Odiar a España y a lo español: adicción en Cataluña; Marcial Cuquerella

Marcial Cuquerella

Marcial Cuquerella es Ingeniero Industrial e Ingeniero Informático. Hermano, hijo, nieto y bisnieto de marino, ha estado vinculado toda su carrera al mundo de los medios. Fue director de Intereconomía de 2005 hasta 2014. Hoy inversor en empresas de tecnología y asesor estratégico en compañías de comunicación.

¿Podría valorar de la gravedad de los actos vandálicos en defensa de un delincuente proetarra que hacía apología del tiro en la nuca?

Por dónde empezar…en primer lugar, ¿quiénes son los que se manifiestan? No está nada claro el perfil, pero lo que es seguro es que no son señores mayores indignados por la crisis económica o gente que «no puede más». Por lo general son niñatos que han echado los dientes con Zapatero, y que no han conocido más que la paz, la libertad y la prosperidad económica de (crisis aparte) los últimos años. Entonces ¿quiénes son? ¿a qué obedecen? ¿Tienen realmente motivos para quejarse de la «falta de democracia»? Les llaman «antifascistas» pero ni siquiera saben quien fue Mussolini.

El hecho objetivo es muy grave, pero más grave me parece que esos malcriados no estén en el colegio y sí tirando su futuro por la borda, porque están cometiendo delitos y hoy las redes lo graban todo.

Y lo más grave es que sea alentados por gente del gobierno como Echenique.

Echenique, todo lo que está quieto está pensando cosas malas. Por eso no para de soltarlas. Incendiar la calle para ellos es un acto legítimo, no por parte de los borrokas, sino por parte de las élites políticas. Todo vale con tal de ganar y conquistar o mantener el poder. Pero Echenique no es más que la cara amable del proyecto.

¿Hasta que punto es grave que unos niñatos violentos desafíen a las Fuerzas de Seguridad, que se ven incapaces de contenerlos?

La seguridad es como una olla exprés. Tienes el contenedor, el liquido, la espita y el fuego que calienta todo. La misión de las FCSE no es romper la olla, sino tratar de que no estalle. Cuando se producen estas situaciones, confiamos en nuestros profesionales, a los que la sociedad ha cedido el uso de la fuerza, para que eviten precisamente eso. Las bandas que tienen enfrente, por lo general, no son profesionales y tratan de llevar a la sociedad a una situación insostenible. Bajando la temperatura, enfriando la situación, y usando la fuerza sólo como una válvula para bajar la presión, es la forma en la que trabajan. Entenderá que hay que ser muy profesional y muy equilibrado para saber cuando, como, y con qué, y no perder los nervios en el intento.

También es una locura que se hable que la CUP exija para apoyar el gobierno tomar el control de Interior y de los Mossos.

En sus sueños más húmedos sueñan con ser ellos quienes lleven la porra.

Igualmente la violencia que ha sufrido Vox todos los días en la campaña electoral catalana es algo inadmisible, que muchos partidos y muchos medios no han condenado.

El problema no solamente es el hecho, que es gravísimo, de que te apedreen. El problema es que parte de la sociedad catalana ha generado una adicción ideológica. Y la única forma de canalizar esa adicción es a través de la violencia.

Que el resto de partidos no sea consciente de que los siguientes van a ser ellos, porque cualquier drogadicto necesita su dosis y cada vez más fuerte, es casi enternecedor…

Y seguirá la violencia contra Vox en Cataluña con total impunidad…y para más INRI dirán que el peligro es la violencia de Vox.

Esta teoría de la adicción ideológica no es nueva, la idea es que una persona que tiene carencias afectivas, emocionales, o de cualquier tipo, trata de resolverlas o de llenar ese vacío con eso que le produce el subidón. El odio vertido durante décadas por parte de las autoridades en Cataluña contra lo español se ha convertido en una adicción. Obviamente la culpa no es de Vox, Vox es un partido absolutamente democrático que está poniendo un espejo al yonqui, al ludópata, y eso no es agradable de ver.

Las élites políticas catalanas son los camellos de esta gente. Ellos solo consumen de manera ordenada y cuidada, que no les afecte, saben cómo hacerlo. Y por supuesto mientras tanto se van enriqueciendo con ello.

A estos hechos se suma la manipulación de la mayoría de los grandes medios y la censura en las redes…

Hace ya muchísimo tiempo que dejó de existir el periodismo como aquello que decían nuestros clásicos.

Periodismo es algo que molesta a alguien. Estamos viviendo en la cultura del victimismo, de empoderar a la gente a base de que se identifiquen con lo que les hace víctimas. Los propios medios forman parte de esta entrecomillas filosofía, ellos no pueden evitar sentirse víctimas históricas por ser gays, negros, mujeres, o pelirrojos, porque así se lo han vendido. Les han dicho «tú mereces una subvención». Pero claro, a ese juego podemos jugar todos. La cultura del ofendidito es tremenda, porque sólo respeta a la gente por su debilidad, no por su propia dignidad al margen de sexo o raza.

¿Vivimos realmente una dictadura y no nos damos cuenta?

Yo creo que más que una dictadura lo que estamos es en una granja, donde el granjero y el capataz nos tienen estabulados y quietecitos mientras nos dan de comer y nos ponen música clásica para que demos mejor leche. De vez en cuando una zona del establo se da cuenta de que no son ovejas si no lobos, y ahí es cuando vienen los problemas para el granjero. Los lobos son más libres, más conscientes, y sobre todo, son más.


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