Sobre Moisés, Josué, los Jueces y los Reyes de Israel

Moisés

¿Por qué llama la Sagrada Escritura a Moisés siervo de Dios? Porque le fue siempre fiel y lo sirvió con mansedumbre, sencillez, humildad y desinterés.

¿Qué elogio hace la Sagrada Escritura de Moisés? Ensalza su sabiduría y su poder, lo considera como un caudillo con quien nadie puede compararse y cuya memoria se bendice. “Moisés llegó a ser varón poderoso tanto en palabras como en obras” (Hech., VII, 22) –  “Moisés amado de Dios y de los hombres, cuya memoria está en bendición. Le hizo semejante a los santos en la gloria. Le dio preceptos cara a cara, y ley de vida y de doctrina; para que enseñase a Jacob su testamento y sus juicios a Israel” (Ecli., XLV, 1, 2, 6) –  De allí adelante no se levantó en Israel un profeta como Moisés, con quien el Señor conversase cara a cara, ni que hiciese todos aquellos milagros y portentos que obró cuando le envió el Señor a tierra de Egipto” (Deut., XXXIV, 10, 11).

¿Por qué no entró Moisés en la Tierra prometida? En expiación de la falta de desconfianza que cometió al herir por segunda vez la roca de Cades para proporcionar agua a los Hebreos.

¿Qué quería Dios dar a entender disponiendo que su profeta muriera a la vista de la Tierra prometida? Que la ley escrita sólo conducía a su pueblo a la puerta de su heredad, y que Josué, o Jesús, era quien debía introducido en la verdadera Tierra santa.

¿Cuál es la principal gloria de Moisés? La de haber recibido de Dios mismo la promesa explícita del Redentor, haber sido una de sus figuras más salientes, y haber preparado, por medio de instituciones religiosas y sociales admirables, la ley de gracia traída al mundo por Jesucristo.

Josué

¿Cómo introdujo Dios a su pueblo en la tierra de Canaán? Por medio de milagros no menos admirables que los que obró para sacarlo de Egipto.

¿Qué milagros son esos? 1º El Jordán suspendió su curso, dejando paso libre al pueblo; 2º los muros de Jericó, que defendía toda la tierra de Canaán, cayeron por sí solos; 3º el Sol se detuvo por mandato de Josué, en la batalla de Maceda, para que pudiese llevar a cabo la completa derrota del enemigo. Al cabo de siete años, por la protección divina, más bien que por el valor de sus tropas, se apoderó Josué de la mayor parte de la Tierra prometida.

¿Qué suerte cupo a los pueblos cananeos sobre quienes Dios había echado su maldición? Parte de ellos perecieron en las batallas; otros se quedaron en el país, y los demás, expulsados del territorio, fueron a establecerse en África. “Y cuando (esas naciones) te las entregare el Señor Dios tuyo, las pasarás a cuchillo sin dejar uno solo” (Deut., VII, 2).

¿Cómo sirvieron esos pueblos a los designios de Dios? Haciendo brillar: 1º la paciencia de Dios que los perdonó durante mucho tiempo; 2º su profunda sabiduría, y la maravillosa protección dispensada a su pueblo, puesto a prueba en Egipto y en el desierto, e introducido en la Tierra prometida mediante prodigios inauditos; 3° su justicia; que dispuso expiaran por fin los cananeos sus crímenes abominables.

¿Cuál fue la misión de la tribu de Judá en la conquista del país de Canaán? Dios quiso que esta tribu, que se había distinguido más que las otras por su número, valor y dignidad, fuese al frente de ellas por lo cual declaró que había entregado el país en manos de Judá.

¿Qué parte tocó a esta tribu en el reparto de la Tierra prometida? El país de los Jebuseos, cuya capital era Jebús o Jerusalén, destinada a ser la ciudad santa y lugar principal de la religión.

¿Qué hizo Josué antes de morir? Congregó a los Israelitas y renovó solemnemente la alianza de la nación con Dios, prediciéndoles, como Moisés lo había hecho, que si eran fieles a la ley de Dios, el Señor los bendeciría, vencerían a sus enemigos y disfrutarían de gran prosperidad; pero que si, por el contrario, se hacían prevaricadores, Dios les maldeciría, se verían oprimidos por los otros pueblos y agobiados de calamidades (Deut XXX; Josué XXIII).

Los Jueces

¿Fueron fieles los Israelitas a la ley de Dios? Lo fueron mientras vivieron los ancianos que habían sido testigos de los milagros obrados por Dios en su favor, mas después incurrieron repetidas veces en la idolatría.

¿Cómo los trató el Señor? Reduciéndolos a servidumbre cada vez que cayeron en la idolatría, y devolviéndoles la libertad siempre que se arrepintieron.

¿Cómo se llamaban los libertadores del pueblo de Israel? Llamábanse Jueces. Con todo, no eran magistrados políticos encargados de administrar las doce tribus; y antes de Helí y Samuel, ni siquiera fueron jueces destinados a administrar justicia. Su misión era militar, y consistía en libertar al pueblo de la opresión de sus enemigos.

¿Quiénes fueron los jueces más notables? Gedeón; que derrotó a los Madianitas con solos trescientos hombres; Jefté, que triunfó de los Amonitas y se hizo tristemente célebre por su voto temerario; Sansón, que dotado de fuerza prodigiosa fue el terror de los Filisteos; Heli, cuya debilidad en la corrección de sus hijos fue castigada con una muerte trágica y con la pérdida del Arca que cayó en poder de los Filisteos; Samuel, que desterró la idolatría de todas las tribus, hizo reinar en ellas la paz y fue modelo constante de piedad y fidelidad.

¿A quién debió Samuel tan preciosas virtudes? Después de Dios, a su madre Ana que lo había obtenido por sus oraciones y consagrado al Señor desde su más tierna infancia.

¿Qué sentimientos produjo este favor en el corazón de Ana? Los de un vivo reconocimiento hacia Dios, expresados en un cántico sublime, en el cual se designa por vez primera al Mesías con el nombre de Cristo. “El Señor juzgará los términos de la tierra, y dará el imperio a su rey, y ensalzará el poder de su Cristo” (Reyes II, 10).

¿Qué otro señalado servicio hizo Samuel a su pueblo? El establecimiento de las escuelas de profetas.

¿Qué eran esas escuelas de profetas? Eran instituciones regulares de instrucción religiosa, cuyos miembros, reunidos en comunidad gobernada por un superior llamado. Padre o Maestro, se dedicaban a alabar a Dios y a estudiar la ley. Eran llamados hijos de los profetas, y de entre ellos sacó Dios a quienes hizo órgano de sus voluntades.

Los Reyes

¿Por qué régimen se gobernaban los Hebreos antes de la fundación de la monarquía? Por el régimen patriarcal. Eran independientes unos de otros; no tenían más jefe ordinario que los cabezas de familia y de tribu, ni otro lazo común que el lazo de la religión.

¿Por qué pidieron rey los Israelitas? Porque Samuel era ya anciano y la conducta de sus hijos irritaba al pueblo; además, los Filisteos habían penetrado hasta el interior del país y oprimían a los Israelitas con su férreo yugo. La necesidad de defenderse contra ellos impulsó a los Israelitas a desear un rey capaz de ponerse’ al frente de los ejércitos y de conducirlos a la guerra.

¿Qué hizo Samuel? Consultó al Señor, quien le ordenó que accediera a los deseos del pueblo. Dios le hizo saber que había elegido a Saúl, de la tribu de Benjamín, por rey de Israel.

¿Se mostró Saúl digno de la elección de Dios? No: pues pronto quiso hacerse independiente del profeta Samuel, que representaba a Dios para con él, y por tanto, sustituir la teocracia por el despotismo oriental.

¿Cómo manifestó Saúl su independencia? Ofreciendo un sacrificio que sólo Samuel debía ofrecer; perdonando la vida, contra la orden expresa de Dios, en una guerra contra los Amalecitas, al rey Agag, y guardando lo mejor de los rebaños y del botín arrebatados al enemigo.

¿Qué le dijo Samuel? Que la obediencia vale más que el sacrificio. “Mejor es la obediencia que las víctimas, y el obedecer, mejor que ofrecer el sebo de los carneros” (Reyes XV, 22).

¿Qué fue de Saúl después que Dios lo hubo rechazado? Saúl, que hasta entonces había sido feliz y vencedor de los ene­migos de Israel, fue presa de frecuentes accesos de profunda melancolía, y vio a los Filisteos levantarse más fuertes y poderosos que nunca. Una negra envidia le impulsó a perseguir a David y a asesinar, por odio a él, a ochenta y cinco sacerdotes. Viéndose dominado por el mal espíritu y abandonado de Dios, recurrió a prácticas supersticiosas: por medio de la pitonisa de Endor, consultó al mismo a quien no había escuchado durante su vida, a Samuel, de quien recibió el oráculo siguiente: “El Señor cortará tu reino de tu mano, y lo dará a tu prójimo David, porque no obedeciste a la voz del Señor… Mañana tú y tus hijos seréis conmigo, y el Señor pondrá también el campamento de Israel en mano de los Filisteos” (Reyes XXVIII, 17-19). Al día siguiente sucumbía en su derrota. David lo lloró largo tiempo, pues no había correspondido a sus injusticias sino con la más admirable magnanimidad.


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