Sodoma

Es verdad que todos somos iguales ante la ley. Esta igualdad, sin embargo, es jurídica, no biológica. No puede, y de hecho no elimina las diferencias anatómicas y psicológicas entre los sexos. Son estas mismas diferencias las que crean las condiciones para el matrimonio y constituyen su fundamento natural.

Con respecto al matrimonio, la igualdad jurídica significa que todos aquellos con la capacidad natural de casarse tienen el derecho de hacerlo. Esta igualdad jurídica no crea las condiciones requeridas por la naturaleza para el matrimonio. Ahora, el acto conyugal está intrínsecamente relacionado con el matrimonio, y la naturaleza requiere de dos individuos de sexos opuestos para su realización.

Dos personas del mismo sexo que deseen casarse carecen totalmente de este requisito natural, de modo que el principio de la igualdad ante ley no se aplica.

Según la ley natural, el Estado tiene el deber de mantener la moralidad pública. Esto no significa que el Estado debe hacer cumplir la práctica de cada virtud y proscribir la práctica de cada vicio, como supuestamente procuran los ayatolás de hoy. En cambio, significa que, al legislar en materias morales, el gobierno debe decidir cuando algo afecta directamente al bien común, y entonces legislar así para favorecer la virtud y obstaculizar el vicio.

Una vez que la homosexualidad, el adulterio, la prostitución y la pornografía socavan los fundamentos de la familia, que es la base de la sociedad, entonces el Estado tiene el derecho de utilizar su poder coercitivo para proscribirlos o restringirlos actuando según los intereses del bien común.

Se dice que el vicio no pide nada más que sentarse al lado de la virtud. Cuando se permite que el vicio coexista pacíficamente con la virtud, esta última se corrompe. La virtud solamente es integral cuando combate vigorosamente a su contrario.

El matrimonio es la unión permanente, vínculo sagrado que une a un hombre y a una mujer que desean constituir una familia y afrontar las pruebas de la vida juntos. El matrimonio exige una devoción, dedicación y sacrificio desinteresados. El matrimonio y la familia son instituciones sagradas que fomentan el bien común de la sociedad.

La legalización del simulacro de matrimonio homosexual y el ponerlo en pie de igualdad con el matrimonio tradicional, subvierten y destruyen a este último. Cuando la autoridad pública y la sociedad en general niegan la singularidad y la contribución irremplazable del verdadero matrimonio al bien común, y cuando los individuos pueden encontrar incentivos legales y recompensas más fácilmente en esos simulacros, entonces el verdadero matrimonio está en vías de extinción.

En el cuadro Lot huye de Sodoma y Gomorra destruidas por Dios con fuego y azufre caídos del cielo a causa de sus pecados. A pesar del tiempo transcurrido siguen representando el castigo divino a quienes se ufanan de su perversión.


5 respuestas a «Sodoma»

  1. Siempre ha habido, y siempre habrá, homosexuales y lesbianas, invertidos, entendidos, o cómo se les quiera llamar…
    Con todo respeto, en lo personal, hacía ellos, por supuesto.
    Pero que el Estado, y hasta esa decadente Iglesia que padecemos, promuevan esas prácticas, las amparen, y las conviertan en «normales», va un abismo, que muchos no estamos dispuestos a cruzar.

    1. Pues yo les llamo MARICONAZOS, con el mismo respeto que ellos tienen con nosotros.
      Y Ramiro… siempre ha habido, pero ahora…. MUCHIIIIIIIIIISIMOS MAS.
      Debe de ser o el agua con aluminio o los chemtrails o las vacunas… por mi parte… que les den por el ipurdi.
      DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

  2. No hay ninguna inocencia en esas leyes, ni por error siquiera. Lo que se pretende es alejar al ser humano de Dios, primeramente, para alienarlo de su genuina naturaleza y así hasta destruirlo, finalmente. Antes de llegar a ese punto, tanto la familia como el tipo de sociedad que conforma (comúnmente entendidas), habrían quedado ya por el camino…

  3. Esas conductas han sido alentadas y promovidas, como todo lo que está pasando, para evitar la procreación del 99,99%: de los no elegidos (gnosticismo). Los clásicos griegos lo pusieron por escrito en su Republica «ideal», racionalizando el racismo ancestral que hoy nos diezma científicamente.

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad