«San Sebastián», en documental, por el Hno. Luis Escandell

Hno. Luis Escandell

El Hno. Luis Escandell Millán-Puelles, desde hace nueve años forma parte de la Asociación Pública de Fieles Clerical Siervos del Hogar de la Madre y actualmente estudia teología en Roma (Italia), preparándose para ser algún día sacerdote, por la gracia de Dios. Parte del carisma de su comunidad es el apostolado a través de los medios de comunicación, a lo cual se ha dedicado desde el principio de su consagración. Así, por ejemplo, ha trabajado en un programa de YouTube llamado Catholic Stuff, que tuvo un gran éxito entre los jóvenes (¡gracias a Dios!).

Su función en la producción del cortometraje San Sebastián ha sido la elaboración del guión con el P. Brian Jackson, y la difusión por las redes.

¿Por qué decidieron realizar un cortometraje sobre San Sebastián?

Desde hace años, los Siervos del Hogar de la Madre organizamos campamentos de verano para jóvenes con el propósito de instruirles en el uso de los medios de comunicación -especialmente el cine- para el apostolado. En cada actividad tratamos de aplicar lo aprendido a la producción de un cortometraje, siempre de contenido religioso. El año pasado, el P. Rafael Alonso, fundador del Hogar de la Madre, nos propuso esta idea: un cortometraje sobre San Sebastián. El mundo de hoy necesita, quizá más que nunca, recordar las palabras de Nuestro Señor: “El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ese la encontrará” (Mt 16,25). San Sebastián es una advertencia y una llamada para la Iglesia actual a la fidelidad. Vivimos momentos muy convulsos a nivel político, económico, familiar…, incluso dentro de la misma Iglesia, y el martirio de la fama, de la posición social y del trabajo pueden ser más duros de afrontar que el martirio de sangre.

También lo representan con la flecha, pero realmente su martirio no fue así…

Efectivamente, el arte muestra habitualmente a San Sebastián cubierto por una lluvia de flechas, lo cual ha dado origen a la idea -errónea- de que murió así. Nuestro santo ocupaba un alto cargo en el ejército romano y contaba con el favor del emperador Diocleciano, el cual ignoraba su fe cristiana, pero acabó por ser descubierto y condenado a morir asaeteado. Sin embargo, ese fue lo que podríamos llamar su “primer martirio”, pues sobrevivió.

Sus amigos le aconsejaban que huyera de Roma y buscara refugio en otra comunidad más segura, pero Sebastián se negó. Es más, se presentó ante el emperador, que ya lo daba por muerto, y le exhortó con gran valor a cesar de perseguir a los cristianos. Hay que tener en cuenta que la persecución de Diocleciano fue seguramente la más encarnizada en el Imperio romano, con cerca de 3500 mártires (sin contar a tantos confesores que sufrieron torturas, encarcelamiento y el exilio). En esta ocasión, Diocleciano se aseguró bien de eliminar a Sebastián, ordenando que lo flagelaran hasta morir y que arrojaran su cadáver a la cloaca.

¿Qué virtudes de la vida del santo quieren transmitir en el cortometraje?

En relación con mi anterior respuesta, si el martirio es de por sí el acto de amor a Dios más grande, enfrentarse dos veces a la muerte supone un coraje extraordinario, totalmente sobrenatural. Es verdad que hubo muchos otros mártires en aquellos tiempos, pero también se dieron casos de cristianos que prefirieron cumplir con las imposiciones imperiales ofreciendo sacrificios a los dioses paganos. Sebastián podría haber caído en el mismo error: bastaba con poner un poco de incienso en el fuego… Y seguramente tendría miedo ante la muerte, como cualquier ser humano. Por eso mismo es abrumador ver cómo se presenta ante el emperador para reclamar el derecho a vivir libremente la fe, aun cuando sabía que aquello podía costarle la vida -como efectivamente sucedió-. ¿Y nosotros, los cristianos de hoy, estamos también dispuestos a ser estigmatizados y rechazados por parte de la sociedad, antes que renunciar a nuestra libertad religiosa?

¿Por qué el santo tuvo tan claro que antes morir que ofrecer sacrificios a los ídolos?

Los antiguos relatos del martirio de San Sebastián no nos ofrecen muchos detalles al respecto, pero es una conclusión a la que deberíamos llegar todos los creyentes tarde o temprano: ¿ocupa Dios el primer puesto en mi vida? La Sagrada Escritura presenta en numerosas ocasiones la idolatría como el mayor de los pecados, y advierte severamente a los creyentes: “No tengáis que ver con la idolatría” (1Cor 10,14). Jesucristo lo expresó con claridad: “Nadie puede servir a dos señores” (Mt 6,24). O todo o nada, o de Cristo o contra Cristo. No existe una posición neutral. El Señor requiere para sí la totalidad de nuestros corazones, no admite medias tintas.

¿Cuáles son los ídolos del mundo moderno y cómo debemos ser fieles a nuestros principios hasta dar la vida si fuese preciso?

En una homilía pronunciada en París el 13 de septiembre de 2008, Benedicto XVI advirtió del peligro del “dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber”. Se podrían añadir tantos otros ídolos: el narcisismo, la imagen, el placer… Es, en definitiva, la tentación diabólica del superhombre que se quiere configurar a sí mismo al margen de su Creador y Redentor, construyendo un paraíso terrenal sin ninguna referencia a lo sobrenatural.

En el aspecto técnico, ¿cómo han logrado representar también el mundo antiguo con tan escasos medios…?

Aunque no contamos con muchos medios, la experiencia, la ayuda de algunos colaboradores y, particularmente, la Providencia nos dan cuanto necesitamos para poder ofrecer un producto final digno. Es verdad que no llegamos al nivel de Hollywood, pero creo sinceramente que la calidad es bastante alta, lo cual nos hace ver claramente que Dios está detrás de todo.

Para este proyecto, hemos contado con un equipo de 20 jóvenes, algunos de los cuales ya han participado en otras actividades con nosotros y van adquiriendo cada vez más habilidad en el uso de los medios de comunicación. Los días de grabación son breves, pero muy intensos. Estos jóvenes se han dejado la piel en la producción, y Dios bendice el sacrificio.

Por poner un ejemplo, la localización era una de las primeras dificultades por resolver: ¿dónde meter a 20 jóvenes y todo el material de grabación, que sea económico y cercano a los lugares más apropiados para cada escena? Además, como sacerdotes teníamos que ocuparnos también de atender espiritualmente a nuestras hermanas, las Siervas del Hogar de la Madre, que estaban en las mismas fechas organizando un campamento en León para producir un cortometraje sobre las enfermeras mártires de Astorga. La Providencia nos llevó a un antiguo monasterio que cubría perfectamente todas nuestras necesidades, y nos ha permitido representar sin grandes medios técnicos el ambiente romano de aquella época.

¿Por qué merece la pena ver este cortometraje y ayudar a su difusión?

Vayan a buscar en internet material cinematográfico católico y verán que es muy escaso y, a menudo, de pésima calidad. El otro día, un padre de familia me pidió que le dijera algunas películas para ver en su hogar, y a duras penas pude darle unos pocos títulos, en su mayoría del ámbito protestante… Los Siervos del Hogar de la Madre queremos, en la medida de lo posible, contribuir a llenar ese “vacío” ofreciendo vídeos de buena calidad tanto a nivel de contenido como de forma; es decir, un mensaje 100% católico transmitido con los medios más altos de la industria cinematográfica. Este cortometraje es el resultado de varios años de experiencia, muchísimo trabajo e ilusión y, sobre todo, de la gracia de Dios, que sobrepasa con creces el potencial humano.

¿Por qué el cine católico sigue siendo uno de los mejores medios de evangelizar al hombre de hoy?

La plenitud de la verdad se encuentra en la Iglesia católica, y es de por sí fascinante, pero a veces nos faltan los medios para transmitirla de manera atractiva. Antiguamente, la Iglesia católica era muy consciente del inmenso valor de la belleza para la evangelización. Basta con ir a los museos o escuchar las grandes sinfonías de música para darnos cuenta de que el arte ha sido siempre mayoritariamente cristiano. También con el séptimo arte fue así al inicio: grandes directores como Frank Capra o John Ford eran católicos. Sin embargo, hemos perdido nuestra presencia en este campo, y el cine, aunque mejora aceleradamente a nivel técnico, ha perdido toda relación con el bien y la verdad. Incluso, en muchos casos, se ha convertido en una forma de adoctrinamiento ideológico. Nuestro mundo está sediento de belleza, pero la que la industria del cine ofrece es falsa: no pretende tocar el corazón, sino los instintos más bajos; no muestra la verdad, sino que la distorsiona y ridiculiza.

Sin pretender “competir” con nadie, los católicos debemos aprovecharnos de esta técnica de difusión con creatividad y audacia, pues, como dijo Pío XII en la Encíclica Miranda Prorsus, no se trata sólo de un simple medio de recreación y de entretenimiento, “sino de verdadera y propia transmisión de valores humanos, sobre todo espirituales”. El relativismo y el indiferentismo, por no hablar de tantos prejuicios contra la Iglesia, han hecho muy difícil la comunicación de las verdades de la fe; por eso, la belleza artística puede ser un instrumento mucho más apto para la evangelización que las catequesis habituales. Como señaló Benedicto XVI en un discurso del 21 de noviembre de 2009, una de las funciones esenciales del arte “consiste en dar al hombre una saludable «sacudida», que lo hace salir de sí mismo, lo arranca de la resignación, del acomodamiento del día a día e incluso lo hace sufrir, como un dardo que lo hiere, pero precisamente de este modo lo «despierta» y le vuelve a abrir los ojos del corazón y de la mente, dándole alas e impulsándolo hacia lo alto”.


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