¿Quién era el discípulo amado (y 2): ¿uno de los Doce?

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El discípulo amado, ¿fue uno de los Doce? Las evidencias del texto del cuarto evangelio sobre esta cuestión son, como veremos, decisivas para desentrañar si Juan de Zebedeo fue o no el discípulo amado.

En primera instancia, la respuesta a este interrogante debería ser afirmativa: participa en la Última Cena; mantiene una relación estrecha con Pedro; conoce profundamente las acciones, palabras y sentimientos de los apóstoles  (2:17, 22; 4:27; 6:19; 12:16; 13:22, 28; y 21:21); y, por si todo esto no fuese suficiente, en algunos pasajes donde se hace referencia específica a los Doce (6:66–71; 20:24–29), ¡el autor sabe exactamente lo que se ha dicho en ese reducido grupo! La conclusión inevitable es que el escritor pertenece al mismo.

Si esto es así, mediante la sencilla metodología de ir descartando uno a uno a los once discípulos restantes,  es sumamente fácil concluir que Juan Zebedeo es el autor del Cuarto Evangelio.

La pista más decisiva a la hora de incluir al discípulo amado al círculo de los Doce es su asistencia a la última Cena, puesto que Marcos 14:17, Mateo  26:20 y Lucas 22:14 explican que, al parecer, nadie extraño a los apóstoles asistió a la celebración. Sin embargo, ya hemos dejado constancia en el artículo anterior del hecho de que asistir a la Última Cena no implica necesariamente la pertenencia a los Doce, pues el protocolo judío para estas celebraciones podría justificar la asistencia de alguien que no estuviera integrado en el círculo apostólico: el dueño de la casa, o su hijo primogénito.

Dentro de los Doce,  dado que estamos ante el discípulo predilecto de Jesús, la línea de investigación más seguida es buscarle dentro del círculo más íntimo de los tres apóstoles que gozaban de más confianza por parte de Jesús. En este sentido, en el Evangelio se percibe nítidamente que Juan tenía una intimidad especial con Jesús, de la cual sólo gozaban dos apóstoles más: Pedro, y Santiago. A Pedro hay que descartarlo porque aparece claramente identificado en el Evangelio como una persona distinta, y a Santiago también hay que desecharlo porque murió decapitado en el año 44 por Herodes Agripa, por lo cual no pudo escribirlo. Solamente queda entonces la persona de Juan. Por otra parte, mantuvo siempre una amistad especial con Pedro, no sólo en los textos evangélicos, sino incluso en los Hechos de los Apóstoles. Esta cercanía e intimidad con Jesús le pudo granjear el título de «amado» a Juan Zebedeo, algo que es difícil de aplicar a los demás apóstoles, que se mantenían en un perfil más bajo.

Pero esta conclusión es un tanto precipitada, pues la cuestión joánica es mucho más compleja de lo que pueda parecer, a poco que se investigue en ella. ¿Realmente podemos asegurar la pertenencia del discípulo amado al grupo apostólico de los Doce? La clave para responder a este interrogante la tenemos en el mismo Evangelio, concretamente en el capítulo final, el 21:

«21:2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.

21:7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”

21:20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: “Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?”

21:21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: “Señor, ¿y qué de éste?”

21:22 Jesús le dijo: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú”.

21:23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”

21:24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero».

Según se desprende de estos versículos, el autor del Evangelio es el discípulo amado, que está presente en la escena, cuya identidad hay que buscarla en ese grupo reducido que presenció la aparición de Jesús en el lago de Genesareth. Este grupo podemos reducirlo a su vez en dos subgrupos: por un lado, tenemos a los testigos que formaban parte de los Doce; por el otro, a dos discípulos anónimos. En cuanto a los apóstoles, descartados Pedro, Tomás y Natanael (estos dos porque su trayectoria misionera hasta la India nos es conocida, y porque no es lógico que se les identifique con el discípulo amado en este versículo para, un poco más abajo, volver a hablar de este discípulo sin identificarle), nos quedan solamente los hijos de Zebedeo. Como Santiago fue martirizado en fecha temprana, la única posibilidad remanente es que este discípulo era Juan.

Mas también hay que considerar la eventualidad de que ese discípulo fuese uno de los dos que no se identifican, pero esto conllevaría el hecho de que entonces no pertenecería a los Doce, algo que no encaja bien con el perfil que el Evangelio parece aportar sobre él. El misterio que rodea a estos dos discípulos anónimos nos remite también al enigma de quién era el discípulo anónimo que acompañaba a Andrés cuando ambos dejaron a Juan el Bautista para seguir a Jesús, sobre el cual llama la atención Raymond Brown (Jn 1:35-40).

En realidad, siempre me he asombrado de que no se haya prestado la debida atención a los versículos 21 y 22 de este capítulo, que en mi opinión son de una importancia decisiva para esclarecer la identidad del discípulo amado. En efecto, si éste fuese uno de los Doce, ¿por qué Pedro parece quejarse de su presencia, que parece molestar la intimidad entre él y su Maestro? Con sus palabras,  parece decir a Jesús: «¿Qué hacemos con este intruso?» Por su parte, éste sigue a distancia a los dos, como no atreviéndose a acercarse, como si temiese ocupar un lugar que no es el suyo.

Estos dos hechos hacen difícil aceptar que perteneciese a los Doce, dificultad que aumenta sobremanera si le identificamos con Juan Zebedeo, uno de los tres que formaban parte del círculo más íntimo y privilegiado de Jesús, cuya presencia nunca hubiera sido rechazada por Pedro, quien jamás pediría a Jesús explicaciones sobre si dejaban estar allí o no a un apóstol tan sobresaliente como Juan.

En conclusión, todo parece indicar que el discípulo amado y Juan no pueden ser la misma persona.

De la misma opinión es Óscar Mercado, quien señala que en este pasaje se percibe claramente que Jesucristo consideraba importante a ese discípulo, a juzgar por la respuesta tajante que da a Pedro. Esto da motivos para pensar que el discípulo amado pertenecía al círculo de Jesús ya desde sus comienzos, pues la importancia del discípulo se medía por su antigüedad en el movimiento. Sin embargo, de la pregunta de Pedro se puede colegir que no pertenecía al círculo de los apóstoles, pues de estar integrado en él las palabras de Pedro carecerían de sentido, pues no preguntaría a Jesús sobre qué hacer con alguien que fuera apóstol».  Este razonamiento sobre el pasaje evangélico mencionado descarta por completo a Juan ―a nuestro entender― como candidato a ser identificado con el discípulo amado.

Como vemos, el enigma del discípulo amado es una de las problemáticas más complejas de la cuestión sinóptica, y, objeto de toda clase de conjeturas, está lejos de resolverse.

Aquí la primera parte

Artículo extraído del libro CANON: UNA INVESTIGACIÓN QUE DEMUESTRA LA VERDAD HSTÓRICA DE LOS EVANGELIOS, de Laureano Benítez Grande-Caballero

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9 thoughts on “¿Quién era el discípulo amado (y 2): ¿uno de los Doce?”

  1. Está claro que el discípulo amado es Juan de Zebedeo… estaba en la última cena nada menos que junto a Jesús …y los doce apóstoles que juzgarán a las 12 tribus eran el núcleo duro que rodeaba al Maestro. Siendo el discípulo más amado no es lógico que Jesús no le hiciera apóstol. El propio Jesús le entrega a Su madre para que la cuide. En el evangelio de Juan no dice «yo», sino «el discípulo amado» de una forma que claramente está hablando de sí mismo.

    …por favor, no le busquemos tres pies al gato

    (ya dejé en el primer artículo unas notas de la beata Anna Catalina Emmerick que indican claramente que Juan fue la persona que le preguntó a Jesús sobre quién le traicionaría, y que como apóstol principal y más amado estaba sentado a su derecha, mientras que Pedro estaba a Su izquierda).

    1. Para quienes no hemos sido agraciados con el privilegio de tener «visiones» sobre el cotidiano discurrir de la Historia Sagrada, como la muy justamente venerada beata a la que alude, la cosa no está tan clara.
      Por otra parte, la atribución de la autoría del cuarto evangelio a uno u otro «Juan» (nombre muy común en aquella época también), no cambia ni una sola coma del contenido del mismo ni su pertenencia al canon de libros divinamente inspirados que forman el Nuevo Testamento.
      Es decir, que se puede hablar con libertad del asunto sin temer ninguna reprensión por parte de la autoridad eclesiástica.
      Un saludo muy cordial.

  2. Cuando Pedro se queja de que Juan les sigue es porque Jesús le está nombrando jefe de la Iglesia, y le está indicando todo lo que debe hacer en intimidad entre ambos, y Juan no iba a ser nombrado ningún cargo similar y no tenía que ver en lo que estaban hablando… y también es posible que Pedro tuviera celillos de Juan (Juan era el apóstol más amado por Jesús, pero Pedro era el apóstol que más amaba a Jesús). No veo una relación para afirmar que había un apóstol número 13 ó algo así. No seamos gnosticistas en intentar enmendar la plana a la Tradición de la Iglesia, además con argumentos enrevesados y sacados de quicio.

    Juan es Juan, y de manera clarísima y obvia es el discípulo amado.

    1. Espero que no se moleste por lo que voy a decirle, don Fernando, pero está «argumentando» libremente -al estilo «historicista» anglosajón- en apoyo de su opinión, sin duda tan respetable como la contraria.
      Un saludo.

  3. …hombre, el que ha mencionado como fuentes autores de oxford y británicos es usted… todo este embrollo de si Juan es Juan ó es otro Juan (que yo sepa en los 12 apóstoles sólo había un Juan) es claramente anglosajón. Parten de un hecho aislado y van atando cabos sueltos hasta llegar a una conclusión totalmente «excéntrica» y original, que demuestra claramente que su vanidad intelectual es superior no sólo al resto de los mortales sino incluso a la Tradición (con T mayúscula) de la Iglesia Católica. Me hace gracia que aluda al estilo anglosajón porque eso fue precisamente lo que pensé de toda esta teoría (y yo también le pido que no se moleste).

    Obviamente, Don Laureano, que respeto mucho su trabajo y sus opiniones, no estamos en una discusión agresiva sino en un intercambio de ideas… pero creo que es buscar tres pies al gato (precisamente al modo anglosajón, de verdad que es exactamente lo que pienso).

    Las visiones de Anna Catalinna Emmerick no son la sagrada escritura sino un testimonio particular de una servidora de Cristo cuyas visiones son impresionantes en todos los aspectos, lo que a mi juicio le da credibilidad en este tema, y además refuerza la Tradición de la Iglesia.

    Pensar que el evangelio de JUAN, el discípulo amado, lo escribió otro JUAN estaba en la última cena junto a Jesús pero que no era el apóstol JUAN, ese mismo apóstol JUAN al que Jesús entrega a Su propia madre y que está en todas las ocasiones importantes (le sigue vestido con una capa cuando todos le abandonan, está al pie de la Cruz con las santas mujeres, le dice «ahí tienes a tu Madre, Madre ahí tienes a tu hijo», acompaña a Pedro al sepulcro y da testimonio de la resurrección… ¿Y EL DISCIPULO AMADO A SU DERECHA EN LA ÚLTIMA CENA ES OTRO JUAN DISTINTO Y DESCONOCIDO? ¿Un JUAN gnóstico y misterioso? ¿Un JUAN salido de una mente excéntrica, gnóstica y anglosajona que quiere enmendar la plana al sentido común y a la Tradición?.

    Ahora resulta que Juan no es el discípulo amado, y que los apóstoles eran 13 (..y si el segundo Juan no era ni siquiera apóstol pero se sentaba a la derecha de Jesús en la última cena, y además no se le menciona en ningún otro evangelio ni en ningún otro texto, todavía más ridículo. Un personaje misterioso y desconocido que era al que Jesús más amaba y que nadie le menciona, pero luego al que le entrega a Su Madre es al apóstol JUAN -el evangelista- al pie de la Cruz)…. usted mismo, teorizar es gratis.

    1. Apreciado don Fernando, no es mi intención implicarme en ninguna discusión bizantina sobre la autoría del cuarto evangelio; tarea que, más bien, le correspondería a don Laureano Benítez y no a mí .
      A fin de cuentas, lo verdaderamente importante, no es quién lo escribió sino su inspiración divina (según la Tradición y el Magisterio de la Iglesia). En eso, al menos, pienso que estaremos de acuerdo.
      Un saludo.

      1. Sí, en la fe lo importante es lo importante… pero este tipo de conjeturas e hipótesis excéntricas estimulan la duda en la Tradición, y además a mí sólo me interesa la Verdad, y realmente creo que San Juan era el discípulo amado (como dice la lógica y el sentido común a la luz del nuevo testamento y de la Tradición)… aunque ciertas teorías no perjudican el mensaje central ni la doctrina, no por ello debemos quedarnos callados cuando pensamos que algo sencillamente no es verdad.

        Es como la teoría de la evolución… no contradice la revelación (Dios pudo haber hecho al hombre a través de unas leyes evolutivas), pero es que realmente no hay pruebas de ningún salto entre especies, todos los «eslabones» evolutivos están perdidos. Por lo tanto el evolucionismo ni siquiera es una teoría, es tan sólo una hipótesis. Es mucho más coherente con los hechos el diseño inteligente. En todo caso a día de hoy no se puede demostrar ni una cosa ni la otra, ya que ningún laboratorio tiene 500.000 años para hacer experimentos. A día de hoy no se han encontrado fósiles (ó animales vivos) que representen un paso intermedio entre dos especies cualesquiera. Tampoco se ha conseguido que a través de cambios genéticos se pueda formar una nueva especie (y se ha intentado durante décadas, por ejemplo con la mosca del vinagre que tiene un código genético que muta con muchísima facilidad).

        Inventarse un nuevo JUAN porque alguien de Oxford ha querido lucirse con una nueva teoría, puede ser brillante intelectualmente, pero va contra la Tradición y contra las revelaciones privadas, y es buscarle tres pies al gato de algo importante y bonito como es la figura de San Juan (que yo tengo la certeza de que era el apóstol amado, como se deja ver claramente en el nuevo testamento aplicando la lógica).

        Hay ciertos escolásticos (no hablo de Don Laureano que sólo se hace eco de la hipótesis) que son capaces de demostrarte con brillantía que dos más dos son cinco… ¡bravo!, pero no es verdad.

      2. …por cierto, por error he pensado que los comentarios eran de Don Laureano (como el tema de sacar dos Juanes diferentes de manera «excéntrica anglosajona» me indignó un poco, erróneamente asumí que los comentarios eran de él, por eso mis comentarios aludían al autor del artículo… perdón por la confusión)

  4. …pequeña reseña del APOSTOL Juan:

    El 27 de Diciembre es el día de San Juan Evangelista. Tuvo la dicha de ser el discípulo más amado de Jesús. Nacido en Galilea, era hermano de Santiago el mayor y pescador como él y su padre Zebedeo.
    Juan, junto a Pedro y a Santiago, era de los preferidos de Jesús y tuvo la dicha de contemplar grandes milagros a ellos reservados como la transfiguración en el monte Tabor. También los tres fueron testigos más cercanos de la agonía de Jesús en Getsemaní.

    A Juan y a Santiago se les conocía, por su carácter fuerte, como «hijos del trueno», pero la acción de Dios en sus corazones los convirtió en sencillos y humildes. Juan recostó su cabeza sobre el corazón de Cristo en la última Cena, y fue el único apóstol presente al pié de la cruz en el monte Calvario. Algunos atribuyen esta valentía a que Juan era el único apóstol virgen, y en esos trágicos momentos no tenía la preocupación del futuro de su prole porque no la tenía. Esta consideración apoya considerablemente el don del celibato en los sacerdotes, de modo que puedan ofrecerse sin tasa a Dios y al prójimo sin que ataduras humanas recorten su entrega a la Iglesia. Cristo hizo a Juan, en sus últimos momentos de la cruz, su último y maravilloso regalo: su madre María a quien confió su custodia. Juan la cuidó como el más cariñoso de los hijos. El domingo de Resurrección corrió tanto que llegó primero a la puerta del sepulcro, pero se detuvo y dejé pasar primero a Pedro. En ese gesto de humildad todos aprendemos a respetar la jerarquía de la Iglesia y sobre todo al Vicario de Cristo el Papa, y a recordar que el magisterio de la Iglesia tiene siempre la definitiva palabra en la interpretación de la Biblia, tal y como recuerda el Concilio Vaticano II (constitución Del Verbum).

    Juan fue el único apóstol que no sufrió martirio. Vivió hasta final del siglo I, aunque antes había sido apresado por la autoridad romana que lo sentenció a muerte. Milagrosamente salió intacto de una horrible tortura (ser sumergido en aceite hirviendo) y el verdugo enfurecido lo envió desterrado a la isla de Patmos donde escribió el Apocalipsis. Después volvió a Éfeso, su casa, donde escribió el cuarto evangelio cuyo símbolo es el águila.

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