«Sólo muere el olvidado», José Manuel Estévez Payeras

La bibliografía sobre la gesta, épica y heroica donde las haya, de la División Azul es muy extensa, proliferando lo bueno sobre lo malo; lo último siempre viniendo de los de siempre, valga la redundancia. Pero no todo está dicho, ya que semejante hazaña, por otro lado tan cercana, tiene todavía mucho por descubrirnos.

Uno de los aspectos que poco a poco se va conociendo y desentrañando es el de las vivencias de sus componentes, de aquellos hombres, simples seres humanos, que impulsados por profundos y generosos sentimientos de honor, valor, patriotismo y deseos de libertad, no dudaron en jugarse lo más importante, la vida, por conseguirlos o que los consiguieran otros; prueba la más excelsa de la veracidad de aquellos sentimientos.

Estévez Payeras

Llega a nuestras manos una nueva aportación en tal sentido: «Sólo mueren los olvidados. El Batallón II/262 en la campaña de Rusia. 1942-1943» del Col. José Manuel Estévez Payeras, apuesta, al tiempo, como todas las suyas, audaz, valiente y sin complejos de Editorial Actas, digna, en lo suyo, de aquellos divisionarios. «Sólo mueren los olvidados» es un libro que hila y recoge, que nos acerca, hasta casi tocarlos, a aquellos hombres, a aquellos soldados que, devorados por una guerra mundial de escala y crueldad nunca vista antes, fueron capaces de conservar lo mejor del ser humano.

El Col. Estévez Payeras, nieto del que fuera Comandante Payeras, caído gloriosamente en la batalla de Krasny Bor, no es la primera vez que se sumerge, y bien, en aquellos hechos, sólo que en esta ha tenido el acierto de acercarnos a las múltiples, pequeñas, pero no por ello menos importantes vivencias de casi un millar de nuestros soldados que pasaron por aquel tan glorioso Batallón II/262. Basado en una minuciosa labor de investigación, este libro pretende dar a conocer, de una forma amena y desenfadada, la difícil y arriesgada vida diaria de unos españoles que combatían lejos de su tierra en una guerra ajena e inmisericorde.

Su importancia radica, por tanto, en su profunda humanidad. Alejado de los detalles de las grandes maniobras, esfuerzos y hechos históricos en sí de aquella campaña, se centra en las pequeñas historias de los pequeños, los soldados, también de sus mandos, a través de las cuales convierte al lector en uno de ellos, nos pone al lado del guripa, del suboficial, del oficial, del centinela en la gélida estepa rusa, del calor humano y espiritual del estrecho puesto de mando, en la oscuridad donde a la luz de una vela se escriben las cartas a la familia o a la novia, en el momento previo al combate que se sabe que será terrible por la fuerza del enemigo, en el instante supremo en que el soldado sabe que muy posiblemente será el último y ante el camarada caído cuya faz va perdiendo color.

Las microhistorias de mil personajes, hasta ahora anónimos, se entretejen para ofrecer un mosaico de la vida de un batallón que se convierte en el auténtico protagonista de la obra. Vertebrados por la correspondencia del comandante Payeras con Conchita, la mujer que le espera impaciente en Mallorca, y el diario de operaciones de la unidad, a lo largo de sus páginas se suceden pequeños lances que nos permiten conocer no sólo la existencia dura y difícil de cada hombre, sus anhelos y sus motivaciones, sino también la gesta generosa del batallón.

Libro, pues, de lectura obligada para conocer en profundidad un aspecto más, posiblemente el más importante por ser el más humano, de aquella tan gloriosa División Azul.


7 respuestas a ««Sólo muere el olvidado», José Manuel Estévez Payeras»

  1. Extraordinario tiene que ser el libro, que me lo apunto para leerlo. Sólo una pequeña e importante discrepancia, y es respecto al uso del término «AJENA»:
    «…unos españoles que combatían lejos de su tierra en una guerra AJENA e inmisericorde».

    Aquella guerra no nos era ajena, ni a corto ni a largo plazo, sino todo lo contrario:

    – A corto plazo, pilotos rusos que combatieron en los cielos de Guadalajara, Albacete o de Teruel cayeron en los cielos próximos a Moscú, como el piloto ruso Gregorio Sokolov, como lo hicieron soldados de infantería soviética que se habían batido en España, incluido el hijo de la Pasionaria enrolado en el Ejército Rojo y como él muchos rojos que después de cometer toda clase de crímenes en la guerra de España huyeron a Rusia. Generales que Stalin envió a matar españoles y profanar iglesias, como el asesor de Largo Caballero Kiril Afanasievich Meretskov, o tantísismos otros (Ivan Koniev, Nikolai Gerasimovich Kuznetsov, Nikolaevich Voronov , Semión Moiseevich Krivoshein, Ilya Grigorievich Starinov, Yakov_Isaakovich_Serebryansky , Stalislav Alekseevich Vaupshasov , Pavel Romistrov , Paul Arman, alias Greisser, Dimitri Pávlov , Kondratev, Malinosky, Khudiakov, Kravechenko, y Solomatín, Yaakov Shmushkevitch , Manfred Stern , Vladimir Gorev, Pavel Ivanovich Batov, etc. etc. etc. ) combatieron luego en esta guerra, como una continuación de la nuestra. De modo que la División Azul se encontró en Rusia a los viejos enemigos con los que se había batido España en nuestras propias tierras.

    – Ni a largo plazo tampoco, porque decimos de los Obispos, lo obcecados y ciegos que están de no reconocer ante el dato evidente y objetivo de la descristianización de España que ni por esas dan su brazo a torcer y reconocen que se han equivocado (los que actuaran de buena fe, que no es el caso de canallas como Tarancón y otros que lo hicieron con toda la mala fe de cargarse el Cristianismo en España) con la «apertura» de la iglesia a la degeneración. Con la 2ª Guerra mundial ocurre exactamente lo mismo, no es suficiente la ruina que hay en el mundo, con la globalización y el dominio absoluto de las fuerzas del Mal dominándolo todo y destruyendo a las naciones cristianas y llevando la guerra a todos los rincones donde todavía no han sucumbido al mundialismo, y ni por esas se acepta y se reconoce, con la misma actitud que los Obispos rojos, que todo lo que se padece ahora es consecuencia directa de que los enemigos de España y de la Europa y Civilización Cristianas, que habían hecho la guerra primero en España y después a nivel global, que cobijaron a los autores de la persecución religiosa en España , fueron los vencedores de la 2ª guerra mundial. No hay peor ciego ni sordo que el que no quiere ver ni oir.
    La División Azul, en el Frente del Este, combatía no sólo al Comunismo, razón más que sobrada para estar allí, sino que el tiempo ha dejado al descubierto lo que siempre se había dicho sin que se aceptara debido a los efectos de la lluvia ácida de la propaganda enemiga, y es que se estaba defendiendo a la Civilización Cristiana frente las hordas de la barbarie que representaba la chusma comunista pero también frente a las horas de la Alta finanza y la Masonería que representaban Gran Bretaña y los EEUU de Franklin Delano Roosevelt.
    Se puede seguir negando la evidencia, pero bsta mirar mirar a nuestro alrededor de la ruina que hay y de cómo estas naciones están armando a Marruecos en detrimento de España para verlo, y el que no lo crea ya tendrá tiempo de experimentarlo en sus propias carnes por el camino que vamos cuando los drones entregados a Marruecos por el país innombrable exploten en nuestras ciudades.

  2. Las «sonrisas» de la foto de portada de este artículo indica la «Cara del Alma» del soldado Español:
    «Sentimiento Patriótico», «Voluntad de Vencer» y «Ánimo al derrotado por las Armas Españolas».
    ¡Gracias! Col. José Manuel Estévez Payeras
    ¡Gracias! Kevlar Steiner

  3. Pocas unidades militares en el mundo pueden presumir de un historial tan limpio de mácula como la División Española de Voluntarios de la Wehrmacht (DA). De que a Rusia fueron también a defender la FE, dieron pruebas más que evidentes y su recuerdo pervive todavía en Alemania. Así, en efecto, no falta allí entre los que fueron sus camaradas de armas, quien ha transmitido a sus hijos y nietos el recuerdo que en ellos dejaron aquellos hombres, por lo general menudos y morenos decían de ellos, a los que aprendieron a respetar y admirar en cuanto los vieron entrar en combate. «Yo sólo sé que nuestros soldados se alegran cuando en el frente los tienen por vecinos», dijo de ellos el entonces Canciller del Reich.
    Defendían a Europa de la barbarie, que es lo mismo, hoy como ayer, que del comunismo. Y hasta los rusos de los lugares por donde pasaron tienen el recuerdo, transmitido por sus padres y abuelos que los conocieron, de que entre las primeras cosas que hacían cuando llegaban a sus pueblos era la de limpiar la iglesia de basura y abrirla al culto, muchas de ellas todavía no habían sido derruidas, la destrucción generalizada se produjo tras la guerra, y habían sido transformadas en cuadras o garajes y almacenes por los bolcheviques. Además, aquellos soldados, tenían por costumbre el pagar generosa y largamente lo que aquellos vecinos tuvieran buenamente para ofrecerles, y si habían de alojarlos, al contrario que otros que los echaban de sus casas o los mandaban al pajar, estos compartían la casa con ellos. Eso ya es algo, en realidad mucho, para lo que debió ser aquella inmensa tragedia.
    En Alemania existen diversas investigaciones y documentales sobre la 250. Infanterie-Division, (Blaue Division), y en todos esos trabajos se concluye lo mismo. Ni un solo documento, ni un solo testimonio, se ha podido hallar, tras haberse removido montañas de papeles desde Nürenberg a hoy en su búsqueda, que pruebe la más mínima participación de elementos de la DA en crímenes de guerra o abusos de ninguna clase contra la población civil de los lugares por los que pasaron y en los que estuvieron estacionados. ¡Ni una sola prueba! y por mucho que en esa ciudad de la Franconia central bávara, un tribunal condenara al general Muñoz Grande por crímenes de guerra, ninguna gestión se hizo contra él por parte de los EEUU. El mismo Muñoz Grande, como ministro del ejército en visita a Washington, se presentó en un acto oficial a su homólogo estadounidense diciéndole que ante él tenía a un criminal de guerra, porque aquello no fue más que la grosera y estúpida insistencia de un auténtico asesino comunista como fue Andrei Wyschinski, el famoso fiscal de los juicios-espectáculo de Stalin que este envió como su representante a formar parte del tribunal que juzgó a los vencidos, al que para callarlo dieron gusto el resto de miembros del tribunal aliado, incluyendo trapaceramente en la sentencia su petición de que se condenara al condecorado jefe de la División española pese a no haber presentado en el juicio correspondiente la más mínima prueba de cargo en su contra. Los norteamericanos cedieron sobre el papel pero jamás tomaron iniciativa alguna contra Muñoz Grande, al contrario.
    No, el recuerdo de aquellos hombres en Alemania, entre los honrados alemanes que no faltan, resplandece aún limpio como la patena. El ofrecimiento generoso de su juventud y su vida que aquellos españoles le hicieron a la Alemania amiga que nos había ayudado a sacudirnos de 1936 a 1939 y en nuestra Patria la peste roja, la barbarie comunista que ellos mismos habían liquidado antes en su nación durante la época de Weimar (como adujo el mismo Führer cuando, avanzada la guerra en España, le preguntaron por los motivos de su ayuda al general Franco), la bestia a la que entonces combatían en su propia guarida, eso entre los alemanes de bien no se ha olvidado.
    Rescatando la Cruz de la catedral de Novgorod, que hoy vuelve a coronar su cúpula dorada en los cielos de la cristiana Rusia, porque aquellos bravos con el alma de sus camaradas caídos la trajeron a España para guardarla, aquella legendaria juventud en armas de España, supo rubricar así el mensaje que todavía hoy nos envían desde la eternidad donde los justos ven al Dios de los Ejércitos a Jesucristo Nuestro Señor: que ellos fueron allí a luchar contra el comunismo y a defender la FE que es uno y lo mismo.

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