¿Qué es el marxismo? La dialéctica marxista (2/4)

La dialéctica marxista es muy diferente de la de Hegel. No admite que se pueda llegar a un acuerdo, entre tesis y antítesis, que se plasme en una síntesis y así sucesivamente. La dialéctica marxista no deja lugar para el acuerdo, cree que la lucha violenta es el único camino.

En la Naturaleza se alcanzan equilibrios ecológicos entre las distintas especies. El león que ha satisfecho su hambre no sigue cazando por cazar. Si el número de depredadores es excesivo, sus fuentes de alimento se reducen en gran medida y el número de depredadores disminuye, por las muertes debidas a no poder encontrar alimento. El ciclo biológico lleva al establecimiento de equilibrios.

Sin embargo, el marxismo no lo ve así. Pretende subrayar la lucha. Engels en la «Dialéctica de la Naturaleza» dice: «… tan pronto como se reconoció la doctrina de Darwin, los mismos que antes hablaban de armonía, ya no veían en todas partes más que lucha (por la existencia)».

Ese énfasis en la lucha lo traslada a la sociedad humana, donde persistirá hasta que se cree el Paraíso Comunista. La dialéctica marxista, excluye todo posible acuerdo pues “toda la historia de la sociedad humana, hasta el día, es una historia de luchas de clases”. Pretender un acuerdo entre capital y trabajo es, por supuesto, un imposible.

La cooperación con los partidos liberales o con los progresistas utópicos, no tiene otro sentido que utilizarlos temporalmente, en tanto se llega al poder. No cabe confiar en el comunismo como compañero leal en la lucha política. Al final te eliminará, se considera plenamente justificado, cree que está cumpliendo una misión histórica. El Manifiesto lo dice inequívocamente: “…para que en el instante mismo en que sean derrocadas las clases reaccionarias comience, automáticamente, la lucha contra la burguesía”.

El pensamiento marxista, no lo oculta. “Derrocar por la violencia el orden social existente”. El marxismo es incompatible con la democracia puesto que esta implica el compromiso de aceptar el resultado de las elecciones periódicas. ¿Cómo puede un revolucionario aceptar que el pueblo se equivoque y permita que se forme un gobierno reaccionario?

Según el marxismo, la historia humana progresa en la dirección del comunismo. Por tanto, no se puede tolerar un paso atrás. Esto justifica el golpe de Estado de Lenin contra Kerenski en 1917, o la eliminación de los guerrilleros no comunistas, como hizo Fidel con Manuel Urrutia, Huber Matos y tantos otros; o el golpe de Estado que los revolucionarios comunistas y socialistas dieron en España en 1934, contra el legítimo gobierno republicano, etc.

Pero obviamente condenan los golpes de Estado de la derecha porque solo cabe respetar aquello que conduce a la sociedad comunista. Cualquier golpe de Estado contra el comunismo es una repudiable acción reaccionaria y antiprogresista.

Lo chocante de la dialéctica marxista es que se abandona totalmente cuando el comunismo llega al poder. Ya no se permite presentar ninguna propuesta alternativa (antítesis) ante el gobierno comunista (tesis). Se acabó el hegelianismo. Ya estamos en el marxismo. Ya no hace falta la dialéctica de progreso porque ya ha llegado la dictadura del proletariado, la que nos va a conducir automáticamente al paraíso comunista. Silencio. Todos callados se llega antes (diría el comunismo).

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Fragmento del libro “Historia del Comunismo. De Marx a Gorbachov el camino rojo del Marxismo” del que es autor Enrique Sánchez Motos


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