Respecto al Colón y los supuestos motines a bordo

Por un descuido mío, se quedó sin publicar una trascendente consideración relativa al autohundimiento de la Escuadra. Por amabilidad del editor, y esquemáticamente para no cansar al sufrido lector, lo pongo a continuación.

«El Colón, que había navegado hacia el Oeste y que logró recorrer una distancia de cuarenta y cinco millas antes de encallar, sufrió muy poca pérdida de vidas, de hecho ninguna de nuestra artillería, y el barco en sí sufrió pocos daños, un par de proyectiles de cinco pulgadas del Brooklynque penetraron en su superestructura. Sus oficiales, sin embargo, habían tenido severos enfrentamientos con sus propios hombres. Les habían dado un complemento extra de licor antes de que salieran del puerto, y habían repartido el dinero de la caja fuerte del pagador, con el resultado de que después de que el barco hubo zarpado del puerto, varios de los hombres se negaron a trabajar en los fuegos y las calderas. Varios de los oficiales sofocaron el motín matando a tiros a algunos de los hombres, y cuando el barco se rindió, se encontraron seis cuerpos tirados en la cubierta cerca de la superestructura, con agujeros de bala de pistola en ellos. Que los oficiales del Colón esperaban ser finalmente capturados después de presenciar la destrucción del resto de su flota se evidencia por el hecho de que tenían sus baúles listos para ser sacados, y que en el cargamento de oficiales que trajimos al Brooklyn, un oficial había atado con correas todos los libros de bitácora del Colón. Tuve el honor de quitárselos y entregárselos al almirante Schley».

Tomado del libro Schley and Santiago: An Historical account of the Blockade and Final Destruction of the Spanish Fleet Under Command of Admiral Pasquale Cervera, July 3, 1898. De George-Edward Graham. Editorial W.B> Conkey, Chicago 1902, Reprinted in 2023. Graham fue un periodista norteamericano, testigo directo de los hechos al estar embarcado en el Brooklyn, y que, por cierto, moriría posteriormente en el Titanic.

Claramente, la versión del motín que recoge el periodista yanqui es la versión oficial del mando del Colón. Seguramente hubo conato de amotinamiento, pero más que probablemente fue causado por el rendirse el barco (arrió bandera) sin luchar y sin necesidad, “porque sí”, como recogió de otros oficiales de la escuadra, y escribió, el médico del Teresa (ver cuadro adjunto). El Colón arrió la bandera de combate y disparo una bengala, lo cual significaba rendirse; luego se lanzó contra la costa, lo cual es un acto de guerra al inutilizar el buque rendido, por lo que los yanquis se quejaron. El Colón quedó prácticamente intacto pero al intentar remolcarlo el New York, el agua acumulada en las sentinas a consecuencia del “abrir grifos” le hizo zozobrar irremisiblemente. Los yanquis también se protestaron de aquel otro acto de guerra de un buque rendido.

Curiosamente, George-Edward Graham fue también quien descubrió los libros de bitácora que ocultaban los marinos españoles. De ellos los yanquis hicieron un “Extracto” que fue enviado para su publicación por el crucero acorazado New York, apareciendo en las páginas de la revista Proceedings del U.S. Naval Institute en su número 87, correspondiente a septiembre de 1898, con la guerra hispano-estadounidense recién finalizada y en plenas negociaciones de paz. Del Cuaderno de Bitácora habían sido arrancadas páginas del último día.

Resulta particularmente esclarecedor el testimonio del teniente del “Ejército Libertador” mambí Santiago Cuesta Felizola, ayudante del Coronel José Candelario Cebreco y que fuera publicado en la revista cubana Carteles (6 de junio de 1941, reproducida en la revista Bohemia de 27 de junio de 2003 [AQUÍ], también cubana); el relato está firmado por Gustavo Placer Cervera. Dice el oficial mambí:

“Después que terminamos nuestro trabajo de recoger náufragos y enterramientos en la playa de Juan González seguimos recorriendo la costa (…) Nos encontramos con dos hombres completamente desarmados, uno era joven, y el otro, de alguna edad. Al vernos, el de más edad dirigió la palabra al Sargento Dalés, rogándole que le hiciera el favor de facilitarle el fusil que portaba, petición que repitió con obstinada y sospechosa insistencia. Al preguntarle para qué necesitaba tener en su poder tal arma, siendo como era un prisionero de guerra, contestó que era con objeto de que su compañero lo custodiara, pues como era el jefe de la escuadra española, o sea, el almirante Cervera, temía que fuese objeto de algún ataque (su persona, Cervera). Nos negamos por completo a entregarle el arma que interesaba, sin venir a nuestra mente ningún comentario en aquellos momentos que pudiese adivinar el motivo de la petición… Le dimos toda clase de seguridades de que no sería molestado y se le guardaría el respeto debido entre militares y nadie se atrevería a tocarlo. El almirante estaba en traje blanco sencillo y con una gorrita blanca; el acompañante en camiseta y pantalones blancos”.

El estar prisioneros fuera del grupo de encabezados por Cervera, el jurar no hacer armas contra sus captores y el viaje a Gibraltar, individual y por separado, de Concas y Díaz-Moreu, debía tener como explicación el mismo temor “a sufrir algún ataque” que tuvo Cervera.

¿Tan descabellado es ver numerosos y sólidos indicios de traición en el 98?

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