Promoviendo la ludopatía: los niños las primeras víctimas

“Denuncian que las casas de apuestas ofrecen a los estudiantes » bocadillo, refresco y dinero para apostar». Así lo estipula un titular de la Cadena Ser desde Radio Murcia. Según Carmen Murcia, un tercio de los suicidios en Murcia están relacionados con la ludopatía, y denuncia que está ocurriendo «como antaño con la droga y las casas de apuestas tienen a jóvenes que hacen de relaciones públicas y cuando los estudiantes salen al recreo les invitan a un bocadillo y un refresco, y les dan un euro para apostar. Es una novedad y van, y a algunos les toca. Ahí empieza el gusanillo». Añade.

Si echamos la vista atrás con los ojos del presente, nos daremos cuenta de que nuestra percepción sobre el Juego ha cambiado considerablemente. De ser algo propio de un local que, por ley, debía alejarse del corazón urbano y relegarse de las zonas de ocio convencionales, ahora es justamente el enfoque contrario: las apuestas se han convertido en algo divertido y natural, e incluso casi necesario para conseguir dinero rápido y así solventar nuestras carencias económicas, dada a la situación actual que engloba al país.

España comenzó a recibir las casas de apuestas cuando éstas contaban con un modelo de funcionamiento online. De esta forma, las marcas que habían conseguido una licencia gracias al desarrollo de su país, propagaron el juego de azar en el resto de países de la Unión Europea. Asentadas firmemente en su país de origen, el Juego fue ganando terreno gracias al área digital y expandió su negocio por toda la Península, adquiriendo consistencia gracias a -principalmente- los aficionados a los deportes; concretamente al fútbol.

Santiago Caamaño

Este artículo no pretende afirmar que todas las casas de apuestas (o el sector de los juegos de azar) cometen siempre ilegalidades: hay recintos en regla que llevan un  riguroso control sobre quién debe y quién no acceder a esos sitios. Su único objetivo es exponer esta epidemia que se esconde tras luces de neón y fichas de colores.

Se ha conseguido cruzar unas palabras con Santiago Caamaño, un “ludópata rehabilitado buscando concienciar y ayudar a gente con esta enfermedad”, según palabras de su cuenta de twitter personal. “Luchando por un cambio, por parar esta lacra” añade; una lacra que se ha alcanzado su punto álgido en 2017 y que poco a poco ha ido mellando en cualquier sector de la población, especialmente en los más pequeños.

Precisamente, en ese mismo año se dio la voz de alarma de la creciente popularidad que adquirían los juegos de azar, hasta el punto de que AUTOCONTROL (la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial) multó el anuncio de 888 protagonizado por Carlos Sobera con motivo de imperante agresividad: más que un spot publicitario parecía un mensaje público que obligaba a apostar.

“Tengo un primo de tres años que un día, en su casa, empezó a decir ‘¡apuesta, apuesta, apuesta!’ y yo dije, ¿pero qué es esto? ¿Con tres años? Y dijo ‘sí, del señor de la tele’ (…) Yo recuerdo que ese anuncio se metía en la cabeza, sin darte cuenta. Como quien escucha una canción pegadiza” comenta el señor Caamaño. “Ese anuncio es muy agresivo, sí”. Afirma con rotundidad.

Como podemos comprobar en su twitter @LudopataR, Santiago está  muy concienciado del daño que esta clase de spots pueden hacer a las nuevas generaciones: “Me escriben decenas de menores cada mes. Me piden ayuda, no ven salida y dicen que no quieren hablar con su familia. Algunos hablan de querer quitarse del medio. Chavales entre 15 y 17 años. ¿Sabéis una cosa? ¡LOS MENORES JUEGAN! ¡LOS MENORES JUEGAN! ¡LOS MENORES JUEGAN!” escribió en esta red social. A su vez, señaló que esta epidemia no se limitaban a los juegos deportivos, sino que fechas señaladas como las de la Lotería también son una forma de apostar: “Ojalá el nuevo Gobierno actúe también en contra del juego público y prohíba que los sorteos los hagan niños y niñas de Primaria. También estaría bien que le cambien el nombre al sorteo ‘del Niño’. No se debería de relacionar a los menores con los juegos de azar”.

Sin embargo, el historial de nuestros políticos parece no ser demasiado halagüeño; desde 2019 partidos como Podemos prometieron establecer unos límites, como “prohibir” que abrieran “antes de las 22.00” o vetar su publicidad, una prohibición similar a la que hoy rige para productos considerados nocivos como el tabaco y el alcohol. PSOE también simpatizaba con estas medidas, habiendo incluido en su programa electoral una mención a la necesidad de regular la publicidad de juegos de azar y las apuestas por Internet allá en abril de 2019. “Sus propuestas obligan a colocar en la puerta de estos negocios un cartel de advertencia sobre el riesgo de ludopatía” explican medios como El País. “También se limita la proximidad a centros educativos para evitar que los jóvenes los frecuenten con facilidad y se fija un tope al tiempo de apuestas y al gasto diario y mensual. En la Comunidad de Madrid, el Ejecutivo regional ha aprobado instalar un control físico a la entrada de las casas de apuestas que impida el acceso de menores y de los adultos apuntados a las listas de autoexclusión (…) De aplicarse, las medidas que defiende Podemos harían muy difícil la supervivencia de estos negocios, que se han multiplicado en los últimos años”.

Todo lo contrario a lo que se ha ido comprobando con el paso de los meses. En octubre se viralizó nuevamente otra manifestación contra la proliferación de las Casas de apuestas. Carteles como “ellos se lucran, la clase obrera se arruina” apoyan las declaraciones de los responsables de la movilización, quienes afirman que en las zonas con menos renta son las que existen más casas de apuestas. En concreto, han explicado que en Vallecas, “uno de los barrios más pobres”, se han llegado a abrir 50 locales. “La gente con bajos recursos apuestan creyendo que van a ganar dinero fácil y cuando se dan cuenta tienen una adicción”, ha indicado uno de los asistentes.

Por si fuera poco, algunos de los manifestantes han querido remarcar que pese a que en la Comunidad de Madrid existe la prohibición de entrada a este tipo de locales, no siempre se respeta. “No tenemos bastante con la droga, que nos meten en el juego. Ya está bien”, ha destacado una vecina. Insisten, también, en que el auge de este tipo de locales hace que la ludopatía se desarrolle más rápido. Por ello defienden que no quieren “ningún tipo de regulación” sino la “prohibición total”, dado que para ellos “no son una alternativa de ocio sino de negocio”.

Y en parte podríamos pensar que así es: los empresarios son quienes defienden fervientemente esta actividad. Han reclamado a la Comunidad de Madrid “medidas planificadoras” y que se regule la distancia entre salones y casas de apuestas de manera “ordenada y coherente”. Además, han defendido que no buscan zonas desfavorecidas para su establecimiento, aunque sí reconocen que dada “la propia idiosincrasia de este tipo de negocio” estos locales se establecen en lugares “de mucho tránsito, mucha visibilidad, fácil acceso y alquiler sostenible”.

“No creo que las clases obreras sean las más propensas a sufrir ludopatía” opina el señor Caamaño, “sino que son más propensas a buscar el dinero fácil, y cuanta más gente juega, más posibilidades hay de tener ludopatía. Digamos que las clases obreras tienen más posibilidades de sufrir ludopatía porque son las que van a buscar el dinero fácil” aclara. “Yo, si tengo mucho dinero” ejemplifica “pues puedo jugar un día por ocio. Pero cuando una persona juega para conseguir 30 euros para pagar la luz, pues…, ahí es donde está el problema”.

Las Casas de apuestas utilizan todas sus armas para asegurarse una suculenta clientela. En esta fotografía podemos comprobar, según explica Susana en Redes Sociales, las “apuestas realizadas por un enfermo al juego que está autoexcluido el día 19 de enero del 2020”. Santiago apostilla: “Yo fui ese chico en su momento. Llegué a pagar con mi tarjeta una consumición de 20 euros para que me lo dieran en efectivo. Se enteraron que era jugador autoexcluido y me dijeron que no podía volver a usar allí la tarjeta, pero que podía entrar cuando quisiera. Así funcionan”.

El Juego no se limitan a avasallar a las nuevas generaciones con una publicidad insistente; la construcción de casas de apuestas cerca de colegios, como lo denunciado en Mula (Murcia) movilizó a la población de dentro y fuera de esa Comunidad Autónoma.

Víctor Peñalver, periodista de El Diario, cuenta que en Murcia resulta fácil atisbar el auge del sector del Juego, tanto que, según los datos publicados por ANESAR (Asociación Nacional de Empresarios de Salones de España), la región es, con 22’10 salones por cada 100.000 murcianos, la primera comunidad con más casas de apuestas por habitante de España. Por detrás de Murcia se encuentran Valencia, con 6’76 salones por cada 100.000/hab. o Madrid, con 5’92 locales de media.

“No es mera casualidad que aparezcan casas de apuestas cerca de colegios. No. Para nada”, señala Santiago. “Está todo estudiado. Hablamos de gente muy profesional, muy buena en lo suyo; todo está preparado al milímetro. Tanto que estén en barrios obreros como cerca de centros de estudio. La publicidad, siempre digo, está destinada a los menores”. Y así lo remarca cuando habla del interés que cree haber detrás de esta creciente promoción del Juego: “Grandes intereses económicos”. Sentencia. “Hay mucho dinero que mueve el sector del Juego, y tiene mucho poder. Además del económico, tiene mucho poder a nivel institucional; está el Gobierno, las instituciones, y ambos generan tanto dinero que van sin escrúpulos. El fin justifica los medios para ellos y no se están parando a pensar hasta dónde llega esto. Está claro que la motivación es siempre económica”.

Los jóvenes a los que hacemos alusión en este artículo tienen, en su ferviente mayoría, un futuro prometedor e ilusiones. Asimismo, esta delicada línea que roza el límite de la mayoría de edad, se ha roto: encontramos documentados casos de niños de hasta 14 años apostando en carreras de galgos, partidos de fútbol y juegos online.

Ya en El Mundo, periodistas como Irene Hernández se hicieron eco de la gran sorpresa que supuso para las asociaciones de ayuda a ludópatas que la creciente ola de afectados incluyese a menores, hasta el punto de que en 2016 eran la aplastante mayoría.

En el gran número de casos, la primera vez que los afectados comenzaban a dar sus primeros pasos en el terreno del azar podían entrar sin problemas en los locales, puesto que no les pedían el DNI. Sin embargo, sí lo requerían para jugar, por lo que siempre iban acompañados de un joven de más de 18 años para que apostase en nombre de todos. De esta forma, lo que era un juego y un modo de sentir la adrenalina correr por las venas, se convirtió en el comienzo de una pesadilla. Uno de los jóvenes menores de edad contó a prensa que cuando ganó 120 euros gracias a una apuesta, empezó a creer que había hecho un gran descubrimiento para ganar dinero fácilmente.

“El factor principal que me incitó a jugar es el factor social” se sincera Santiago. “Como el primer piti de un fumador. ¿Fuman mis amigos? Pues yo también fumo. ¿Mis amigos juegan? Pues yo juego también. Es como un tema social. Y después, el tema de la necesidad. Hay algunos barrios, digamos, más humildes que lo hacen más por necesidad que otra cosa. Pero creo que al principio es siempre por un factor social”.

Las apuestas dibujan un futuro atractivo y de éxito: el menor como potencial ludópata

Los tiempos cambian, y gracias al avance de la tecnología somos bombardeados –para bien o para mal- con un sinfín de información. Bien sea residual o de actualidad, la Comunicación guarda un amplio abanico de audiencia totalmente variada y de cualquier edad. De poco o nada sirve el conocido horario infantil de televisión cuando nuestros pequeños empiezan a dar sus primeros pasos con una tablet o móvil: el control parental es absurdo. Los videojuegos también aportan su granito de arena: hay apps que simulan el patrón de apuestas.

La radio –eso que encendemos muchas veces de camino al colegio cuando vamos en el coche, o que suena en el bus- destaca los anuncios de casas de apuestas mediante las cuñas publicitarias. En los vídeos de Internet también hay spots para comprar un boleto de lotería o de Navidad, sin importar que haya que interrumpir lo que sea que el niño esté viendo: dibujos animados, un tutorial de maquillaje o un vídeo explicativo de matemáticas para sus deberes.

Por si eso no fuera suficiente, en un partido de fútbol (considerado un evento para todos los públicos y por ende, emitido en horario infantil) podemos ver hasta 6 anuncios de casas de apuestas: uno cada 15 minutos. De esta forma, las apuestas deportivas se han convertido en un entretenimiento de masas.

El Juego dejó de ser algo “carente de regulación” y “clandestino” para convertirse en una alternativa cotidiana al ocio, sobre todo en el mundo online: la competencia ha provocado que las casas de apuestas busquen métodos alejados de lo presencial, de lo físico, ampliando sus servicios a algo más que ir a un local a jugar. Y que desarrollen nuevas tácticas de marketing: actualmente siempre está protagonizado por referentes sociales. Desde futbolistas hasta presentadores de televisión, o personajes del corazón, representado como una característica más del lujo, de la vida llena de poder y del triunfo.

De esta forma el anuncio es un doble reclamo: algo que da cierto caché (consideran que quien juega es porque tiene conocimientos de estadística, estrategia y lógica) y puede ayudarnos a llevar la vida soñada. Pero como dice –muy acertadamente- el refrán: “la Banca siempre gana”, y esta imagen del dinero rápido y elegante no es más que humo; un humo oscuro y sombrío que corrompe la vida de los más jóvenes y de quienes viven a su alrededor.

El señor Caamaño es testigo de haber visto a menores de edad apostando: “En casinos no, pero en salas de juego sí. Igual de unos 14 ó 15 años. Y muchas veces; cuando yo jugaba, e incluso tuve las recaídas que fue en salas de juego también, había menores. Se notaba a la legua que eran menores. Lo vi con mis ojos, no es que me lo contaran”. Sus palabras nos dan a entender que a nadie parecía importarle que hubiese niños apostando. “No, todo lo contrario” nos aclara. “La mayoría de las personas que acuden allí, estamos ocupados con nuestro problema. Yo creo que los propios empleados tienen órdenes de dejar entrar a gente menor de edad, por eso no piden el DNI nunca. Al fin y al cabo, el ludópata es el que deja dinero ahí. Y el menor es un potencial ludópata”.

Vidas dañadas: la ludopatía deja su huella desde el principio

Cada patología afecta de una determinada manera a quien la padece. Sin embargo, esta enfermedad tiene el punto en común de que marca la vida de una persona; nada vuelve a ser como antes. “No puedo llevar dinero, ni monedas ni billetes ni tarjeta de crédito” cuenta un testimonio anónimo. “Cuando necesito usarlo mi mujer me lo da y le llevo de vuelta un ticket de compra para justificar en qué me lo he gastado”. Santiago Caamaño se siente identificado con esa persona, aunque en su caso ofrece un matiz más esperanzador: “Yo pasé por ese momento también. Es algo que va por etapas y, cuanto más tiempo pase, mejor lo llevas. Creo que mi lucha, las redes sociales en el día a día y estar con este tema es también una terapia para mí. Pero sí que es verdad que tuve un momento en el que no podía llevar dinero encima, ni tarjetas… No podía gastar más de 20 céntimos de lo que tenía previsto por día. Tuve momentos. Pero me valieron para estar como estoy hoy”.

La ludopatía, como toda adicción, transforma a las personas y les obliga a hacer cosas que, en determinadas situaciones, jamás se plantearían. “Robar” responde Santiago como lo más grave que le ha incitado a hacer ese pozo de desesperación. “Igual no mucho, Siempre me imaginaba atracos en mi cabeza. Pero no lo hacía, porque conseguía dinero por otro lado. Hubo también un momento en el que tuve una recaída y pensé en suicidarme. Ahí fue cuando no vi salida”.

Afortunadamente, a día de hoy, la vida del señor Caamaño apenas se diferencia de la de una persona que nunca ha caído en las garras del Juego: “Simplemente que sé que no debo jugar. Pero el resto de mi vida es igual que la vida de otra persona común. Sólo que sé que no puedo jugar, aunque también estoy luchando contra este problema. A rasgos generales, no diferenciaría mi vida de la de una persona que no tenga ludopatía. Lo veo a nivel laboral, a nivel social, sentimental, todo; tengo una vida totalmente normal”.

Pero, ¿puede llegar a curarse la ludopatía? “Se aprende a controlarla” matiza Santiago. “Siempre que se habla de rehabilitación, cura… Es un problema psicológico que lo que puedes hacer es rehabilitarlo y aprender a controlarlo. La mejor manera de aprender a controlar el Juego es no jugando. No existe un ‘voy a jugar 10 euros’. Cada vez que juegas, se activa un mecanismo ahí que deja la voluntad a cero”.

Al señor Caamaño le costó, como ocurre en estos casos, cerciorarse de que su gusto por el Juego comenzaba a ser algo tóxico. “Hay dos momentos en los que yo me doy cuenta. Uno, cuando veo que tengo un problema económico; yo genero una deuda que no soy capaz de solventar y que [ese momento en el que me doy cuenta] me llega más por la deuda que por el problema. Y luego tengo cuatro recaídas seguidas después de que yo pidiera el alta voluntaria y ahí es donde sí me doy cuenta de que tengo un problema y que no soy capaz de solventarlo, y que necesito ayuda profesional”. Más adelante, nos explica que contó con los suficientes recursos para poder superar su adicción: “Sí, tuve apoyo familiar, psicológico y apoyo social al fin y al cabo, hubo un momento en el que yo dejé de tratarlo como un tema tabú; le comentaba a la gente el problema que tenía, lo normalizaba, digamos, y la verdad es que la reacción fue bastante más positiva de lo que yo pensaba. Al final, lo que podía ser un tema negativo, de vergüenza o lo que fuera, lo convertí en algo positivo. Un arma, digamos. Para defenderme de mí mismo, casi”.

El señor Caamaño se despide con un mensaje de gratitud: “Agradecer que deis luz a esto porque, al fin y al cabo, cada gesto, cada reportaje, ayuda a sumar a que siga la lucha. Sobre todo a concienciar, que es la clave. Porque la regulación no es lo que hay que cambiar, creo que lo que hay que cambiar es la conciencia de la gente y sobre todo prevenir en los sectores más vulnerables, que es el de los más jóvenes”.

Sólo el tiempo dirá si realmente se conseguirá parar esta epidemia de ludopatía antes de que sea demasiado tarde. La situación ha llegado a tal extremo que toda acción es poca para proteger a las futuras generaciones. Lo que antes era tabú, ahora es algo rutinario, y muy pronto, quizá, una necesidad que empuje a los más jóvenes a hacerlo parte de su vida.

Por el momento, desde ciertos medios de comunicación damos voz a activistas como Santiago Caamaño, quien ha hecho de su problema un motivo por el que luchar por el bien de nuestra Sociedad, particularmente de los más jóvenes. Gracias a ti, Santiago, y enhorabuena: no rendirse es una gran victoria.


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