Sometidos a la mentira

Nuestra época ha consagrado el culto totalitario a la mentira. Pero los nuevos totalitarismos ya no actúan mediante la violencia física y moral, forzando las conciencias, sino moldeándolas suave y paternalmente para convertir a sus sometidos en jenízaros entusiastas de las causas que al tirano interesa promover (y en persecutores feroces de quienes osan disentir. Así, sometidos los hombres al yugo de la mentira y acallados los disidentes, el mundo se convierte en un penoso manicomio; y los tiranos pueden dedicarse a cocinar tranquilamente los platos más venenosos.

Por supuesto, las mentiras han circulado en todas las épocas, a veces con densidad de enjambre, pero en ninguna como ésta la mentira se había convertido en el líquido amniótico que nos alimenta. Somos niños burbuja que bogan en la mentira, como aquellos pobres desgraciados que salían en la película “Matrix”, nutridos de plácidos sueños en una suerte de invernadero, cada uno de ellos encerradito en su cápsula, amorrado al grifo que le suministraba su dosis de realidad virtual. La mentira se ha convertido en el metaverso que a todos nos envuelve y contiene; y estamos tan trágicamente habituados a vivir en su seno que, si mañana nos abriesen los ojos, nos revolveríamos rabiosos, como el niño al que obligan a madrugar y arrojan a una ducha de agua fría. La mentira se ha constituido en nuestro régimen de vida; es el sucedáneo del Estado de bienestar que nos hace felices.

En la consolidación de este confortable metaverso de la mentira los medios de cretinización de masas representan un papel medular. Siempre habían sido partidistas o arrimadizos de tal o cual bando; siempre habían pretendido que aceptásemos como dogmas de fe las proclamas sistémicas. Pero nunca como en nuestra época se habían convertido en recipientes de los infundios más chirriantes, de las intoxicaciones más despepitadas, de los bulos más descarados y rocambolescos. Ahora propalan que una hecatombe terrorista en Moscú ha sido perpetrada por el ISIS, como si el ISIS fuese una organización musulmana y no la CIA con chilaba (según ha reconocido sin ambages algún mandatario yanqui). Pero, además, sabemos que los yihadistas perpetran sus hecatombes con convicción religiosa y que prefieren inmolarse antes que ser atrapados. Sin embargo, quienes han perpetrado la hecatombe de Moscú trataron de escapar y, una vez apresados, han confesado que cobraron una cantidad de los mismos que les procuraron las armas. ¡Un poco de respeto a los yihadistas, por favor!

Pero mentiras tan burdas y desquiciadas son deglutidas sin empacho por las masas cretinizadas, que además anatemizan y se revuelven furiosas contra quien denuncie el engaño y advierta que las están pastoreando hasta el barranco; y aplauden entusiasmadas su muerte civil. Hoy estas masas cretinizadas acatan placenteramente la mentira; mañana serán carne de cañón en la Tercera Guerra Mundial que sus tiranos están cocinando.

Para ABC


4 respuestas a «Sometidos a la mentira»

  1. Echo de menos leer artículos de J. M. De Prada. Hace tempo, pocos años, años se podían leer en abierto en Abc/XL Semanal. Ahora solo si El Español Digital o El Manifiesto publican algunos. Porque desde luego JAMÁS pagaré por leerlo en el Abc.
    Se que hay comentaristas muy críticos, con este autor. Bueno. Para gustos, los colores.

    1. Por otro lado, según lo que, dice, no solo en este, artículo sino en casi todos, parece mentira que un periódico tan lacayo y servil como Abc le deje aún escribir. ¿Tendrá, firmada una, indemnización muy elevada por despido? Jjjjjj.

  2. No es correcto decir sometidos a la mentira, pues todo el que tiene valor de salir de ese hechizo, no está en ese saco. Sería más correcto decir, tenemos un gobierno y corona sumiso a ese sometimiento. Un país que se defiende en soberanía nacional, no está subvertido por el extranjero, tiene una educación civil e instrucción militar que lo hace soberano. Produce valor y potencia desde sus recursos y sabiduría para defenderse. Por desgracia, desidia, traición, hemos perdido estas enseñanzas para defendernos de ser colonizados como estamos.

    Saludos cordiales

  3. Desde Platón subyace el poder paternalista pero déspota, que valora el ganado que enriquezca la casta, y desprecia el que no le sirve. Habrá que engañar( matarlo, enfermarlo, castigarlo, arruinarlo, etc )al pueblo, querido Glaucon, es por su bien. Los masones revolucionarios ‘ilustrados’ por este clasicismo en la sombra, abundaron en el asunto, jaleando entre si: al pueblo el serrucho; y la ciencia para ellos. Motivo por el cual se hurtó al pueblo la enseñanza de los únicos dispuestos a dársela, la iglesia. Hoy vemos la decadencia de la enseñanza, sembrada en la mentira o en nada; no es más que lo mismo. No nazcáis, ni os caséis, ni tengáis hijos, ni los eduquéis… total ‘¿pa que…?’, si no valéis nada y detraéis recursos al resto.
    Eso es la Republica de Platón, eso el la Republica y su política( psicopática ); y por eso vivimos en la mentira continua, porque es consustancial al sistema. Básicamente el rebaño sumiso, perfecto, del cesar marrano.

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