Peones en el juego: Sic transit gloria hispaniae

De su libro de próxima aparición LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

«España, país de pícaros», era una de las frases preferidas de mi padre para describir la realidad corrupta de nuestra Patria, que, a su entender, estaba profundamente ligada a los manejos y chanchullos de toda clase de hampones, truhanes, pillos y sinvergüenzas, conformadores en su conjunto de una ralea medio «lumpen» constituyente del «biotipo» español, de lo que podríamos llamar «Marca España»..

Esta España picaresca es el reverso oscuro de otra España mucho más gloriosa, la integrada por los numerosos héroes que ha dado nuestra tierra, protagonistas de portentosas hazañas, forjadores de una leyenda dorada que ha compensado sobradamente la leyenda negra por donde pululan lazarillos y buscones, trasmutados hoy en cantamañanas, meapilas, pijoprogres, niñatos cheguevarianos, separatas, indepes, perroflautas y okupas, fauna izquierdosa que además aparece frecuentemente marcada por el macarrismo de «tattoos», «piercings», y todo un fabuloso elenco de zarrapastroserías.

Sin embargo, por encima de esta variopinta truhanería que bebe igual del Lazarillo de Tormes que del esperpento valleinclanesco destaca otro tipo de picaresca, basada también en el engaño y la corruptela, pero que, al ser practicada alevosamente por las oligarquías dirigentes, entra de lleno en el terreno de la mafiosería y la felonía.

Porque, aparte de la infinita podredumbre de los ladrones de guante blanco que arramblan con todo lo que pillan desde sus cargos y poltronas, la mafiosería a la que me estoy refiriendo va mucho más allá, ya que su delincuencia alcanza plenamente los execrables terrenos de la traición a la Patria, del alevoso engaño al pueblo español, al que manipulan robándole sus ilusiones y sus esencias bajo la plena luz de los focos  mediáticos, en titulares donde exhiben sin vergüenza el abyecto programa del mundialismo que quiere desguazar nuestro país.

Y «como es abajo, es arriba» —tal y como decía Hermes Trismegisto— la picaresca ha tenido también un protagonismo especial en las altas esferas del poder, porque los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, ya que los gobernantes no hacen sino reflejar la idiosincrasia de la sociedad que dirigen. Como dijo Bernard Shaw, «La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos».

Aunque también es cierta la viceversa de esta idea, porque un pueblo puede adoptar las costumbres corruptas de sus élites dirigentes, en un proceso mimético por el que «como es arriba es abajo», arguyendo que si los mandamases practican conductas poco éticas, por qué la gente de a pie no lo va a hacer.

Son los conspiradores, los vendepatrias, los felones y traidores a nuestra historia y a nuestro pueblo, pues la historia de España consiste sustancialmente en la heroica resistencia de un pueblo para defender sus valores, sus tradiciones y sus ideales contra fuerzas invasoras, contra traidores de toda calaña, de todos los colores, de todos los mundos. Resistencias y levantamientos que forjaron las Reconquistas e Independencias heroicas que hemos protagonizado, para pasmo de la  Historia mundial.

Primero fue la traición del conde don Julián, que entregó España a la morisma en el 711; fue seguida por la apostasía castellana de los Reyes Católicos, que a través de una nefasta política matrimonial entregaron los destinos de la raza castellana a una mafia extranjera de rapaces flamencos que arrasaron con los recursos de nuestro imperio, malgastándolos en empresas allende nuestras fronteras que desviaron a España de su verdadero destino y su genuina vocación.

Felonía impresentable también la de la Corte española en 1808, entregando vergonzosamente las llaves del poder patrio a la chusma masónica francesa: malignos vendepatrias, cobardes afrancesados que indignamente entregaron el país a una caterva de violadores y asaltacapillas incubados en la masonería.

Después vinieron los famosos gritos de «¡Viva Rusia!», y «¡Muera España!», que  los milicianos proclamaban puño en alto, siguiendo las consignas de nuestros lenines, de nuestros largoscaballeros, que querían hacer de España una dictadura bolchevique entregada traidoramente al totalitarismo soviético.

Comité Central del PCE en 1936

Todos cantaban loas a Stalin y a la URSS, la cual, según José Díaz ―anarquista y luego secretario general del Partido Comunista durante la República y la Guerra Civil― era «La atalaya luminosa que nos alumbra el camino […] Unámonos en un solo partido para que España, por encima de los fascistas, le tienda la mano y diga: “Igual que tú, he hecho mi revolución; hermana soy en el concierto de los países soviéticos del mundo”».

Para el marxismo, la nación es un invento burgués para desviar a los proletarios de la lucha de clases, por lo cual pretenden difuminarla en una marea revolucionaria basada en el internacionalismo. Desde este punto de vista, era lógico que las izquierdas presentaran la nación española como un pandemónium de opresiones y oscurantismo que había que destruir.

Para las izquierdas, la República no era sino una simple etapa, un instrumento para conseguir, a través de un proceso revolucionario que violentara la legalidad, la instauración en España de un régimen comunista de corte soviético. Hacia ese objetivo se encaminaron todos los actos golpistas que protagonizó, entre los cuales destaca la insurrección armada de octubre de 1934.

La apoteosis golpista llegó con las elecciones de febrero de 1936, donde alcanzaron el poder los mismos que habían organizado o colaborado con el golpe a la República en octubre del 34.

Este golpismo que tuvo lugar durante la segunda República no fue un hecho aleatorio, ni casual, ya que obedeció a una planificación cuidadosamente diseñada por las personalidades más radicales de la República. Realmente, todos los jerarcas ―excepto Julián Besteiro― estaban de acuerdo en llevar a España a una revolución socialista, en la órbita soviética, y lo único en lo que disentían era en la estrategia para implementarla, ya que unos ―los comunistas― eran partidarios de tomar el poder para luego desarrollar un proceso revolucionario, mientras que otros deseaban acortar los plazos, y marchar directamente hacia el socialismo real, caso del megaconspirador socialista Largo Caballero, quien en sus incendiarios discursos llamaba a la subversión ―por medio de la violencia, si fuera necesario― para derrocar a la república burguesa, y sustituirla por una República proletaria.

A la acusación de predicar la guerra civil, Largo replicaba: «Pongámonos en la realidad, estamos en plena guerra civil». Las consignas de las juventudes Socialistas tenían el mismo estilo: «¡¡Estamos en pie de guerra!! ¡Por la insurrección armada!

Éste era el verdadero horizonte de la República: conseguir, a través de un proceso revolucionario que violentara la legalidad, la instauración en España de un régimen comunista de corte soviético. Hacia ese objetivo se encaminaron todos los actos golpistas que protagonizaron.

A partir de 1975, vino la apoteosis de los Bellido Dolfos, el aquelarre más impresionante de traidores que jamás se ha visto, no ya en nuestra Historia, sino en el mundo: pues eso fue la Transición, y luego la democracia, trufada de una impresionante sucesión de golpes de Estado contra nuestra Patria, de traiciones innumerables contra nuestro pueblo y nuestra historia, hasta el punto de que se puede decir que la democracia española no ha sido sino una traición con mayúsculas, una continua subversión, con escandalosos fenómenos de felonías golpistas: el 23F, el 11M, el secesionismo catalán, la moción de censura del año pasado, y  la apoteosis del tremendo y alevoso pucherazo del 28-A, fraude de manual, antológico, perpetrado por la misma mafia que organizó el 11S y el 11M.

Y, ¡Oh, casualidad!: todos estos golpes de Estado tuvieron como resultado la conquista del poder por la izquierda.

En efecto, desde 1975, los traidores han ido entregando nuestra soberanía, nuestra identidad, nuestros valores y nuestra riqueza no ya a la morisma, ni a la gabachería, ni a la chusma bolchevique, sino a las élites globalistas que conjuran por el NOM, del cual somos su víctima predilecta.

Como sucede en todas las conjuras diseñadas en aquelarres cavernarios, las plutocracias que manejan el cotarro globalista se han valido de correveidiles, de lacayos, de tiralevitas, de perritos falderos que les han bailado el agua, que han inclinado su cerviz ante sus dictados, lamiendo sus manos ensortijadas y ensangrentadas de tantos crímenes. Son los traidores de siempre, los Bellido Dolfos de siempre: cobardes, ineptos, ambiciosos, embusteros, lacayunos, corruptos, bellacos cum laude… Son los peones en el macabro juego de la horrenda conjura contra España.

Estos embusteros y bailarines, estas marionetas en los guiñoles del poder mundialista han sido cooptados a través de un vasta red de organismos globalistas que les han amamantado a sus pechos, que les han armado caballeros-Dolfos, dándoles la colleja consagratoria con sus bastones de mando en cuya cabeza figura una esculturilla del dios bafomético que les guía. Criados en esas factorías del mundialismo, que les prometía poder a cambio de sus traiciones, esta patulea corrupta es la que ha entregado España al Dragón Rojo luciferino del NOM desde la Transición.

Fuimos campeadores valerosos, poderosas  milicias, tercios invencibles, empecinados guerreros, furia española, falanges victoriosas… para acabar convirtiéndonos en peones en el juego. Sic transit gloria mundi.

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One thought on “Peones en el juego: Sic transit gloria hispaniae”

  1. Lúcido análisis, donde se pone en evidencia que la historia de España está escrita por la sucesiva acción de traidores y felones que la ponen en trance de desaparecer. Seguida de gloriosas reconquistas.
    Porque cuando sus enemigos creen estar a punto de lograr su objetivo, España resucita, cual ave fénix.
    Gracias a sus héroes y a sus mártires. Si bien que a costa de cuantiosa sangre, sudor y lágrimas.
    Muy bien traída también las referencias a Bellido Dolfos, que puestas en concordancia con el proceso de la Transición, podemos evocar adaptando los versos del romance: «Rey don Sancho, Rey Don Sancho, no dirás que no te aviso, que de dentro de Zamora, un alevoso ha salido, cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco, llámase Bellido Dolfos, hijo de Dolfos Bellido, si gran traidor fue su padre, mayor traidor es el hijo»

    Y cuya versión contemporánea, bien pudiera ser:
    Caudillo Francisco Franco
    no dirás que no te aviso
    que de Estoríl en Portugal
    un alevoso has traído
    dícénle príncipe Juan Carlos
    hijo de Juan el bebido
    si gran traidor fue su padre
    mayor traidor será el hijo…

    Historia magistra vitae

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