Quevedo y Los Plomos del Sacromonte

Al tratar de los ejemplares Centuriones Romanos que aparecen en el Nuevo Testamento hice mención al de origen árabe Abenádar (Tesifonte ó San Tesifón) y a Los Plomos de Granada. El tema es uno de esos tesoros históricos con los que solo muy pocos se tropiezan, sobre todo porque están en contra de la visión liberal de la Historia, según la cual es de general aceptación que la Modernidad fue fruto de la Ilustración, y que antes de ella, tras la “oscura Edad Media” a olvidar, es decir, la época de “La Cristiandad”, la Humanidad apenas progresó con el Renacimiento, hasta que la Reforma protestante abrió el paso al mundo moderno. Pseudo cosmovisión de nuestro pasado definitivamente impuesta tras la Revolución Francesa, nauseabundos aires que incluso se acabaron colando por alguna rendija en los pasillos vaticanos.

Gral. José Mª Sánchez de Toca

Una vez más tengo que dar las gracias a mi amigo José María Sánchez de Toca, recientemente fallecido en el demoníaco holocausto del coronavirus SARS-CoV-2 (derivado del SARS y renombrado COVID-19 para disimularlo), por abrirme el conocimiento a esa verdad, entre otras muchas áreas. La de los antiquísimos documentos escritos en soportes de plomo, historias y técnica prácticamente perdidos en la actualidad, bien lo que respecta a nuestros denostados orígenes como primigenia nación cristiana.

Porque, por ejemplo, otro tópico, también `afrancesado´ y de sospechosa general aceptación, es la expresión “Francia, la hija mayor de la Iglesia”, pronunciada por primera vez en 1841 por el padre dominicano Henri-Dominique Lacordaire. Pues bien, antes que se bautizara en la fé de Nicea el rey francés Clovis (entre el año 496 y el 507), fueron naciones oficialmente cristianas Armenia (el rey Tiridate IV en 301) y `nuestro´ Reino Suevo, cuyo rey Requiario (448-456) fue el primer rey católico de entre los reinos germánicos surgido de las invasiones del siglo V, a la vez que el primero en acuñar moneda con su propio nombre, además del emperador Honorio. Además de que la inmediatamente posterior Hispania visigótica estuvo muy por encima de cualquier otra entre las nuevas naciones europeas, especialmente en el plano religioso.

Las Planchas de Plomo del Sacromonte

Tras esta larga introducción, un reciente artículo nos ha recordado lo que Quevedo escribió sobre ellas. Porque, sobre estos manuscritos es de gran interés histórico, cultural y, sin duda, religioso, hacer referencia a lo que sobre ellos opinaba tan insigne intelectual español, así como acendrado católico, como fue D. Francisco de Quevedo. En un “Memorial a la Inquisición General sobre los libros del Monte Santo de Granada”, escrito muy posiblemente en 1633, y recientemente descubierto, entre otras cosas, aconseja al mismísimo rey Felipe IV que “no se detenga en prohibir estas láminas, sino que las derrita”, de forma que así “si su santo y bienaventurado padre expelió a los moros, habrá su Majestad expelido su secta”.

Algunas de las «planchas» y manuscritos en el museo de la abadía del Sacromonte

Como sabemos, los “manuscritos de plomo” (de ahí lo de derretirlos) habían ido apareciendo entre 1588 y 1599, en el Sacromonte de Granada, avalando, según lo en ellos escrito, la presencia de Santiago Apóstol en Granada, así como aventurando la inmaculada concepción de la Virgen, algo todavía no aceptado oficialmente por la Iglesia, ni mucho menos como dogma, aunque era creencia, sobre todo en España, muy arraigada y sensible a nivel popular. Las apariciones de las planchas plúmbeas seguían al descubrimiento en 1588, en el minarete de una antigua mezquita que aún se mantenía en pie, de un cofre con un pergamino escrito en árabe, castellano y latín, atribuido a San Cecilio, que contenía una supuesta profecía de San Juan Evangelista que aseguraba la llegada de Mahoma y la consiguiente fragmentación de la cristiandad. Como puede imaginarse el asunto levantó en seguida y durante años la natural polémica, máxime porque el obispo del lugar, Vaca de Castro, creyó en las planchas hasta el punto de impulsar, con tal motivo, la construcción de la actual abadía del Sacromonte.

Sin embargo, y a pesar de que en esos años fueron muchos e importantes, como hemos visto, los que creyeron en la autenticidad tanto del pergamino como de las planchas, no fueron menos ni menores los que dieron la voz de alarma desde los primeros instantes, entre ellos algunos tan insignes como Benito Arias Montano, por lo que cuando Quevedo estigmatizó las planchas y aconsejó su destrucción, su autenticidad estaba ya más que bajo sospecha. Tras años de su concienzudo análisis en Roma, por fin en 1682 sería Inocencio XI quien decretara que las planchas “son invenciones con el fin de erosionar el catolicismo infundiendo ideas mahometanas”, dando así la razón, entre otros, a Quevedo. El autor de esta gran estafa parece ser, según los datos más acreditados, que fueron dos moriscos, uno de ellos bastante relevante como era Alonso del Castillo, interprete del Santo Oficio.

Quevedo tuvo otra llamativa visión de los enemigos de la Cristiandad, la conspiración mundial judía que plasmó en su Execración de los judíos y describió La Isla de los Monopantos, incluida en los relatos satíricos titulados La Fortuna con seso y la hora de todos (1645), obra en la que fundamentalmente atacaba al Conde-Duque de Olivares. Los Monopantos eran los cristianos que estaban dispuestos a colaborar con los judíos para acabar con el mundo cristiano. Pero esta es otra historia.

Centrado, de la insigne mano de Quevedo, podremos seguir el hilo de este interesante tema, y de los orígenes cristianos de España, en otros trabajos.


4 respuestas a «Quevedo y Los Plomos del Sacromonte»

  1. Brilante y exhaustivo artículo, que voy a imprimir y guadar.
    Lamento mucho el fallecimiento del ilustre General, don José María Sánchez de Oca, víctima del comunista virus que está asolando España, y no refiero sólo al virus chino, sino también al autóctono, que es todavía peor…

  2. Lamento mucho la muerte del General D. José Mª Sanchez de Toca, que en paz descanse, como somos «tantos», encima sufrimos bajas.
    Extraordinaria la erudición de de este autor.
    Puede que en tiempos de Quevedo los Monopantos estuvieran en Salónica y el Mar Negro, hoy no están tan lejos, España es el pais de los Monopantos, está tomada, la unanimidad es total.

  3. Comentarios a la obra España defendida de Francisco de Quevedo. Por el P. Santiago Cantera https://elcorreodeespana.com/libros/955128499/Comentarios-a-la-obra-Espana-defendida-de-Francisco-de-Quevedo-Por-el-Padre-Santiago-Cantera.html
    Merece la pena escuchar el vídeo de presentación de ese libro del Padre Santiago Cantera, de recientísima edición, que dibuja perfectamente la personalidad de ese buen español y católico que fue Quevedo, además de cima de nuestra literatura

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