Santa Cecilia, patrona de los músicos

Y no precisamente de cualquier música. Los compositores clásicos que enaltecemos temas religiosos, hechos históricos o misterios del mismo orden relativos a las grandezas de las verdades eternas que nos envuelven, nos fascinan o que nos ponen en comunicación con lo trascendente a través de las formas estéticas del arte estrictamente entendido, tomamos a esta santa, esposa, virgen y mártir, como el emblema de todo lo artísticamente humano que nos eleva a la contemplación de lo místico en el insondable amor de un Dios que se desvive, se humilla e inmola y hace al fin, resplandecer su insondable Verdad eterna contra todas soberbias bravatas de estos pobres humanos infectados del diabólico error, cobijo de la rebelión contra la luminosidad del orden divino.

Se habla de que la santa, tocaba algún instrumento, pero se cree que antes de su martirio, entonó un himno o canto devoto en defensa de la fe trinitaria y por eso, se la presenta en su imagen con los dedos confesando la existencia de un solo Dios con tres personas distintas. Santa Cecilia, fue cristiana desde muy niña. Descendiente de una familia ilustre convertida al cristianismo; los Cecilie Metelos.

Es una de las santas más celebradas en la liturgia, el arte y la piedad popular. Su fiesta, fue de precepto en la Edad Media. En el Canon de la Misa, la encontramos con otras seis vírgenes.

Supera a todos los santos del martirologio en el número de basílicas dedicadas en Roma. Varios pintores la han ensalzado como a ninguna: Rafael, Cimbabué, Van Eyck o el Pinturichio, Handel y Haydn.

Cecilia, había consagrado a Dios su virginidad, pero se casó dispuesta por sus padres con Valeriano, de noble familia de los Valerio, con la esperanza de convertir a su esposo.

Así, al quedarse solos, ella le advierte que no la puede tocar, al haber un ángel protector de su virginidad.

Valerio pide verlo y Cecilia le responde que lo verá cuando sea cristiano. Éste, escuchó las enseñanzas del obispo Urbano que más tarde sería Urbano I Papa y recibió de éste, el bautismo. Entonces, pudo ver al ángel. Cecilia y su hermano de Valeriano Tiburcio, convertido también al cristianismo, son condenados a morir degollados en la persecución de Marco Aurelio en el año 178. Su cuerpo fue depositado en las catacumbas de San Calixto, cementerio de los Papas.

Allí contemplamos hoy su estatua yacente, que Carlo Madero plasmó en el mármol blanco de Carrara.

Tiene levantado el dedo índice de una mano, simbolizando la “Unidad de Dios”, y tres dedos de la otra mano, indicando “la Trinidad”.

Durante siglos, la tumba de la santa ha sido objeto de peregrinaciones. Trasladado su cuerpo en el siglo IX por el Papa Pascual I a la basílica romana de “Santa Cecilia in trastevere”, fue visto incorrupto por Baronio en el 1599.

Cecilia, sería “Coeli Lilia” (lirios del cielo), en referencia a la corona llevada por el ángel para su esposo desde el Paraíso.

Su fiesta se celebra el 22 de noviembre.

Riquezas maravillosas de la exuberante historia católica de inmortales mártires, doctores en sabiduría doctrinal irrefutable, vírgenes de vida heroica consagrada en sus anonimatos enamorados del amor de Dios y pastores abnegados arriesgado sus vidas en regiones remotas sembrando la Verdad salvífica del Dios creador, Redentor y trinitariamente santificador, son las joyas que han dado y siguen dando ese rescoldo inmarcesible y respandable de santidad, de fortaleza y de fiabilidad contra las debilidades humanas, cuando se distancian de la vida religiosa neblinas de tufo materialista en ese complejo valle de matojos y zarzales que nos prueba y nos purifica cuando seguimos la senda oscura, pero guiados por la perseverancia en la Fe, con la fuerza de la gracia divina, unida a nuestra mejor voluntad.

Recuerdo aquellas “veladas literarias-musicales” del 22 de cada noviembre en el Seminario leonés, con la participación de declamadores autores condiscípulos y el concierto de la “Schola” de voces graves celebrando a la patrona de los buenos músicos (no folklóricos), terminando la “velada” con las palabras de nuestro obispo Excmo. Dn. Luis Almarcha Hernández, (consejero en Cortes con Franco, perseguido por los rojos y librado de milagro del martirio). Este obispo, de los últimos del nacional-catolicismo, me confirmó en mi pueblo a mis tres años, en el 48 y me ordenó sacerdote en junio del 69.

Como anécdota, describo su remate de aquella velada, con sus palabras de pronunciación andaluza de Orihuela natural, en la que omitía muchas consonantes. Nos decía al final: “¡Sata- Cecilia, e, a, patrona, e, os músicos… Pero, Sata-Cecilia, no, e, a, patrona e, os, músicos poque supiese música, sino, poque llevó su vida, con… armonía!”.

¡Qué tiempos más maravillosos de los Seminarios en que nos formábamos con filosofía y teología escolástica y recia raigambre católica inmarcesible y luminosa…! ¡Alabado sea Dios!


Una respuesta a «Santa Cecilia, patrona de los músicos»

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad