Segunda traición de España al pueblo saharaui: Ana Palacio, Zapatero y el Plan Baker

maniobras conjunta EEUU-Marruecos: la fragata Tarik con el destructor Porter detrás.

El problema de Sahara no encuentra solución. Bien que gracias a lo conseguido hace muy poco por Marruecos parece definitivamente pueda quedar sentenciado a favor de Rabat. El reconocimiento de EE.UU. (con Trump) e Israel de la soberanía marroquí sobre el aquella tierra, y las maniobras militares conjuntas de los norteamericanos con Marruecos (con Biden de Presidente) en aguas del Sahara (y ante nuestras narices violando además nuestro espacio aéreo sin que haya habido respuesta española alguna) así lo parecen confirmar. De esta forma, los saharauis habrán dejado de existir como pueblo, pasando a tener que conformarse con ser ciudadanos marroquíes… y además de segunda o tercera clase, rodeados de muros impenetrables como si se tratara de una gran reserva india o un inmenso gulag soviético –contra lo cual los «progresistas» de siempre nada dicen–, al tiempo que viendo como Rabat expolia los ricos yacimientos de fosfatos que les pertenecen.

Pero lo que pocos saben, o muy pocos recuerdan, es que en todo ello ha tenido mucha culpa la funesta y traicionera política exterior española –por otro lado desvariada desde hace cuatro décadas en todo– en dos momentos claves para la historia del Sahara y de los saharauis; también, todo hay que decirlo, porque los saharauis disfrutaron de unos dirigentes corruptos que se vendieron a Rabat marchándose a Marruecos con la caja, abandonando a sus pueblo que, manipulado por ellos y sus amos alahuitas, creyeron que los malos éramos nosotros.

Dos han sido nuestras graves traiciones, nuestras sendas culpas: la primera, la de Juan Carlos I y aquel último gobierno con el Caudillo agonizando, cuando la Marcha Verde pactada en secreto con EE.UU. para intentar lavarse la cara ante los españoles de entonces, que aún lo eran, y ante nuestras FAS, bien que los jefes de éstas ya chaqueteaban y tragaron por mor de los rápidos ascensos prometidos por el hoy rey emérito a la fuga; la segunda, la de Ana palacio, Aznar, el PP y Rodríguez Zapatero, el PSOE y sus adláteres comunistas.

Aunque casi desconocida, por bien ocultada, nos vamos a centrar en esta última.

Baker

Auge y caída del Plan Baker

James Baker, quien fuera en su día Secretario de Estado con Bush padre, era el representante especial del Secretario General de la ONU, Kofi Annan, para el Sáhara Occidental. Tras múltiples gestiones y consiguientes decepciones, así como a la vista del empecinamiento de las dos partes en litigio, el Frente Polisario y Marruecos, y a pesar de las también múltiples resoluciones de la ONU favorables a los saharauis, pero sistemáticamente desoídas y vulneradas por Rabat, llegó a la conclusión en 2002 de que sólo podía existir una solución para el Sahara que, además, debía ser impuesta por el Consejo de Seguridad caso de que alguno de los litigantes se opusiera. Su propuesta fue denominada «Plan Baker» consistiendo, en síntesis, en lo siguiente:

  • Convertir al Sáhara Occidental en una autonomía –dependiente de Marruecos– con plenas competencias en materia educativa, cultural y de gestión de sus recursos pesqueros; no así en las de asuntos exteriores, defensa, interior, seguridad, finanzas, moneda, aduanas y comunicaciones. El plan contemplaba la celebración de dos procesos electorales: el primero, tras la firma del acuerdo entre las partes, para designar la que se denominaría Autoridad del Sáhara Occidental, que sería el gobierno autonómico que con carácter interino administraría los territorios; el segundo iba más lejos, pues consistiría en un referéndum, a celebrar al cabo de cinco años, para que el pueblo saharaui decidiera si seguía con ese sistema de gobierno autonómico o bien optaba por la autodeterminación. Mientras que en la elección del gobierno interino (esa Autoridad del Sáhara Occidental) sólo participarían los habitantes del Sahara identificados como originales del territorio que designara la Minurso (Misión de la ONU para el Referéndum del Sahara Occidental), en el referéndum participaría toda la población del Sáhara Occidental, incluidos los que habían emigrado o, incluso, se habían asentado en Marruecos después de 1975.

El plan fue recibido con grandes esperanzas por todos… menos por Marruecos. El Frente Polisario lo aceptó, incluso en aquellos puntos en los que siempre se había negado, como era el caso de quiénes participarían en las dos votaciones; lo de que pudieran votar los saharauis asentados en Marruecos desde 1975 lógicamente no le favorecía en absoluto. A Marruecos la palabra autodeterminación de lo que considera «provincia del sur», y lógicamente, le levantaba ampollas.

Contó también con la importante aprobación de los vecinos, Argelia y Mauritania, así como, en un primer momento, con la de España, entonces gobernada por Aznar, que jugó un papel esencial a favor de los saharauis, trabajando la delegación española con éxito en lograr convencer a los EE.UU. de que el Plan Baker era optimo y debía imponerse a las partes; no olvidemos que entonces, y aún hoy, España es administradora oficial de aquel territorio por mandato de la ONU.

Ana Palacio

Pero… en 2002 llegó al Palacio de Santa Cruz la inepta y extraña Ana Palacio, que en poco tiempo pasó de afirmar públicamente: “Hay que tener una perspectiva de solucionar el asunto y ello pasa por los intereses de los países vecinos y fundamentalmente por lo que es la manifestación del pueblo saharaui” (11.08.2002); “El Sáhara no es moneda de cambio. Nuestra postura sobre el Sáhara está fundada en muchísimas cosas, pero desde luego en ningún caso será moneda de cambio para mejorar nuestras relaciones con Marruecos” (26.09.2002) y “La ONU debe buscar una solución al conflicto del Sahara que tenga en cuenta no sólo los intereses de Marruecos, sino también los del pueblo saharaui” (09.12.200) a, en 2003, cuando España había revitalizado el proceso al conseguir que el Consejo de Seguridad aprobara por unanimidad en su resolución 1495 el «Plan Baker», apuñalar a Aznar, al Gobierno, a España y más aún a los saharauis cuando accedió a la pretensión marroquí de variar el texto de la resolución del Consejo de Seguridad de forma que en vez de constar «endosarlo» lo que le daba fuerza ejecutiva, lo dejó en «apoyarlo» y por tanto sin fuerza coactiva. Todo un éxito in extremis marroquí gracias a Ana Palacio que nunca ha sido capaz de explicar si es que sufrió algún trastorno mental pasajero o alguien le enseñó algo que la comprometía o le prometió… El caso es que en 2017, Ana Palacio fue designada por el gobierno marroquí miembro del Consejo Asesor Internacional del Grupo OCP del que depende Phosboucraa, empresa gubernamental marroquí que explota, y expolia a los saharauis, los fosfatos del Sahara. ¡Qué cosas tan curiosas tiene la vida!

La metamorfosis de Ana Palacio está aún por explicar; no así la poca personalidad de Aznar que tragó sin más problemas.

Y llegó el 11M en 2004 y con aquel baño de sangre tan mal gestionado por el ínclito Aznar, accedió al poder Rodríguez Zapatero. Y ahora les pregunto: ¿no fueron «yihadistas» los asesinos? ¿No fueron marroquíes? ¿No se dijo que en aquel infame hecho pudieron haber estado implicados los servicios de inteligencia marroquíes? Pues bien, el caso es que nada más sentarse en la Moncloa, Rodríguez Zapatero, antes incluso de su esperpéntica retirada de las tropas españolas de Irak, y siendo su primera acción de gobierno, fíjense bien, apeó a España definitivamente del «Plan Baker» retirándole su apoyo por completo. ¿Otra curiosidad de la vida? dando al traste con él. Luego rindió pleitesía al tirano marroquí en la visita que parece obligada de todos los presidentes españoles a Rabat… antes que nada.

A partir de entonces, Marruecos volvió a coger aire que no desaprovechó, sino que explotó, pues ya se negó en redondo, por activa y pasiva, verbalmente y por escrito, a acatar hasta la menor de las varias resoluciones de la ONU en su contra. Lo que con el tiempo y una caña le ha llevado incluso a conseguir lo dicho al principio de este artículo: comerse el Sahara con el visto bueno de los EE.UU., Israel y… los que les seguirán que serán a no tardar mucho no pocos.

En cuanto al papelón de España, no ha podido ser más nefasto. Lo que queda por ver es si por ineptitud o estupidez o… piense cada cual lo que quiera.


3 respuestas a «Segunda traición de España al pueblo saharaui: Ana Palacio, Zapatero y el Plan Baker»

  1. Pensar en manos de qué clase de Ministros está España, desde hace 40 años, es para tirarse a las vías del AVE de cabeza. Le ves la cara de enajenada del Opus a esta mujer, con los pelos y la frente de loca, y te da escalofríos. Y como esta todos los demás, porque lo que hay ahora tiene tela marinera, y si es en tiempos de la UCD, o Zapatero, o Trillo diciendo viva Honduras, o buscando lo más barato para alquilar el Yak 42 que se estrelló mientras el dinero se despilfarra en mil cosas inútiles. De verdad estamos mal pero lo raro es que no estemos todavía peor viendo la clase de gente que dirige España sin solución de continuidad.

  2. Magnífico trabajo sobre un aspecto nada divulgado en los “media” y, en gran medida, al menos para mí, desconocido.
    Enhorabuena sincera y profunda, y muchísimas gracias.

  3. España es la patria, es la nación, los antepasados, y aunque son siglos de traiciones y traidores , como en la actualidad , tenemos a la Santísima Virgen , que intercede por nosotros , y nos aguarda la patria celestial. Un abrazo.-

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