Si no es blanca, no es Ana Bolena

Una cadena de televisión británica anunció hace unos meses que iba a filmar una serie de televisión sobre Ana Bolena, la mujer por la que Enrique VIII se separó de Roma y se convirtió en cabeza de la iglesia anglicana a fin de divorciarse de la reina Catalina de Aragón. Hasta aquí nada sorprendente, salvo por la protagonista: la actriz negra Jodie Turner-Smith.

La Ana Bolena negra que nos han colocado no es algo incidental, ni una extravagancia más del mundo del cine. Ni siquiera obedece a ese afán excéntrico de recrear una obra que se da mucho en el mundo de la ópera, donde las piezas más clásicas te las cambian de lugar y época. Y te dejan sólo como referencia el libreto musical para identificarla y convencerte de que no te has confundido de teatro.

Esta Ana Bolena de ébano es parte de las consecuencias de aceptar como cierta la teoría interseccional y, por lógica desquiciada de los seguidores de todas estas ideologías del victimismo, tratar de superar esas discriminaciones acumulativas por el procedimiento de que no haya diferencias. Es decir, la discriminación estructural del blanco hacia el negro se erradica si no existen blancos y negros, la discriminación estructural de los hombres se elimina si no hay hombres y mujeres. Y la forma de conseguir tan extraordinario milagro es negar que hay blancos y negros, mujeres y hombres, discapacitados y son discapacidad, enfermos y sanos…

Se está avanzando mucho en esa idea enloquecida de que unos grupos humanos oprimen a otros por el mero hecho de existir hasta el punto de que se dice que los sanos discriminan a los enfermos por no estarlo. Y los cuerdos a los locos, que lo están simplemente porque los cuerdos han impuesto su realidad a la del esquizofrénico.

Con Ana Bolena el problema que parece anécdota surge de dejar pasar pequeñas vías de agua de esta ideología porque es parte del avance. Los resquicios terminan  haciéndose grandes grietas y entra todo lo demás.

¿Por qué no una Ana Bolena negra? Porque no era negra.

No se pide que quien la representa sea idéntica, o ella misma (cosa imposible), sino que se asemeje. Si la representa un hombre, como hubiera sucedido hace siglos cuando no se permitía a las mujeres subir a los escenarios, ha de vestirse de mujer e imitar todo lo que hace una mujer. Si Otelo lo representa un blanco, ha de «oscurecerse». Si un adulto hace de niño, ha de ser lo más bajito posible y hacer cosas de niño.

Si dicen que a Ana Bolena la represente una actriz negra porque no hay una blanca que lo haga mejor, habrá que pintarla de blanco para acercarse al modelo, del mismo modo que la visten de época. Se está recreando un hecho histórico y lo normal es ceñirse a los hechos.

Porque si, siguiendo esta línea, ponen una Ana Bolena negra, un rey Enrique hispano, vestidos como jóvenes de los años 60 y en vez de cortarle la cabeza, resulta que la atropellan con un Chevrolet, parecerá un musical de Broadway y no la historia de Ana Bolena. Vamos, que creeremos que nos hemos confundido de película porque aquí no tenemos libreto musical que nos oriente.

Hay otra corriente de perturbados que exige lo contrario, por ejemplo, que la historia de un transexual tenga que representarla un transexual. En ese caso, también habría que exigir que los muertos sean cadáveres, los asesinatos deben llevarse a cabo, las palizas propinarse, los atracos han de hacerse con dinero real y así hasta el despropósito final que supondría grabar con estas premisas el hundimiento del Titanic.

Ana Bolena debe ser blanca, tener embarazos fallidos, una sola hija y ha de morir ejecutada o no es la historia de Ana Bolena.

Todo ello de ficción, por favor, sin cortarle la cabeza de verdad.

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2 respuestas a «Si no es blanca, no es Ana Bolena»

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