Plantados

Han transcurrido veintiún siglos de la revolución humana en torno a la libertad, como presupuesto de la verdad, tanto en la fe como en la razón; provocando en la historia, revueltas, motines y guerras, sin fin. En todos los casos, la libertad, o fue utilizada, o fue perseguida, pero terminó imponiéndose. Bajo su bandera se cometieron los más espantosos crímenes y se defendieron las más nobles causas, en muchos casos con el tributo de la propia vida. Y tal vez, hoy, sea el concepto más utilizado y prostituido en el derecho y la sociedad política, no obstante ser el fundamento de las Constituciones vigentes.

Ha podido deberse a la triple conjunción del error teológico, el materialismo filosófico y el «libre albedrio» o democratismo sociológico, a la hora de descubrir la naturaleza humana. Por eso, el hombre, se desentiende de «su destino» y abraza el «movimiento del cambio» sin brújula. Por ello, estos ¡Plantados! de los que hablo en el artículo nos redimen de los últimos siglos de miserias humanas. Ellos entendieron «su destino» como inexorable tributo a la libertad y anhelo humanista del creador.

Cuando en la mitología griega, hebrea o romana, se distinguía entre dioses y héroes, la normalidad de los mortales se circunscribía al presagio ciego de las vicisitudes vitales, sin mayor trascendencia en la protección de los dioses y la ejemplaridad de los héroes. El advenimiento del cristianismo, en Belén, un buen día, lo revolucionó todo. La fe frente a la mitología; la racionalización de la esperanza como atributo humano; la heroicidad como presupuesto de una libertad esclarecida; el hombre/mujer como eje de un sistema al que proteger desde el momento mismo de sus concepción. Dioses y héroes sólo en el imaginario, individual o colectivo. Ante un destino ciego e impuesto ¡Plantados!

El ser humano en búsqueda de su finalidad como criatura creada, encuentra la heroicidad en el mérito diario, en la entrega silenciosa, en el sacrificio anónimo, en el ejemplo de la vida trascendente, en la libertad sublime de la verdad. ¡Así nacieron los Plantados!, en las mazmorras más inmundas que pueda imaginarse, con la finalidad de doblegar la voluntad de rebelarse. Su sacrificio no fue inútil. Hoy baten, como las olas furiosas el malecón, la vanguardia de la lucha por la libertad en Cuba. Y su testimonio, trasladado al cine, eterniza el dolor y el horro que sigue provocando ese régimen y la imperiosa necesidad de derrotarlo.

Ángel de Fana
Luis Zúñiga

Este año pasado y así encomiendo el futuro, he tenido el privilegio de conocerlos: Ángel de Fana, Ernesto Díaz, Luis Zúñiga… y otros veinte octogenarios, supervivientes del despótico régimen comunista de los Castro. Ejemplo, aún vivo, de la lucha superior del ser humano contra todo lo que degrada su condición. Encerrados durante más de veinte años en prisiones inmundas y sometidos a toda clase de torturas, mantuvieron la firmeza de sus convicciones y se ¡plantaron! frente a la tiranía en Cuba. El mundo, dudosamente libre, les debe la perenne gratitud por su hidalguía; el reconocimiento perpetuo a su osadía; el meritocrático honor a su valor; y el símbolo de la libertad como bandera; enhiesta, entre grilletes; confinada al nuevo orden. ¡Plantados!

Antes de saber la etimología del nombre, asociado a unos hombres; suponía que, esa palabra llana de tres sílabas, era sinónimo de sembrar, cultivar, meter en tierra una planta, sementar. Que también podía predicarse de quien tiene buena presencia física; e igualmente, admitía el aserto de quien no acude a una cita, sin importar el género del desplante.

Una vez conocidos, conviviendo, escuchando y leyendo a estos humildes personajes, de singular heroicidad, el termino adquiere un nuevo y sublime significado: «Predíquese de aquellos que, en suprema rebeldía, renunciando a todo, incluido a vestir el uniforme de preso político, desafiaron al comunismo castrista, hasta el sacrificio de la vida, la libertad y el amor». ¿Los 22 años de presidio, en condiciones infrahumanas, les parece poco a los vividores de lo «políticamente correcto»? La exclusión no era racista, sino ideológica; los personajes no eran defensores de un dios menor, sino cristianos luchando por la libertad; el enemigo no era el blanco de apartheid, sino el barbudo felón e impostor de una isla próxima. El mundo hizo silencio y sigue mirando hacia otro lado. ¿Setenta años serán suficientes para que se levante el telón de la ignominia colectiva, global y consentida? ¡Plantados!

Ernesto Díaz Rodríguez

Entre el fusil y la piedra, entre el frío y la tierra, entre la soledad y el terror, entre la oscuridad y el amor, entre la delación y el castigo, entre el odio sin piedad, aun pudo brotar la esperanza de la libertad, en su forma más sublime: la poesía. Libre entre rejas, a  contraviento, Ernesto Díaz Rodríguez, brinda al mundo un poemario de esperanza, realismo, belleza, ternura y amor irredento en el ser humano, aunque se comporte con la atrocidad del animal racional que también es. «Claro que conozco el precio, y me dispongo a empujar con mi garganta el poema que escapa por las grietas de la madrugada» «mi voz es el espacio clausurado, la calle innominada, el perro perseguido (por ser perro a destiempo)» «pero mi voz es más que eso: es el destino inaplazable que me empuja más allá del instante del poema». He ahí, un ¡Plantados!

Mientras Ernesto escribía sin luz, agua y alimentos, en una cárcel aislada de Boniato -hay más libertad, dignidad y valor, en esa reducida e insalubre mazmorra que en todas las multitudes de panegiristas de la revolución falsaria-; García Márquez, Ajeo Carpentier, Silvio Rodríguez, José Lezama Lima, Octavio Paz, Alberto Moravia, Julio Cortázar, Simone de Beauvoir, Juan Rufo o Régis Debray enajenaban su pluma por una revolución «dispuesta a sacrificar hasta su vocación», contextualizando la entropía degradante de Fidel«dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución nada». Es decir, pobreza para todos y riqueza para esos Fideles, Ches, Raúles y Cienfuegos patrocinadores de la revolución del slogan (Granma) que identifica como alternativa de la patria perdida, la muerte,; siendo la muerte de la patria y del pueblo su realidad vivida. ¡Plantados!

Alejarse de la utopía y luchar por la libertad costó, a ¡Los Plantados!, la destrucción de sus hogares recién creados, de nidos de vida germinado, de ilusiones juveniles inalcanzables, de legítimas aspiraciones aún no cumplidas. Cuando el el 69 García Márquez equiparó el régimen de Fidel con la religión, como una «comunión de los santos», el universo falsario de los apóstoles de la «teología de la liberación», encontraron su paraíso en la tierra para anegar las almas y corromper la conciencias de todo un Continente, creación primigenia hispana, con la fe de Cristo y el derecho de Roma. Ahí se acaba la conciencia de los derechos humanos civilizadores de Europa y comienza el globalismo deshumanizado del presente. Así se destruye la conciencia del ser, de la familia, del pueblo, de la cultura; y se acepta la convivencia, en apariencia pacífica, con el no ser constitutivo.

¡Plantados! siguen estos octogenarios denunciando nuestra cobardía, complacencia y hasta complicidad, con quienes llevan décadas imponiendo la tiranía en su isla y exportándola al Continente, con el convencimiento de que sus impulsos, disfrazados de morales, son capaces de cambiar el mundo y empujar a la historia. En esta hora de permanente zozobra, quiero, como supremo tributo a su lucha, velar juntos frente al mar atlántico, junto a un pescador y un poeta, por todos los pueblos oprimidos que ha dejado como herencia el comunismo, en sus numerosas y diabólicas variantes. La vida y sacrificio de los ¡Plantados!, así lo exige.

Hoy quiero, en medio del atardecer, cuando la brisa empuje las olas contra la presencia humana, abrir las Alas: «alas de gloria tienen los héroes, alas de barro tienen los bárbaros, alas de olvido tiene el vencido, alas extraña tiene el tirano. Alas de lirio tiene los niños, alas azules tiene los mares. Pero los hijos de los cautivos… ¡¿de qué color tendrán las alas ?! Versos eternos de Ernesto Díaz Rodríguez, con la certeza de una libertad, de quien siembra con sangre, sudor y lágrimas, en Cuba, como tantos santos, la semilla que hoy, es vida. ¡Plantados!

Para AFÁN


Una respuesta a «Plantados»

  1. Solidaridad cristiana, fe cristiana, esperanza cristiana y caridad cristiana hacia todos esos héroes cubanos olvidados por el mal llamado Occidente, por los Gobiernos USA-Masónicos, por el Papado, por los Obispos.
    HONOR a todos ellos y nuestros rezos por las LIBERTADES en Cuba y para que de una vez triunfe la VERDAD.
    Íñigo Caballero
    Donostiarra y carlista desde que nací

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