra, a ver si lo miro, comentan que Arias y el Mellado se dedicaban de alféreces, precisamente a meter o amparar a masones en el ejército ). Y en la vejez/retiro al Pardo de Franco, esto era ya la típica merienda masones pre franquista que apesta todos los libros de historia decimonónica española( hasta el punto de atragantarse la lectura ); y que nos ha traído hasta este pozo pútrido. Comenta también que el Arias se hizo encerrar ‘en su cárcel’, antes de la llegada de los nacionales, para así poder ser ‘salvado’ de los rojos; cuando él fue un rojeras, anticlerical como se menciona; en la República. Fue el mano criminal en la muerte de su presidente, e hipócrita protocolario como ninguno; alias lagrimas de cocodrilo. Y el Mellado otro lacayo masón lameculos marranos que tal cantaba. Precisamente Gabaldón, experto en masonería, iba a cambiar impresiones con el presidente portugués, que pudieran haber puesto en evidencia a algún pájaro de estos. Y de ahí el tema. Por supuesto, estos sembradores de escoria revolucionaria, la emplean de carnaza si es preciso, pues la desprecian tanto como sus amos a ellos. Así, para ganarse la confianza de los nacionales, se hizo pasar por un ‘facha mata rojos’ cuando le hizo falta a la causa( marrana, que no la tonto útil bolchevique ); haciendo gala de una crueldad que no tuvo el régimen; antes al contrario.