Para no perseverar en el pecado

No perseveréis en el pecado.

La perseverancia en el pecado es deplorable. Pecadores, que debierais haber muerto para el pecado, ¿cómo perseveráis en tan terrible estado?, dice San Pablo. El pecado es la raíz de todos los males, el que da muerte al alma robándole su propia vida, o sea, la gracia santificante, el más bello don sobrenatural. ¡Oh, cuánto pierde el cristiano al pecar! Con la gracia pierde el alma su hermosura y esplendor… ¡Ah! lejos de perseverar en el mal, reconozca­mos con San Agustín nuestra desgracia por no haber amado antes a Dios. «¡Cuánto he tardado en amaros, hermosura siempre antigua y siempre nueva, exclama: cuánto he tardado en amaros!».

En vez de continuar siguiendo por el camino del mal, dedicaos a comprender, con el profeta, «cuán amargo y malo es haber abandonado al Señor vuestro Dios!»«Si el justo, dice el Señor por medio de Ezequiel, se aparta de su justicia y comete iniquidad, obrando según las abominaciones que comete el impío, ¿por ventura tendrá vida? Todas las obras de virtud que había hecho, serán olvidadas, y por las prevaricaciones y por el pecado que cometió morirá».

Gran desgracia es perseverar en el pecado, pues como dice el profeta el hombre que comete un pecado mortal, por él pierde todos los méritos de las buenas obras que hubiera realizado y no le serán tenidas en cuenta. Entendámoslo bien: aunque desde niños hubiéramos llevado la vida más santa y aventajado a muchos santos…, un solo pecado mortal nos haría caer repentinamente de tanta alteza, y las oraciones y los ayunos y las limosnas…, no tendrían valor y quedarían sin premio ante Dios.

Aún más, el pecado mortal impide al alma adquirir nuevos méritos. El pecado, como dice San Agustín, aniquila al hombre. Hay muchas obras que hacen los pecadores que en sustancia son las mismas que las de los justos, porque oran como ellos, oyen Misa y dan limosnas como ellos. Un ejemplo tenemos en el fariseo del Evangelio; pero ese pecado oculto que mancha su alma, ese odio implacable, ese afecto impuro, sea vanidad, ese sacrilegio de que no se acusan, ese pecado mortal lo vicia y lo corrompe todo.

Ese es el gusano roedor que destruye todo el fruto de las buenas obras, de suerte que después de haber sembrado mucho no recogen nada…, construyen sobre arena. Hay, pues, que salir del pecado y vivir en gracia para merecer.

La bondad de Dios perdona fácilmente… y a veces castiga:

Dios está lleno de misericordia, dice el salmista; perdona el crimen y no quiere la pérdida del culpable; no deja de moderar su ira; contiene su furor; se acuerda de que el hombre es de carne, un soplo que pasa y no vuelveDios es compasivo, paciente y de mucha misericordia.

«Convertíos y haced penitencia de todas vues­tras iniquidades, dice el Señor por medio del profeta Ezequiel, y no serán ya causa de vuestra ruina. Arrojad lejos de vosotros todas las prevaricaciones con que os habéis manchado, y formaos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. y ¿por qué has de morir, casa de Israel? Yo no quiero la muerte del pecador, dice el Señor: convertíos y viviréis».

Si después que Yo haya dicho al impío morirás de mala muerte, hiciere penitencia de su pecado, y practicare obras buenas y justas; si devuelve la prenda, restituye lo hurtado; si camina por el sendero de mis mandamientos que dan vida, sin cometer ya más maldades, vivirá, no morirá. Todos los pecados que cometió quedarán olvidados.

Notemos que así como por el pecado mortal se pierden todos los méritos de las buenas obras que hubiéramos hecho, así por la detestación o confesión del pecado mortal cometido, se recupera la gracia y todos los méritos perdidos. ¡Oh, cuánto vale una conversión sincera!

Dios es infinitamente misericordioso y el ex­ceso de su bondad se manifiesta hasta en sus quejas contra nosotros, las cuales están llenas de dulzura, de compasión y de amor. Hallándose cerca de Jerusalén, vísperas de su Pasión, Jesucristo derramó lágrimas al divisar sus muros desde el monte de los Olivos, y dijo: «¡Ah!, si tú supieras ahora mismo lo que puede traerte la paz!, pero en este momento todo está oculto a tu vista.

¡Oh, Jerusalén, hija de Sión, a quien tanto amo! Tu que eres testigo de mis bondades y milagros tan numerosos, y tan grandes, ¿cómo no me conoces? ¿por qué me rechazas y me persigues y te dispones a condenarme y crucificarme? Por ti bajé del cielo…, te he instruido, te he visitado; he curado ante tu vista a tus leprosos, a tus cojos, enfermos, ciegos, sordos, mudos y paralíticos; he hecho milagros para multiplicar los panes que debían alimentarte; he devuelto la vida a tus muertos; hace cuatro mil años que tus padres me deseaban, y tú huyes de mi, me desprecias, calumnias, me aborreces y me persigues!

Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he agraviado? Respóndeme. ¿Qué más he podido hacer por vosotros que no haya hecho?».

Jesús lloró sobre los habitantes de Jerusalén, porque preveía su ruina al no convertirse… y así sucedió, pues sobrevino el gran castigo sobre ella el año lo de nuestra era, en que fue destruida por los ejércitos romanos al mando del emperador Tito.

«No os engañéis a vosotros mismos, dice San Pablo escribiendo a los Gálatas, Dios no puede ser burlado. No digáis, pues, ¡oh! la misericordia del Señor es grande; El perdonará nuestros muchos pecados. Porque tan pronto como ejerce su misericordia, ejerce su indignación, y con ésta tiene fijos sus ojos sobre el pecador».

«No digas: He pecado; y ¿qué mal me ha sucedido? No tardéis en convertiros al Señor, no lo difieras de día en día; porque su ira vendrá de repente, y en el día de la venganza os perderá.

Pecadores impenitentes, escuchad estas terribles palabras del apóstol de las naciones. “¿Despreciáis las riquezas de la bondad de Dios, de su paciencia y de su larga tolerancia?¿Ignoráis que la bondad  de Dios os invita a la penitencia? Y, sin embargo, por la dureza de vuestro corazón y por vuestra falta de arrepentimiento, amontonáis un tesoro para el día del castigo y de la manifestación del justo juicio de Dios”. 

¿Qué hemos de hacer para apresurar nuestra conversión?:

Sigamos escuchando a San Agustín: Si por una parte, dice, las vanidades de las vanidades, mis antiguas amigas, el poder de la cruel costumbre trataban de detenerme en la esclavitud y desgracia; por otra parte, en el lugar a donde volvía mis miradas y a donde deseaba ardientemente llegar, la casta dignidad de la continencia, llena de serenidad y de caricias celestiales, me instaba para que corriese a ella, quitándome toda duda y vacilación, y me alargaba para recibirme y abrazarme sus piadosos y santos brazos cargados de almas llenas de buenos ejemplos.

Aquí me presentaba una multitud de jóvenes y doncellas, una juventud numerosa; allí todas las edades, y respetables viudas, y todas las vírgenes, y en todos una castidad, una pureza fecundas.

Se me manifestaba aquella divina continencia como una madre fecunda que ha concebido y dado la vida a esta numerosa familia de elegidos, y los ha concebido de Vos, ¡oh! Señor, de Vos, su divino Esposo. y se burlaba de mí con una sonrisa de dulce ex­hortación, diciéndome: ¡Pues qué! ¿No has de poder tú lo que pueden éstos y éstas? ¿Pueden ellos hacer por sí mismos lo que hacen? ¿No es con los auxilios del Señor, su Dios, que viven como ángeles?

El Señor Dios me ha entregado a ellos para hacer almas para el cielo. ¿Por qué titubeas y no te colocas sólidamente? Arrójate a El; nada temas, no se recibirá, no te abandonará para dejarte caer. Arrójate lleno de seguridad y de confianza en su seno; El te recibirá y te curará. Y yo, que escuchaba aún las necedades y fruslerías, me avergonzaba de mis vacilaciones.

La continencia proseguía: Cierra los oídos, no atiendas a estos miembros impuros, a esta carne de pecado; mortifícalos: te hablan de placeres mentirosos que no están arreglados a la Ley del Señor, y que no son nada comparados con el placer del cumplimiento de esta ley. Este combate de las pasiones contra la virtud que tenía lugar en mí, era obra mía contra mí mismo».

Como vemos ya germinaba en el espíritu de Agustín el propósito de renunciar al mundo, pero le hacían una furiosa guerra las pasiones, sus antiguas consejeras. Un día del mes de agosto de 386 como oyese referir la vida de San Antonio y de otros monjes del Egipto quedó profundamente afectado, y dirigiéndose a su amigo Alipio, le dijo: «¿Qué es esto, qué has oído? Se levantan los ignorantes y conquistan el cielo, y nosotros con nuestra fría ciencia nos revolcamos en la carne y en la sangre».

«Seguido de Alipio retiróse al jardín, y, sentado debajo de una higuera exclamaba: ¿Hasta cuándo Señor?, ¿hasta cuándo estaréis irritado conmigo?, olvidad mis antiguas prevaricaciones, ¿cuánto tiempo diré mañana, mañana? ¿por qué no ahora? ¿por qué no en este instante? Y entonces oyó a manera de una voz infantil que cantaba e interpretando que se le mandaba leer en la Divina Escritura lo primero que en ella encontrase, abrió el libro santo y tropezó con estas palabras de San Pablo: «No en comilonas, ni embriagueces; no en alcobas y deshonestidades, sino vestíos de nuestro Señor Jesucristo».

No quiso continuar leyendo, ni fue menester, como él dijo…, respondió que Dios y sólo Dios es el centro de la felicidad. Entonces, y al instante «se disiparon las tinieblas de mis dudas».

No hay duda que el pecador que difiere su conver­sión experimenta el mismo combate que experimentaba San Agustín pecador todavía. Por una parte, la concupiscencia, las pasiones, los placeres, la carne, el mundo y el demonio quieren detenerle; y por otra parte, la hermosura de la virtud, los remordimientos, la palabra de Dios, las santas inspiraciones, la gracia, el temor de la muerte, del juicio y del infierno, la felicidad del cielo y la duración de la eternidad, le instan a que se convierta.

Así, pues, lo que hemos de hacer para volver a Dios, es cerrar los oídos y el corazón a la voz engañosa y seductora de la concupiscencia, de las pasiones, del demonio, del mundo y de la carne, y abrirlo a la voz de la virtud y de la gracia; no titubear, y querer con una voluntad firme y decidida, como el hijo pródigo, David, San Pablo…

Aun cuando los pecadores hayan caído por culpa suya, es preciso no dejarles perecer: tengamos lastima de ellos, démosle la mano; y como es menester que se ayuden ellos también con un gran esfuerzo, si quieren levantarse de su caída, para darles suficiente valor, hagamos ante todo desaparecer de su mente la falsa idea de que no puedan vencerse las inclinaciones ni los hábitos viciosos. Convenzámosles bien de que su conversión es posible con la gracia y la voluntad…

Pecadores, la gracia del Señor da fuerza y poder para vencer las malas inclinaciones; ¡ánimo!… Esta gracia destruirá vuestra repugnancia, y hará que llevéis con felicidad una vida nueva… La buena volun­tad, la oración, la confesión, el evitar la ociosidad y las ocasiones de pecado, la devoción a la Virgen María.., he aquí los medios que os guiarán a Dios y alcanzarán vuestra conversión y el perdón; os darán las delicias que se experimentan en la paz de una conciencia inocente, y os asegurarán la felicidad del cielo…

 Conclusión

1) Nunca se debe desesperar de la conversión de un pecador… Sabiendo que Dios quiere que todos se salven y vengan al conocimiento de la verdad, y que El ha dicho con juramento que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, nunca (y lo diré con palabras del Papa Pío XII), «nunca se debe desesperar de la conversión de un pecador, aunque sea enemigo declarado de Dios y de su Iglesia. Tal había sido Saulo, según consta en sus mismas declaraciones: «Fui antes blasfemo y perseguidor y opresorHabéis oído decir cual fue en otro tiempo mi conducta, y cómo yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios y la desolaba. Y, sin embargo, el Señor luego había de decir de este nombre: «El es un instrumento escogido por mí para llevar mi nombre delante de las gentes y de los reyes y de los hijos de Israel».

2) Oremos por los pecadores. La oración es de suma importancia. Jesús nos enseñó a orar y nos mandó que orásemos por todos, y porque la salvación está vinculada a la oración, por eso debemos orar con frecuencia. Pío XII nos dice: «La oración por los pecadores nunca ha dejado de obrar en la Iglesia sus benéficas maravillas. ¡Cuántas mujeres cristianas han logrado volver a llevar a Dios a un marido a veces claramente hostil, más frecuentemente indiferente o descuidado de las prácticas religiosas! ¡Cuántas madres, como Santa Mónica, han obtenido con sus lágrimas y con sus súplicas la vuelta de un Agustín a Dios! Ved cómo pide el Señor que se allanen los caminos a sus gracias de conversión».

En la conversión de San Agustín mucho influye­ron la oración y lágrimas de su madre, y también los sermones de San Ambrosio y la lectura de la Biblia. San Jerónimo dice a este propósito: «Amad la ciencia de la Escritura y no amaréis los vicios de la carne».

3) Exhortemos a la confesión y hablemos de ella. La confesión es el medio indispensable de obtener el perdón de nuestros pecados. La confesión es un dogma católico fundado en las palabras precisas de Jesucristo. El la instituyó al decir a sus apóstoles y sucesores. «A quienes perdonareis los pecados les serán perdonados… ».

«¡Qué consuelo para el hombre culpable, traspasado de remordimiento y arrepentido, oír la palabra del sacerdote que en nombre de Dios le dice: «Yo te absuelvo de tus pecados!». Y el oírla de la boca de quien a su vez tendrá necesidad de pedirla para sí a otro sacerdote, no sólo no rebaja el don misericordioso, sino que lo hace parecer más grande, descubriéndose así mejor a través de la frágil criatura la mano de Dios, por cuya virtud se obra el portento. He aquí las palabras de un ilustre escritor que aun de materias sagradas trata con competencia rara vez vista en un seglar.

«Cuando el sacerdote, temblorosa el alma a la vista de su indignidad y de lo sublime de su mi­nisterio, ha puesto sobre nuestra cabeza sus manos consagradas; cuando, confundido de verse hecho dispensador de la sangre del Testamento, asombrado cada vez como la primera de que las palabras de sus labios infundan la vida, ha absuelto a un pecador siendo pecador él mismo, nos levantamos de sus pies bien seguros de no haber cometido una vileza…Hemos estado a los pies de un hombre, pero que hacía las veces de Cristo…, y hemos estado para volver de la condición de esclavos a la de hijos de Dios».

4) Seamos apóstoles de la conversión… Todos podemos hacer apostolado y sembrar el bien con el ejemplo y la palabra, con la prensa y buenos libros, con la oración y hasta con el dolor.

No hay duda que todos podemos influir en la conversión de otras almas, y con este apostolado salvamos nosotros mismos conforme al dicho del apóstol Santiago: «Sepa que quien convierte a un pecador de su errado camino salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados».


22 respuestas a «Para no perseverar en el pecado»

  1. Oremos por los pecadores aunque sea “egoístamente” por nuestro interés.
    Al orar por los pecadores, puede que estos se conviertan y se libren de las penas eternas del infierno y ganen el Cielo.
    Muy poco se piensa en el Infierno. Se debe tener perfectamente claro que TODOS vamos a resucitar (se volverá a juntar el cuerpo con el alma), ya sea para la Vida como para la Muerte (la segunda muerte). En esta segunda muerte, sigue estando vivo el cuerpo y el alma, y lo sigue estando eternamente pues no se va a extinguir, ni desaparecer, ni evadirse el cuerpo del alma y del destino infernal. Ello supone la desesperación y el sufrimiento absoluto de estos condenados. Nuestra mente difícilmente puede entender dicha situación en que un condenado es atormentado ininterrumpidamente sin poder morir; dichos tormentos son de diversos grados dependiendo de los pecados cometidos y que incluso muchos son realizados por los demonios también condenados que comparten ese “espacio”. Ya nos llena de terror, aquí en la Tierra en esta primera vida (vida de prueba y autoselección), que alguien muera quemado o de cualquier otra forma dolorosísima y sin embargo es en un periodo de tiempo limitado ya sean 1 minuto o 2 horas o 4 meses o lo que sea, pero sigue siendo limitado.
    Igualmente el pecado, por muchos pecados que se cometan son pecados limitados debidos a que el tiempo que se tiene en la Tierra es LIMITADO. Podrás acostarte con mil mujeres, podrás arruinar a todo un país, podrás asesinar a todo el que se antoje, etc. pero es limitado.
    El castigo eterno es ILIMITADO, no tiene fin, no tiene tiempo, no hay salida.
    La salvación eterna estar en el Cielo es ETERNA, es ILIMITADA.
    Está clarísimo cual de las 2 situaciones más nos pueda interesar “egoístamente”.

    Volviendo al principio, al rezar por los pecadores, el perdonar a nuestros enemigos, el ayudar al prójimo y hacerlo por amor a N.S. JESUCRISTO tenemos todas las papeletas de salvarnos. No olvidarse que siendo por naturaleza pecadores (nacimos con el pecado original) debemos arrepentirnos constantemente y confesar nuestros pecados.

    Se ciertamente que no todos se salvarán, pero que no sea por nuestra culpa por no haberles perdonado, por no haberles echado una mano, por haberles escandalizado o por no haber rezado por ellos.

    Que DIOS nos ayude y no pensemos que estamos viviendo o a punto de vivir “tiempos malos” ya que todo es pasajero. La adoración a DIOS refugiándonos en el Inmaculado Corazón de la Virgen María y ayudando al prójimo debe ser nuestro único interés.

  2. Excelencias de la religión católica que enseña que por la confesión de nuestros pecados recibimos el perdón de los mismos gracias al poder otorgado por Nuestro Señor al sacerdote.
    También los laicos podemos rezar por los vivos y por los difuntos, siendo que estos últimos pueden estar en el Cielo, en el Purgatorio o en el Infierno (de lo cual se deduce que, por coherencia, todo católico no debería rezar por los mismos y a la vez injuriarlos)

    “De un santo de prestigio, que vivió con intensidad la misericordia, un hombre que lloraba cada vez que pensaba que alguien podía vivir alejado de Dios, un hombre que oraba por todos sin excepción, de este santo dice uno de los testigos de su canonización que oraba por los condenados en el infierno. ¿Y a pesar de eso le canonizaron? ¿No hubiera sido mejor que lo condenasen por hereje? ¿O al menos por ingenuo, o por perder el tiempo importunando a Dios con cosas imposibles? Claro que, como le dijo el ángel a María, nada hay imposible para Dios. Pues lo canonizaron. Su nombre: Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores.”

    Fuente:
    Orar ¡por los condenados en el infierno! – Nihil Obstat (dominicos.org)

    1. Como limitado que soy, desconozco los testimonios en el proceso de canonización de Santo Domingo de Guzmán y, por consiguiente, que un testigo dijera que oraba por los condenados. No voy a entrar en algo que desconozco por completo.
      Lo que sí sé y creo firmemente es de que DIOS Padre creó al hombre a su imagen y semejanza; que le dio unas normas para cumplir LOS DIEZ MANDAMIENTOS y que su Hijo N.S. JESUCRISTO es quién nos va a juzgar por nuestra FE y OBRAS.
      Cuando rezamos por la conversión de alguien es para que se reconcilie con DIOS, cambie de vida siguiendo su Voluntad. Pecar, pecamos todos en mayor o menor manera, solo existe la diferencia entre reconocerlo como tal y arrepentirnos. “porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal”.
      Cuando rezamos por un difunto rezamos por su salvación, o mejor dicho, su pronta salvación. Una vez pasados por el trance de la muerte, el difunto tiene 2 destinos: salvarse o condenarse. A su vez, la salvación puede ser inmediata (ir directamente a los Cielos) o pasar primeramente por el Purgatorio donde tendremos que purificarnos para presentarnos “limpios” a DIOS. Al mismo tiempo, nuestros rezos al difunto que se encuentra en la Gloria en presencia ante DIOS puede interceder por nosotros.
      Ahora viene lo más tremendo, lo más duro, lo más horrible que le puede pasar al difunto: su condenación. A la mente humana NO le cabe en la cabeza que un castigo sea ETERNO, pues lo podríamos considerar como infinitamente duro y desproporcionado; ejemplo claro de ello son los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos que tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Podríamos pensar ¿Es DIOS cruel? ¿Puede N. S. JESUCRISTO condenarnos de esta manera? ¿No es N.S. JESUCRISTO todo Amor y Vida?
      Hay una cosa que debemos tener bien clara: DIOS es quien dicta las normas y las sentencias. El que lo entendamos o no, no implica que sea de otra manera. DIOS no da lugar a equívocos.

      “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

      Sí amamos y adoramos a DIOS tenemos solo una forma de demostrárselo y es obedeciéndole.
      La sentencia que se nos dará en el Día del Juicio Final por N.S. JESUCRISTO es inapelable y, lo peor para el condenado, es que es ETERNA. ¿Podrá alegar el condenado que N.S. JESUCRISTO es injusto? ¿O que carece de Amor o Misericordia?

      Orar por las almas de los condenados de cara a un posible cambio de su condena eterna es algo imposible. No sé qué intencionalidad podría tener esa oración ya completamente fuera del tiempo de Misericordia Divina.
      Solo los maestros del engaño (los de la Sinagoga de Satanás) consideran el infierno como un lugar de purificación para el malvado, en el que la mayoría de los castigados permanecen hasta un año, aunque algunos lo están eternamente. ¡Estos son más duros que Bergoglio que considera que todos nos salvamos! Bueno Wojtyla consideraba que el infierno estaba vacío.

      Miquel dudo del todo llegues un día a enterarte que Judas Iscariote se libró de su condena eterna. Y evidentemente se me ponen los pelos de punta de pensar en su desesperación al ser consciente de su traición en los últimos momentos de su existencia antes de colgarse de un árbol. ¡Ni comento su situación en su destino eterno, el indescriptible sufrimiento infinito es imposible de plasmar en palabras! El mismo DIOS le dijo: “ ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido.”

      Muchísimo mejor, infinitamente mejor, rezar por la conversión de los pecadores en VIDA.

  3. «Miquel dudo del todo llegues un día a enterarte que Judas Iscariote se libró de su condena eterna»

    Estimado Eugenio, no entiendo su frase de más arriba.

    ¿Piensa Ud. que Judas se libró de su condenación eterna?

    1. Quise decir que Judas está en el infierno por la eternidad.

      Los demoledores del CVII tratan de hacer desaparecer las condenas del infierno que sufrirán los pecadores y utilizan todos los trucos habidos y por haber. Que yo sepa, Wojtyla fue el que empezó con la burda mentira de que el infierno existe pero que está vacío. Este marianista de pacotilla desdice a la Virgen en sus apariciones de Fátima con lo descrito por Lucía (la verdadera) cuando les enseñó la Virgen a los 3 pastorcitos el infierno –un mar de fuego- abarrotado de condenados y de diablos. Los pastorcitos quedaron aterrados. Por otra parte, ya de forma determinante, desmiente por completo al evangelista San Mateo (cap 25, 31-46) citado en mi anterior comentario.

      Como Miquel es un proCVII, le va a ser, aún recurriendo a mentiras o locuciones o dichos de quien sabe, de difícil refutación sin quedar en evidencia.

  4. Algunas citas a tener en cuenta sobre Judas Iscariote, a quien alguien alegremente ya le ha asignado un destino.

    – Ejemplo 1. Fuente: ¿Judas Iscariote se condenó al infierno? – Misioneros Digitales Católicos MDC
    “Lo primero que hay que decir es que, así como la Iglesia ha proclamado de modo solemne la santidad –y por tanto la salvación eterna- de bastantes personas, no ha hecho lo mismo con la condenación: la Iglesia, oficialmente, nunca ha declarado la condenación de nadie. Ni siquiera de Judas. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: porque no lo sabemos a ciencia cierta, y esta parece ser la voluntad de Dios. Dios da a todos una última oportunidad de arrepentimiento en el momento de la muerte, y no sabemos la respuesta de cada uno.”

    – Ejemplo 2. Fuente: ¿Qué será de quien muere de improviso sin confesión? (aleteia.org)

    ”En todo caso, aquel que muere en pecado mortal, sin al menos arrepentirse, va al infierno (Catecismo 1033). Y la teología cristiana católica afirma que un alma condenada no puede ser luego salvada con oraciones.
    Pero una cosa es la irreversibilidad del destino eterno llamado infierno (Catecismo 1035), labrado en la temporalidad terrenal, y otra muy diferente es, por supuesto, dar a alguien ya por condenado en el infierno.
    No es posible pensar o aseverar con rotundidad que alguien, al morir repentinamente, y según nosotros sin estado de gracia, se haya condenado inexorablemente. Nadie debería jamás pensar esto ni del más abyecto de los criminales.”

    “La Iglesia no excluye de sus oraciones a ningún fiel difunto. El amor de la Iglesia por sus hijos es universal. Y en cada Eucaristía la Iglesia ora por todos sin excepción. La oración es expresión de la esperanza y de la confianza en la justicia y misericordia divinas. Orar por todos es esperar que Dios, por los caminos que sólo él sabe, puede llevar a muchos hacia sí. Aún por los que, según los criterios humanos, podrían estar condenados, pues nunca debemos olvidar que los criterios y pensamientos de Dios no siempre coinciden con los del ser humano (Is 55, 8).”

    Así pues, sobre las oraciones de los católicos por los difuntos cabe decir que es recomendable rezar por todos ellos, pues no sabemos en qué situación se encuentran (Cielo, Purgatorio o Infierno), y aún aceptando que las almas del Infierno no puedan ser salvadas por nuestras oraciones, nada se dice en el Magisterio de la Iglesia en contra de que puedan ser aliviadas en sus sufrimientos, puesto que allí existen diferentes grados, y “toda oración es escuchada por Dios y ninguna se pierde”.

    Y, como último apunte dirigido a quienes acostumbran a insultar a los sacerdotes (Papas postconciliares incluidos), viene bien recordar lo que dice el Catecismo de San Pío X en su número 824:
    “¿Es pecado despreciar a los sacerdotes? – Es pecado gravísimo, porque el desprecio y las injurias contra los sacerdotes van contra el mismo Jesucristo, que dijo a sus Apóstoles ‘quien a vosotros desprecia, a Mí me desprecia’.”

    1. Como comprenderás yo NO soy juez y menos Juez Divino. Por lo tanto yo no condeno a nadie.
      Por otra parte, NO deseo a nadie, incluso ni a Stalin, a Berglogio, a Montini, etc. que padezcan una condena tan extremadamente severa que ni es posible describir apropiadamente dicho dolor como es la condenación eterna.
      Ello no quita que interprete lo que dice el propio JESUCRISTO » ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido.” Y eso NO LO DIGO YO.
      Esa cita de JESUCRISTO aparece en LA BIBLIA no aparece por una locución , un dicho, otros libros… de otra parte -distinto de La Biblia- por muy bueno que sea o sean sus intenciones.
      Me llama la atención que rebuscas siempre en el otro extremo ¿No te es suficientemente completa la Biblia?

      NO desprecio a ningún Papa o sacerdote. Tan solo NO considero a Bergoglio Papa, ni tan poco buena persona, lo considero como un auténtico criminal. No sigo para no escandalizarte.

      1. La Biblia es la Palabra de Dios, pero hay que saber interpretarla, y para eso está el Magisterio de la Iglesia. Las interpretaciones personales, como las que tú prodigas (propias de los protestantes), no tienen sentido.
        Por otro lado, no sé si te das cuentas de tus incoherencias: » NO desprecio a ningún Papa o sacerdote. Tan solo NO considero a Bergoglio Papa, ni tan poco buena persona, lo considero como un auténtico criminal».
        ¿Tampoco es sacerdote? ¿Tan seguro estás de tus sospechas?
        . Me parece que has pasado demasiado rápido por la lectura del Catecismo de San Pío X. Te lo vuelvo a recordar:
        “¿Es pecado despreciar a los sacerdotes? – Es pecado gravísimo, porque el desprecio y las injurias contra los sacerdotes van contra el mismo Jesucristo, que dijo a sus Apóstoles ‘quien a vosotros desprecia, a Mí me desprecia’.”

        1. Siempre utilizo La Biblia y la Doctrina Tradicional (hasta Pío XII), jamás el veneno camuflado del CVII. Pío X justamente es el Santo Papa que se adelantó a estos dementes denunciando este modernismo intencionalmente demoledor. Aquí el único que hace interpretaciones sui generis eres tú y asimilarme a un protestante para desprestigiarme tiene todo el sentido al realizarlo un pro satánico como tú.
          Bergoglio NO es Papa, es un masón ultra conocido desde hace años en su país. Bergoglio está excomulgado latae sententiae. Bergoglio es un hereje de tomo y lomo, Bergoglio es un demoledor de la Iglesia Católica. Bergoglio es un gran criminal propiciador de la agenda 2030. De paso –Bergoglio- que demande por “difamación” al Tribunal de Ley Natural Universal que lo culpa de participar en rituales con sacrificios de niños.

          Lo único entendible hacía Bergoglio sería rezar por él, lo necesita urgentísima e imperiosamente, aún está dentro del tiempo de la Divina Misericordia. Posiblemente prefieras rezar por Judas Iscariote por considerar que el bufón de Bergoglio no lo necesite en este aspecto. No me sorprendería que incluso llegases a indicar que rezas por Lucifer. ¡No me extrañaría nada de nada! ¡Das la talla!

          Eres un manipulador de la Verdad, te van a dar una medalla en el actual Vaticano por alumno aventajado en el sabotaje de la Doctrina Cristiana. De troll tu cotización será de 30 monedas. ¡De tanto acercamiento a Judas, siempre se pega algo!

          ¡Quédate con los tuyos!

          1. Inútil seguir, pero bueno como pedías un cita bíblica, ahí va una que se te puede aplicar como anillo al dedo:
            «Por lo tanto, amigo mío, si eres capaz de juzgar, ya no tienes disculpa. Te condenas a ti mismo cuando juzgas a los demás, pues tú haces lo que estás condenando.» (San Pablo, Romanos 2,1)

            (Nota por si acaso: No entendamos aquí «juzgar» como lo que hace el juez en un tribunal de justicia.
            «Juzgar es emitir un juicio u opinión de algo o alguien sin tener elementos suficientes que confirmen nuestro argumento.»)

          2. Eugenio, en mi opinión conversar con Miguel es una situación equívoca porque Miguel es un cura disfrazado y renegado y por tanto con intereses concretos y ocultos

  5. La Biblia es un puñal de doble filo. El protestante, el marrano cabalista, el masón siempre se ha apoyado en el Odre Viejo para justificar su relativismo, sencillamente porque como sabemos, esta adulterado… como dijo el Cristo. Hay que saber mirar bien en él; siempre sabiendo esto y desde la perspectiva del Odre Nuevo; la Nueva Alianza con el Padre, que está integra (aún) en las páginas de evangelistas como Mateo. Aunque vaya dejando de estarlo en algunos adulterados púlpitos.
    Sacar una cita del Antiguo Testamento puede llevarnos y nos llevará al ojo por ojo… sin darnos cuenta. Al sacrificio que es lo que va en contra de la misericordia. Y ojo, que estos de hoy, disfrazan al sacrifico de misericordia, y a la misericordia la visten de sacrificio. Tienen siglos de experiencia, pero ahora con muchos más medios y legiones de sembradores ocultos.

    «Por esto todo escriba que se hizo discípulo del Reino de los Cielos, es semejante al dueño de una casa que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo.»

  6. “… y el que esparce calumnia es un necio.” (Proverbios 10,18)
    “Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio.” (Mateo 12,36)

      1. No retardes en confesar tus pecados, Ángel Boya Balet:
        “¿Es pecado despreciar a los sacerdotes? – Es pecado gravísimo, porque el desprecio y las injurias contra los sacerdotes van contra el mismo Jesucristo, que dijo a sus Apóstoles ‘quien a vosotros desprecia, a Mí me desprecia’.” (Catecismo de San Pío X, n. 824)

        1. Hasta ahora habías negado que eras sacerdote.

          ¿Tú crees que desenmascarar a un sacerdote, que oculta su condición de sacerdote y que además es un tramposo, es pecado?

          ¿Hay que callar los embustes y trampas de los sacerdotes?

          Además tú, Mosén Miguel, no crees en el infierno. Tú eres practicante del modernismo

  7. Hasta ahora habías negado que eras sacerdote.

    ¿Tú crees que desenmascarar a un sacerdote, que oculta su condición de sacerdote y que además es un tramposo, es pecado?

    ¿Hay que callar los embustes y trampas de los sacerdotes?

    Además tú, Mosén Miguel, no crees en el infierno. Tú eres practicante del modernismo

    1. Como toda persona dominada por la necedad, tú sacas conclusiones erradas. El que yo ponga un comentario y una cita a favor de los sacerdotes con la finalidad de que tú y otros como tú que insultan e injurian gravemente a los sacerdotes y pontífices postconciliares tomen consciencia de su mal proceder, no significa que yo tenga esa condición, a la cual yo respeto como se merece.
      Con respecto a esta atribución gratuita por tú parte, ya contesté hace tiempo, y es fácilmente comprensible para el que quiere entender (evidentemente, no es tú caso ni el de «Jesús» (sin punto), ni «Eugenio»), que no puedo estar negando todo lo que cualquier insensato me atribuye.

      Harías bien en meditar sobre el título de este artículo «Para no perseverar en el pecado», y pedir humildad y discernimiento al Espíritu Santo, después, confesarte y pedir perdón (todo ello extensible a los mentados).

      1. Amén, Reverendo, Miguel

        ¿No se te cae la cara de vergüenza por renegar de tu condición de sacerdote?

        ¡Me recuerdas a tu antepasado Judas Iscariote!

  8. Miquel dice:
    1 de octubre de 2023 a las 11:45 am

    Excelencias de la religión católica que enseña que por la confesión de nuestros pecados recibimos el perdón de los mismos gracias al poder otorgado por Nuestro Señor al sacerdote.

    También los laicos podemos rezar por los vivos y por los difuntos, siendo que estos últimos pueden estar en el Cielo, en el Purgatorio o en el Infierno (de lo cual se deduce que, por coherencia, todo católico no debería rezar por los mismos y a la vez injuriarlos).

    Además de tramposo, embustero

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