Predicar sin ocasión y a destiempo

Los sacerdotes, en su mayoría, siguen dormidos; cuando no confundidos… o peor aún ambas cosas a la vez.

Vamos a las bodas y el cura en su homilía se dedica a decir tonterías y se dirige sólo a los novios, sin parar en que puede que sea la primera vez en mucho tiempo que una buena parte de los invitados hayan vuelto a pisar una iglesia. Dejen a los novios, que ya saben a qué vienen y, supuestamente, vienen preparados para ello, y aprovechen para dirigirse a los invitados, pero no para decirles, también, tonterías, como suele ocurrir, sino para predicarles, removerles la conciencia, asaetearles, tocarles las narices, de forma que, al menos esa vez, a destiempo y sin ocasión, oigan la voz del Evangelio.

Entre otras cosas, comiencen por salir al ambón, o que lo haga el sacristán, para exigir el silencio y decoro, también en el vestir, debido a lugar tan sagrado, evitando que entren como vacas o mulos o… incluso cerdos en el establo. También para advertir con suma seriedad y claridad que para comulgar hace falta estar en Gracia de Dios, haberse confesado y que como supone que no pocos no se ajustan a tales requisitos que no tengan reparo y no comulguen, porque si malo es no estar en Gracia, peor es cometer un sacrilegio.

Y para qué hablar de los funerales, de las Primeras Comuniones, de los bautizos, de las confirmaciones. Aprovechen que la mayoría de los invitados hace tiempo que se apartaron de Dios y de la Iglesia y zahieran sus conciencias, denles fuerte, no se corten un pelo, aunque no sea la ocasión ni el tiempo. Dejen a los “protagonistas” de dichos “eventos” sean los novios, los niños o el muerto y diríjanse a los vivos que son los que lo necesitan, a los vivos que en realidad no lo están, a los que hicieron la primera y última comunión hace años, a los que se bautizaron y ni siquiera saben que lo están o a los que nunca se confirmaron.

San Pablo nos anima, nos ordena, la necesidad de predicar a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella. Pues bien, parece que la mayoría de los sacerdotes o no han leído dicho pasaje, o no quieren acordarse de él o… se lo pasan por el forro.

No pierdan el tiempo ni la ocasión, es vital predicarles aún en esos actos, aunque ellos esperen otra cosa, aunque salgan indignados o cabreados porque… a quién se ha dirigido el cura es… a ellos, sí a ellos, y dándoles fuerte, pues esa será señal de que la predicación fue, en realidad, con ocasión y a tiempo.


5 respuestas a «Predicar sin ocasión y a destiempo»

  1. «Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas.

    El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.»

    (Lucas, 6 : 44~45)

    Lo precedente también es aplicable a los sacerdotes.

  2. Desengañémonos, además de dormidos y/o confundidos, muchos son malos pastores.
    Malos porque no cuidan el rebaño ni ellos cuidan su ministerio.
    Malos porque tragan carros y carretas de las no pocas aberraciones que les llegan «de arriba».
    Malos porque han perdido la moral y la fé muchos de ellos.
    Malos porque muchos ingresaron en los seminarios sin fe ni moral, e incluso como infiltrados.
    Así estamos en el Fin de los Tiempos

  3. Recomendable( al menos hasta ahora )la predicación del sacerdote de Yecla en Murcia( Misa que retrasmite Intereconomía los domingos ). Cualquier día le excomulgan( los herejes del CVII ). Sólo me gustaría leer lo que piensa cuando dice que oremos por el papa Francisco o similar… debe ser un poema.

  4. ¡Usted es libre de decir la verdad, Señor, Cruz!
    Usted puede decir que Bergoglio es un siervo de Satanás y que los sacerdotes que lo reconocen como papa en la «misa» son unos felones que escupen a Cristo crucificado. Usted es libre de cumplir con su deber, de proteger a los cristianos amonestándonos a separarnos del clero apóstata.
    Ánimo, Señor Cruz, reaccione antes de morder la tierra, no tema el martirio más que el juicio de Dios.

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