Quien a vosotros oye. ¿Me oye a Mí?

La verdad de la tradición

Queridos hermanos, ¿qué había en la época de los apóstoles? Unos pastores, ya sea dispersos, o congregados en concilios, que enseñaban a los fieles, dirimían cuestiones que se suscitaban, reprendían a los que erraban y separaban a los que persistían en el error. Había fieles que eran dirigidos y enseñados por sus pastores, que en ellos escuchaban a Jesús –qui vos auidit, me audit– , que recibían su palabra, no como palabra de hombres, sino como verdaderamente Palabra de Dios.

¿Qué era lo que estos fieles creían? Lo mismísimo que les enseñaban sus pastores; de manera que bastaba saber lo que entonces creía el pueblo cristiano para entender cuál era la doctrina que tenían y que enseñaban sus maestros.

¿Y en el siglo primero esos pastores, ya sea dispersos o congregados, enseñaban al pueblo como Iglesia docente? Sí. Los pastores a cuya cabeza estaba el  príncipe de todos, el sucesor de Pedro, enseñaban a los fieles lo que debían creer, como sucesores de los Apóstoles.

La Iglesia docente es la que se reunió en Éfeso, en Calcedonia, en Constantinopla… Llamó a la Santísima Virgen María semper Virgo, y Madre de Dios. Definió las dos naturalezas de Cristo y su única Persona Divina; definió la Divinidad del Espíritu Santo. Es la Iglesia que se reunió en tantos Concilios y Sínodos para enseñar la verdad de Jesucristo, la verdad de la fe.

Tú, hijo mío, ten buen cuidado, confiado en la gracia de Cristo Jesús: y lo que de mí oíste ante muchos testigos encomiéndalo a hombres fieles capaces de enseñar a otros (2Tim. 2, 1-2).

Estas verdades importantes son las que manda San Pablo a Timoteo que las enseñe a otros, y estos segundos las transmitan a otros terceros. Esto es la Tradición. Este es  el medio del que se ha valido Dios para conservar las verdades reveladas desde Adán. Nunca la Iglesia ha llegado a contradecirse ella misma; sin entrar a valorar lo dicho por el Concilio Vaticano II en cuanto a materia de libertad religiosa y ecumenismo. 

El espíritu del Concilio y el libre examen protestante

La reforma litúrgica propiciada por el Concilio Vaticano II supuso acercar la liturgia a los fieles, hacerla más comprensiva, más participativa, según dicen. Era un volver a las fuentes quitando tanto accesorio que a lo largo de los años se fue añadiendo a la liturgia oscureciéndola, también dicen. Hoy vemos el verdadero hundimiento de la liturgia romana. Es totalmente irreconocible. ¿Quién es capaz de advertir hoy día lo esencial al rito romano, sus características, aquello que hizo que fuera genuino rito  romano y no mozárabe, ni bracarense, ni lionés?

Lo que aún se denomina rito romano es realmente una liturgia creativa, que ha olvidado la tradición que le dio el ser, se ha independizado de la autoridad litúrgica y hace caso omiso, por tanto, a las normas litúrgicas. Nos encontramos con la liturgia propia de este sacerdote, o de aquella parroquia, o de aquella congregación religiosa; o la liturgia propia de tales fieles o cuales movimientos eclesiales.

Pero todos, al unísono,  apelan para justificar sus acciones al espíritu del concilio, que sin saber lo que es, sí sabemos que ha servido para desmembrar la herencia litúrgica, desfigurar por completo el rito romano heredado, y con ello, romper la unidad y universalidad de la que siempre gozó la Iglesia en su liturgia.

En realidad, lo que se sigue llamando espíritu del concilio, no es más, a la luz de los resultados, que el libre examen protestante dentro de la Iglesia católica. Por tanto, el espíritu del concilio ha sido el verdadero caballo de Troya que ha permitido esta concepción protestante de decidir personalmente cómo ha de ser la liturgia,  sin estar sometido a  tradición, normas, autoridad. Bien podemos decir que la autoridad litúrgica reside en el mismo que la oficia, o en  lo fieles que participan. No es necesario poner desoladores y vergonzosos ejemplos que se suceden cotidiana y constantemente.

Pero lo que subyace tras esta liturgia es una desmembración de la fe católica. Así se celebra así se cree. La tentación del libre examen en el campo de la fe es constante, y es una realidad en grandes ámbitos eclesiales. La fe ya es para muchos creativa.

Amoris laetitia. Relativización de la Ley divina. Vía caritatis

¿No es acaso la vía caritatis una vía creativa, original y personal que quiere abrirse camino en la Iglesia? ¿No es acaso una originalidad, una creatividad, que reclama su lugar en la Iglesia, que pide su momento de novedad y de gloria? Pero para que apareciera la original vía caritatis era necesario una cosa importante, y a  la vez terrible: relativizar la Ley divina. La Ley divina exige mucho, dice,  y a quienes se les hace muy cuesta arriba asumirla se les permite la original y creativa novedad de la vía caritatis como opción. ¿Por qué? Porque así se ha decido. ¿Por qué se ha decidido? Porque  ha sido una decisión personal. ¿Pero avalado por la tradición, el Magisterio? No. Simplemente porque se ha decido que la Ley divina no es para todos, es demasiada exigente. Inaudito.

El testimonio del matrimonio adúltero mejicano ante el Papa no deja lugar a dudas. No le pedían una vía caritatis para su situación, no le pedía un acompañamiento para discernir su situación, simplemente manifestaban que eran una realidad en la Iglesia, que se sentían muy bien en ella, y que como tal realidad debía ser considerados. De nada se arrepentían pues se sentían bendecidos por Dios. El abrazo del Papa, escandaloso y vergonzoso, avaló el testimonio del matrimonio adúltero de considerarlos como una realidad más dentro de la Iglesia.

El libre examen protestante se ha introducido con carta de naturaleza en la fe de la Iglesia. Ya la Iglesia no tiene nada que decir a los fieles, sino aceptar a éstos en sus realidades; es decir, los fieles deciden su forma de vivir la fe y de ser dentro de la Iglesia.

Mientras unos dicen, increíblemente, que la Exhortación apostólica es fiel a la tradición de la Iglesia, otros ya dan normas para la Sagrada Comunión de los adúlteros. Una cosa y la contraria. Libre examen. Cada uno dice lo que quiere decir, lo que le conviene o lo que las circunstancias exigen que diga. 

Qui vos auidit, me audit

Queridos hermanos, puede Nuestro Señor Jesucristo decir a nuestros Pastores: Qui vos auidit, me audit. Quien a vosotros os escucha, me escucha a Mí. Personalmente opino que no, es más, es una certeza afianzada en mi alma sacerdotal.

La Exhortación apostólica Amoris laetitia ¿forma parte de la enseñanza de la  Iglesia docente que nos ha transmitido las grandes verdades de fe, que nos ha enseñado  la verdadera vía de la salvación del alma despreciando al pecado? ¿Qué fin tiene realmente? ¿Quizá que el testimonio del matrimonio adúltero mejicano sea el testimonio que tenga que oír  los fieles en las parroquias próximamente? Con la Exhortación ha entrado en la Iglesia el subjetivismo moral como realidad que hay que admitir, pero no para  purificar  y santificar, sino para convivir con ella.

En definitiva, ya no existe una Ley moral eclesiástica, Ley divina, a la que deban conformarse los fieles, sino que la misma Ley de Cristo se adapta a las necesidades e instintos de aquellos, es más cómodo. Es la vía caritatis.

Pero, la palabra de Dios es clara y tajante como espada de doble filo. No hay término medio. No peques más.

Una fides

Desde el Romano Pontífice hasta el último de los simples sacerdotes, nadie ejerce otra autoridad que la de Jesucristo. Todo participamos del mismo y único sacerdocio del Sumo y terno Sacerdote. No actuamos por libre, con autónoma autoridad. Actuamos en nombre de Jesucristo, con Su autoridad. Y así la haremos cuando nos sujetemos a las enseñanzas del Magisterio y Tradición de la Iglesia.

Al tiempo que el Señor instituía Su Santo Sacrificio, instituía el sacerdocio. El sacerdocio católico ha surgido del Santo Sacrificio de Jesucristo, está inserto, injertado con la Pasión y Muerte de Nuestro Señor. Ejercemos nuestro ministerio desde el Calvario, desde los pies de la Santa Cruz. Desde la Cruz predicamos la Resurrección. La Santa Cruz es el camino de la Resurrección.

Queridos hermanos, ¿qué ha ocurrido cuando el sacerdote se ha alejado de la Cruz? ¿Cuándo ya no la reconoce en el Santo Sacrificio de la Misa? La fe católica se desmorona como un castillo de naipes. La confusión y oscurecimiento  en la fe en la que nos encontramos nunca hubiera tenido lugar con la Santa Misa tradicional. En ella estamos sujetos, clavados, atados, a la Cruz, y Jesucristo mismo crucificado, entre dolores inenarrables, nos confirma en la verdadera e inquebrantable fe católica, en el verdadero camino de salvación, el  camino estrecho, la verdadera vía de salvación del alma.

Ave María Purísima.


8 respuestas a «Quien a vosotros oye. ¿Me oye a Mí?»

  1. Mirando la paja en ojo ajeno… mírate la viga, masón. Para censuradores vosotros y vuestros amos de toda la vida. A ver si dejáis a la gente de una vez que piense como le de la gana.

    1. Este comentario contestaba otro de darkside, borrado una vez más por insultar al cristianismo. Cosa que parece volverá a repetir seguramente porque parece ser su cometido en este sitio.

  2. Es Enrique VIII haciendo lo que le da la gana y encima fundando iglesia( perdón, secta ). Marranos como Zebí inventando un dios a la medida que le permita sodomizar niños y demás. Que digo permita, que le premia por hacerlo; por mentir y por todo crimen, pues el fin( alguien les dijo que son los elegidos; adivinen quien )justifica el mal… es el gnosticismo de turno; la soberbia de Satanás. Relativismo masón. Y finalmente de todo ello resulta en cortar cabezas, el predominio del más fuerte sacrificando al inocente de turno; porque el más fuerte solo esta sujeto a su conveniencia; de ahí su dios conveniente, relativo..
    Todo el movimiento protestante fue ideado y financiado contra el Cristo, lo mismo que todo el NOS/M; y que la adulteración de odre viejo. Los labradores arrendatarios asesinos y su conveniencia.

  3. Otra vez atacando con lo mismo, vaya cantinela . Cada uno se mire así mismo y el fruto que deja en esta vida para provecho del prójimo y gloria de Dios

  4. La reforma litúrgica propiciada por el Concilio Vaticano II supuso intencionadamente alejar a los fieles de JESUCRISTO.
    Los supuestos Papas propiciadores del desmantelamiento de la Santa Iglesia utilizaron el CVII para ello, trabajan como una organización ajena a la Tradición, trabajan en una sola dirección y era y es para demoler la Iglesia (todo cambio demoledor era consolidado por el siguiente y, a su vez, nuevas acciones de demolición eran añadidas, todo ello con continuidad desde Roncalli hasta Bergoglio), todos pertenecen a una organización ajena a CRISTO pues son enemigos de CRISTO y de la humanidad. El actual usurpador –Bergoglio- trabaja A CARA DESCUBIERTA codo con codo con los satánicos, la Agenda 2030 debería ser la gota que colme el vaso de la impasibilidad de los que dicen ser fieles católicos. Los que van de católicos y ven con convicción lo que supuso el cierre de la Iglesias con el pretexto burdo de una plandemia, la retirada del Agua Bendita, el bozal, el ya no solo visto bueno sino incluso la bendición de actos contrarios a la Ley Natural, etc. etc. añadido con el montaje del cambio climático, la callada por respuesta ante las fumigaciones, irradiaciones, contaminación, la “invasión” ,para colmo, promocionándola, el hundimiento y desmantelamiento de todo tipo de trabajo en detrimento y búsqueda inequívoca de una subsistencia precaria incluido el montaje del desabastecimiento de agua.
    Los actuales seguidores de Bergoglio NO son católicos. Un católico no puede reconocer a Bergoglio jamás como seguidor de N. S. JESUCRISTO. Un católico solo es seguidor de la Verdad en todos sus aspectos. Te pueden engañar una vez, dos veces,…, pero no indefinidamente. Si te estás dejando llevar por estos impostores, es que el problema ya no son ellos, es uno mismo.
    Es obligación de todo católico fiel a la Santa Iglesia denunciar por activa y pasiva a este demente satánico que es Bergoglio.
    Todo aquel que defiende a Bergoglio (máximo exponente de los frutos de un proyecto de demolición llamado CVII) va contra CRISTO y contra el género humano. Y NO es católico.

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