Nuremberg: jueces y parte

Mucha tinta sigue derramando aquel tan famoso proceso de Nuremberg, que ya en su día fue puesto en solfa y bajo la lupa no sólo por la ausencia de precedente, sino también porque nada o muy poco estaba claro en él al querer dotar de una imagen de legalidad y justicia a algo que cualquiera podía simplemente considerar un ejemplo más de ese “Ay de los vencidos” tan consustancial a la naturaleza humana.

Tres fueron los problemas que tuvieron que superar sus impulsores para que el mundo tragara con él, es decir, para que entonces, y sobre todo después, o sea ahora, el mundo aceptara el proceso como justo, garantista y con verdadera, real y aceptable naturaleza jurídica: su territorialidad, su retroactividad y su imparcialidad, conscientes no sólo de su debilidad, sino de que rebatirlos, hacer hincapié en que ninguno de tales preceptos se cumplía, iba a ser, como fue, parte de la defensa, como es lógico.

Otro problema no menos espinoso fue el creado por los norteamericanos al pretender que la acusación se centrase en la idea de que la guerra mundial había sido premeditada y alevosamente planificada por la Alemania “nazi” toda vez que se debió, según ellos, a una conspiración perfectamente planificada desde su principio, pretensión que tuvieron que abandonar paulatina y sigilosamente conforme se fue haciendo insostenible hasta para los demás aliados.

En relación con la territorialidad la cosa la solucionaron dando precisamente ese carácter de “corte internacional” al proceso con facultades para entender de todos los “crímenes” cualquiera que fuera el lugar geográfico en el que se hubieran cometido; otra cosa es que no existía precedente jurídico para ello, pero… daba igual.

En relación con la “retroactividad”, pues se iban a aplicar leyes que no existían previamente, ni tampoco como tales los delitos que se iban a imputar, solucionaron el problema al admitir que lo que se iba a juzgar eran delitos punibles per se, es decir, con independencia del momento histórico en que se hubieran cometido, fuera en el pasado remoto de la Historia o en aquel presente.

En cuanto a la imparcialidad… Ah, la imparcialidad. Cómo superar tan difícil escollo, posiblemente el más importante y trascendente de todos, sin desmerecer a los demás, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los principales aliados, la URSS, había sido coiniciadora de la guerra junto con Alemania invadiendo tan sólo 15 días después que ésta a la misma Polonia  –cometiendo la atrocidad de Katin que aunque se quiso pasar por crimen germano no les fue posible motivo por el cual decidieron pasarlo por alto–, Finlandia y triturado los países bálticos, o los injustificados y terribles bombardeos de Dresde y otra ciudades alemanas con cientos de miles de muertos inocentes o para qué hablar de las también injustificadas bombas atómicas todo ello imputable, precisamente, a los norteamericanos.

Y es que, no sólo dicha imparcialidad se rompío cuando durante el proceso el tribunal no permitió que la defensa de los procesados presentara las fehacientes y múltiples pruebas que había, además documentadas, que inculpaban a los aliados en los mismos crímenes, no sólo a la URSS, que conste, sino también a los demás, así como porque se limitó su capacidad para presentar testigos e incluso su acceso a documentación de la fiscalía, sino más aún porque en el mismo instante en que en Noviembre de 1945 comenzaba el citado proceso, se tenía sobre la mesa, y aún se llevaban a cabo, tremendos crímenes contra la población alemana e italiana, así como contra los prisioneros de guerra (soldados) de dichas nacionalidades a manos no sólo de “incontrolados”, sino peor aún con el beneplácito, la permisividad e incluso la participación activa de las tropas aliadas que pudiendo no quisieron nunca impedir tales atrocidades.

Para demostrar que en Nuremberg los aliados se convirtieron en jueces y parte, nada mejor que los dos siguientes vídeos traducidos al español (gentileza de nuestro colaborador Marco Antonio), el primero es un resumen del segundo que es la versión completa.


4 respuestas a «Nuremberg: jueces y parte»

  1. El gran criminal Winston Churchill nunca fue juzgado por sus crímenes. Arrasar la ciudad alemana de Dresde con un bombardeo indiscriminado siendo una ciudad sin valor estratégico, sin apenas industria militar acabando con la vida de millones de inocentes, entre otros crímenes.

  2. El objetivo real de la guerra, y su circo de juicio, era quedarse con las patentes de los avances alemanes, se repartieron sus avances y gran parte se la llevaron los Estados Unidos. Muchos ni conocen el invento de la vitrocerámica que usan en la cocina de sus casas, pues por primera vez se utilizó en los submarinos alemanes. El desarrollo de las tecnologías que se usan hoy día proceden de estas patentes, el primer ordenador fue alemán, misiles, física nuclear y avanzada metafísica, etc. Eran tantos avances superiores que no podían soportar por tanta envidia, rabia, y con terror de perder el liderazgo mundial que tenía la banca usurera. La pregunta que hay que hacerse es. ¿Que tiene Europa que siempre es escenario de guerra? Su respuesta es ancestral para los que están despiertos.

    Saludos cordiales

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad