Oriente Medio… ¿hacia la normalización?

Oriente Medio es, desde hace ya demasiado, una de las zonas más candentes del mundo. No sólo por los continuos enfrentamientos puntuales y esporádicos más que habituales, sino porque son ya varias las guerras que han tenido allí su origen, zona donde se entremezclan toda clase de intereses propios y ajenos, así como de múltiples e intrincados factores económicos, raciales, religiosos y un largo etcétera.

Netanyahu y el sultán de los EAU

Aunque ha pasado casi desapercibido para los españoles de a pie –excepción hecha de algún que otro «enterado» entre los que no se cuentan nuestros actuales desgobernantes ni políticos–, enfrascados como estamos en destruirnos a nosotros mismos, en perder todos los trenes que salen y en mirarnos el ombligo, Israel y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) –son siete:​ Abu Dabi, Ajmán, Dubái, Fuyaira, Ras al-Jaima, Sarja y Umm al-Qaywayn, que limitan con Omán al sureste, con el golfo Pérsico al norte y con Arabia Saudita al oeste y sur– han anunciado la pronta firma de un importante acuerdo por el cual van a reconocerse y a establecer relaciones diplomáticas, uniéndose así dichos EAU a Egipto y Jordania. El artífice del trascendental hecho ha sido el tan vilipendiado Trump –vía su yerno y asesor, Jared Kushner–, que se marca así un importante tanto en política internacional justo cuando comienza una nueva carrera por la presidencia de los EE. UU., descolocando a su oponente, Biden, que venía acusando a Trump poco menos que de burro en cuestiones internacionales.

Trump y Jared Kushner

El acuerdo es un gran éxito diplomático para Israel, y personal para Netanyahu, y puede ser trascendental para conseguir una buena dosis de normalización en la zona, tan necesaria no sólo para los países de por allí, sino también para los de aquí, porque lo que allí ocurre rebota automáticamente en todos. El hecho de que Bahrein y Omán –Netanyahu visitó este último en 2018– hayan aplaudido públicamente el acuerdo, da que pensar que puedan seguir los pasos de los EAU a no tardar mucho. Y, lo mejor, de confirmarse, es que el acuerdo ha debido contar con el consentimiento de la poderosa Arabia Saudita, porque de otro modo no lo hubiéramos creído posible. Tampoco hay que olvidar que, a pesar de todo, incluido el no reconocimiento oficial, Israel mantiene relaciones solapadas con casi todos los países árabes, aunque, eso sí, ni unos ni otros lo confesarán ni en privado ni menos aún en público.

El caso es que el acuerdo hiere sobre todo a Irán donde más le puede doler restándole aliados. También, claro, a los palestinos –que tendrán que tomar buena nota y espabilar si no quieren quedarse aún más solos de lo que ya están– y no menos a una Turquía empecinada en islamizarse. Pero el éxito para Netanyahu y los suyos es evidente.

Ahora bien ¿cuáles han podido ser los motivos principales para llegar al acuerdo, además de los políticos y de los citados con respecto a Irán, el mayor peligro para los israelíes en la zona, una vez que Siria ha quedado demolida para bastante tiempo gracias a la extraña «primavera árabe»? Pues creemos que de manera manifiesta y fundamentalmente el pragmatismo económico. La economía globalizada del mundo en que vivimos hoy en día, y más en el que nos están diseñando e imponiendo, no admite que país alguno vaya por libre; ni siquiera los tiburones como EE. UU., China, Rusia, Japón, la Unión Europea (no España que es el farolillo rojo) y el propio Israel. Las guerras y los enfrentamientos cuestan no sólo mucho en el momento en que se producen, sino que hipotecan e incluso impiden aún en mayor medida el desarrollo posterior. Sostener estructuras de seguridad cada día más caras para prevenir o disuadir no es lo mejor, si existen posibilidades de «llevarse bien» (o simplemente «llevarse»), o cuando menos tolerarse sin suspicacias y subceptibilidades especiales. A lo que parece, es posible que tal ecuación pueda ir siendo asumida por los países de la zona, Israel incluido, máxime cuando su ventaja es, sin duda, notoria dada su fortaleza, la de su mentor (los EE. UU.) y su firme y constante voluntad de imponerse allí y… acullá.

¿Y España? Pues como siempre desde hace décadas en lo que a política exterior se refiere, y dado que carecemos de ella por completo –y para más inri estamos como estamos en lo interno–, el asunto nos coge con estos pelos, a remolque de todos y sin visos de cambiar, por lo que de caer algo serán migajas… que además serán tiradas a la basura. No sólo no aprendemos, sino que no queremos aprender que es lo peor. Eso sí, a nuestros desgobernantes y políticos de toda condición y partido se les llenará la boca de declaraciones por la paz, la democracia, los derechos humanos y otras banalidades, mientras los demás aprovechan para… hacer negocio, que es de lo que se trata.

Veremos a ver si, tras la firma del acuerdo y la foto de los respectivos firmantes junto a Trump, la cosa se confirma y concreta en nuevos acuerdos con otros países árabes y, uno y los otros, o sea, Israel y los árabes, nos dejan de dar la lata y sustos, que falta hace.


2 respuestas a «Oriente Medio… ¿hacia la normalización?»

  1. Buena crónica, muy buena, pero no saco la misma conclusión.
    Me temo que los acuerdos de Israel no son para dejar de dar la lata, nunca lo han sido, sino todo lo contrario.

  2. Dios quisiera que por fin llegara la paz de verdad al Oriente Medio, y que los israelíes pudieran relajarse en el autobús sin temer que el viajero de al lado saque un cuchillo y les apuñale, o en la siguiente parada se suba otro con una bolsa que la haga estallar al grito de «Al-lahu-àkbar», y los palestinos gozaran de la propiedad, la libertad y de la prosperidad que ahora se les niega.
    Desgraciadamente dudo mucho que este acuerdo sirva para esto. Israel va a su bola completamente, es que ni se plantea otra cosa u otra posibilidad, carece de empatía para el resto, con una mano promociona su museo del holocausto pero con la otra lleva él a otros pueblos el sufrimiento que respecto de sí tanto promociona y lagrimonea como víctima.
    El asesinato alevoso del Cabo Soria (Francisco Javier Soria Toledo) en el Líbano a manos de la artillería israelí fue buena muestra de ello (de ello y de lo insignificante que es España para esta gente, una España que se achantó como si el suceso le hubiera tocado a otro, son las consecuencias cuando el servilismo y la entrega es sin límite). Ello significa que si ha firmado este acuerdo es exclusivamente porque a él le convenga y lo mantendrá mientras le convenga. Esta gente no se anda con chiquitas, ni entiende de otra cosa sino de hacer únicamente lo que a ellos le proporciona beneficios, sin importarle lo que nadie piense, (entre otras cosas porque el que se atreva a exteriorizar algún pensamiento contrario Israel tiene un amplio abanico de medidas, la más suave el control planetario de los medios de comunicación y en la mayoría de los países de una legislación en su propio beneficio que convierte en delito de odio todo pronunciamiento crítico). EEUU tiene mucha culpa de esto y algún día lo reconocerá y se arrepentirá de de tantos apoyos que no tenía que haber prestado porque el interés Nacional de los EEUU es una cosa y ser el primo de Zumosol de Israel otra muy diferente.
    Por otra parte la deriva islamista que está tomando Turquía, un pais enorme de casi 800.000 kilómetros cuadrados y más de 80 millones de habitantes, a las puertas de Europa (en realidad Turquía ocupa territorios que históricamente han sido parte de Europa), también es un problema, sobre todo para países pequeños como España que sus desgobernantes están empeñados en hacerla todavía más pequeña, mientras sus clases dirigentes van a la feria, a la ópera o al fútbol y su jefe de Estado pinta tan poco que si desapareciera completamente nadie lo notaría.
    El incidente de hace 3 meses cuando Turquía nos robó por la cara unos respiradores de hospital evidenció lo indefensa que está España frente a esto grandullones, máxime en un país como España que los imperantes y su séquito consumen para sí buena parte del presupuesto y el dinero sobrante se gasta de forma irresponsable y absurda, como es el caso de en inculcar a los niños desde la más tierna infancia a que sean Drag queen o putos del sexo ya desde pequeños mientras la Iglesia consiente no le vaya a cobrar el Gobierno el IBI, y para las Fuerzas Armadas no hay dinero ni para rabillos de boina.

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