Para los católicos que abominan de VOX

Vox encabeza la gran oportunidad para España que llevamos tantos años esperando.

Desde que fuera anunciada la convocatoria de elecciones generales, se ha producido un crecimiento exponencial de los ataques hacia Vox desde todos los flancos. No voy a referirme, porque entiendo que no son materia de interés alguno para el lector de este medio, a los provenientes de sectores de izquierda por virulentos que sean. Del mismo modo, tampoco hablaré de los partidos políticos que han creído entrar en competencia directa con esta formación (PP y Ciudadanos) y a los que auguro y deseo una justa lección de humildad.

Les confieso que, como católica y amante de mi Patria, aquellos que me han llenado de rabia, frustración y, sobre todo, tristeza estas últimas semanas, han sido quienes no han sabido o no han querido reconocer en este movimiento que Vox simplemente encabeza, la gran oportunidad para España que llevamos tantos años esperando. Una que surge, precisamente, en el momento de mayor riesgo real desde la Segunda República.

Gran parte de estos a los que me refiero se tienen a sí mismos por grandes devotos y buenos hijos de España, y así lo expresan cuando enarbolan la bandera del catolicismo más tradicionalista. Sin embargo, no escatiman esfuerzos en denostar continuamente ya no sólo al partido, sino a cualquier católico que buenamente entienda que Vox es la mejor opción que se nos presenta para comenzar a revertir la grave situación actual.

No soy una persona prejuiciosa, por lo que mi descubrimiento de esta realidad tan próxima ha sido lento y paulatino. Ya en diciembre del año pasado me vi impelida a publicar un artículo al contemplar durante días cómo muchos, acogiéndose a su dificultad al tratar el delicado y complejo asunto de la violación, se permitían hasta despedazar de manera inmisericorde a Santiago Abascal y a su formación en aras a una pretendida fidelidad a Cristo.

Así actúan quienes deberían felicitarse porque un político con posibilidades de tocar poder se haya atrevido ¡por fin! a oponerse a la dictadura de la muerte, a la que todos los demás en su situación han sucumbido sin remedio.

Esto, ante 100.000 abortos legales cada año que con las derogaciones y ayudas que quiere Vox podrían quedar reducidos a la nada.

Estos creyentes llenos de orgullo y suficiencia, que me han acabado recordando a los corazones de piedra que se citan en los evangelios, se han entregado a la tarea de hacer evidente a todos el mal que parece anidar en Vox, aunque para ello deban valerse, dado el caso, de las más burdas difamaciones.

En tarea similar se encuentran los ultra-conspiranoicos que, conscientes (como somos ya muchos) de que el sistema se protege a sí mismo y que gran parte de lo que nos cuentan es mentira, han rebasado todo límite al hacer de la conspiración un nuevo ídolo al que rinden culto obsesivo dando por buena cualquier información que lo siga alimentando. Ni las fuerzas que pretenden dominar el mundo tienen siempre éxito ni son ubicuas, por lo que rendir una fe inquebrantable a la sospecha permanente es también un grandísimo error. Sobre todo, cuando conlleva ensombrecer injustamente un partido en base a una suerte de elucubraciones, mientras que la certeza de la presencia del mal la tenemos en el lado opuesto de la pugna que se dará el día 28.

Unos y otros llaman estos días activamente a no votar en los próximos comicios, pese a que nuestra ley electoral permita formar gobierno con un porcentaje exiguo de participación. El escenario posible de que se acabe revalidando el Frente Popular en las urnas, y el endemoniado Pedro Sánchez se lleve España por delante les debe parecer un mal mucho menor que participar de un sistema democrático que hay consenso en considerar de todo punto abominable.

Lo que dejo a continuación forma parte de la correspondencia personal que mantengo con un buen católico cuyo criterio es digno de alta consideración. Les ruego encarecidamente, como española y como católica, que lo lean hasta el final, aunque pueda ser molesto o doloroso. Reflexionemos todos sobre ello antes de que sea tarde:

“La crisis de nuestra alma española enlaza con todo esto de VOX y las infinitas divisiones del tradicionalismo. Muchos no dudan en declararse herederos de la Tradición y del alzamiento, pero siguiendo sus propios razonamientos no habrían tomado parte en él aquel 18 de julio, pues lo dirigían (al menos al principio) gentes que no alcanzaban el perfil moral que ellos se exigen, o más bien exigen. ¿A caso habrían seguido un movimiento encabezado por Sanjurjo y Mola en el que había generales masones mandando divisiones y donde los tabores musulmanes combatían codo con codo con los requetés? Eso mismo es lo que critican hoy de VOX.

A diferencia de estos pseudo-tradicionalistas, nuestros abuelos, ya fueran de Falange o del Requeté, de la CEDA o de otros partidos con algo de sentido común, fueron capaces de aparcar sus diferencias y ofrecer sus vidas por salvar lo que San Juan Pablo II llamó los principios no negociables. Al poner sus vidas sobre la mesa y dejarlo todo (no como muchos de lugares en conflicto que han abandonado su tierra sin luchar y ahora se quejan de las consecuencias), consiguieron depurar el movimiento y reconducir la situación, regalándonos ochenta años de paz… ahí es nada.

Por el contrario, estos pseudo-tradicionalistas son como el fariseo del templo y viven pagados de sí mismos sin hacer nada práctico, nada útil. No se dan cuenta de que es precisamente su inacción la que deja la puerta abierta a que otros ocupen puestos de responsabilidad en VOX y vayan dando más fuerza a la rama liberal hasta llevarlo cada vez más lejos de los principios que queremos defender. Es a estos personajes del mundillo a los que tendríamos que decirles hoy que lo perfecto es enemigo de lo bueno y que el no hacer un bien, amparándonos en que se podría hacer mejor, es un pecado de omisión, pecado que teniendo en cuenta contra quien se dirige, la Patria, la siguiente cosa más santa después de Dios y la Iglesia; y la causa, en gran medida el orgullo, puede llegar a ser un pecado grave.

 

VOX no va a ser la salvación de España pero es un primer brote y nuestro deber es hacer que crezca tanto como sea posible mientras siga siendo bueno, es decir no se oponga a los principios no negociables de San Juan Pablo II (derecho a la vida, defensa de la familia y unidad de la Patria). En algún momento surgirán graves problemas en VOX cuando trate de contentar a todos y se vea frente a frente contra cuestiones morales que aún no ha abordado en profundidad y es en ese momento donde la presencia de un núcleo de católicos importante permitiría ganar ese debate o en su defecto causar un cisma que ahora sí, una vez quemada la etapa de VOX, se podría crear algo aún más tradicional. Pero son precisamente estos neo-fariseos los que van a boicotear todo esto, consiguiendo que sus malos presagios se hagan realidad en una nueva profecía autocumplida.

Cuando efectivamente los liberales ocupen los puestos que nosotros hemos reusado ocupar y lleven a VOX lejos de los principios católicos, tendrán el valor de levantarse y recriminarnos que ya nos lo advirtieron. Todo esto recuerda a las durísimas palabras de Jesús evangelio: sepulcros blanqueados. Hoy pasa exactamente lo mismo y no es tanto el resultado de las elecciones lo que me preocupa (que también, pues si algo nos muestra la realidad actual es que las cosas pueden ir a peor o a mucho peor) sino el confirmar el grado de corrupción al que ha llegado también esa parte de la sociedad española.

Para InfoHispania

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3 thoughts on “Para los católicos que abominan de VOX”

  1. Al hilo de los católicos que abominan de VOX y después de ver que HO está haciendo una valerosa campaña Político-Moral (https://www.flickr.com/photos/hazteoir/sets/72157704700941032;
    https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/04/22/hazte_oir_coloca_124_vallas_pone_circular_tres_autobuses_contra_psoe_ciudadanos_94220_1012.html;
    https://twitter.com/hazteoir?lang=es )
    Se me ocurre que va a ser que no son tan malos los “yunques/yunquitos” (si es que lo son).
    Sobre todo, que hay que aprovechar y felicitarse por el bien, venga de donde viniere.
    Ya lo dijo Nuestro Señor (en relación a uno que expulsaba demonios pero “no era de los nuestros”), el que no está contra nosotros está con nosotros.
    Y esto se puede leer en clave electoral, sobre todo al no presentarse “los nuestros”.

    Voten en conciencia, formada, por supuesto.

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