Pedrito “el Trampas” intenta poner peaje a las autovías

Mapa del primer plan de sistematización de las carreteras españolas elaborado ya en 1940

Hagamos un ejercicio de «memoria histórica» (pero de la de verdad, no la que va desde el PP hasta el infrarrojo, pasando por el rojerío) para recordar lo que ha pasado en los casi 40 últimos años.

Los planes de desarrollo de Franco (los dos últimos) contenían un programa de autopistas (no autovías, que es lo que nos hicieron los rojos de la PSOE y el PP) que, ante la casi nula capacidad de financiación que tenía el Estado de aquellos años, concedía a los constructores el derecho a cobrar peaje durante un cierto período de tiempo (creo que eran 49 años).

Con ese sistema se construyeron varias autopistas: la mayor parte, en Cataluña, pero también en el Norte de Valencia, parte del valle del Ebro, la de Sevilla-Cádiz, y alguna otra.

La mafiosa PSOE, cuando okupó el poder en 1982, decidió eliminar ese plan. De esta manera, quitaba otro logro de Franco, que hay que reconocer que avanzaba lenta, aunque firmemente. No me consta que se adjudicaran nuevos tramos antes de entrar en 1986 en la entonces Comunidad Económica Europea (o Mercado Común Europeo). Por cierto, que la negociación llevada a cabo por ese gobierno “de progreso” fue penosa [1], y resultó, en gran medida, un paso atrás sobre el muy beneficioso tratado preferencial logrado por los ministros Ullastres y López Bravo [2]..

Autovía en construcción

Y volviendo a la red viaria, España, dentro del Mercado Común, ya pudo acceder a fondos FEDER y de otros tipos dedicados a la mejora de las infraestructuras. Para eliminar los programas de Franco sobre autopistas, el gobierno de la PSOE dio la explicación de que hacer autopistas privadas de peaje favorecía a los ricos y penalizaba a los pobres (sí, a esos pobres de los que «AFonzo» Guerra -el «hemmano de miemmano»- decía que eran los «deccamisáos», al igual como ellos, los socialistas de élite, que ya para entonces habían cambiado la pana por los trajes de Armani).

Recordemos, además, que, en aquellos años, la mayor parte de las autopistas que se construían en Europa eran de peaje; y que, incluso muchas de las construidas en Alemania, Francia e Italia antes de 1945, y que habían sido de acceso libre, se convirtieron en autopistas de peaje.

Pero, además, estos rojos, tan «sobrados» como siempre, declararon que podían abaratar la construcción haciéndolas sobre las antiguas carreteras nacionales. ¿Resultado? Un bodrio. Gran parte de las construidas no cumplían las normas europeas para homologarlas como autopistas, y para tapar su chapuza, las renombraron «autovías» (palabra que no existía, hasta entonces, en español). Se perdieron, quizás millones de horas en los atascos por las obras, y lo que es peor: hubo un incremento espectacular de accidentes -muchos, con resultados mortales-, también a consecuencia de las dichosas obras.

Pero seguía habiendo un problema de financiación: el Mercado Común subvencionaba una gran parte de la inversión (creo que hasta un 75%), pero el Estado subvencionado debía poner resto.

¿Y de dónde lo sacaron estos chorizos? Pues esta vez le tocó el “honor” de ser saqueada a la Seguridad Social. No era nuevo. La izquierda española (especialmente, la PSOE, por ser su buque insignia) ya había dado repetidas pruebas en su historia de su “valores”, entre los que destacaba su afinidad hacia el dinero de los demás. Así, pues, repetían la jugada de los socialistas asturianos cuando, durante su fallido golpe de Estado en 1934, saquearon la sucursal del Banco de España en Oviedo (14,5 millones de pesetas de entonces; unos 28 millones de Euros actuales). Y la jugada del gobierno de Largo Caballero en septiembre de 1936, cuando Negrín, su ministrillo de Hacienda (que no era economista, sino médico) vació los sótanos del Banco de España para entregárselos a su «camarado» Stalin. O como la de otro rojo ilustre, el exministrillo de la Guerra don Inda (que no tenía título universitario, aunque en su caso, reconozcamos que porque no tuvo oportunidad de estudiar), saqueando el Monte de Piedad y llevándoselo a Méjico para “ayudar” (repartirlo) con otros exiliados, y entregando un 35% al PRI mejicano del presidente Cárdenas. Es decir, un robo más; nada nuevo bajo el sol «socialisto».

¿Y cuánto robaron a la Seguridad Social (es decir, a su cotizantes) para sus “autovías”? Pues parece ser que nada menos que 250.000 millones de pesetas. Lo taparon (y lo siguen tapando), pero ya en 1989 empezaron a lanzar mensajes de que la Seguridad Social no podría atender a las futuras nuevas pensiones, y recomendando que, quienes pudieran, se hicieran unos ahorrillos en paralelo. Y quien hizo ya en 1994, formalmente, de trompetero de la ruina de la Seguridad Social fue un tal Solbes (que tampoco era economista, sino licenciado en Derecho, con un máster en “economía europea”), ministro de Hacienda con González, y después, con Zapatero.

Y ahora, 35 años después de aquél desaguisado, vuelven a inventarse otro pretexto. Sale Pedrito, otro «amigo solidario del pueblo» diciendo, como buen «socialisto», que donde dijeron «digo», dicen «Diego», y que las autopistas no pueden ser gratuitas, porque «eso va en contra de la mujer» (y por tanto, según ellos, va contra los pobres.

Siempre la misma jugada; la misma estafa, diciendo blanco, luego negro, luego blanco después, etc. Siempre estafadores en su ADN y ahora, además, simples charlatanes cutres del Rastro.

Y colorín, colorado (o “rojelín, rojelado”), este cuento se ha acabado.

Y la ciudadanía ¿vamos a seguir consintiendo que continúen con sus ya 150 años de «honradez»?

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[1] Recordemos el espectáculo del ministro de Agricultura de Felipe González (un tal Romero) que, por tener pánico al avión, llegaba con retraso, o no llegaba, a las reuniones de negociación. José Carlos Romero Herrera había recibido el apodo de “El piñón fijo”, por su dificultad para mantener el paso, durante sus seis meses de estancia en las milicias universitarias (IPS) en el campamento de Montelarreina (Zamora). Tuvo que soportar, durante años, las protestas de agricultores y ganaderos, con pancartas como: “mientras el campo se arruina, el Romero floreciendo”. El trigo se pagaba, en los años anteriores a 1986, a unas 28 Pta/kg, y pasó a unas 23 tras la “adhesión”. La cuota lechera se calculó mal, y muchos pequeños ganaderos tuvieron que cerrar, mientras se inundaba España de leche francesa.
O aquella negociación en el tema industrial, que vio reducido su peso en el PIB, paulatinamente, desde un 34% en 1980 a un escaso 13% en la actualidad. Y mientras, crece el peso del sector servicios, pero con servicios de bajo valor añadido.
[2] Ver http://estudiante-de-historia.blogspot.com/2013/05/el-acuerdo-preferencial-espana-cee-1970.html

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