Pullas contra la infame y persistente leyenda negra española: la expulsión de los judíos (II)

A pesar de que se ha hecho creer que sólo España expulsó a los judíos que vivían en ella y además de la peor manera, los hechos documentados son absolutamente contrarios.

La expulsión de los judíos no fue exclusiva de España. Si por algo destacó fue por lo tardía. España no fue el primer país ni el último en expulsar a los judíos. Tampoco el que lo hizo de pero forma.

La expulsión y/o persecución de judíos fue algo histórico en Europa desde muy temprano, hasta bastante tarde.

  • Antigua Roma (c. 49-50 d. C.): Durante el reinado de Claudio se decretó la expulsión de los judíos de la ciudad de Roma (no del Imperio romano).

  • Reino Visigodo (616): Con Sisebuto hubo persecuciones e intentos de conversión forzosa.

  • Al-Ándalus (c. 1140): Los Almohades prohibieron la práctica de la religión judía y algunos judíos fueron expulsados (entre ellos el famoso médico y teólogo judío Maimónides y su familia).

  • Francia (1182, 1306, 1321/1322, 1394): Felipe II Augusto Capeto firma la primera expulsión, sin posibilidad de conversión y con la confiscación de bienes, repitiéndose otras 3 veces a lo largo del siglo XIV.

  • Inglaterra (1290): Ordenada por Eduardo I Plantagenet, es considerada la primera expulsión masiva de la Edad Media.

  • Austria (1421): Tras la persecución y asesinato de 270 judíos, se decreta su expulsión, confiscación de bienes y conversión forzosa de los niños.

  • Ducado de Parma (1488).

  • Ducado de Milán (1490).

  • Castilla y Aragón (1492).

  • Lituania (1495).

  • Portugal (1496/1497).

  • Navarra (1498).

  • Provenza (1500): Decretada tras un periodo de disturbios antijudíos que venían produciéndose desde 1475 y adaptándose a la legislación francesa, ya dicha región fue anexionado por Francia en 1486.

  • Brandeburgo (1510).

  • Túnez (1535).

  • Nápoles (1541).

  • Génova (1550, 1567).

  • Baviera (1554).

El problema con las comunidades judías en toda Europa fue siempre el mismo: allí donde se instalaban, los judíos tendían a formar comunidades relativamente autónomas y separadas del resto de la sociedad autóctona, gobernadas por un consejo propio, con uno o varios rabinos a cargo de la sinagoga, con sus propias escuelas rabínicas, bibliotecas, hospitales, cementerios, tiendas y carnicerías en las que se abastecían de los alimentos preparados conforme a las prescripciones de sus leyes y costumbres, e incluso hasta sus baños, todo lo cual, es decir, esa automarginación, además de la propensión a la usura y acumulación de bienes muebles e inmuebles, junto con la fama de estirpe deicida generaron siempre la animadversión contra ellos.

«El episodio de la expulsión de los judíos ha sido, sin duda, uno de los más utilizados por parte de la propaganda antiespañola como una muestra de la malvada naturaleza intrínseca que rodea a todo lo español, constituyendo desde muy pronto en uno de los pilares fundamentales de la llamada Leyenda Negra. Con el tiempo, esta propaganda se acabó mimetizando con la historiografía desde finales del siglo XVIII, cuando la Ilustración europea (especialmente la francesa) asumió acríticamente y en su totalidad todo lo referente a la Leyenda Negra antiespañola. De ahí la imagen deformada de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón como fanáticos religiosos irracionales capaces de causar la ruina con incontables mentiras y exageraciones en torno a este suceso, desmentidas en su totalidad por la historiografía moderna, aunque sigue persistiendo» (Manuel Díaz Uribe, 2019)

Señalemos, por último, que fue España, la España gobernada por Primeo de Rivera y después por Franco, el único país del mundo que dio la cara por los judíos durante los progrom de finales de los años 20 en Oriente Medio y la II Guerra Mundial.

Primera parte: la Inquisición


2 respuestas a «Pullas contra la infame y persistente leyenda negra española: la expulsión de los judíos (II)»

  1. La animadversión en la Edad Media española por los judíos venía por una pluralidad de factores:
    – en primer lugar los judíos había actuado de quinta columna para facilitar el avance de la invasión musulmana del 711, lo que propició (junto con otros factores) el rápido avance musulmán y el no dar tiempo a organizar una defensa más eficaz. En muchas ciudades, como fue el caso de Toledo, los judíos le abrieron las puertas a los moros para que entraran los asediadores musulmanes, y luego para continuar su avance los musulmanes dejaban a los judíos a cargo de las ciudades. Lo que propició la invasión y su rápido avance.
    – la práctica de la usura y el subir el precio de los productos en momentos de carestía, por ejemplo del pescado en Cuaresma, cuando los cristianos no comían carne. Esto hoy día, que las sociedades son ya sociedades judías (los no judíos han adoptado sus costumbres y valores como el amor al dinero etc) donde se ha adoptado (piénsese por ejemplo en el mercado inmobiliario de especular, pues no otra cosa es comprar una vivienda por un precio, disfrutarla un tiempo y luego venderla «vieja» y después de haberla disfrutado, mucho más cara de lo que costó nueva) la forma de ser de los judios, y hoy las sociedades no judías, dejando la religión a parte, son en realidad sociedades judías, como decía esto hoy día no nos choca lo más mínimo pero en la Edad Media, con otro esquema de valores menos materialista y más puramente cristiano, eso de subir el pescado en Cuaresma se veía como algo indigno y miserable.
    – También ocurría que mercaderes judíos (lo cuenta Claudio Sánchez Albornoz en su libro «España un enigma histórico») se acercaban a los campos de batalla donde se enfrentaban moros y cristianos (como fue el caso de la batalla de Alarcos) para comprarle a los moros los prisioneros españoles, no para devolverlos a sus casas o a sus lugares de origen (lo que habría provocado la admiración hacia los judíos de haber obrado de tal forma) sino para venderlos como esclavos en los mercados andaluces o del norte de África, lo cual da idea de que muy españoles lo que se dice muy españoles no es que se sintieran los judíos sefarditas para hacer esto de comprar a los moros a los prisioneros españoles para revenderlos luego como esclavos y condenarlos ya a una vida de sufrimiento continuo.
    – También su carácter soberbio, o su doblez, eran atributos muy despreciados por la población hispanocristiana.
    Algo ha debido de cambiar en las sociedades de los paises cristianos cuando los judíos eran muy ricos y con muchas influencias, tanto entonces como ahora, y sin embargo en la Edad media eran despreciados por la sociedad (El Cantar del Mio Cid es ejemplo de ello, como el juglar desprecia a los prestamistas judíos Rachel y Vidas), y sin embargo ahora son adorados y copiados por todos que adoptan sus costumbres y valores.

    Sim embargo nada de esto fue determinante para que los Reyes Católicos decretaran la expulsión de los judíos mediante Decreto de 30 de marzo de 1492.
    Aunque la expulsión se ha querido presentar , por razones de propaganda, como fruto de la «intolerancia» y del «fanatismo religioso» de los Reyes Católicos, nada más lejos de la realidad, y obedeció a puras razones de defensa nacional y de racionalidad política.
    Fernando el Católico era (lo fue en su época) el arquetipo de nuevo monarca Renacentista, que hizo de «la razón de Estado» y del análisis frío de los datos empíricos su código de conducta. La expulsión de los judíos como la toma del Reino moro de Granada en enero de 1492, está directamente relacionada con el auge del poderío turco en el Mediterráneo, y la necesidad de la concentración del poder y la unidad de España «ad intra» para hacer frente a los peligros «ad extra».
    El poderío turco en el Mediterráneo venía de antiguo, pero en 1453 ocurre un hecho decisivo que alarmará a toda la Cristiandad que es la toma de Constantinopla por los turcos, poniendo fin al imperio romano de Oriente. Esto conmocionó al mundo cristiano. Salvo el barrio judío de Balet, la ciudad fue pasada a cuchillo por los turcos tras su conquista. Los turcos no se detuvieron aquí sino que en un doble movimiento de pinza, por el Mediterráneo uno, y por el Danubio el otro, amenazaron ya directamente a Europa poniendo sitio a Viena o asolando las costas italianas. La Batalla de Lepanto de 1571, más de 100 años después de la caída de Constantinopla, no es más que un hito de esta invasión turca y de esta lucha entre el Islam y la Cristiandad.
    En este contexto, el Reino moro de Granada, que comprendía no solo lo que hoy conocemos como la provincia de Granada sino también la de Almería y Málaga, era en esta época del Reinado de los Reyes Católicos, una invitación permanente a una nueva invasión árabe, esta vez por los turcos que estaban constante y permanentemente amenazando las ciudades costeras de la Europa mediterránea, con asedios de Malta, de Chipre, de Rodas, etc. etc. Las repúblicas italianas, por su cercanía, eran las que estaban más expuestas, pero España (y Sicilia, Nápoles, las Baleares, etc. eran ya entonces España, no solo Alicante) no estaba mucho más allá y el reino moro de Granada, con su amplio litoral que comprendía todas las costas de Almería, Granada y Málaga, ofrecía la posibilidad a los turcos de un desembarco en playa amiga (algo que no tenían en Italia), y si alguna nación era sensible a una nueva invasión mahometana esa era España que llevaba 8 siglos luchando por expulsar al invasor y que cuando ya estaba culminando este proceso veía con mucho más que preocupación que el peligro de una nueva invasión se cernía sobre España. Esta necesidad de privar a los turcos de una playa amiga para un desembarco, fue la cuestión que más pesó en los Reyes Católicos para poner fin al debilitado Reino de Granada que ya a la altura de aquellas fechas, no era un rival temible como sí lo fue en tiempos de Almanzor.

    En el esquema político de los Reyes Católicos, la defensas frente a las amenazas exteriores se consigue mediante la cohesión interna, por ello concentran el poder en sus manos terminando con la dispersión del poder bajomedieval existente en los reinados anteriores en manos de señores que actuaban como una especie de reyezuelos en sus dominio, para la completa indefensión de la población. El poder real se impondrá a todos los demás, y hará de la Justicia, su seña de identidad de la que no quedan a salvo, como en reinados anteriores, los grandes señores, y pondrá fin a dicha dispersión, porque la unidad es la clave en el pensamiento y en la política de los Reyes Católicos.
    Esa cohesión interna exige también terminar con una población religiosamente dispar, porque esta disparidad es fuente de disensiones, impide la cohesión interna de la Nación, y resquebraja el poder del Estado. No se puede perder de vista que la Reconquista había moldeado a la Nación española, y que la religión cristiana no era una mera religión sino que era el elemento común y la seña de identidad (la más importante de todas) de la Nación Española, forjada a fuego durante 8 siglos de guerra contra los sarracenos.
    Los judíos si se consideraban españoles tenían que adoptar la religión de los españoles, libremente, y si no se les daba un plazo para vender sus bienes y marcharse.
    Tachar esta medida de «racista» es un absurdo porque si hubiera sido «racista» no se les habría dado la opción de convertirse al cristianismo (porque convertidos o no, la raza o la genética no cambia por ello) .
    Tachar esta medida de intolerancia, es otro absurdo mayor aún, por dos motivos:
    – porque ya hubieran querido para sí los alemanes de la Alemania Comunista (y de todo el bloque soviético: Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Albania, Ucrania, Estonia, Eslovenia, Lituania, Letonía, etc. etc) un trato parecido al otorgado por los Reyes Católicos a los judíos, y que las autoridades comunistas les hubieran dado un plazo para convertirse al comunismo o en caso contrario marcharse libremente (caiga el lector en la cuenta de la hipocresía de los que critican a los Reyes Católicos que son los mismos que tenían esclavizadas a las poblaciones de los países del Telón de acero, con un muro de hormigón para impedirles huir de semejante «paraíso comunista», hasta este extremo llega la propaganda, y por supuesto este razonamiento no se recogerá en los libros de texto) .
    – y porque la expulsión estaba motivada no solo para obtener la unidad religiosa de España (y con ella su cohesión moral como Nación católica) sino por la complicidad de muchos judíos de dentro y de fuera de España con los avances de los turcos en el Mediterráneo, incluido un complot descubierto en Sevilla en el que estuvieron implicados los 24 de la ciudad (así llamados los principales de la ciudad, comparables a lo que hoy son los ediles del Ayuntamiento), y por tanto era preciso neutralizar a este enemigo interno, esta red de espías y de agentes al servicio del imperio turco, y organizadores de disensiones internas que habrían debilitado la capacidad de respuesta de España frente a una posible invasión turca, para coadyuvar con su labor a la destrucción de la Cristiandad, y como era muy difícil detectar estas acciones encubiertas de todo tipo, se optó porque los que quisieran integrarse en el proyecto Nacional de España, pudieran hacerlo y los que no que se marcharan. Recordemos que cuando en el reinado de Felipe II se le pide ayuda para organizar la flota que luego daría lugar a la victoria de la Batalla de Lepanto el 7 de octubre de 1571, las reticencias iniciales de Felipe II vienen dadas por la cantidad de frentes que tiene abiertos: guerra en los Países bajos, guerra con Inglaterra que hostiga permanentemente los barcos que vienen de América (adviértase cómo la propaganda no hace el menor reproche a que la política exterior Inglesas consistiera en el robo institucionalizado de asaltar y robar los barcos de otro para hacerse con los bienes que no le pertenecían, y de esto no habla nadie ni hay el menor reproche para esa nación de malhechores que fue y ha sido siempre Inglaterra), piratería berebere sobre las costas españolas y de las plazas del norte de África, pero también por la revuelta de los moriscos en las Alpujarras granadinas, que no tenía otra finalidad que utilizar los enemigos de España a estos desgraciados como carne de cañón al servicio de los turcos para debilitar a España, lo que obligaría a la expulsión de los moriscos, para zanjar el problema. Los Reyes Católicos, anticipándose a este problema es por lo que expulsaron a los judios que no desearan integrarse como españoles.
    El desconocimiento que la mayoría de la gente tiene de estos temas (propiciado por el poder omnímodo del lobby antiespañol y prosionista, valga la redundancia, y su dominio de la Educación, de los libros de texto, del cine y de las televisiones a nivel mundial) sumado a la persecución a través de una nueva Inquisición (que a diferencia de Inquisición cristiana, la nueva inquisición cumple todos los tópicos de crueldad etc. que falsamente se le ha querido atribuir a la cristiana) como es la fiscalía del odio y el fraude de ley de los llamados «delitos de odio» (donde lo que es verdadero delito de odio es la propia tipificación en fradude de ley de estos tipos penales que no son más que la institucionalización del delito de odio que ellos cometen con esta tipificación y que son de verdadero odio), han conseguido imponer otra versión de lo sucedido que nada tiene que ver con la intransigencia religiosa, y en 1992 se consiguió por este lobby anticristiano detener en el Vaticano en el papado de Juan Pablo II la beatificación de la Reina Isabel La Católica. Juan Pablo II cedió a todas las presiones que puso en marcha el Arzobispo de Paris Jean Marie Lustinger, (que autoproclamaba su origen judío), y una vez más la Leyenda Negra prevaleció sobre la Verdad.

    Si uno lo piensa el pensamiento de los Reyes Católicos de cómo fortalecer la Nación española no debía ir muy descaminado cuando precisamente los enemigos de España para debilitarla y destruirla han sido sus pasos pero a la inversa:
    – han destruido la unidad territorial mediante la cuña del Estado autonómico y las Comunidades Autónomas para sembrar así la diabólica semilla del separatismo.
    – han promocionado lenguas menores, a la par que se prohibía el uso del Español en parte del territorio nacional, para impedir que el Español siguiera siendo la lengua materna del común de los españoles, y obtener por esta vía también su resquebrajo.
    – Con el pretexto de la libertad religiosa, han abierto primero la posibilidad a otras confesiones y sobre todo a las sectas satánicas, para en una segunda apartar a la religión católica de la sociedad obteniendo el resultado de una sociedad que viva de espaldas a Dios, donde la religión no tenga ya ninguna autoridad en sus vidas. y en una Tercera fase en la que ya estamos de abierta destrucción de todo rastro de Cristianismo en España.

    Todos han picado, los Obispos los primeros, y los mandos policiales y militares también, y todos los demás. Basta que el enemigo odie a los Reyes Católicos, para que este odio nos sirva de señal en la oscuridad de los tiempos en que vivimos para venerar a estos Reyes que quisieron los mejor no solo para España, sino también para los españoles. Si el enemigo los odio es porque hicieron muchas cosas buenas entre ella algo que ahora no se hace que es combatir a los enemigos de España y de los españoles desde los poderes del Estado, que hoy sirven al enemigo.

  2. Seré breve: frase que dicen que está en la autobiografía de Henry Kissinger, JUDÍO, exsecretario de estado de los EEUU:
    «Cuando los judios han sido expulsados tantas veces de tantos lugares, algo mal habrán hecho»

    PD: La lista de expulsiones de judios de diferentes lugares es mucho más larga de lo que aparece en el artículo.

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