Rey Felipe, Rey Felipe, no dirás que no te aviso

Rey Felipe, Rey Felipe

No dirás que no te aviso

Que dentro de la Moncloa

Un alevoso se ha metido

NOTA: Con el título de “La Coronación de Felipe VI” escribí este artículo que finalmente no vio la luz, aunque algunas de sus razones las utilizara luego para el artículo “El naufragio del 23F”. Ahora, al haberse aprobado la nefanda ley de la memoria democrática, que ha entrado en vigor como es preceptivo con la firma de S.M El Rey, pienso que cobra de nuevo actualidad. Y por ello, aunque con título distinto, se publica en El Español Digital.

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Un viaje familiar me ha impedido seguir en los medios de comunicación social los fastos de la coronación de Felipe VI. La verdad sea dicha, ello no me ha producido ninguna contrariedad. Y digo esto porque mi curiosidad no podía ser satisfecha por los medios de comunicación que cubrían el acto.

Porque mi gran duda era si S.M. Felipe VI, al jurar la Constitución, cruzaría los dedos como sin duda debió hacerlo su augusto padre al jurar las Leyes Fundamentales del Reino y Principios del Movimiento Nacional. Y al no ser posible saberlo, somos muchos los españoles que para salir de la incertidumbre deberemos esperar a la fecha en que está prevista la consulta soberanista en Cataluña.

Yo le deseo a S. M. Felipe VI, por el bien de España, mucho éxito en su reinado. Porque indudablemente lo va a tener muy difícil. Ya que por expreso deseo de su padre la figura del Rey es meramente ornamental. Que en definitiva eso, y no otra cosa, significa el “papel moderador de la Corona” asignado en la Constitución… Papel mojado cuando a los españoles en liza, enfrentados en nueva lucha fratricida, no les dé la “real gana” de que alguien los “modere”. Y además debemos admitir que los adornos suelen pasar pronto de moda y generalmente suelen terminar arrumbados en un desván. El desván de la historia para el caso que nos ocupa.

Ciertamente Felipe VI no lo tendrá fácil. Deberá “desfacer” los entuertos heredados. Y en primer lugar habrá de conseguir que se derogue, o se modifique sustancialmente, la infame Ley 52/2007 torpedo bajo la línea de flotación de la Corona.

Al hilo de su cita del Quijote en la coronación “Ningún hombre es más que otro si no hace más” bien podría meditar sobre otras muchas sabias sentencias del Hidalgo Manchego. Empezando por aquella: “Siempre oí decir, amigo Sancho, que hacer bien a villanos es como echar agua al mar” recordando al hilo de tan sabias palabras el comportamiento de su augusto padre con Franco.

Y no debe olvidar S.M. Felipe VI que en España se encuentran hidalgos entre las capas más desfavorecidas de la población. Como también villanos entre los más encumbrados estamentos sociales. Y que el nuevo Rey, por ganarse a los villanos, no debe volver la espalda a los hidalgos uno de cuyos principales rasgos es la fides ibérica. La lealtad al caudillo… y a la palabra empeñada.

El querer ser “rey de todos los españoles” está muy bien. Pero que no siga la senda de su padre pretendiendo serlo, principalmente, de todos los antiespañoles. Porque es la forma más segura de dejar de serlo. De unos y de otros.

La cuestión es de estricta justicia. También lo es para la supervivencia de la Corona. Tenga en cuenta S. M. el viejo refrán: “De ser bien nacidos es el ser agradecidos” algo que al parecer olvidó su progenitor, el hoy Rey emérito.

Un consejo Señor; no deje que le cuenten la reciente historia de España. Ni sus enemigos ni los cortesanos. Recuerde que los enemigos de España lo son también de S.M. y tenga presente la moraleja de la fábula del perro y el cocodrilo: ¡Oh que docto perro viejo! yo venero su sentir, en eso de no seguir del enemigo el consejo. Estudie y medite personalmente la reciente historia de España. Y puede servirle para ello estas consideraciones que con toda lealtad le expongo:

…No hace tantos años la nave del Estado estaba en situación dramática. En plena rompiente y a la deriva. Sin gobierno, pues el comandante la había abandonado a su suerte poniéndose a salvo, él y su familia. En tan caótica situación uno de los oficiales, por propio honor y espíritu, pero también por amor a la nave y a la dotación que estaban en trance de perderse, asume el mando. Primero debió dominar un motín a bordo que, como suele suceder, es suscitado cuando ante el peligro inminente de zozobrar el comandante abandona la nave y esta queda al garete.

El nuevo comandante toma el mando en una situación de vida o muerte. Domina el motín y luego, tras penalidades sin cuento, restablece la situación. Al principio auxiliado por la parte de la dotación que le ha sido fiel. Luego por todos, al comprender que gracias a él la nave ha recuperado su rumbo, alejándose primero del peligro y sorteando después con su pericia otros muchos que acecharon en las nuevas singladuras. En definitiva, que tras reparar los destrozos del temporal consigue navegar en bonanza durante cuarenta años.

Porque cumplida su misión, con mano firme y experta, pilota la nave del Estado en demanda del magno puerto que corresponde a su gloriosa historia. Y cuando por ley de vida rinde viaje, entrega el mando al nieto de aquel comandante que abandonó el barco cuando el motín a bordo lo dejó sin gobierno y dirigiéndose irremediablemente a estrellarse en los acantilados.

No le ofrece el mando al hijo, pues desembarcado también con el padre en aquella dramática situación, cuando la nave vuelve a estar en peligro durante su difícil travesía histórica, pretende que aquellos amotinados que fueron obligados a desembarcar tras ser dominado el motín, quiten el mando al comandante salvador de la nave y se lo entreguen a él.

Y cuando el nuevo comandante (nieto del desertor) asume el mando por obra y gracia del Salvador -no el de los cielos, el de la patria-  jura sobre los Santos Evangelios cumplir las normas de navegación y demás disposiciones que salvaron a la nave del peligro y que son la garantía de que nuevamente no se halle en trance de perderse.

Pero ufano del alto puesto alcanzado, sin sentir ningún agradecimiento porque lo considera su derecho por ley de herencia, comienza a escuchar los cantos de sirena. A escucharlos y a seguirlos. Y entre esos cantos de sirena se encuentran los de de su augusto padre. Transcurren los años, singladura tras singladura. Y el nuevo comandante, en lugar de amarrarse al palo mayor del juramento empeñado -como hiciera Ulises- para no sucumbir al encanto de las sirenas, se deja adormecer por ellas. Y sigue el rumbo de la perdición que estas le marcan por boca de sus cortesanos y de sus enemigos. Desoye el sabio consejo con que concluye la fábula del perro y el cocodrilo “Oh que docto perro viejo, yo venero su sentir en eso de no seguir, del enemigo el consejo” Ya se ha dicho, pero es preciso repetirlo para que el nuevo Rey Felipe VI no cometa el mismo error que su augusto padre.

Y como era obligado, al seguir el mismo rumbo que condujo a su abuelo a los escollos, pronto se ve ante ellos. Consciente del peligro pretende corregir el rumbo con el golpe de timón del 23F. Pero naturalmente es una maniobra difícil y la nave acusa la virada. Crujen las cuadernas y la escora asusta al comandante, por lo que antes de que concluya la virada ordena al oficial de derrota que desista de la maniobra.  Y llevan a la sentina al inocente timonel. Al que precisamente habían seleccionado, por su probada audacia y valor, para que accionara la rueda del gobernalle durante la audaz maniobra.

El desenlace al abortar el golpe de timón no podía ser otro que persistir en el rumbo que conducía al desastre. Y aunque el susto que produjo la violenta virada y la escora a estribor, mantuvo un tiempo en sosiego a los que ya amenazaban de nuevo con amotinarse, pronto volvieron en sus demandas. Y el caso se agravó cuando merced al desgobierno propiciado por la nueva ordenanza implantada en la nave, según la cual al comandante solo le correspondía pasear por cubierta “moderando la navegación” -siendo las decisiones y el mando responsabilidad del segundo- llegó este puesto de importancia vital a manos de un grumete. Bobo solemne para mayor desgracia.

Como ya se ha dicho, pasado el susto y con el bobo solemne en el puente dirigiendo la navegación, la chusma, so amenaza de amotinarse, exigió la que era la más vil de todas sus demandas y la que más saciaba su rencor. Pidió la profanación del cadáver y de la memoria de aquel providencial comandante que había sofocado el motín y que tras salvar la nave le había entregado el mando a quien ahora lo ostentaba “moderando” la navegación. Y como en el caso que nos ocupa la nave no era una de las que surcan los mares, sino la de un Estado que surca la historia, el cuerpo del difunto comandante no había sido echado a la mar con los honores que le correspondían, sino que permanecía en tierra bajo una gran cruz; grandioso monumento a la reconciliación de los españoles en el mutuo perdón como auténticos hermanos. Hijos del mismo Padre.

Pero los enemigos de España -y también de la Corona- siguieron pidiendo a gritos su cuerpo para profanarlo, como antaño se pidiera el de Jesucristo para la crucifixión. En Jerusalén la autoridad de Roma entregó al Justo, aun sabiendo que lo era, por cobardía. Por contentar a sus enemigos, que también lo eran de Roma Y ya es sabido que la historia se repite.

Y el comandante de la nave que acaba de resignar el mando en su hijo, obedeciendo las exigencias de los cuervos -que no obstante siguen esperando el momento de sacarle los ojos- sancionó con la firma “de su real mano” que quien salvó la nave del naufragio y tras engrandecerla se la entregó, fuera fondeado en lo más negro de la historia. Y así se hizo. Pero además, queriendo sepultarlo en el abismo del olvido, ni tan siquiera se le dan los honores de ordenanza. No; es preciso hacerlo con escarnio. La gentuza lo exige. Y en lugar de con las salvas de honor que bien merece, se le despide con los salivazos de una chusma que espera el momento de la revancha. En vez de una bala de cañón amarrada a la mortaja, se lastra su cuerpo con el peso de un odio y un rencor inextinguible, colgándole con una infamante cuerda de esparto unos textos abyectos: las leyes 52/2007 y 20/2022 que al igual que sucede con el INRI perpetuará su infamia a través de la historia.

Todas estas cosas debe meditar muy sosegadamente Su Majestad el Rey Felipe VI.

Ya se ha dicho que lo tiene muy difícil, Pero es imprescindible que reivindique la memoria del Caudillo y de su ingente obra. ¿Se atreverá? ¿O seguirá la senda fácil y el consejo de sus enemigos?

Yo pienso que si es tan inteligente como pregonan, con la cautela que requiere el caso, sin prisa pero sin pausa, iniciará la imprescindible tarea de retirar de la figura histórica de Franco las toneladas de estiércol con que han querido sepultarla. Además de ser justo y necesario es que le va en ello su futuro.

Su augusto padre quiso desvincularse desde un principio de Franco para “hacerse perdonar” que había llegado al Trono por su personal voluntad. Olvidando que también había llegado al Trono por la voluntad del pueblo español, que agradecido a la Jefatura del Caudillo por haberlo redimido de un atraso de siglos, consideró como lo más conveniente el seguir los designios de quien nunca le había defraudado. Votando en consecuencia afirmativamente la Constitución de 1966 que daba carta de naturaleza a las Leyes Fundamentales de Reino y Principios del Movimiento Nacional. Esa es la razón por la que el pueblo español, considerando que esa Constitución de 1966 quedaba garantizada por la nueva Monarquía que sería instaurada cuando se cumplieran las previsiones sucesorias tras la muerte de Franco, la votó masivamente con un rotundo SI.

Y de las muchas muestras de esa buscada desvinculación del Rey ya apuntada, podría destacarse el hecho de que tras la inhumación de Franco jamás el Rey volvió a pisar el Valle de los Caídos. Ni tan siquiera para asistir a una simple misa en un veinte de noviembre. Ese volverle la espalda a quien le había restituido al Trono, permitiendo que los Borbones regresaran a España, es la principal causa del proceso de acoso y derribo a la figura histórica de Franco. Cuya culminación son las dos infames leyes llamadas de memoria que ambos Reyes se han visto obligados a sancionar. Es de suponer que con gran pesadumbre, conscientes de que la Monarquía es su principal víctima, al establecer la falacia de que la legalidad se quebró el 18 de julio de 1936 y en consecuencia no puede haber otra que la dimanada del 14 de abril de 1931

Ante esta peligrosa realidad, y recordando que la legalidad heredada la dilapidó con su perjurio (lo que el Rey me ha pedido, dijo Torcuato Fernández Miranda, artífice del apaño) es muy posible que S.M. el Rey Juan Carlos I le haya dicho a su hijo Felipe VI al abdicar:

“Lo siento hijo, me he equivocado, que no te vuelva a suceder”

Añadiendo a continuación: No cometas mis errores, no pagues con mis ingratitudes, no incumplas tus juramentos, no sigas el consejo de nuestros enemigos….  no borbonees a la Reina ni a los auténticos españoles. De lo contrario, más pronto que tarde, te verás como tu bisabuelo. Y tal vez no tengas como él tuvo la suerte de coger a tiempo un barco salvavidas en Cartagena.

Pero en cualquier caso no debes olvidar que un comandante, si en lugar de salvar el barco o hundirse con él, es el primero en abandonarlo, mancha el apellido. Al igual que lo mancha quien falta a un solemne juramento.

Ahora te corresponderá a ti lavar ambas manchas. Y otras muchas acumuladas por la familia en trescientos años.

Te puse el nombre de Felipe, para que al reinar como Felipe VI, se hiciera evidente la continuidad dinástica. Que eras el heredero natural de Felipe V y que no ibas a encarnar la nueva monarquía instaurada por Franco para la que yo había sido nombrado heredero como Príncipe de España y sucesor a la Jefatura del Estado a título de Rey. Sino que serías el Rey de España porque nos pertenece tal título.

Este querer entroncar con la secular historia de España, lo hizo igualmente nuestro antepasado el Duque de Anjou al recibir la Corona tras la victoria en una cruenta guerra civil -la Guerra de Sucesión- en la que por cierto, se proclamó Rey por el veredicto de las armas, no de las urnas. Quiso nuestro antepasado el Duque de Anjou, reinar con el nombre de Felipe V para dejar implícito ante el pueblo español que era el heredero o continuador del anterior rey “Austria” Felipe IV (olvidándose a propio intento de Carlos II, a pesar de que era quien lo había puesto en el Trono en perjuicio de su dinastía).

Con este título de Felipe V, pretendía el Rey de la nueva dinastía, hacer olvidar a los españoles que llegaba al trono por los maquiavélicos manejos del Cardenal Richelieu, con los que se había logrado la entronización en España de la dinastía de los Borbones reyes de Francia. La secular enemiga de España desde los tiempos de su unidad nacional con los Reyes Católicos.

Y aún es posible que S.M. el Rey Juan Carlos I concluyera estos consejos y consideraciones históricas, diciendo al flamante nuevo Rey:

Quiero terminar estas consideraciones, hijo mío, diciéndote:

Que Dios, al que has olvidado en tu coronación, te ayude. 

 De lo contrario la historia de España dirá: Felipe V, Felipe VI: Alfa y Omega


15 respuestas a «Rey Felipe, Rey Felipe, no dirás que no te aviso»

    1. Muchas gracias Ramiro por su comentario.
      Pero quien realmente lo merece es El Español Digital.
      Por dar voz a los sin voz, a los que silencia la feroz dictadura de la “corrección política”
      El artículo es duro, pero respetuoso.
      Y no falta a la verdad.
      Un cordial saludo.

  1. Como siempre, claridad en su exposición, valentía en estos momentos, donde tanto cobarde abunda y aviso importante al actual Rey para que se deje de pitufeos y sea valiente a la hora de tomar decisiones, pues se puede perder todo menos la dignidad y el honor. Fuerte abrazo a mi compañero y amigo Lorenzo

    1. Muchas gracias mi amigo y compañero Fernando.
      En el fondo nuestro actual Rey, QDG, me da pena, pues tiene una dificilísima papeleta por delante.
      Pero consciente de ello debe iniciar “sin prisa pero sin pausa” la tarea de enmendarla.
      Y para ello es necesario que comprenda dónde está el origen del problema.
      La ley de Dios le obliga a respetar a su padre, y la de los hombres además de a honrarlo y a defenderlo.
      Pero ello no está reñido con ser consciente de sus yerros para no repetirlos.
      Cosa que no hizo el padre con el abuelo.
      Seguiré defendiendo el reducto mientras Dios me lo permita.
      Así lo juré con lágrimas en los ojos ante el sepulcro de Franco, nuestro capitán, antes de que fuera profanado.
      Un fuerte abrazo.

  2. Mi coronel y amigo :
    Brillante artículo que suscribo en su totalidad,
    No por la amistad que nos une por tu buen hacer en Burgos , te acuerdas? Si no por que has empleado la metáfora paralela de la historia para definir, con exactitud meridiana, las deslealtades históricas de la Monarquia que no de la CORONA

    1. Muchas gracias mi general.
      Recuerdo perfectamente mi destino en Burgos a tus órdenes, donde sentí “la acción de mando” junto al afecto y lealtad del superior al subordinado.
      De entonces surgió el cariño y lealtad que te profeso.
      Es la “fides ibérica” del soldado español que muchos han olvidado por el pernicioso ejemplo del que fuera su jefe supremo.
      ¡¡¡Siempre a tus órdenes mi general!!!

      1. Pobre hombre!! Que amargura sudas por los poros! Para hablar de la Historia hay que conocerla, y veo que Ud. la desconoce: pobre ignorante!!. Que la dictadura sea la opción solo denota su carácter: pobre mente!!. Soy militar y me avergüenzo de que ud. use su grado de coronel para firmar esta basura. Entiendo que está jubilado,de otra forma estaria en un penal; jurídicamente no cabria duda

        1. Yo no uso mi grado militar para escribir. Lo que no hago es ocultar mi nombre y apellidos… ni mi grado. Antón.
          Bien podría haber hecho usted lo mismo.
          No sudo amargura, he he tenido una vida militar intensa y plena, con quince destinos, casi la totalidad de mando de unidades.
          Tres de ellos en unidades de operaciones especiales.
          Que como usted, experto en historia y en milicia debe saber, requiere la superación de cursos exigentes.
          Parece ser que además de ser doctor en historia tiene una brillante carrera militar…. aunque no da señales de una cosa ni de la otra.
          Siendo coronel en activo advertí a mi mando superior -un general- mediante un informe clasificado ¿sabe usted, gran historiador y militar lo que es un informe clasificado? de lo que era y supondría la infame ley de la memoria histórica.
          El superior no consideró oportuno sancionarme, como exige el régimen disciplinario ante la comisión de una falta. ¿Le suena, lo conoce, se lo enseñaron?
          Pero cuando casi un mes después ese informe se filtró a la prensa por interés político tuve una grave sanción disciplinaria.
          Supongo que el saberlo le llenará de satisfacción.
          A mi también, la satisfacción del deber cumplido.
          Me da la sensación que su empleo militar es parejo a su doctorado en historia de España.
          Parece que su comprensión lectora es más que deficiente. Vuelva a leer el artículo y comprobará que hace afirmaciones gratuitas.
          De todas formas es muy libre de hacerlas.
          Pero si se hubiera identificado debidamente es posible que quienes se encargan de “monitorizar” las publicaciones digitales le hubieran premiado con un ascenso.
          No desaproveche la ocasión.

  3. Esta familia de ominosa trayectoria cuanto antes deje de pisar suelo patrio para siempre..!!mejor!!.Solo han traido traición, corrupcion,indecencia y desgracias.O España..o los borbones.

    1. Gracias por su comentario.
      Comprendo sus razones que comparten muchos españoles por una frustración histórica.
      Pero debemos tener la esperanza de que el genoma germánico de la Reina Sofía sea dominante y consiga que aventar el borbónico convirtiéndolo en recesivo.
      España necesita una monarquía, la tercera república será la “segunda bis” corregida y aumentada.
      Pero lamentablemente esa monarquía, con la que quiso Franco encauzar de nuevo la historia, en Una España Grande y Libre se malogró por lo que todos sabemos.
      La duda es si será posible reedificar el edificio demolido.
      Un cordial saludo.

  4. A Ellos no les gusta ser despertados; sus sueños son profundos, tanto que no saben dónde comienza lo real y dónde termina su sueño.
    ¡Ay hombres soñadores, si supieran qué Es lo que digo!… ¡Si supieran que soñar no es don, sino un engaño y, para muchos, una maldición!
    Ellos, incluso estando dormidos, manotean en señal de que se guarde silencio para seguir soñando. No quieren ser despertados; les gusta su sueño, les gusta la mentira también, y prefieren nunca despertar, pues ello implicaría verse a sí mismos y eso les aterra… no saben que esto último, el miedo, es el origen del sueño…
    Despertar nada significa; solo te ubica en el Gran Día.

    Saludos cordiales

  5. Allá por 1980, en una reducida audiencia concedida por Dña Carmen Polo a un grupo de leales, alguien se decidió a preguntar sobre Don Juan Carlos y su «olvido» de los juramentos con los que se comprometió a dar continuidad al Régimen, aunque con los cambios lógicos, y Dña Carmen respondió escuetamente:

    «Antes de morir Paco se dió cuenta de que se había equivocado, pero ya era tarde»

    1. Gracias por su esencial aportación.
      Se dio cuenta -si no había sido antes- cuándo a causa de su trombo flebitis tuvo que dejarlo como Jefe de Estado Accidental.
      Y todavía sin estar completamente restablecido, asumió el mando de nuevo al comprender -siempre estuvo muy bien informado- que se disponía a entregar el Sahara a Marruecos en cuanto él se muriera.
      Pero efectivamente, por su enfermedad y el final que intuía próximo, era ya tarde para rectificar.

  6. Enhorabuena Lorenzo. Tienes una facilidad tremenda para plasmar con tu pluma estos hechos históricos que hemos vivido y sufrido.
    Eres un valiente ya que lo que escribes es políticamente incorrecto, pero tu honor y espíritu no te dejan doblegar.

    Muchas gracias
    Un fuerte abrazo

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