Recordando y festejando el Día de la Victoria

Dibujo origial del autor: José Luis Díez Jiménez

La victoria de los Nacionales tras la batalla del Ebro significó la destrucción casi definitiva del ejército del Frente Popular, que, al fracturarse en dos, dejó despejado el avance hacia Cataluña. Y así fue, en efecto, como los ejércitos de Francisco Franco llegasron a Barcelona, camino de la frontera con Francia, poco antes de proceder a la ocupación de los pasos gerundenses hacia el país vecino que van desde Puigcerdá hasta Portbou, donde se izó la bandera Roja y gualda.

Al gobierno republicano a penas le quedaban territorios en el centro de la Península y en el sur. Pocos. Es así que la ofensiva nacional de los meses de febrero y marzo fue un avance hacia el final del conflicto, decidido y certero.

En Madrid se acentuó el conflicto cuando el presidente de la Republica, el socialista Juan Negrín, cesó al coronel Segismundo Casado por destituir al jefe del ejecutivo republicano y crear el autodenominado Consejo Nacional de Defensa, como medida previa para negociar una paz honrosa con Franco, no sin antes verse obligado a enfrentarse militarmente en la capital con los comunistas, partidarios de resistir hasta el final.

Mientras se perpetraba ese golpe de Estado “casadista” en Madrid, se consumó la huida vergonzosa y cobarde de los presidentes Negrín, Companys y Aguirre, arrastrando con ellos, y en abandono, a miles de milicianos rojos.

La ocupación de Madrid se logró sin disparar un solo tiro y sin llegar a convertir a la ciudad en un campo de batalla. Hubo rendición y una Victoria con mayúscula, absoluta, rotunda y clara. Aquella hora llenó de alegría y de contento al pueblo español y, siguiendo el ejemplo de la iglesia del Buen Suceso de Madrid que echo las campanas al vuelo, oyénrose también en todas nuestras catedrales y templos, tanto en el norte como en el sur, en levante como el oeste, gritando al viento que Franco era invencible y que Madrid era ya de España.

Consumándose así el triunfo de los valores tradicionales y la alegría colectiva que inspiró aquella jornada del 1 de abril 1939, con el famosísimo y último bando de guerra, firmado de puño y letra por Generalísimo Franco en el burgalés Palacio de la Isla, y que fue leído por el actor y locutor Fernando Fernández de Córdoba en Radio Nacional: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.”

Dando, con ese último Parte de Guerra, por terminado el período más funesto de la Historia contemporánea de España. Etapa que dio comienzo el 14 de Abril de 1931 con el advenimiento de la II República, y con ello, el más atroz desorden creciente, que muy pronto derivó en abiertos actos criminales contra la vida y propiedad de las personas; la culminación de tan “democrático” período tuvo lugar el 26 de Febrero de 1936 cuando el Frente Popular,  tras un pucherazo electoral, se hizo con el poder y el insostenible caos que vino a continuación, junto con las represiones, las huelgas, los sacrilegios, las profanaciones, los asesinatos y el dolor, amén de la separación de facto de las provincias catalanas y vascas, así como la pretensión de destruir la Patria a base de fabulosos y espantables contubernios de delincuencia común, con una total falta de orden público, armonizado por una sovietización sin precedentes.

Lograda la victoria contra la horda marxista, Franco dejó muy claro en su primera alocución cual sería el tipo de Gobierno que ejercería tras la guerra civil en el contexto de Europa y de Reconstrucción Nacional: «Un estado totalitario armonizará en España el funcionamiento de todas las capacidades y energías del país, en el que, dentro de la Unidad Nacional, el trabajo, estimado como el más ineludible de los deberes, será el único exponente de la voluntad popular. Y merced a él, podrá manifestarse el auténtico sentir del pueblo español a través de aquellos órganos naturales que, como la familia, el municipio, la asociación y la corporación, harán cristalizar en realidades nuestro ideal supremo. En una palabra, la semilla de nuestro patriotismo regada con la sangre de tantos mártires, hará fecunda la cosecha, de la cuál, las mejores espigas las hemos de depositar en el augusto altar de la Patria.”

Palabras que Francisco Franco, como gobernante católico, inteligente y moderado, cumplió desde aquel 1 de abril 1939, día de la Victoria, hasta el fin de sus días. Devolviendo España a los españoles, abriéndonos las puertas a un futuro excepcional, sacándonos del subdesarrollo y poniéndonos en primera fila del desarrollo económico, social, cultural, sanitario…, tras coger con sus manos, de verdadero patriota y español, las riendas de la Patria y tomar siempre sus decisiones pensando en el bien de todos los españoles, y dándonos, durante 39 años, paz, prosperidad y bien estar.

Podemos decir hoy, en su 80º aniversario, que Francisco Franco, el Caudillo inolvidable, además de haber sido el mejor gobernante para el pueblo español de los últimos siglos, fue el hombre providencial que neutralizó la acción del comunismo totalitario en España, evitando que nuestra Patria se convirtiera en un Gulag soviético como ocurriera con las naciones del Este europeo al poco tiempo de concluir la II Guerra Mundial. Otra premisa a considerar, fue la recuperación, aquel 1 de abril de 1939, de la Unidad Católica perdida el 14 de abril del 1931, y consiguientemente la cooperación del Estado Nacional con la Iglesia Católica en la formación humana y cristiana de la sociedad, en línea con la Confesionalidad Católica tradicional e histórica de nuestra Patria, conformando los Principios Fundamentales y la legislación española en la doctrina de la Iglesia, que fueron la expresión  de que España volviese a ser nuevamente la tierra de María Santísima, razón por la Asociación para la Reconquista de la Unidad Católica para España, a la que represento como Secretario General, y en unión con todos sus miembros, segamos celebrando esta fecha histórica, del día de la Victoria, a pesar del que el infecto y siniestro sistema que rige nuestros destinos se empecine en silenciarlo, ocultarlo y desmemoriarlo.

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2 thoughts on “Recordando y festejando el Día de la Victoria”

    1. Francisco, le agradezco muy de veras su comentario, al mismo tiempo que le doy gracias por darme ánimos a seguir con esta labor tan necesaria en estos tiempos de confusión tan grave y crucial aflicción que sufre el pueblo español.
      Estoy convencido de que aquel 1 de abril de 1939 marcó un hito en nuestra historia. Terminada la Cruzada de Liberación Nacional, en nuestra Patria se trasformó el puño “cerrao” en la mano abierta y tendida a la paz, y volvió a reír la primavera durante décadas, generando el periodo de mayor productividad y desarrollo que hemos disfrutado los españoles, hasta que, la traición y el perjurio, arrió las banderas victoriosas y entregó, caso único e insólito en la historia, la VICTORIA a los vencidos.
      Hoy, cuarenta años después, estamos padeciendo los resultados desastrosos y nefastos de esa entrega, subyugados bajo un sistema luciferino amparado por una Constitución atea que nos asfixia a impuestos, crea leyes inicuas, destruye la familia y enfrenta nuevamente a la sociedad, llevándonos a una ruina permanente y cada vez más decadente en todos los estamentos.
      Razones, más que suficientes para añorar, 80 años después, aquel día de la Victoria.
      Reciba un saludo a nuestro estilo, José Luis Díez.

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