Qué dice la Misa tradicional al mundo actual

Un misterio lo es por la simple razón de la imposibilidad de penetrar su realidad, por mucho que nos esforcemos en ello. Pues de lo contrario estaríamos ante una realidad conocible.

La santa Misa es un misterio, es una realidad sobrenatural que se nos hace presente por medios humanos. Medios que están al servicio de esta realidad sobrenatural. Y la actitud ante esta realidad es la del asombro, la del recogimiento donde los sentidos del alma tratan de abarcar la hondura y profundidad del Sacrificio del Calvario.

No puede haber participación en la santa Misa sin vida interior. La verdadera relevancia de la Misa tradicional es la de conducir al alma hacia su interior. Y es este aspecto la gran característica de la Misa.

¿No es acaso el vacío interior lo que más afecta al hombre actual? ¿No sigue siendo, hoy como ayer, el ansia de felicidad el horizonte humano? Los grandísimos avances técnicos ¿no están llevando de la mano el vacío interior que no puede llenar la técnica? ¿No llevan consigo una deshumanización de la persona? ¿No estamos viendo una degradación de la presencia de lo sagrado en las vidas de cada uno?

Nada más contrario al “ruido” y velocidad del mundo actual que el silencio y la armonía en las ceremonias de la Misa tradicional. El profundo sentido de lo sagrado en esta Misa dice al hombre y mujer actual que Dios ha de estar presente en sus vidas, que dependen de Él en todo, y que todo viene de Él y que sin Él nada serían ni tendrían; y, en definitiva, el fin último de sus vidas ha de ser la salvación de sus almas.

La Misa tradicional dice al hombre y mujer actual que su fe tiene un pasado, una tradición de la que se alimenta espiritualmente; que sean cuales sean los tiempos en que viven, la fe es una fe recibida, y a ella se deben.

La Misa tradicional al no estar mundanizada ni secularizada ofrece al hombre y mujer actual un bálsamo de unción espiritual que suaviza sus heridas y aligera las cargas de sus vidas.

La Misa tradicional nos pone de forma especialísima en contacto con lo sagrado, por la simple razón de que todo en ella está centrado en la gloria de Dios.

El cambio que uno experimenta cuando está en la Misa tradicional con respecto al mundo que ha dejado atrás por unos instantes, es notable y no puede  por menos que hacerle reflexionar sobre el sentido de su propia vida. Le hace reflexionar que hay algo más a parte de lo que está viviendo, y ese algo más es la gloria de Dios, es la presencia de Dios en sus vidas.

La Misa tradicional dice al hombre y mujer actual que su forma de vida y costumbres son pasajeras, que hay algo superior que no cambia; y ese algo superior es la reverencia que han de tener a lo sagrado, la sumisión al Misterio presente en la Misa que no conoce modas.

La Misa tradicional al no adaptarse al mundo y, por tanto, no asumir sus presupuestos vulgares y zafios,  tiene mucho que decir al mundo de hoy, en el sentido de que lo actual del  mundo no es lo actual del Dios, que no todo lo que está de moda es aceptable para la gloria de Dios.

La “rigidez” de que se critica a la Misa tradicional no es más que la seguridad y garantía de que el Misterio de la Pasión de Nuestro Señor presente en el altar no se profane. Esa es la razón de la normativa que obliga en la Misa tradicional, y la razón por la cual la Misa tradicional se sigue oficiando hoy como ayer y se oficiará por los siglos.

Ave María Purísima.


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