Sobre la sodomía

Por sodomía se entiende la práctica de relaciones sexuales de cualquier tipo entre personas del mismo sexo, sean hombres o mujeres.

Hoy, a tales prácticas se las denomina simplemente como homosexuales, pero su nombre real es sodomía.

Dios nos creó hombre y mujer, dándonos la capacidad y la obligación de reproducirnos mediante las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer, para lo cual nos dotó de los atributos sexuales complementarios necesarios para tal fin.

Cualquier práctica sexual fuera de la citada es, por tanto, contranatura. Además, supone una ofensa especialmente grave contra Dios.

Por ser contranatura, todas las civilizaciones consideraron siempre a la sodomía como especialmente abominable, siendo marcadamente rechazada, e incluso penado, hacer alarde y ostentación de ella, considerándola producto de la perversión sexual y el vicio.

Por ello, su práctica, como otras antinaturas, lo fue siempre por una ínfima minoría. Y sobre todo, su exhibición pública quedó restringida al ámbito privado y a la intimidad.

Sólo en algunas pocas contraculturas, como las precolombinas, especialmente primitivas y degeneradas, se la aceptó y permitió públicamente.

En Occidente fue así hasta que en la década de los 70 del siglo pasado, en los Estados Unidos, se decidió eliminar tal consideración. A partir de entonces, la sodomía ha logrado su reconocimiento generalizado e incluso institucional. Incluido un pretendido derecho de los sodomitas a legalizar sus uniones y adoptar niños.

Más aún desde hace tres décadas, se ha elevado a la sodomía a la categoría de alternativa sexual normalizándola, aceptándose tal hecho de forma generalizada, de manera que en la actualidad se permite, se subvenciona e incluso se impone su exhibición pública. Y no sólo eso, sino también su enseñanza hasta en los centros escolares. Incluso se persigue cualquier posibilidad de rebatirla o de oponerse a lo dicho.

Lo que se ha buscado con ello, y sin duda conseguido, es su expansión, aunque para lograrlo se hayan utilizado y se utilicen métodos violentos, intolerantes y totalitarios, vulnerando los derechos civiles y religiosos de quienes se oponen a ella.

La principal razón es que al ser la sodomía contranatura, impide que los sodomitas puedan reproducirse. Por lo que la única forma que tienen de hacerlo es exhibiéndola, eso sí, siempre con una imagen falsa que oculta su cruda realidad. Y enseñándolas, sobre todo a niños y jóvenes.

Así, el número de sodomitas ha aumentado de forma exponencial. Nuestra civilización extremadamente hedonista y relativista, tan decadente, en muchos y esenciales aspectos, confundiendo libertad con libertinaje, ha optado por admitirlo, y dar categoría de normal e incluso imponer una práctica antinatura como es la sodomía. Las consecuencias de todo orden son catastróficas.

Quien de forma privada y en su intimidad quiera dedicarse a tal práctica antinatura, allá él. Pero nadie tiene derecho a hacer ostentación de ella, menos aún a su exhibición pública y enseñanza, incluso obligatoria, es decir, agredir y violentar la sensibilidad, la conciencia, las creencias y la libertad de los demás. Tampoco las autoridades, ni menos aún con fondos públicos.


Una respuesta a «Sobre la sodomía»

  1. No entiendo a los que follan y son follados por donde se caga.
    Que las sodomitas hagan la tijereta no es tan marrano.
    La ley hace ficción, y miente, dando validez a los que naturalmente es nulo.

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