Osoro: líder del blasfemo sincretismo

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Terminaron las absurdas, demagógicas e inútiles jornadas del «Encuentro por la paz» celebradas en Madrid bajo el auspicio y la supervisión del cardenal Osoro, en las que también tuvo protagonismo especial la Comunidad de San Egidio; otro invento que tal baila. ¡Qué verdad aquello de «Dios los crea y ellos se juntan»!

Pues bien, además de la pasta gansa gastada para nada, esa que los que ya podemos calificar como tontos útiles le dan a Osoro y compañía con su «X» cada año –pasta con la que también apuntalan a la penosa 13TV–, este «encuentro» nos ha dejado muchas cosas, pero por no alargar la relación de tonterías y no pocas herejías dichas, nos vamos a centrar en tres que, además, hieren profundamente a la Iglesia:

  • Primera: Constantemente se ha hecho referencia a «las religiones». Pues no, no y no. Religión sólo hay y puede haber una, y uno sólo el camino que mediante ella lleva a Dios, porque de otra forma Dios nos estaría engañando, o sea, tomando el pelo. Si podemos llegar a Él siendo católicos, budistas, mahometanos, protestantes o Hare Krisna, es decir, por caminos tan distintos como los que señalan dichas «religiones», entonces Dios nos engaña; además sería de idiotas ser católicos y cargar con las exigencias de todo tipo, las cruces, que las demás no tienen. Así pues, religión hay una sola, una única revelada por Dios, por Nuestro Señor Jesucristo, una única depositaria de la Verdad y una única que sabe el camino para llegar a Él que es… claro, la católica, la Iglesia. A las demás «cosas» llámenlas como quieran: filosofías, creencias o pasatiempos, pero nunca religiones.
  • Segunda: La fotografía de cabecera de este artículo lo dice todo: Osoro, cardenal de la Iglesia, la única, al mismo nivel que el resto de herejes, cismáticos, chamanes y charlatanes. ¡Qué dolor!
  • Tercera: El propio Osoro no ha tenido otra ocurrencia que pretender enmendar la plana nada más y nada menos que a Nuestro Señor y tomando Sus sublimes «bienaventuranzas», este cretino ha elaborado las suyas que les transcribimos a continuación y que como poco sólo pueden ser calificadas de bazofia:

Bienaventurados cuando escuchamos a quienes han sufrido en su carne la experiencia denigrante de la guerra, que muy a menudo viven a nuestro lado.

Bienaventurados cuando descubrimos que la guerra constituye una grave y profunda herida que se inflige a la fraternidad entre los hombres, aunque se haga en lugares distantes a nosotros.

Bienaventurados cuando ante tantos conflictos en el mundo, ninguno de ellos los vivo desde la indiferencia, sino que afectan a mi vida.

Bienaventurados quienes se sienten cercanos a quienes viven en tierras donde las armas imponen el terror, la destrucción, y les hacen sentir su cercanía.

Bienaventurados los que mediante la oración, el servicio a los heridos, a los que pasan hambre, a los desplazados, refugiados o viven con miedo, les hacen sentir su amor.

Bienaventurados quienes convencidos de lo que significa la paz para los hombres, hacen llegar a cuantos siembran la violencia y la muerte, la noticia y la llamada a que renuncien al exterminio del hermano.

Bienaventurados quienes asumen las vías del diálogo y el encuentro, del perdón y de la reconciliación para construir a su alrededor la paz y devolver la confianza y la esperanza.

Bienaventurados quienes dedican la vida a hacer descubrir que el enemigo es un hermano al que tampoco podemos exterminar, sino que debemos convencer que no niegue el derecho a vivir del otro y de una vida plena para todos. 

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