¿Pride? ¿Why?

NOTA: Nuestro agradecimiento a José Ignacio H. B.

Respetados homosexuales:

Acosado como me siento, hasta el hastío y el empacho, por el fasto y la propaganda de sus festividades, permítanme que, sin hostilidad ni animadversión alguna, les diga algo.

No termino de entender qué celebran ustedes. Hablan ustedes de “Orgullo” y yo sólo concibo como legítimo el orgullo por el trabajo bien hecho, el orgullo por el servicio a los demás, el orgullo por la generosidad con el prójimo, el orgullo por el esfuerzo diario que una persona hace para ser mejor, el orgullo por la entrega a una causa noble. En definitiva, sólo comprendo el orgullo cuando está asociado al mérito y a una biografía, o a un acto singular, de sacrificio o de servicio.

Comprenderán ustedes que rechace como superstición, por contraria al sentido común y por carente de toda razón científica, la idea de que los homosexuales, por el hecho de serlo, ostentan de forma natural esos méritos.

No hay evidencias de que la homosexualidad sea la cualidad común a los grandes hombres y mujeres de la Historia. Filósofos, santos, héroes, descubridores, científicos, conquistadores, revolucionarios… no sé si alguien habrá estudiado las características comunes a esos grandes personajes en los que la Humanidad encuentra modelos eternos de conducta y virtudes. Desde luego, nadie que yo sepa, ha demostrado, ni aventurado siquiera como hipótesis, que los gigantes de la Historia deban su grandeza a la homosexuaidad. No digo que no haya habido, y los haya hoy, hombres y mujeres homosexuales de trayectoria ejemplar, acreedores de reconocimiento público por sus méritos en el ámbito de la política, de la ciencia, de la cultura, o simplemente por su vida familiar íntegra y honesta. Digo que no es la homosexualidad lo que a estas personas les concede la dignidad de la que con todo derecho pueden enorgullecerse, sino sus acciones, su esfuerzo, su ejemplo moral y de servicio.

Esto del Orgullo Gay, admítanmelo ustedes, señoras y señores homosexuales, y apoyadores diversos del “Orgullo”, es una estulticia de proporciones tan colosales que no acierto a comprender cómo no han protestado, contra esta majadería sin fuste, homosexuales de criterio y con sentido común, que alguno habrá.

El respeto no se gana así, señores homosexuales. El respeto no se gana con campañas mediáticas, ni con festivales ni con desfiles de carnaval. El respeto no se gana alardeando de lo que en uno es “natural” –como la homosexualidad, según dicen-, sino esforzándose en lo que a cada uno le cuesta más, por la vía ascética de lo difícil, del sacrificio, del esfuerzo, peleando contra la natural tendencia al egoísmo, a la comodidad y a la indolencia. El respeto no se gana aireando cada uno sus ventosidades, que las flatulencias, créanme, las suyas también, sólo le gustan al que las genera.

El respeto, señores homosexuales, no se conquista con fiestas del “Orgullo”. El respeto, en realidad, no pueden ustedes ganarlo como colectivo si el colectivo no realiza acciones de gran mérito, y sepan que el mérito no consiste en el autobombo ni en la autocomplacencia, ni mucho menos en salir a la calle con taparrabos. El mérito reside, exclusivamente en el servicio a los demás. Porque, tal como decían los soldados de los Tercios de Flandes -aquellos héroes discretos que, ellos sí, no como ustedes, tenían méritos para exhibir orgullo-, “entre nosotros sólo es más quien más hace y más sirve”.

Para El Cadenazo


3 respuestas a «¿Pride? ¿Why?»

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