¿Se intenta vaciar el contenido de la obra de Redención?

La Redención ha devuelto la libertad al hombre

Es propio de Dios crear y del hombre ser creado. Dios hace y el hombre es hecho. El hombre por obediencia es hijo de Dios, y deja de serlo en la desobediencia. Sólo Dios da la libertad al hombre, al que ha modelado con sus manos, y esa libertad sólo permanece en la obediencia a los mandatos de Dios. Porque el hombre es hecho a imagen y semejanza de  Dios, que es  el Autor.

El plan de Dios tropezó con la transgresión, con la desobediencia de Adán, tentado por el “apóstata” con forma de serpiente. Nuestros primeros Padres perdieron aquella libertad en la que vivían en el Paraíso. Conocieron tal pérdida al experimentar la rebelión de los sentidos, a causa de   la concupiscencia.

Sufrieron el castigo divino, pero no la maldición, que recayó en la serpiente diabólica y sobre la tierra que iba a trabajar el hombre. Dios tuvo misericordia de Adán y Eva. Era necesario que todo ocurriera tal como fue para evitar que la criatura despreciara al Creador, y para que la omnipotencia divina resplandeciera en la miseria humana.

El pecado de Adán trajo tristes consecuencias, la más importante: el pecado. Adán pecó y todos pecamos en él. Así como Adán transgredió el mandato divino, así nosotros también transgredimos el mismo mandato. Todos hemos pecado. Desobedecimos y perdimos la filiación divina.

“He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” ( Jn. 1, 29). He aquí el pecado del mundo: la desobediencia a Dios.

Llegado el tiempo oportuno, cuando el hombre estaba preparado, el Verbo se encarnó en las purísimas entrañas de María. La Redención comenzó. Sólo Dios podía redimir el hombre caído, liberándolo de la cárcel del pecado, del cautiverio al que estuvo sometido por el diábolo,  para devolverle la verdadera libertad, aquella “prístina libertad” del Paraíso.

Cristo libera al hombre de la servidumbre del pecado en la obediencia cruenta al Padre en la Cruz salvadora y redentora.

Obedeciendo Jesucristo al Padre nos devuelve la libertad obedeciendo nosotros los preceptos divinos.

El Nuevo Orden Mundial y la nueva redención

El Nuevo Orden Mundial es un éxito sin paliativos de la Masonería internacional, pues ha sabido aunar la ideología social-comunista y la liberal en un mismo fin: la desnaturalización de la sociedad cristiana, o bien, de la sociedad con fundamentos cristianos. El objetivo consiste es crear un nuevo concepto de sociedad sin fundamentos cristianos, mediante la implantación de nuevas ideologías contrarias a la naturaleza del hombre y de la sociedad y, a su vez, dar un nuevo sentido al ser del hombre, al concepto de libertad, al de sociedad libre, al de dignidad; para alcanzar de esta forma la sociedad universal masónica igual, libre y fraternal, pues de otra forma no se podría.

El NOM propone una nueva redención del hombre. Esta es nuestra tesis, y creemos que la experiencia nos lo confirma. ¿Qué estamos diciendo? Que el Nuevo Orden pretende  agrupar a todas las naciones del mundo viviendo un nuevo paradigma de sociedad según el ideal masónico. La redención que propone es materialista y atea. Por tanto, queda excluida de esta nueva redención la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, el pecado original, la solidaridad de todas las generaciones con el pecado original de los primeros Padres, lo que hace innecesaria la Obra de Redención de Dios operada en el Verbo encarnado. En definitiva, la Cruz de Cristo no tiene sentido alguno, y hay que darle un nuevo sentido; hablaremos de esto más adelante.

La nueva redención del NOM propone que no existe más realidad que la materia, lo material y tangible, sin que haya lugar alguno para la idea de Dios; sin diferencias entre el espíritu y la materia, ni entre el cuerpo y el alma. No hay realidades sobrenaturales, por tanto, no hay vida del alma tras la muerte, ni esperanza alguna de vida futura. Esta nueva redención niega al hombre sus derechos naturales, proponiéndole todo tipo de conductas antinaturales; propugna una libertad libre de cualquier principio normativo de su conducta moral que limite los impulsos ciegos de la propia naturaleza; es decir, el concepto de libertad no es más que dar rienda suelta a los deseos de la concupiscencia, sin límites ni coacción por parte de la ley.

¿Cómo se lleva a cabo esta nueva redención al tiempo que se anula la Obra de Redención de nuestro Señor? Basta tener presente las leyes que el NOM ha impuesto en las naciones, a aquellas que las aceptan fervorosamente haciéndolas propias. Estas leyes tienen como fin:

  • Destrucción de la familia cristiana y según el orden natural, favoreciendo las uniones libres y exaltando la exacerbada igualdad de género.
  • Legalización de la homosexualidad y de todo lo referente a la denominada ideología de género.
  • Legalización del aborto, contracepción y eutanasia.
  • Legalización de la pornografía pública, al alcance de todos.
  • Potenciación de la más indecente inmoralidad pública.
  • Enseñanza en las escuelas de la ideología de género.

Es sólo una muestra, a la que hay que añadir otra ley que se impondrá, y ya se han dado los pasos necesarios,  nos referimos a la pederastia. Este es Nuevo Orden Mundial, ateo, materialista, sin Dios, sin necesidad de redención del alma, sin realidades sobrenaturales, sin vida más allá de la muerte, sin juicio divino ante el cual  hayan de rendir cuentas de nuestras acciones.

En definitiva, una nueva redención hecha por el hombre opuesta a la de Dios.

La situación de la Iglesia que colabora con el NOM

Teniendo presente lo anterior, podemos ahora afrontar la situación de la Iglesia. Una mirada objetiva nos permite comprobar cómo la Iglesia, comprometida con el NOM, progresa, compartiendo objetivos fundamentales comunes. Es el caso del incesante proselitismo, dentro de la propia Iglesia,  en pro de las relaciones homosexuales y de todo lo relacionado con la denominada ideología de género. Es el caso de la constante e incesante campaña en pro de las bendiciones de las uniones homosexuales y  de las uniones adulteras. Es la constante propaganda ideológica para hacer normal en la vida de la Iglesia y de su moral la homosexualidad, el adulterio, la ideología de género, y todo lo que ello conlleva.

Es el caso el caso del aborto en la Iglesia. Observamos con estupor la pasividad de las autoridades eclesiásticas ante el holocausto abortista. Oímos declaraciones que dan la sensación de oponerse al aborto, pero no dejan de ser lo que son, meras declaraciones absolutamente vacías de contenido. La Iglesia no ejerce su autoridad, su poder coercitivo ante este pecado que clama al cielo. Políticos abortistas se declaran católicos, tienen todos los parabienes de los obispos, y reciben la sagrada comunión. En centros de enseñanza de la Iglesia católica se justifica el aborto y la anticoncepción; en centros médicos de la Iglesia se practican abortos y se favorece la esterilización.

El pecado avanza, y lo hace dentro de la propia Iglesia, que ya no se alza contra el mundo predicando la Palabra de Dios: no pecarás.

Desde dentro de la Iglesia serpentea un movimiento de rebeldía y de apostasía, a semejanza del “apostata” del Paraíso,  que atenta directamente contra la Obra de Redención; un movimiento que quiere realizar la misión del NOM dentro de la Iglesia, es decir,  desnaturalizar el sentido de la Salvación, el sentido de la Cruz Redentora y Salvadora de nuestro Señor Jesucristo.

Este movimiento quiere arrancar a Jesucristo de su Cruz; dejar la Cruz vacía, vacía del Redentor, vacía de sentido. Tenemos los ejemplos  de cruces aberrantes, de crucifijos ofensivos para el Señor. Este movimiento quiere dejar esclavo al hombre, lo quiere pecador, no quiere para el hombre la libertad que Dios le ha traído en la Cruz.

He aquí el aporte a la nueva redención del NOM por parte de este movimiento eclesial: convertir la Cruz de Cristo en una cruz vacía de contenido salvador y redentor, para transformarla en la nueva cruz de la nueva humanidad de la nueva sociedad libre, igual y fraternal. Esta nueva cruz, de sentido gnóstico, ya en sí es opuesta a la Redención, la olvida y la hace olvidar. Esta nueva humanidad requerida por el NOM, necesita un signo reconocible e identitario: la cruz vacía, la cruz sin sentido, la cruz gnóstica, que quiere presentarse como signo de unión de la nueva religión universal. Es la nueva cruz gnóstica que ensambla como en un puzle a todas las naciones culturas y religiones, en la que todos se sienten reconocidos. Porque esta cruz da gusto todos, y responde a todas las inquietudes de cualesquiera.

Esta es la nueva redención, esta es la nueva sociedad del Nuevo Orden Mundial, la que pretende levantar la condena al “apóstata” del Paraíso y al mismo tiempo reivindicarlo.

Ave María Purísima.


5 respuestas a «¿Se intenta vaciar el contenido de la obra de Redención?»

  1. Siento decirlo, pero cada día me resulta más difícil confiar en la Iglesia actual.
    Y no digamos en el ¿Papa?, y en la mayoría de los Obispos españoles.

  2. Ya no hay vuelta atrás. Tenemos que esperar a ver lo que haya dispuesto la Providencia para un futuro que acelera su llegada, y está más próximo de lo que pensamos.

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