Sanedrín 2.0

ESCUCHAR NOTICIA: Pensar en Judas, o mencionar su nombre, es evocar la imagen del traidor total. Sin embargo, no hay ninguna razón para suponer que cuando fue llamado por Jesús para ser uno de los Apóstoles, Judas ya estuviera preparando la traición, o que tuviera poco cariño a Jesús o que fuera menos merecedor de esa llamada. Nada de eso es pensable. Tampoco podemos suponer que Jesús no le concediera a Judas las gracias especiales que confirió a los demás. Hoy, de manera similar, cuando hay una palmaria traición a la Iglesia católica y a su milenaria enseñanza, no hay ninguna razón para suponer que los culpables de esa traición, tuvieran en principio menos amor a la Iglesia que aquellos que no la han traicionado. Tampoco podemos suponer que aquellos que ahora están entregados a la traición se les hayan negado las gracias divinas necesarias para ser fieles católicos. Judas no pudo haber comenzado a ser apóstol siendo más mundano, más cobarde y menos iluminado que los apóstoles. Judas no tenía la intención de romper la unidad del grupo ni de arruinar a Jesús y a los doce. Judas es el antihéroe que insistió en llevar a la práctica su propio plan para Jesús y los demás (colocándose él como la figura más importante). Pensó que podía reconciliar a Jesús con sus enemigos. Que podía, mediante una negociación decente, asegurar el éxito de Jesús en el mundo, celebrando pactos con los líderes del mundo. Igual que con el error de Judas, muchos miembros de la Iglesia, laicos y consagrados, se han establecido en la anti-iglesia dentro de la Iglesia, y no quieren dejar la Iglesia. No pretenden ser «disidentes». No pretenden borrar a la Iglesia, sino abrirla al mundo de acuerdo con su propio plan, que es irreconciliable con el plan de Dios. Es la misma miopía espiritual de Judas, ya no creen en el magisterio papal de siempre. Tampoco creen que Jesús fuera divino. Están convencidos de que pueden reconciliar a la Iglesia y a sus enemigos por medio de una «negociación decente», que asegure el éxito de la Iglesia de Cristo. Esa Anti-iglesia ha conseguido romper la unidad, acabado la unión en la doctrina, y debilitado gravemente a la organización institucional católica romana por entero. La enormidad de este error y su similitud con el error de Judas se vuelve muy evidente cuando uno examina la conducta de Judas. La horrible traición de Judas ha hecho que los cristianos lo vean como una especie de infiltrado admitido por Jesús en la intimidad de sus amigos, porque, por así decirlo, alguien tenía que traicionar al Señor. Pero esto no es seguramente cómo ocurrió la traición, no puede haber sido la verdadera historia de Judas. Desde un punto de vista divino y humano, Judas debió aparecer inicialmente como uno de los candidatos más prometedores para la dirección de la futura Iglesia. Judas recibió más confianza que los demás; a él, Jesús le confió la conservación y administración de cualesquiera fondos que fueran recibidos por los aposteles para los gastos inmediatos o de cualesquiera otros tratos «negocios» que ocurrieran durante los viajes. Este grupo de hombres jóvenes, en lo mejor de su vida, que no estaban empleados regularmente por un salario, pero que continuamente estaban viajando, tenían que tener una «bolsa» común para alimentos o para imprevistos como ropa, contribuciones caritativas, apoyo a sus familias, reparación y mantenimiento de su equipo de pesca etc… No sería exagerado describir a Judas como el funcionario del grupo. Hasta bastante después de la Resurrección, el éxito de Cristo iba a significar la restauración política del reino de Israel, con los Apóstoles ocupando doce tronos de jurisdicción y juicio. Judas no puede haber pensado de manera diferente ni haber esperado otra cosa. Él y los demás hasta disputaban acerca de cuál de todos tendría la mayor autoridad. Dos de éstos hicieron que sus madres abordaran a Jesús y trataran de asegurarles dos puestos principales junto al trono real que ellos se figuraban que ocuparía Jesús cuando gobernara a Israel y al mundo. Porque, por supuesto, Jesús finalmente sería proclamado rey. Y es en ese momento donde la desilusión se apoderó de Judas. Creía, a su manera, en Jesús, en los apóstoles y en sus ideales. El sólo quería que Jesús y los demás se adecuaran a las realidades políticas y sociales de la época, que siguieran su plan, no los planes que Jesús pudiera haber tenido. Se había formado sus propias ideas sobre la manera sensata en que Jesús debía proceder para tomar el poder supremo. Creía que creando una atmósfera de colaboración con el mundo, con las autoridades, su camino se abriría hacia visiones de grandeza, con una posición dirigente en el futuro reino de Israel, una vez que los romanos fuesen expulsados y que los poderes locales judíos, con la ayuda de Jesús, derrotaran completamente a los odiados romanos. Ni cuando Jesús dijo que sabía que Judas lo iba a traicionar, hizo mella en la resolución de Judas. Probablemente no comprendió el uso que hizo Jesús de la palabra «traicionar». En el pasado, muchas veces él había «traicionado» a Jesús en el sentido de que había hecho lo opuesto a la voluntad de Jesús, y las cosas siempre habían salido bien. Esa negociación que estaba llevando a cabo, le parecía lo mejor a Judas. La ceguera final se cerraba sobre su alma como una trampa de acero. El Evangelio dice: «Satanás entró a su corazón». Judas estaba ahora bajo su control y pudo sin ningún escrúpulo y siempre persuadido de que su plan era bueno, ir a buscar a sus «contactos de alto nivel», y señalarles el lugar donde Jesús estaría a cierta hora, e identificarlo ante la fuerza armada enviada para traerlo, atado y esposado como un animal cazado. Mientras que el resultado último de la decisión de Judas fue la brutal traición y la falsedad, su pecado específico fue la negociación… lo que realmente le parecía a él una negociación sabia y prudente, dada la situación en la que se había encerrado el propio Jesús a sí mismo y a sus apostoles, por sus ataques contra el statu quo, y por su negativa a encontrarse con las autoridades judías a mitad de camino y no crear tensiones y problemas. En la mente práctica y mundana de Judas, Jesús y su doctrina deben haber sido clasificados como completamente inadecuados al consenso social y a la mentalidad política de sus días ,y podían provocar en sus adversarios la necesidad de perpetrar un asesinato político para que todo siguiera en calma. Era, después de todo, una cuestión de seguridad del Estado y de supervivencia nacional. Esta es la esencia de la traición de Judas: la negociación de los principios básicos de uno, para adaptarse a los modos de pensamiento y de conducta que el mundo considera como necesarios para sus corruptos intereses. La existencia de Jesús, su autoridad y su enseñanza eran un amenaza. Judas había sido persuadido por sus tentadores y corruptores de que todo lo que representaba Jesús tenía que ser modificado por una negociación decente y sensata. Lo relatado nos ayuda no sólo a identificar a los miembros de la Anti-iglesia sino también a los de la Anti-españa. Debemos buscar, identificar y sacar a la luz las negociaciones y pactos ocultos genuinamente fraudulentos contra España y contra nuestra Fe. NOTA.- Artículo inspirado en el libro «La sangre de estas llaves» del Padre Malachi Martin, quien critica en él la corrupción dentro de la Iglesia Católica, urgiendo a una reforma seria y profunda. Compara la situación actual de la Iglesia con la de Jeremías, quien denunció los males de su pueblo a pesar de la oposición con que topó. El autor espera que sirva para advertir a la Iglesia y promover el cambio necesario aunque sea escandaloso.Valiosísimo libro por su claridad. Muy necesario sacarlo a la luz. (Se encuentra por Internet en diferentes ediciones)   Pulse para escuchar el texto Pensar en Judas, o mencionar su nombre, es evocar la imagen del traidor total. Sin embargo, no hay ninguna razón para suponer que cuando fue llamado por Jesús para ser uno de los Apóstoles, Judas ya estuviera preparando la traición, o que tuviera poco cariño a Jesús o que fuera menos merecedor de esa llamada. Nada de eso es pensable. Tampoco podemos suponer que Jesús no le concediera a Judas las gracias especiales que confirió a los demás. Hoy, de manera similar, cuando hay una palmaria traición a la Iglesia católica y a su milenaria enseñanza, no hay ninguna razón para suponer que los culpables de esa traición, tuvieran en principio menos amor a la Iglesia que aquellos que no la han traicionado. Tampoco podemos suponer que aquellos que ahora están entregados a la traición se les hayan negado las gracias divinas necesarias para ser fieles católicos. Judas no pudo haber comenzado a ser apóstol siendo más mundano, más cobarde y menos iluminado que los apóstoles. Judas no tenía la intención de romper la unidad del grupo ni de arruinar a Jesús y a los doce. Judas es el antihéroe que insistió en llevar a la práctica su propio plan para Jesús y los demás (colocándose él como la figura más importante). Pensó que podía reconciliar a Jesús con sus enemigos. Que podía, mediante una negociación decente, asegurar el éxito de Jesús en el mundo, celebrando pactos con los líderes del mundo. Igual que con el error de Judas, muchos miembros de la Iglesia, laicos y consagrados, se han establecido en la anti-iglesia dentro de la Iglesia, y no quieren dejar la Iglesia. No pretenden ser «disidentes». No pretenden borrar a la Iglesia, sino abrirla al mundo de acuerdo con su propio plan, que es irreconciliable con el plan de Dios. Es la misma miopía espiritual de Judas, ya no creen en el magisterio papal de siempre. Tampoco creen que Jesús fuera divino. Están convencidos de que pueden reconciliar a la Iglesia y a sus enemigos por medio de una «negociación decente», que asegure el éxito de la Iglesia de Cristo. Esa Anti-iglesia ha conseguido romper la unidad, acabado la unión en la doctrina, y debilitado gravemente a la organización institucional católica romana por entero. La enormidad de este error y su similitud con el error de Judas se vuelve muy evidente cuando uno examina la conducta de Judas. La horrible traición de Judas ha hecho que los cristianos lo vean como una especie de infiltrado admitido por Jesús en la intimidad de sus amigos, porque, por así decirlo, alguien tenía que traicionar al Señor. Pero esto no es seguramente cómo ocurrió la traición, no puede haber sido la verdadera historia de Judas. Desde un punto de vista divino y humano, Judas debió aparecer inicialmente como uno de los candidatos más prometedores para la dirección de la futura Iglesia. Judas recibió más confianza que los demás; a él, Jesús le confió la conservación y administración de cualesquiera fondos que fueran recibidos por los aposteles para los gastos inmediatos o de cualesquiera otros tratos «negocios» que ocurrieran durante los viajes. Este grupo de hombres jóvenes, en lo mejor de su vida, que no estaban empleados regularmente por un salario, pero que continuamente estaban viajando, tenían que tener una «bolsa» común para alimentos o para imprevistos como ropa, contribuciones caritativas, apoyo a sus familias, reparación y mantenimiento de su equipo de pesca etc… No sería exagerado describir a Judas como el funcionario del grupo. Hasta bastante después de la Resurrección, el éxito de Cristo iba a significar la restauración política del reino de Israel, con los Apóstoles ocupando doce tronos de jurisdicción y juicio. Judas no puede haber pensado de manera diferente ni haber esperado otra cosa. Él y los demás hasta disputaban acerca de cuál de todos tendría la mayor autoridad. Dos de éstos hicieron que sus madres abordaran a Jesús y trataran de asegurarles dos puestos principales junto al trono real que ellos se figuraban que ocuparía Jesús cuando gobernara a Israel y al mundo. Porque, por supuesto, Jesús finalmente sería proclamado rey. Y es en ese momento donde la desilusión se apoderó de Judas. Creía, a su manera, en Jesús, en los apóstoles y en sus ideales. El sólo quería que Jesús y los demás se adecuaran a las realidades políticas y sociales de la época, que siguieran su plan, no los planes que Jesús pudiera haber tenido. Se había formado sus propias ideas sobre la manera sensata en que Jesús debía proceder para tomar el poder supremo. Creía que creando una atmósfera de colaboración con el mundo, con las autoridades, su camino se abriría hacia visiones de grandeza, con una posición dirigente en el futuro reino de Israel, una vez que los romanos fuesen expulsados y que los poderes locales judíos, con la ayuda de Jesús, derrotaran completamente a los odiados romanos. Ni cuando Jesús dijo que sabía que Judas lo iba a traicionar, hizo mella en la resolución de Judas. Probablemente no comprendió el uso que hizo Jesús de la palabra «traicionar». En el pasado, muchas veces él había «traicionado» a Jesús en el sentido de que había hecho lo opuesto a la voluntad de Jesús, y las cosas siempre habían salido bien. Esa negociación que estaba llevando a cabo, le parecía lo mejor a Judas. La ceguera final se cerraba sobre su alma como una trampa de acero. El Evangelio dice: «Satanás entró a su corazón». Judas estaba ahora bajo su control y pudo sin ningún escrúpulo y siempre persuadido de que su plan era bueno, ir a buscar a sus «contactos de alto nivel», y señalarles el lugar donde Jesús estaría a cierta hora, e identificarlo ante la fuerza armada enviada para traerlo, atado y esposado como un animal cazado. Mientras que el resultado último de la decisión de Judas fue la brutal traición y la falsedad, su pecado específico fue la negociación… lo que realmente le parecía a él una negociación sabia y prudente, dada la situación en la que se había encerrado el propio Jesús a sí mismo y a sus apostoles, por sus ataques contra el statu quo, y por su negativa a encontrarse con las autoridades judías a mitad de camino y no crear tensiones y problemas. En la mente práctica y mundana de Judas, Jesús y su doctrina deben haber sido clasificados como completamente inadecuados al consenso social y a la mentalidad política de sus días ,y podían provocar en sus adversarios la necesidad de perpetrar un asesinato político para que todo siguiera en calma. Era, después de todo, una cuestión de seguridad del Estado y de supervivencia nacional. Esta es la esencia de la traición de Judas: la negociación de los principios básicos de uno, para adaptarse a los modos de pensamiento y de conducta que el mundo considera como necesarios para sus corruptos intereses. La existencia de Jesús, su autoridad y su enseñanza eran un amenaza. Judas había sido persuadido por sus tentadores y corruptores de que todo lo que representaba Jesús tenía que ser modificado por una negociación decente y sensata. Lo relatado nos ayuda no sólo a identificar a los miembros de la Anti-iglesia sino también a los de la Anti-españa. Debemos buscar, identificar y sacar a la luz las negociaciones y pactos ocultos genuinamente fraudulentos contra España y contra nuestra Fe. NOTA.- Artículo inspirado en el libro «La sangre de estas llaves» del Padre Malachi Martin, quien critica en él la corrupción dentro de la Iglesia Católica, urgiendo a una reforma seria y profunda. Compara la situación actual de la Iglesia con la de Jeremías, quien denunció los males de su pueblo a pesar de la oposición con que topó. El autor espera que sirva para advertir a la Iglesia y promover el cambio necesario aunque sea escandaloso.Valiosísimo libro por su claridad. Muy necesario sacarlo a la luz. (Se encuentra por Internet en diferentes ediciones)

Pensar en Judas, o mencionar su nombre, es evocar la imagen del traidor total. Sin embargo, no hay ninguna razón para suponer que cuando fue llamado por Jesús para ser uno de los Apóstoles, Judas ya estuviera preparando la traición, o que tuviera poco cariño a Jesús o que fuera menos merecedor de esa llamada. Nada de eso es pensable. Tampoco podemos suponer que Jesús no le concediera a Judas las gracias especiales que confirió a los demás.

Hoy, de manera similar, cuando hay una palmaria traición a la Iglesia católica y a su milenaria enseñanza, no hay ninguna razón para suponer que los culpables de esa traición, tuvieran en principio menos amor a la Iglesia que aquellos que no la han traicionado. Tampoco podemos suponer que aquellos que ahora están entregados a la traición se les hayan negado las gracias divinas necesarias para ser fieles católicos.

Judas no pudo haber comenzado a ser apóstol siendo más mundano, más cobarde y menos iluminado que los apóstoles. Judas no tenía la intención de romper la unidad del grupo ni de arruinar a Jesús y a los doce. Judas es el antihéroe que insistió en llevar a la práctica su propio plan para Jesús y los demás (colocándose él como la figura más importante). Pensó que podía reconciliar a Jesús con sus enemigos. Que podía, mediante una negociación decente, asegurar el éxito de Jesús en el mundo, celebrando pactos con los líderes del mundo.

Igual que con el error de Judas, muchos miembros de la Iglesia, laicos y consagrados, se han establecido en la anti-iglesia dentro de la Iglesia, y no quieren dejar la Iglesia. No pretenden ser «disidentes». No pretenden borrar a la Iglesia, sino abrirla al mundo de acuerdo con su propio plan, que es irreconciliable con el plan de Dios.

Es la misma miopía espiritual de Judas, ya no creen en el magisterio papal de siempre. Tampoco creen que Jesús fuera divino. Están convencidos de que pueden reconciliar a la Iglesia y a sus enemigos por medio de una «negociación decente», que asegure el éxito de la Iglesia de Cristo. Esa Anti-iglesia ha conseguido romper la unidad, acabado la unión en la doctrina, y debilitado gravemente a la organización institucional católica romana por entero.

La enormidad de este error y su similitud con el error de Judas se vuelve muy evidente cuando uno examina la conducta de Judas. La horrible traición de Judas ha hecho que los cristianos lo vean como una especie de infiltrado admitido por Jesús en la intimidad de sus amigos, porque, por así decirlo, alguien tenía que traicionar al Señor. Pero esto no es seguramente cómo ocurrió la traición, no puede haber sido la verdadera historia de Judas.

Desde un punto de vista divino y humano, Judas debió aparecer inicialmente como uno de los candidatos más prometedores para la dirección de la futura Iglesia. Judas recibió más confianza que los demás; a él, Jesús le confió la conservación y administración de cualesquiera fondos que fueran recibidos por los aposteles para los gastos inmediatos o de cualesquiera otros tratos «negocios» que ocurrieran durante los viajes.

Este grupo de hombres jóvenes, en lo mejor de su vida, que no estaban empleados regularmente por un salario, pero que continuamente estaban viajando, tenían que tener una «bolsa» común para alimentos o para imprevistos como ropa, contribuciones caritativas, apoyo a sus familias, reparación y mantenimiento de su equipo de pesca etc… No sería exagerado describir a Judas como el funcionario del grupo.

Hasta bastante después de la Resurrección, el éxito de Cristo iba a significar la restauración política del reino de Israel, con los Apóstoles ocupando doce tronos de jurisdicción y juicio. Judas no puede haber pensado de manera diferente ni haber esperado otra cosa. Él y los demás hasta disputaban acerca de cuál de todos tendría la mayor autoridad. Dos de éstos hicieron que sus madres abordaran a Jesús y trataran de asegurarles dos puestos principales junto al trono real que ellos se figuraban que ocuparía Jesús cuando gobernara a Israel y al mundo. Porque, por supuesto, Jesús finalmente sería proclamado rey.

Y es en ese momento donde la desilusión se apoderó de Judas.

Creía, a su manera, en Jesús, en los apóstoles y en sus ideales. El sólo quería que Jesús y los demás se adecuaran a las realidades políticas y sociales de la época, que siguieran su plan, no los planes que Jesús pudiera haber tenido.

Se había formado sus propias ideas sobre la manera sensata en que Jesús debía proceder para tomar el poder supremo. Creía que creando una atmósfera de colaboración con el mundo, con las autoridades, su camino se abriría hacia visiones de grandeza, con una posición dirigente en el futuro reino de Israel, una vez que los romanos fuesen expulsados y que los poderes locales judíos, con la ayuda de Jesús, derrotaran completamente a los odiados romanos.

Ni cuando Jesús dijo que sabía que Judas lo iba a traicionar, hizo mella en la resolución de Judas. Probablemente no comprendió el uso que hizo Jesús de la palabra «traicionar». En el pasado, muchas veces él había «traicionado» a Jesús en el sentido de que había hecho lo opuesto a la voluntad de Jesús, y las cosas siempre habían salido bien.

Esa negociación que estaba llevando a cabo, le parecía lo mejor a Judas. La ceguera final se cerraba sobre su alma como una trampa de acero. El Evangelio dice: «Satanás entró a su corazón». Judas estaba ahora bajo su control y pudo sin ningún escrúpulo y siempre persuadido de que su plan era bueno, ir a buscar a sus «contactos de alto nivel», y señalarles el lugar donde Jesús estaría a cierta hora, e identificarlo ante la fuerza armada enviada para traerlo, atado y esposado como un animal cazado.

Mientras que el resultado último de la decisión de Judas fue la brutal traición y la falsedad, su pecado específico fue la negociación… lo que realmente le parecía a él una negociación sabia y prudente, dada la situación en la que se había encerrado el propio Jesús a sí mismo y a sus apostoles, por sus ataques contra el statu quo, y por su negativa a encontrarse con las autoridades judías a mitad de camino y no crear tensiones y problemas.

En la mente práctica y mundana de Judas, Jesús y su doctrina deben haber sido clasificados como completamente inadecuados al consenso social y a la mentalidad política de sus días ,y podían provocar en sus adversarios la necesidad de perpetrar un asesinato político para que todo siguiera en calma. Era, después de todo, una cuestión de seguridad del Estado y de supervivencia nacional.

Esta es la esencia de la traición de Judas: la negociación de los principios básicos de uno, para adaptarse a los modos de pensamiento y de conducta que el mundo considera como necesarios para sus corruptos intereses. La existencia de Jesús, su autoridad y su enseñanza eran un amenaza. Judas había sido persuadido por sus tentadores y corruptores de que todo lo que representaba Jesús tenía que ser modificado por una negociación decente y sensata.

Lo relatado nos ayuda no sólo a identificar a los miembros de la Anti-iglesia sino también a los de la Anti-españa. Debemos buscar, identificar y sacar a la luz las negociaciones y pactos ocultos genuinamente fraudulentos contra España y contra nuestra Fe.

NOTA.- Artículo inspirado en el libro «La sangre de estas llaves» del Padre Malachi Martin, quien critica en él la corrupción dentro de la Iglesia Católica, urgiendo a una reforma seria y profunda. Compara la situación actual de la Iglesia con la de Jeremías, quien denunció los males de su pueblo a pesar de la oposición con que topó. El autor espera que sirva para advertir a la Iglesia y promover el cambio necesario aunque sea escandaloso.Valiosísimo libro por su claridad. Muy necesario sacarlo a la luz. (Se encuentra por Internet en diferentes ediciones)


3 respuestas a «Sanedrín 2.0»

  1. La Perestroika fue solo un cambio de máscara. Se necesitaba otro modelo.
    Sigamos las profecías Marianas.

    El artífice del fin y colapso del régimen comunista, falleció hoy (martes) en Rusia a los 91 años.

    A principios del siglo XIX, lideró una serie de acuerdos con Estados Unidos con el objetivo de derribar el Telón de Acero y firmó un armisticio. El Rebe se refirió a estos acuerdos en sus sermones y los consideró procesos redentores.

    Incluso después de retirarse de la política, Gorbachov, que se había convertido en un símbolo en Rusia, mantuvo una relación cordial con el rabino principal del país, el emisario del Rebe, el rabino Berel Lazar. Ambos se reunieron en diversos actos públicos.

    La comunidad Chabad de Moscú anunció: «La comunidad judía de Rusia ha perdido a un amigo leal: el expresidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, falleció en Moscú a la edad de 92 años».

    https://chabad.info/news/828886/

  2. La URSS la desarmaron los que la crearon. La UE está en ello. El modelo elegido es la granja tecnológica matadero china, que; en su plenitud, tenderá a Corea del Norte.

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