¿Se pedirá perdón también por esto?

El balance de ETA: medio siglo de comunismo:

Desde 1960, ETA ha cometido 3.000 atentados en los que han muerto 858 personas, además de miles de heridos y 90 secuestrados.

De las víctimas mortales, 361 eran civiles (más del 42 %),

                                           195 guardias civiles (22%).

                                           147 policías nacionales (17%) y

                                             82 militares (9%)

La mayoría de ellos murieron consecuencia de los disparos (544, un 63%), mientras que 307 fueron asesinados a con explosivos, principalmente coches-bomba (158).

El 3 de mayo de 2018 los periódicos vascos Gara y berria publican a las 14 horas y 6 minutos el comunicado del anuncio de la desaparición de ETA:

En el comunicado, tres encapuchados de ETA, en cobardía eclipsada de hombría en mostrar sus rostros, aseguraron que “no era un camino fácil y que la lucha de largos años había creado esta oportunidad de mirar el futuro con esperanza y de actuar con responsabilidad y valentía, insistiendo en el reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular deben prevalecer sobre la imposición. La declaración que efectuamos reúne los ingredientes para una solución integral del conflicto. Por ello expresamos el compromiso claro, firme y definitivo de cesar la actividad armada, al tiempo que emplazamos a los gobiernos español y francés a abrir un diálogo directo para solucionar las consecuencias del conflicto”.

La voz de este comunicado pertenece a José Antonio Urrutikoetxea, alias “Josu Ternera”, dirigente histórico de ETA, huido de la justicia española.

Justo un día después de que ETA diera a conocer el final de sus 60 años de existencia, ha tenido lugar un encuentro con tintes internacionales en Cambo para testificar el fin de la organización terrorista comenzando por un minuto de silencio por las víctimas del conflicto. Tras la lectura de la declaración de Anaga, representantes de partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales han hecho el paripé ante los medios de comunicación de la disolución de ETA:

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, ha señalado hoy que “por fin se acaba la pesadilla que durante 60 años ha sido la existencia de ETA” y ha añadido que “siempre quedan las ganas de reclamar a la banda terrorista que conteste a la pregunta de para qué ha servido”.

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, dijo: “Bien es cierto que no es descartable que la bicha, a la que no se ha dado muerte, resurja, porque su mundo ideológico, disfrazado de nacionalismo democrático, el que le dio forma y contenido, forma parte de la entraña vasca”.

De ello nos ha venido dando cuenta el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en la masiva manifestación, que a través de su Observatorio de la Radicalización ha venido registrando desde el “alto el fuego” de ETA todo lo que ha supuesto enaltecimiento del terrorismo, siendo que durante 2017 ha computado 77 actos en Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra.

Con todo, pese a la emoción que algunos manifestaran por el comunicado, no debería olvidarse que la acción terrorista de ETA difícilmente puede exagerarse porque ahí están sus víctimas.

Muchos vascos que hoy pasan por buenas personas vieron en ETA el resorte imprescindible de sus ideas, siendo así que la banda criminal se convirtió en la vanguardia del patriotismo: la boina y el chistu; y los terroristas en los guerreros que defendían la nación y la fe contra las oscuras fuerzas represoras españolas. Nada les pareció mucho, ni siquiera el asesinato de los niños. Ninguna montaña de evidencias pudo cambiar su opinión, siquiera un ápice, ni hacerles dudar de sus convicciones. Hablamos de un terrorismo que se salda con casi 900 víctimas mortales, incontables lisiados físicos y mentales, y varios miles de desplazados forzosos. Un terrorismo que en sus mejores años tuvo un promedio de más de 100 asesinatos al año, siendo el caso de un asesinato cada tres días. Un terrorismo al que se amnistió y perdonó varias veces, con el que se negoció siempre y, que, en el paroxismo de la sinrazón, se premió. Un terrorismo gracias al cual el independentismo vasco ha conseguido el Cupo económico, una situación de evidente privilegio económico que sitúa a Vascongadas y a Navarra como las regiones de España con mejor nivel de vida.

Dicho lo cual, lo único que me importa resaltar son dos cosas. Primera, la sorpresa de que no se hayan producidos acciones por parte de familiares de víctimas contra los asesinos que hoy pasean tranquilamente por las calles de sus pueblos. Y la segunda, que desde el Vaticano no se haya entonado un mea culpa por no haber suspendido a divinis a esos perros rabiosos disfrazados de pastores que fueron cómplices, encubridores, instigadores, cooperadores e inductores de la acción terrorista de ETA: los Añoveros, los Cirarda, los Larrauri, los Setién, los Uriarte:  A los que habría que haber colocado ante un pelotón de fusilamiento, o cuanto menos haber metido en la cárcel de por vida.

Setién

Claro es que esta complicidad venía de la traición que la jerarquía de la Iglesia hizo de los principios y valores que habían alentado la Cruzada de 1936-39. Una traición que se concreta de forma visible a partir de 1971 en la asamblea de obispos y sacerdotes que criticó duramente la vinculación estrecha de la Iglesia con el Estado español; a la que se unió la Conferencia Episcopal española de entonces, que elaboró un documento, haciéndole el juego al Partido Comunista, en que reclamaba libertad y pluralidad en las opciones políticas en España. Y que en Cataluña y Vascongadas se llegó al extremo de que algunos obispos y sacerdotes alzaran la voz a favor de la independencia.

Siendo el peor entre todos ellos el cardenal Vicente Tarancón, que como presidente de la Conferencia Episcopal española fue el “tonto más útil” con que contó Santiago Carrillo en su estrategia de infiltración en la sociedad española, sobre el dictado de la “reconciliación”.

Actitud que no sólo denunciamos nosotros, sino el mismo san Juan Pablo II siendo Papa, que con ocasión de presentarle el citado monseñor la preceptiva dimisión como arzobispo de Madrid por haber cumplido 75 años, tuvo que escuchar de aquel Papa, bregado en el comunismo, está tremenda acusación: “Usted será el responsable de que el catolicismo retroceda en España, mientras nos esforzamos para doblegar al comunismo, cada vez más débil”.

Por eso ahora, cuando todo termina y la complicidad con el terror de ETA no puede ocultarse, “somos conscientes de que también se han dado entre nosotros complicidades, ambigüedades, omisiones por las que pedimos sinceramente perdón”.

De estos 3.000 actos terroristas y los 350 casos sin resolver es de lo que los obispos cómplices y colaboradores con los horrores perpetrados por los terroristas asesinos de eta, entendemos son los que deberían haber pedido perdón, y no los que, ahora, en un acto oportunista lo hacen, aprovechando la ocasión para solidarizarse y reclamar el acercamiento de los presos etarras.

¡Basta de farsas! creemos que hoy, a tenor de los más de 100 perdones que los Papas han hecho, en los últimos 50 años, en nombre de la Iglesia, respecto a los judíos, cismáticos, protestantes y determinadas conductas de abusos sexuales, igualmente entendemos que el actual Pontífice, y en nombre de la Iglesia, debería pedir perdón por haber tenido al frente de la Iglesia en España a toda esta gentuza.


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