Obras son amores y no buenas razones… ni palabras huecas

La persecución contra la Iglesia en las carnes de los católicos nicaragüenses, clérigos y fieles, viene siendo cruel, despiadada y genocida. «¿Por qué Me persigues, Saulo?»… por lo de siempre, por esa sempiterna guerra del Mal contra el Bien que, a veces, adquiere forma de persecución física porque el Mal siempre, antes o después, siempre quiere sangre, quiere dar al justo una mala muerte para comprobar su resistencia, si realmente cree en lo que el Mal no sólo no cree, sino que odia infinitamente. ¿Y el Bien? El Bien quiere lo mejor para sus hijos y por eso elige a algunos para que con su tremendo sufrimiento, si se mantienen fieles, si perseveran, no sólo alcancen una gloria superior a la de otros, sino que sean ejemplo y semilla de muchos más; al tiempo a todos nos recuerda lo que tantas veces olvidamos que es que sólo por la cruz, sólo por la puerta estrecha y la senda empinada, se llega a la Gloria. Y es que como Él sabe de nuestra vida muelle, fácil, adocenada, quiere que despertemos porque por esa no se llega a Él, que es el único Camino, la Verdad y la Vida.

Dicho lo anterior a modo de recordatorio, vamos al meollo de la cuestión que es lo que da título a este artículo.

Ante la persecución, que lo es en toda regla, contra la Iglesia y sus fieles en Nicaragua, Francisco I se ha limitado a algunas palabritas en algún Ángelus y… poco más; una carta del nuncio y… poco más. Los cardenales y obispos… menos aún, a lo sumo alguna nota de alguna Conferencia Episcopal y poco más. El clero… algún cura en alguna homilía brevemente y en alguna que otra de las preces, y de pasada, y poco más. Por ello, podemos asegurar que los católicos en su inmensa mayoría no conocen por sus pastores qué ocurre con sus hermanos católicos en Nicaragua, como tampoco en Nigeria. Lo dicho es una auténtica vergüenza y además una traición imperdonable.

Porque vivimos en un mundo que, por globalizado, es cada vez más pequeño. La Iglesia tiene todavía en todos los países, más aún en los occidentales, potentes recursos no sólo económicos, sino también de difusión, así como políticos, para levantar la voz y que esa voz sea un grito huracanado que no pase desapercibido.

El Vaticano es un Estado reconocido por toda la comunidad internacional que ante la agresión a sus «ciudadanos» a estas alturas ya tenía que haber acudido a la ONU y a todas las demás instancias políticas internacionales a exigir las correspondientes sanciones políticas y económicas contra el gobierno tiránico nicaragüense, además de haber roto oficialmente relaciones con él. Debería, porque puede, estar dando la matraca en cuantas puertas políticas y diplomáticas internacionales puede, que son prácticamente todas, sin descanso ni desmayo, exigiendo acciones contra el despotismo de Ortega por la violación de los derechos de los fieles nicaragüenses, etc., etc. Debería ser su principal y casi única labor la de clamar contra el genocidio que en Nicaragua o Nigeria se lleva a cabo contra los católicos, en vez de dedicarse a lo que se dedica que obviamos nombrar por la nausea que nos produce y porque es de sobra conocido.

Cardenales, obispos y clero en general deberían poner todo su empeño, recursos y hasta la más mínima ocasión para movilizar no sólo a cuantas autoridades y responsables de cualquier clase de institución tengan a la mano, sino también, y casi más aún, a los fieles para que salgan –salgamos–  de nuestra apatía, de ese creer que lo tenemos todo hecho, que no sólo somos buenos católicos, sino que nos estamos ganando el cielo con nuestras Misas dominicales, algún rezo en algún funeral y… no matando a nadie.

Los católicos, por nuestra parte, deberíamos hacer un profundo examen de conciencia que nos lleve, de una vez por todas, a un cambio radical de vida, a dejar esta vida muelle, nuestras «preocupaciones» diarias que tanto magnificamos, etc., y a movilizarnos por el reinado de Cristo en la Tierra, por la implantación de la doctrina social y moral de la Iglesia, por predicar con palabras y obras el Evangelio a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella, etc. Cada cual, eso sí, según sus posibilidades y circunstancias que, si la miramos con sinceridad, son más, muchas más de la que creemos o… queremos creer.

Lo dicho para Francisco I, cardenales, obispos, curas y fieles: obras son amores y no buenas razones nipalabras huecas.


4 respuestas a «Obras son amores y no buenas razones… ni palabras huecas»

  1. El artículo de hoy, a mi parecer, creo que se ajusta más a la realidad. Es triste y preocupante lo que ocurre en Nicaragua, Nigeria y otros países con la persecueción a la Iglesia y a los fieles, y efectivamente, se podría y debería hacer mucho más por parte del Vaticano y autoridades eclesiásticas de otros países.

  2. Una pasividad que contrasta con la implicación de la Iglesia en la defensa de los católicos ante la persecución desatada en España por la República y el Frente Popular.
    Claro que entonces el “humo de Satanás” no había penetrado en la Iglesia, como lo ha hecho a torbellinos tras el Concilio Vaticano II

  3. EL OKUPA DEL VATICANO demuestra, con su inacción, a quien sirve realmente…
    Espero que Satanás le llame pronto a su lado, aunque el mal ya está hecho, y dejará la Iglesia hecha unos zorros.
    Lo triste del caso es que la conferencia episcopal española, con Omella al frente, sigue por la misma ruta…

  4. Se nos dice que las Naciones Unidas (ONU) es una organización internacional que tiene como objetivo facilitar la cooperación a través del progreso social, el desarrollo económico, la seguridad internacional y el derecho internacional. Se promocionan a sí mismos y se promocionan externamente como un organismo acreditado que se ocupa de la paz, la seguridad, el desarrollo, los derechos humanos y los asuntos humanitarios. Siendo este el caso, no es sorprendente ver a la ONU a la vanguardia de todos los conflictos e inestabilidad internacionales, ya que estos eventos exactos les dan la atmósfera ideal para promocionarse como portadores de todo. A lo largo de la historia, las figuras autorizadas siempre han tratado de pintar una percepción de sí mismos con la esperanza de influir y lavar el cerebro de las masas en una agenda deseada.

    Al promocionarse, me refiero al uso de la ONU de las principales redes de medios, como CNN. CNN es propiedad de Time Warner, propiedad de JP Morgan Chase and Company y Dodge & Cox Inc, por nombrar algunos. También tiene un grupo selecto de titulares directos, como Jeffrey L. Bewkes. El Sr. Bewkes se sienta en la oficina central de las dos torres de Time Warner construidas en 2001, edificios construidos a propósito para parecerse a los Centros de Comercio Mundial de la Ciudad de Nueva York. Bewkes también es miembro del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), dirigido y financiado por las familias Rothschild y Rockefeller. De hecho, una gran mayoría de los propietarios de redes de medios convencionales son todos miembros del CFR, así como la comisión trilateral. Otro ejemplo de esto es Richard D. Parsons, quien se desempeñó como Presidente de la Junta de Time Warner desde mayo de 2003 hasta enero de 2009. Actualmente, el Sr. Parsons es miembro de la Junta de Fideicomisarios y es Asesor Principal de la Fundación Rockefeller. Incluso podría seguir mirando a Frank J. Caufield, otro importante titular directo de Time Warner Corp, que también es miembro del CFR. Permítanme recordarles nuevamente que CNN es propiedad de Time Warner Corp, que es propiedad de varias personas y corporaciones dirigidas por algunas familias. Estas familias se esconden detrás de las corporaciones que dirigen, utilizando a los empleados y políticos que contratan para hacer su trabajo sucio. ¿Por qué seguimos pastoreados por estas élites y estas, por un amo superior que se esconde en la sombra? La respuesta es evidente, la falta de despertar el espíritu, entre la carne y el espíritu dormido, es condenado a depredarse en los planos de significación del ruedo del alma.

    Saludos

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