Regreso a la patria (de los divisionarios)

Hace 67 años, el 2 de abril de 1.954, los últimos prisioneros en las cárceles rusas, voluntarios de la División Azul, desembarcaban en el puerto de Barcelona tras una década de sufrir prisión en la Rusia soviética.

Aunque la II Guerra Mundial terminó en 1945, hubo casi 300 españoles, que sufrieron sus consecuencias durante una década más, hasta que, el 2 de abril de 1954, llegaron a la patria a bordo del Semíramis, un destartalado barco liberiano de la Cruz Roja Francesa encargado de devolver la sonrisa a los prisioneros que consiguieron sobrevivir a la cárcel comunista del régimen de Stalin y fueron repatriados desde el puerto de Odesa a España.

 

En el puerto de Barcelona, miles de personas enardecidas esperaban a los repatriados que lograban, al fin, dejar atrás “el terror rojo”, y una gran emoción embargaba tanto a los que llegaban como a los que esperaban.

Allí, los ánimos se iban caldeando minuto a minuto, gracias a las ondas de Radio Nacional, que retransmitían los nombres de los afortunados supervivientes, permitiendo, que los liberados y sus familias intercambiasen conversaciones. Estando todos al borde del colapso emocional preparándose para un acontecimiento colosal.

Cuando el buque Semíramis de la Cruz Roja se disponía a atracar en el muelle de la Estación Marítima de Barcelona, las estribaciones de Montjuïc, el Portal de la Pau, así como los aledaños del monumento de Colón se hallaban anegados por la presencia de la ciudad entera en este conmovedor recibimiento formado por una marea de ciudadanos expectantes junto con cientos de familiares, amigos y allegados, que, con júbilo sin igual, deseaban abrazar a sus seres queridos que, desde hacía tiempo, ya habían dado por perdidos.

Desde la cubierta del barco, los pasajeros embargados de emoción correspondían a aquella indescriptible bienvenida con los ojos abrasados en lágrimas, causada por la visión de la patria después de tantos años, y volver a encontrar a sus familiares y camaradas. Centenares de embarcaciones salieron al encuentro del barco y las sirenas de las naves resonaron en el aire. También se hallaban en el muelle una representación de la Cruz Roja, con sus enfermeras y las del Cuerpo de Sanidad Militar preparadas para atender a los repatriados, cuyo estado de salud requiriese un cuidado especial.

La odisea de los repatriados del Semíramis que habían logrado acabar con su pesadilla, tocaba a su fin.

El ritmo de las maniobras de atraque era demasiado lento para el desasosiego de los que llegaban y de los que aguardaban. La impaciencia sentimental era tan grande que los que esperaban no pudiendo aguardar más, saltaban al barco encaramándose por la borda. Todos los medios eran buenos para llegar hasta la cubierta y poder dar el deseado abrazo de bienvenida. Los gritos emotivos y apretados abrazos pusieron el contrapunto a este espectáculo humano arrebatador. La invasión se generalizó y pronto el Semíramis estaba lleno de familias y amigos de los repatriados, que les hacen objeto de sus cariñosas muestras de alegría. Muchos de los que regresan habían sido dados por muertos o desaparecidos y por eso su retorno tiene en ciertos casos los caracteres de una resurrección.

El buque atracó en el puerto de Barcelona a las 5:35 horas de la tarde, con los repatriados de Rusia. Y desde ese momento las escenas de emoción dejaron un imborrable recuerdo en todos cuantos las presenciaron. Se mostraban e izaban al cielo las fotografías de los seres queridos a los que dentro de unos instantes los tendrían al lado del corazón. Los parientes de los repatriados gritaban los nombres queridos y desde el barco la mirada de todos respondía como un eco.

En nombre de S.E. el Jefe del Estado pasaron a bordo para dar la bienvenida a los repatriados de Rusia, el que fuera su primer comandante y Jefe de la División Azul, y posteriormente ministro del Ejército y vicepresidente del gobierno, Capitán General Agustín Muñoz Grandes y el Ministro Secretario General del Movimiento Raimundo Fernández Cuesta, a quienes acompañaba el Delegado Nacional de Sanidad Agustín Aznar.

Los repatriados comenzaron el desembarco y a pasar al muelle, registrándose nuevas y desgarradoras escenas de emoción, en las que algunas mujeres, no pudiendo soportar más, caían en profundo desmayo. Eran unas escenas de agitación ilimitada que dejó a más de uno de los pasajeros sin resuello: besos, llantos, abrazos, reencuentros entre padres e hijos, conocimiento de buenas y malas nuevas, un auténtico delirio jaleado por la enfervorizada multitud.

Barcelona acababa de rendir un gran tributó a los repatriados con un recibimiento tan extraordinario y fervoroso, que toda su población pudo sentirse orgullosa.

Tras este acontecer de alegría, algunos de los recién llegados partieron en autocares de la Estación Marítima para dirigirse a la Basílica de la Merced, otros lo hicieron acompañados por sus familias por las calles de la Ciudad Condal, entre constantes demostraciones entusiasmo, porque allí iban a celebrarse una salve de acción de gracias por su liberación y reivindicar que su estancia en “tierra roja” no les había hecho perder la fe.

Llegados los liberados a la Basílica, donde les esperaba el arzobispo doctor Modrego, se celebró la ceremonia de acción de gracias, y elogió la entereza de los que habían sabido sufrir de esa manera las penalidades del cautiverio, al tiempo que dio gracias a Dios por que ya se hallaban en la España que Franco conducía por caminos de libertad y de grandeza.

Nuestra Cruzada de Liberación Nacional había finalizado hacía quince años, por lo que la vuelta de aquellos españoles dados ya por muertos, retenidos contra su voluntad por las autoridades soviéticas, recluidos en su mayoría en campos de concentración, constituyó aquel 2 de Abril de 1954 un auténtico milagro.


3 respuestas a «Regreso a la patria (de los divisionarios)»

  1. El Capitán Palacios.
    El Teniente Castillo.
    Y 298 héroes más, dieron un ejemplo de conducta heroica sin parangón en el Mundo.
    Tuve el honor de ser vecino de rellano del Capitán Palacios.
    Me acuerdo como si fuera hoy del regalo que me hizo en mis primeras onomásticas que mi memoria infantil recuerda: «un carromato de cuerda del oeste».
    Más tarde, en la Ciudad de Ronda, un hermano de mi padre, me presentó al Teniente Castillo.
    Es como un milagro de la casualidad.
    ¡¡Muchas Gracias!!

  2. Cuando España era España, y estaba habitada por españoles de verdad.
    «Embajadores en el Infierno» del Capitán D. Teodoro Palacios Cueto y T. Luca de Tena, es uno de tantos libros que deberían leerse en el bachillerato y están postergados hasta de las academias militares (en España, no en el extranjero que incluso la película fue adquirida por el Ejército de los EEUU en plena Guerra de Corea para enseñar a sus soldados y oficiales, en caso de caer prisioneros de los comunistas, la actitud de los soldados españoles como modelo a seguir).

    La lección de honor que dieron estos hombres, ha quedado para la Historia militar y para la posteridad.

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