¿Repetirá Chile lo peor de su historia?

Gabriel Boric

Gabriel Boric, todo un revolucionario marxista-leninista, se ha hecho con la presidencia de Chile y, por ende, pues es una república presidencialista, también con el poder ejecutivo. De esta forma, el marxismo-leninismo vuelve a tomar las riendas de Chile, país que viene desde hace tiempo desbarrando azotado por vientos revolucionarios que traen ahora estos huracanes. ¿Volverá Chile a repetir lo peor de su historia, es decir, aquella etapa marxista-leninista que protagonizó el infame Salvador Allende?

Recordemos los principales hitos de aquel experimento socialista que, como todos, acabó en la necesidad de una intervención quirúrgica para evitar la imposición de la peor de las dictaduras: la comunista.

Allende

Salvador Allende Gossens (1908-1973), procedía de familia acaudalada. Su abuelo, Ramón Allende, había sido Gran Maestre del Gran Oriente chileno y senador por el Partido Radical. Su padre, notario y abogado, fue también masón y político. Por supuesto que Salvador Allende ingresó también en la Masonería. Estudió medicina, especialidad en cirugía. Pero en realidad lo suyo nunca fue eso, sino el activismo político marxista ya desde sus tiempos de estudiante. En 1937 fue elegido diputado por el Partido Socialista; tenía 29 años. Siempre orbitó en la esfera del partido comunista con el que se alineó constantemente. Fracasó en sus intentos por llegar a presidente en tres ocasiones: 1952, 1958 y 1964, siempre en coalición con otros grupos revolucionarios marxistas bajo la siglas del FRAP (Frente de Acción Popular).

El 4 de Septiembre de 1970, el resultado de las elecciones presidenciales dio como candidato más votado a Salvador Allende encabezando una coalición entre el Partido Socialista, los comunistas y radicales de centro, además de otros grupos de la extrema izquierda. Pero al no haber obtenido la mayoría absoluta candidato alguno, era función del Parlamento designar al Presidente. Dado que los candidatos conservadores y democristianos (Jorge Alessandri y Radomiro Tomic, que entre los dos sumaban el 62,7% de los votos) fueron incapaces de llegar a un acuerdo para gobernar e impedir que Allende accediera al poder, fue éste el designado. La «derecha» siempre y en todas partes igual de idiota.

Eduardo Frei

Allende sustituía a Eduardo Frei, un democristiano de centro-izquierda que entre 1964 y 1970 gozó de un amplio apoyo popular y que había liderado una etapa de lento pero firme desarrollo económico y social en todos los campos con elevación de la calidad de vida de las clases desfavorecidas con reformas de calado.

Allende comenzó a imponer su programa político a pesar de no contar con mayoría absoluta gobernando mediante los llamados «decretos con fuerza de ley» sin necesidad de aprobación del legislativo, con un marcado intervencionismo estatal en todos los sectores de la sociedad, desde la economía hasta la educación y por supuesto sobre los medios de comunicación.

El primer año fue de moderación, según lo previsto por Allende y sus colaboradores. Unidad Popular logró una importante victoria en las municipales de 1971 (con el 49,73% de los votos), con el apoyo de la URSS, que facilitó créditos blandos, y la visita de Fidel Castro que enardeció a las masas marxistas, materializando el inicio de una cada vez más firme cooperación con su dictadura.

Sin embargo, la imposición de medidas marxistas pronto dio al traste con lo poco que quedaba de la etapa Frei de la cual en realidad Allende y los suyos habían vivido ese primer año. Se crearon las JAP (Juntas de Abastecimiento y Precios), grupos de vecinos cuya misión era denunciar y controlar a los comerciantes que se negaban a participar en los planes estatalistas. Las expropiaciones. La emisión descontrolada de papel moneda. La inflación se disparó. La inversión extranjera se evaporó. EE.UU. se puso en contra. Llegó la falta de divisas y la imposibilidad de adquirir productos importados. Y el giró hacia el Movimiento de los Países No Alineados, y el acercamiento  a Cuba y a la URSS y al bloque del Este.

Las cifras comenzaron a rechinar. La inflación pasó de un 34,5% en 1971 a un 605,9% en 1973. La tasa de crecimiento entró en recesión de un +9% en 1971 a -5,6% en 1973. El déficit, de un -2,7% de 1970 a un -244,79% del presupuesto de 1973. Las reservas de divisas de 320 millones de $ en 1970 a 36 millones de $ en 1973. La balanza comercial del superávit +246 millones de $ en 1970 a un déficit de – 73 millones de $ en 1973. El mercado negro multiplicó un 2.372% en apenas dos años su peso en la economía real. Se aumentaron por ley los salarios, pero de nada sirvió pues la pérdida del poder adquisitivo era galopante reduciéndose en un 80% para 1973. Los sucesivos planes de estabilización fracasaron estrepitosamente. Desabastecimiento constante de productos de primera necesidad. Escasez de carburantes. Aumento desbocado de precios. Un desastre.

Y, en vez de entonar el mea culpa… Allende y los suyos comenzaron a apretar su vía hacia la dictadura poniendo en marcha iniciativas revolucionarias marxistas como: los Comandos Comunales, los Consejos Campesinos, los Comités de Vigilancia, las ocupaciones de fincas, industrias, empresas, etc. Y la violencia callejera –asesinatos incluidos–, contra todo aquel que se oponía o simplemente protestaba por lo que era evidente: el desastre total.

El 1972, Allende intentó nacionalizar la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones principal suministrador de papel a la prensa opositora con el objetivo de cerrarla, pero tropezó con los propietarios y también con los trabajadores.

Crecían las huelgas de uno y otro signo, porque el desastre era absoluto. Los enfrentamiento de unos contra otros previa provocación o sin ella. El caos.

Ante los rumores de un golpe militar, Allende maniobró nombrando un nuevo Gobierno que llamó, demagógicamente, de «Paz Social» en el que incluyó a varios militares marxistas, destacando el Gral. Prats que se hizo cargo del ministerio del Interior; pero fue peor, porque el malestar en las Fuerzas Armadas creció ya que dichos jefes en realidad no tenían en su seno ni apoyo ni prestigio, sino todo lo contrario.

En Marzo de 1973 las elecciones legislativas dieron vencedor a la coalición del Partido Nacional y la Democracia Cristiana, pero sin los suficientes votos para destituir a Allende quien, erre que erre, como buen marxista, a pesar de su minoría y del desastre siguió apretando en su «vía hacia el socialismo» aún con el poder legislativo en contra, lo que intentó superar promocionando una nueva Constitución de corte, claro está, marxista. Fue la guinda que colmó el vaso, porque era saltarse las reglas del juego que en Chile venían siendo respetadas desde hacía mucho, siendo en tal sentido posiblemente la única democracia estable del continente salvando los EE.UU. y Canadá.

La huelga en Abril y Junio de 1973 de la importante mina de cobre El Teniente, que enfrentó a sindicatos y trabajadores, fue reprimida cruelmente por Allende. El 22 de Agosto, la Cámara de los Diputados reprobó a Allende por atentar «contra el patrimonio cultural y moral de la nación (…) y negar, en la práctica, toda posibilidad de vida democrática (…) usurpando al Congreso su principal función, que es la de legislar (…) de detenciones ilegales (…) flagelaciones y torturas (…) con el objetivo de sustituir a los Poderes legítimamente constituidos y servir de base a una dictadura totalitaria».

El golpe del Gral. Pinochet, respaldado por la totalidad de las fuerzas armadas y de seguridad, así como de amplísimos sectores civiles, terminó con aquello, suicidándose Allende en la Casa de la Moneda.

La posterior mitificación, hasta nuestros días, de etapa tan desastrosa como fue la socialista de Allende, forma parte de la clásica manipulación de la verdad que el marxismo-leninismo elabora siempre.

¿Y España? ¿Hemos aprendido algo de lo dicho?


2 respuestas a «¿Repetirá Chile lo peor de su historia?»

  1. Sin duda alguna.
    Y lo peor es que ahora no hay ningún Pinochet a la vista…, de la misma forma que en España no tenemos a ningún Franco dispuesto a «corregir» los desmanes de la ultraizquierda.
    Estamos solos, totalmente solos, pero los tenemos rodeados, con la fuerza de la razón.

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