Señales de advertencia que fueron ignoradas

Ucrania está en el punto de mira del mundo occidental. La guerra se está librando en su territorio y los líderes y élites occidentales hacen creer que no esperaban tal posibilidad. ¿Son francos? Durante años hemos visto las hostilidades ideológicas y hemos observado cómo se lanzaban dardos contra el Kremlin: Rusia se mantuvo ocupada eludiendo las numerosas sanciones, respondiendo a las acusaciones vertidas contra Moscú con respecto a los casos de Boris Nemtsov, Sergei y Yulia Skripal o Alexei Navalny, y manejando las convulsiones políticas en Bielorrusia, Georgia, Kazajstán, especial y precisamente en Ucrania. Al presidente ruso le llamaban de forma habitual dictador, el gobierno ruso y era un «régimen», aunque Vladimir Putin (¡tachado asesino indirectamente! por el presidente Biden) tuvo mucho cuidado de referirse siempre a los políticos occidentales como socios de Rusia. El camino que condujo a la guerra que estalló el 24 de Febrero de 2022 se había allanado durante muchos, muchos años. La revuelta de Maidan del año 2013/2014, la posterior anexión de Crimea y el levantamiento inducido por Rusia contra Kiev en la región de Dombás podrían haberse visto como un ensayo general de los acontecimientos actuales. Siria fue otro escenario donde tuvo lugar ese ensayo general. Con todas las sanciones (NordStream 2), acusaciones, enfrentamientos por poderes, insinuaciones y demás, ¿cómo puede alguien decir que no esperaba la eclosión bélica actual?

Zelensky

A los estadounidenses les encanta la frase «línea roja». Imponen ciertos requisitos a sus oponentes y si no se cumplen, Washington golpea. Recuerden Siria. Fue algo así: un día el presidente Obama dijo que Estados Unidos lanzaría misiles si los rebeldes sirios usaban gas y al día siguiente… usaron gas, muy probablemente… para complacer a los estadounidenses y darles el pretexto para atacar. Los líderes del Potomac trazaron la línea roja y, al verla cruzada, reaccionaron como habían prometido. Moscú tampoco tuvo otra opción que establecer su propia línea roja, que era: Ucrania no debe convertirse en un estado miembro de la OTAN o de lo contrario… Cuando comenzó a verse claro que a Ucrania se le habrían las puertas de la OTAN, y que para colmo comenzaba a debatirse si no se debería también permitir que Kiev poseyera sus propias armas nucleares, Rusia golpeó. Tales son las reglas del juego. Si alguien establece sus líneas rojas y luego se sienta de brazos cruzados viendo cómo se traspasan por otros dichas líneas una y otra vez, quien así actúe se convierte en una nulidad política con la que nadie cuenta. Por cierto, lo mismo se aplica a los individuos, no sólo a los estados. Siguiendo el lenguaje político estadounidense en el que todas sus intervenciones se denominan operaciones pacíficas u operaciones destinadas a prevenir un desastre humanitario, Rusia calificó su intervención en Ucrania como una operación militar destinada a la desmilitarización y desnazificación del país. Si no ven el paralelismo, entonces tienen ustedes un prejuicio injusto contra Moscú.

Milicianos ucranianos

Nosotros no nos ocupamos directamente de la guerra en Ucrania. Lo que nos interesa es ofrecerles un retrato psicológico de Rusia, llevándoles en un viaje de monumento a monumento dedicado al pasado de Rusia y de discurso a discurso ocasionado por la inauguración de esos monumentos: mensajes perspicaces de la nación eslava más grande para el mundo exterior, mensajes que revelan el alma y las ambiciones de dicha nación. Estos mensajes deberían haber sido recibidos, leídos e interpretados correctamente en Occidente. Por desgracia, la abrumadora mayoría del mundo occidental ignora todo lo que sea ruso (también ucraniano, serbio, croata, polaco, checo), tiene muy poco conocimiento sobre esas regiones del mundo y depende en gran medida de los medios engañosos y sesgados para obtener información sobre dichas naciones. Si a veces se estudian las fuentes rusas, entonces se malinterpretan irremediablemente. Compare la interpretación de la obra maestra de Leo Tolstoy «Guerra y paz» en la película dramática estadounidense de 1958 con Audrey Hepburn, Henry Fonda y Mel Ferrer con la que se da en la película de 1966-67 con Sergei Bondarchuk, Ludmila Savelyeva y Vyacheslav Tikhonov. ¿Cuántos lectores están familiarizados con la primera más que con la segunda, sin estar familiarizados con el libro en primer lugar?

El pecado original que conduce a las hostilidades y al odio entre las naciones es la incapacidad de escuchar a la otra parte del conflicto, la incapacidad (o incluso la falta de voluntad consciente) de dejar que la otra parte sea escuchada. Dígannos honestamente: ¿alguna vez durante los últimos años han escuchado la argumentación rusa sobre Navalny, Siria, NordStream 2 o Ucrania? ¿Alguna vez han tratado de acceder a los medios de comunicación patrióticos rusos (no nos referimos a los llamados disidentes que sólo son eco de la CNN o la BBC) de los cuales algunos están en inglés, y han tratado de juzgar el conflicto entre Occidente y Rusia con imparcialidad?


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