Taiwan no puede ser excusa (menos aún razón)

Conocemos la existencia de Taiwán (antigua Formosa), así como su situación geográfica. Su historia está al alcance de todos, por lo que no vamos a detenernos en ella. También sabemos que tan enorme isla es piedra de discordia entre EEUU y China. Y de un tiempo a esta parte parece que no sólo eso, sino que la cosa se calienta por una o por ambas partes, sobrevolando, al parecer, la posibilidad de que todo termine derivando en un enfrentamiento bélico de características, proporciones y resultados imposibles de prever.

Conocemos también el modus operandi secular de los EEUU que cada vez que ha querido algo («EEUU no tiene amigos, sólo tiene intereses» John Foster Dules dixit), ha utilizado hábilmente alguna excusa, que no razón, la mayoría de las veces inducida por ellos mismos de manera subrepticia, para provocar una guerra de la cual, y a pesar de sus múltiples derrotas a excepción de la II Guerra Mundial, siempre ha sacado tajada. Ejemplos de ellos fue la forma en la que le birlaron a Méjico la mitad de su territorio nacional con la excusa de los «tejanos» que querían ser norteamericanos y no mejicanos, o cómo nos limpiaron a nosotros Cuba, Puerto Rico y Filipinas con la excusa del Maine, o en la actualidad cómo han conseguido demonizar a Rusia y frenar su crecimiento con la excusa de Ucrania, y de paso hacer negocio a costa de nosotros, los europeos.

Pues bien, como parece que los EEUU han puesto sus ojos en hacer lo mismo con China, es decir, frenar su crecimiento galopante y su poderío y expansión comercial, y para ello parece que también tienen una excusa que se llama Taiwán, creemos importante, para que si ocurre luego no digan, dejar clara una particularidad capital del asunto: EEUU tiene reconocido oficialmente que Taiwán es parte de China, que China tiene la soberanía de Taiwán y en consecuencia EEUU reconoce que sólo existe una única China (y no dos: China y Taiwán).

El 17 de Diciembre de 1978, los EEUU (el presidente Jimmy Carter) anunció un giro decisivo en la política exterior con respecto a China. Tras casi tres décadas de ruptura entre Washington y Pekín, EEUU reconocía oficialmente a China, abría relaciones diplomáticas con ella y rompía con Taiwán: “Estados Unidos reconoce al Gobierno de la República Popular China como el único Gobierno legal de China”. El principio de “una sola China” sostiene que solo hay un gobierno legítimo, el de Pekín. En base a esta idea ha basado el gigante asiático su política exterior, rechazando relaciones diplomáticas con aquellos países que defiendan la existencia de dos estados o que establezcan relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán (179 países se atienen rigurosamente a este principio, mientras que tan sólo 15 reconocen a Taiwán como estado independiente). Con ello, EEUU acabó con la tradicional alianza de Washington con la nacionalista Taiwán al reconocer y dejar en manos del gigante asiático la soberanía de la isla. Carter explicó a los estadounidenses que ese acuerdo histórico sería “beneficioso para los pueblos de Estados Unidos y China y para todos los pueblos del mundo” ya que impulsaría “el bienestar de nuestra nación y la estabilidad de Asia”. El giro comenzó a forjarse durante la presidencia de Nixon (su impulsor fue el asesor Zbigniew Brzezinski). El acuerdo incluía por parte de EEUU: la ruptura de relaciones con Taiwán, la retirada militar de la isla (había un millar de soldados norteamericanos en ella) y el cumplimiento del Tratado de Defensa Mutua con China. Por su parte, Pekín se comprometió a no invadir territorio taiwanés por la fuerza para unificar el país, como es su deseo y aspiración legítima de siempre.

Es decir, que si hay una sola China y por ello Taiwán es China y de China, los EEUU no tienen razón, ni por supuesto excusa, para andar mareando la perdiz con su pretendida defensa de un Taiwán independiente o separado de China frente a las legítimas aspiraciones chinas de gobernar, también, sobre la isla, que es a lo que aspira en justicia, Pekín, como es lógico. Un paréntesis: el caso en nada es similar al de Hong Kong porque allí tal enclave estaba en el continente, era una colonia así definida por ambas partes y había un acuerdo con el Reino Unido por el que revertiría a China al cabo de 99 años, como así ocurrió, características que no se dan en el caso taiwanés.

En la actualidad, con Joe Biden de presidente, EEUU ha vuelto a reafirmarse públicamente en aquella decisión: «Nos oponemos a cualquier cambio unilateral del ‘statu quo’ de cualquiera de los lados y no apoyamos la independencia de Taiwán. Seguimos comprometidos con nuestra política de una China».

Bien, pero, a continuación, y como ocurre siempre con los nada fiables y muy resbaladizos EEUU, y en abierta contradicción de la mano derecha con lo que hace la izquierda, la propia administración Biden también ha dicho: «Mantendremos nuestros compromisos en virtud de la Ley de Relaciones con Taiwán para apoyar su autodefensa y nuestra capacidad para resistir cualquier uso de la fuerza o la coerción contra Taiwán», consecuente con lo cual se produjeron, por ejemplo, la irritante visita de Pelosi a Taiwán, el incremento en la venta de armas a la isla por parte de los EEUU y la visita a la isla de hasta 34 senadores norteamericanos en lo que va de administración Biden, provocando con todo ello el consiguiente enfado de Pekín que ha respondido siempre realizando maniobras militares en la zona.

La cuestión es ¿a qué juegan los EEUU? Porque si China es una según ellos mismos, Taiwán incluido, y EEUU no reconoce a esta última, nada debería hacer amagando siempre con su apoyo a que Taiwán siga separado de China política y administrativamente; además de físicamente. Impedir, como hace EEUU, esa unificación habiendo reconocido la soberanía de China sobre Taiwán es, lisa y llanamente, una contradicción, cuando no una excusa, que no razón, para tocar las narices a China… ¿o para detentar una fórmula para iniciar una guerra cuando le convenga? Esgrimir para ello la defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos de los taiwaneses y su derecho a decidir que… no existe, no cuela. Que los taiwaneses, por la evolución de su isla durante las últimas décadas, no quieran caer bajo el régimen chino actual, puede ser comprensible, pero eso es cosa suya y de Pekín, bajo ningún concepto de los EEUU; ni de nosotros, refiriéndonos a la OTAN, brazo armado y sicario principal de los intereses egoístas norteamericanos que siempre acabamos enfangados en sus asuntos. Existió un principio inviolable en las relaciones internacionales que era el de la no injerencia en los asuntos internos de otros. Pues bien, desde que se puso de moda vulnerarlo, moda en la que los EEUU se llevan la palma, han proliferado los conflictos y las guerras con sus desastres añadidos. Que cada pueblo, cada nación, decida cómo quiere vivir, y siempre y cuando no afecte a los demás, allá ellos. Que los chinos quieren ser comunistas, pues allá ellos. Pero no se puede ir organizando enfrentamientos por el  mundo no ya sin razón, sino incluso sin excusa como hacen los EEUU y como de nuevo parece que podrían hacer con China con la excusa, que no lo es, ni menos aún razón, de Taiwán.


9 respuestas a «Taiwan no puede ser excusa (menos aún razón)»

  1. En 1978 EEUU reconoció a la República Popular China como el único estado chino pero, a cambio, el Gobierno comunista se comprometió a no invadir el territorio taiwanés. Desde hace unos años los Gobiernos de la China comunista están hablando de la reunificación de la isla de Taiwan con la China continental, ya sea por vías pacíficas o mediante el uso de la fuerza. La unificación solamente se podrá conseguir, pacíficamente, cuando la mayoría de la población de Taiwan así lo decida mediante un referendum.
    Por otra parte, el rearme de la China comunista (que ya tiene varios portaaviones y espera disponer de 1.000 bombas atómicas en unos pocos años) supone una amenaza para varios paises vecinos, como Japón y Corea del Sur, que son aliados de EEUU y que está comprometido en su defensa. Desde el punto de vista económico la China comunista se ha convertido en un competidor de EEUU y, por tanto, un conflicto militar entre ambos paises sería la excusa perfecta para destruir tanto su poderío industrial como su poderío militar. El objetivo final de EEUU es provocar la caída del régimen comunista y su sustitución por un régimen democrático.

    1. China y su expansión se financia desde la Reserva Federal. Es el modelo a exportar del novus ordos seclorum (gobierno mundial de «expertos»), llevado a sus últimas consecuencias. La granja comunista esclavista atea de los amos anglo sionistas/anticristianos.

  2. ¿Un régimen democrático en China? Con 1.220 millones de personas, cientos de dialectos y regiones distintas en casi todo, ¿cuántos partidos políticos por metro cuadrado habrían? ¿Sería gobernable? ¿Una potencia nuclear? A veces, y no pocas, un régimen totalitario en lo político es lo mejor en este caso para los chinos (y también para nosotros), también lo administrativo, pero liberal de libre mercado en lo económico, o sea lo que tienen ahora.

  3. En primer lugar la China comunista es una pérfida y criminal tiranía comunista. Pero… ¿es que no tenemos memoria a corto plazo?, ¿nos hemos vuelto locos? por favor, estamos hablando de la ideología y del régimen más asesino, anticristiano, tiránico y cruel de la historia de la humanidad.

    Ahora producen bienes en la forma capitalista, pero este cambio táctico no debe confundirnos lo más mínimo, porque la economía no lo es todo, ni siquiera es en sí misma buena, sino neutra (aunque haya mayor dignidad en una sociedad con cierto progreso material, y eso se tiene en cuenta y por lo mismo sube la tolerancia a un régimen asesino y maoísta en lo político como la China de hoy, pero tampoco debemos cegarnos por los dólares, los yuanes y los PIBs).

    Los tiranos asesinos comunistas siempre quisieron producir en masa, aunque su ideología errónea además de inmoral no les permitía observar lo obvio. Ahora ya cambiaron a capitalistas en lo económico (parcialmente), pero eso no les hace bondadosos comerciantes neutros moralmente de la noche a la mañana. No nos intoxiquemos con una visión de la vida exclusivamente económica y que entiende un pequeño aumento de la libertad comercial y económica como el gran salto a la felicidad. Esa es la actitud protestante y en realidad agnóstica del hegemón anglosajón calvinista, nosotros los católicos españoles no pensamos igual ni tenemos esa cultura. Además el resto de «libertades» está siendo implacablemente reducida, sobre todo en China, aunque ese terrible «modelo chino», despótico y cruel, quieren algunos imponerlo en lo que llaman occidente (en realidad la Cristiandad, aunque esté en plena apostasía).

    Por otro lado, por supuesto que el capitalismo salvaje calvinista también es tóxico y erróneo. Siempre la Iglesia ha condenado ambos, el comunismo y el capitalismo. De hecho el comunismo es una reacción al capitalismo burgués de después de la revolución francesa, pero una reacción desde el ateísmo economicista, y no desde el catolicismo, que es la única Verdad espiritual y de donde salen las verdaderas soluciones… por eso el comunismo ha fracasado siempre estrepitosamente, salvo en el semi-fascismo económico de la china comunista actual.

    Nixon y sobre todo Kissinger (secretario de estado de Nixon y después de Gerald Ford) negociaron con China una apertura diplomática y económica para hacer sombra a la URSS y que ambos no se aliasen, aprovechando sus rencillas históricas y fronterizas. Para ello «sacrificaron» a Taiwan en esos años, FUE UNA GRAN TRAICIÓN. Sacaron a Taiwan de la ONU, y desarmaron sus defensas diplomáticas aislándoles políticamente, aunque militarmente siguieron protegidos por el amigo americano, pero de una forma mucho menos sólida.

    Creo que Taiwan merece ser un país aceptado dentro de la ONU y reunificarse cuándo y cómo ellos quieran, si finalmente quieren… aunque en la situación actual penden de un hilo. Tampoco pierdo el sueño porque es algo que me queda muy lejos y porque lo que me importa es la situación de España, peor en algunos sentidos que otros muchos, pero tampoco estoy del bando comunista chino por más que se quiera criticar al bando estadounidense… ser católico es lo que tiene, no te casas con ninguna ideología, sino con la Verdad (Él es la Verdad) y con la Doctrina Social de la Iglesia.

  4. En otro orden de cosas, Taiwan ó Taipei nunca fue China. Era una isla con etnias, culturas y lenguajes diferentes a los Chinos y con otra tradición muy diferente. Fue española varios años!!!!!!!!, en la época de los misioneros jesuitas y nuestra expansión en Asia, luego fue una isla independiente de pueblos pescadores, luego fue japonesa… tiene una historia muy particular, pero nunca fue parte del imperio Chino, y menos del posterior Estado Chino del siglo XIX y XX.

    No fue sino depués de la segunda guerra mundial y sobre todo al huir Chiang Khan Chek con su ejército y sus familias del asesinato en masa que iban a perpretar los comunistas de Mao Tse-chung cuando Taiwan recibió varios millones de emigrantes chinos y se convirtió en el refugio de la China NO comunista, para salvar físicamente sus vidas del genocidio comunista, cuyos sucesores directos (de Mao) son el partido comunista chino actual, sin pedir perdón por nada y con línea directa de sucesión, por más que se hayan hecho «capitalistas» en cierta parte de su economía.

    En definitiva, Taiwán no es más Chino que el tibet ó que Japón y Corea del sur, en cuanto al territorio, por lo que «exigir» que sea parte de China tan sólo porque se refugiaron allí varios millones de chinos no comunistas para no ser asesinados (y lo hubieran sido, no tengo dudas al respecto), no procede. Si los chinos refugiados allí quieren hacer un nuevo país aceptado en la ONU, tienen todo el derecho, porque historicamente no tenían otra salida y porque la isla nunca fue un territorio histórico de la China continental. Esa es al menos mi opinión.

  5. Una breve historia de la isla (del wikipedia):

    Historia de Taiwán hasta 1949

    Los pueblos originales austronesios nunca llegaron a desarrollar la escritura, por lo que se sabe poco del tipo de sociedad que existía en Taiwán hasta la llegada de las potencias extranjeras en el siglo xvii, cuando los japoneses se interesaron por la isla, si bien no lograrían conquistarla. Los portugueses le dieron el nombre de Formosa, España fundó colonias y dominó durante 16 años el norte de la isla, hasta que los holandeses, asentados primero en el sur, expulsaron a los españoles y, entre 1624 y 1662, lograron el control de amplias zonas costeras, desde donde mantenían contactos comerciales con China y Japón, y quienes organizaron la colonización china de Taiwán.

    Los holandeses a su vez serían expulsados por el ejército de 25 000 hombres de Zheng Chenggong (más conocido en Occidente como Koxinga), un antiguo pirata a las órdenes de la dinastía Ming, que organizó la segunda oleada de colonos chinos en la isla, desplazando gradualmente hacia el interior a los aborígenes. Koxinga y sus descendientes crearon el independiente Reino de Tungning, pero desgastaron su poder intentando reconquistar para los Ming la China continental, y terminarían rindiéndose en 1683 a la dinastía manchú Qing quedando así pues Taiwán en poder de China por primera vez.

    En 1895, tras la primera guerra sino-japonesa, China fue obligada por el Tratado de Shimonoseki a ceder Taiwán a Japón a perpetuidad. Durante 50 años, los japoneses propiciaron un enorme desarrollo de Taiwán en todos los ámbitos, si bien a costa de imponer un estricto monopolio de todos los productos, y de reprimir militarmente cualquier resistencia.

    Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial,21​ la isla volvió a ser territorio chino, convirtiéndose en provincia de la República de China. El ejército del partido nacionalista Kuomintang, que dominaba las instituciones de la República, ocuparía la isla con el apoyo de los Estados Unidos.

    En sólo dos años el gobierno chino arrastró a la bancarrota la economía de la isla y suprimió la autonomía que ésta llegó a tener de Japón, provocando protestas que terminaron con la masacre de unos 30 000 ciudadanos taiwaneses. Eliminada toda resistencia, la isla se convirtió en una base segura para el Kuomintang de Chang Kai Chek que en 1949, tras ser derrotado en la guerra civil por los comunistas de Mao Zedong, se retiró a Taiwán atrayendo consigo a unos dos millones de chinos del continente.

  6. No al comunismo asesino, tiránico, imperialista, repugnante, satánico y anticristiano de la China comunista. No al capitalismo agnóstico y masónico globalista (satánico) imperialista anglosajón. No defendamos ciegamente (y obtusamente) lo uno para denostar lo otro. Por otro lado, ¿dónde preferimos vivir y educar a nuestros hijos, en un país anglosajón, por masónico y capitalista salvaje que sea, ó en la China comunista?, no como extranjeros «de visita» sino para siempre y como ciudadanos locales. Ahí lo dejo, pero denostando ambos sistemas, que quede claro.

    Sí a la España Católica, al catolicismo y a la Doctrina Social de la Iglesia, que aplicó Franco y así nos fueron las cosas.

    1. Pues el Rey de España, posiblemente el último, prefiere «educar» a sus hijas en colegios masónicos del Reino (hundido) de la Gran Bretaña, lejos de la cultura y la tradición hispana, la religión católica, etc.
      ¿Y pretenden seguir reinando sobre nosotros…?

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