El robo de mano de obra entre europeos

Rob Jetten

Rob Jetten, líder de la D66, uno de los partidos políticos gobernantes en Holanda, ha manifestado recientemente que quiere recibir a 50.000 polacos –es decir, el 12% de los jóvenes de dicha nacionalidad–, para compensar el déficit de nacimientos de los holandeses.

Tanto Polonia como los Países Bajos tienen su población en declive, pero mientras Varsovia lleva a cabo políticas de incentivación de la tasa de natalidad, como resultado de lo cual el país tiene aproximadamente 400.000 recién nacidos al año, los liberales holandeses como el propio Rob Jetten siguen considerando que dichas políticas sociales son retrógradas, decantándose por una política de «robo» de una parte de su población a otros países; hasta el punto de que poco a poco los progresistas se están dando cuenta de que Europa se está dirigiendo hacia una crisis demográfica y económica sin precedentes en la historia moderna.

Desde el siglo XV en adelante, el número de consumidores y productores en Europa aumentó de manera constante, lo que impulsó la economía y el sistema bancario para satisfacer sus necesidades. Incluso las dos guerras mundiales apenas tuvieron un efecto adverso sobre la población y el crecimiento económico. Solo en la segunda mitad del siglo XX, las naciones más productivas del mundo (los europeos blancos y los asiáticos orientales) comenzaron a declinar numéricamente, proceso que ha afectado muy negativamente a sus economías. Los análisis económicos o las predicciones son completamente inútiles mientras que la realidad demográfica subyacente no se tome en consideración. Tal como está la situación, ninguno de los expertos famosos, ya sea Paul Krugman o Max Keizer, se atreven a tocar el tema, como si fuera una enfermedad incurable terriblemente contagiosa.

Las naciones europeas necesitan un mayor crecimiento económico para aliviar su deuda pública y cumplir con sus asombrosas obligaciones de jubilación. La economía alemana ha sumado un millón de jubilados a su población desde el colapso de Lehman Brothers en 2008, y en los próximos 10 años el número de jubilados aumentará en otros 3 millones, lo que equivale a la población total de Berlín. Una sociedad con un 25% menos de población comprará un 25% menos de automóviles y otros bienes, incluidos los bienes raíces.

Mientras el número de jubilados crece de manera constante, el número de personas «productivas» disminuye. La implosión demográfica occidental comenzó en los años noventa del siglo pasado, pero gracias a la migración masiva de África, Asia y Europa del Este, que fue posible gracias a la ampliación de la Unión Europea, tal disminución se pudo paliar en parte y temporalmente en países como Alemania, España, Países Bajos e Italia. Para ello, se obligó a los países de Europa oriental a que entregar a sus jóvenes a cambio de los subsidios de Bruselas.

En Europa occidental, la inmigración es la única solución que se está teniendo en cuenta para paliar el invierno demográfico que se sufre. Las políticas que podrían alentar a los ciudadanos a tener hijos están fuera de discusión; ni se contemplan. Hasta ahora la mirada estaba puesta en África y Asia. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario de lo previsto, y es que millones de jóvenes africanos y asiáticos que llegan a los Jardines del Edén con la intención y creencia de poder participar de la cornucopia ofrecida por París, Londres o Berlín, se convierten en una carga para los sistemas de seguridad social y no sólo no compensan sino que agravan la situación. Además, la mayoría de las estadísticas señalan que muchos de ellos se sumergen en la delincuencia desde el mismo momento en que pisan suelo europeo. Al mismo tiempo, y por ejemplo, de acuerdo con la Oficina Central de Estadísticas de los Países Bajos, el 80% de los somalíes en dichos países viven de subsidios estatales.

Ante este problema, los liberales europeos han elaborado un plan muy astuto y torticero, porque siguen sin contemplar la posibilidad de incentivar políticas de natalidad. Quieren obligar a Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría a descargar a los países europeos occidentales de cupos de refugiados asiáticos y africanos a cambio de los cuales dichos países occidentales ofrecerá empleos a jóvenes polacos, checos, eslovacos y húngaros. Esta estratagema ya se ha probado en Italia: mientras las ONG alemanas y holandesas intentaron «premiar» a Italia con africanos, las medidas de austeridad impuestas a Roma por la UE obligaron a muchos jóvenes italianos bien formados a salir del país en busca de empleo en Alemania.

A pesar de que el Banco Central Europeo tiene suficiente capital disponible, las economías europeas están experimentando dificultades debido a la falta de mano de obra. Aunque el dividendo demográfico de África se está acumulando en las fronteras de Europa, los líderes europeos compiten por el grupo cada vez más pequeño de blancos europeos nativos de Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría. Todo un despropósito. Y, por cierto, siguen afirmando que no son racistas.

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