Tania Evans pionera contra la Violencia Intrafamiliar

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Tania Evans

Tania Evans, la psicóloga que hablaba de Violencia Intrafamiliar antes que Vox

Tania Evans Sánchez es Psicóloga Sanitaria en Madrid, Alicante y Elche, Comunicadora Emocional y Doctorando en Violencia Intrafamiliar. Experta en el acompañamiento, liberación e integración del trauma complejo. Experta en Psicología de la Salud y en el tratamiento de Trastornos Disociativos, Trastornos de la Conducta Alimentaria, Fobias, Trastornos de Personalidad y Trastornos de Ansiedad. Psicoterapia en procesos de fertilidad. Psicóloga de emergencias y Terapeuta de parejas a través del método propio “Abrazando la diferencia”.

¿Por qué usted habla de violencia intrafamiliar y no violencia de género?

La razón más evidente es porque, se pongan como se pongan, la violencia no es una cuestión de sexos y por supuesto, no tiene género. Diferimos en la forma de expresión de esa violencia, pero somos violentos por igual. Después podemos desgranar otras causas.

Por un lado, cuando utilizamos el término “género” aludimos a dos: el masculino y el femenino como construcción social, por lo que tendríamos que hablar de violencia contra el hombre y la mujer. Pero en la actualidad, se utiliza solo para nombrar la violencia ejercida contra la mujer, dando por sentado, además, que ésta se produce “exclusivamente”, fruto de un machismo casposo “heredado” del heteropatriarcado y que, supuestamente, ha beneficiado mas a los hombres que a las mujeres.

Esto es absolutamente falso.

Este sistema, “ha dañado” a todos por igual, aunque de diferentes maneras.  Actualmente, en occidente, la mujer se ha liberado de los roles del “patriarcado”, pero eso no ha evitado que, al hombre heterosexual y blanco, se le haya convertido en un paria en el que se perpetua la figura del “hombre perverso” mientras se le continúa expoliando como proveedor, es decir, trabajar hasta el infarto para mantener una estructura familiar a la que, tras el divorcio, no se le da acceso, pero ha de continuar manteniendo.

El hombre es el gran olvidado en la sociedad moderna. 

Si no lo has visto, te recomiendo ver el documental “The Red Pill” de la documentalista Cassie Jaye. Eso, si lo puedes encontrar, porque lo censuran una y otra vez. No interesa que se difunda lo que encontró y su propia trasformación como feminista, tras esos hallazgos.

Y, por otro lado, hablamos de violencia intrafamiliar porque la violencia se da en el ámbito de las relaciones de pareja, con o sin hijos, dentro del núcleo de la familia o al menos, de lo que lo fue. Y no están exentos de sufrir violencia ninguno de los miembros del sistema familiar, es decir, nuestros menores y mayores. 

De hecho, ellos son los más vulnerables, no las mujeres. Entonces, ¿la violencia no tiene género? 

Absolutamente, no. Algo que han demostrado por activa y por pasiva, cientos de estudios internacionales a lo largo de los años. Estudios que se empeñan en silenciar, negar, cuestionar y deslegitimar, todas las creadoras y seguidoras de la perspectiva de género. Una perspectiva infantilista que se antoja ridícula e innecesaria en Europa donde la mujer, hace décadas que vive cómo quiere. Perdón, vivía, porque con la inmigración ilegal y la islamización a la que asistimos en Europa, la mujer vuelve a caminar con miedo por las calles. La psicología social, constata cómo, la inmigración masiva, produce un aumento de la criminalidad y dentro de ella, de las violaciones, que, además, esta cultura “gusta” realizarlas en grupo. Pero éstas se ocultan al conjunto de la sociedad, no vayan a pensar que somos racistas por denunciar a estos seres repugnantes que SI ven a la mujer como un mero trozo de carne. Hemos podido ver imanes que les instruyen sobre como someter y amansar a “la mujer” y les instan, encarecidamente, a ello. Pero, no solo no se frena esta invasión que, hartas de los abusos, ha unido a mujeres occidentales en un movimiento llamado “Mujeres de Europa”, sino que, por ejemplo, el ayuntamiento de Madrid va a destinar un presupuesto de 24 millones a los MENAS que de menores, tienen lo mismo que tú y yo de feministas radicales.

Esto no quiere decir que en otras culturas la mujer no continúe necesitando que se le restituyan sus derechos y se le devuelva la libertad. Pero en occidente, no.

Si un crimen de un hombre es violencia machista, el de una mujer sería violencia feminista…

En todo caso sería violencia hembrista. De macho, machista, de hembra, hembrista. Durante mucho tiempo solo se hablaba de Violencia contra la mujer (Violence against women) y esto, tenía y tiene sentido, sobre todo en determinados lugares del planeta, donde lo normal es que las mujeres sean violadas varias veces a la semana. Pero llegaron las políticas buenistas, maquilladas de esa superioridad moral tanto tiempo estudiada e inyectada en vena en los más jóvenes al tener el control de la educación, y se pervirtieron los mensajes. La máquina de ingeniería social se puso en marcha con nuevos eslóganes, en este caso, el feminismo radical a través de la mal llamada violencia de género, los movimientos LGTBI y la permisividad y fomento de la inmigración masiva.

Y te añado que, puestos a ser machistas, hoy en día y en muchos sentidos, lo continúan siendo más las mujeres. Se niegan a otorgar las custodias compartidas, cuando estás estudiado que es la mejor opción para los menores, exigiendo además pensiones desorbitadas mientras se quejan de los techos de cristal y la brecha salarial. Brecha que, por supuesto, no existe.

Por lo tanto, el hombre per se no puede ser sospechoso…

El hombre en España nunca es sospechoso. Siempre es culpable. Y ni siquiera es culpable hasta que se demuestre lo contrario, ya que, de no obtener una sentencia condenatoria, se escudan en la artimaña legal de que “no han obtenido suficientes pruebas para demostrar su culpabilidad” y la etiqueta de maltratador ya no se la quita nadie. En ningún caso se plantean que sea una denuncia falsa. Fiscalía no lo persigue de oficio. No interesa.

Y por supuesto, el estado no invierte nada en reparar el daño psicológico y social. Muchos de estos hombres se suicidan.

Entonces, en la práctica ha perdido la presunción de inocencia…

La ley le ha arrebatado esa presunción. Se le da la vuelta a la carga de la prueba: el que acusa no tiene que probar su acusación, sino que es el acusado quien tiene que demostrar su inocencia.

Además, la LIVG de 2004, juzga en función del sexo del demandado creando tribunales “ad hoc” para ello, como en la Alemania Nacional Socialista, es decir, Nazi. Esta ley afirma que “la mujer siempre es víctima y el hombre siempre es agresor”. ¿Alguien imaginaría que en lugar de hombre pusieran: judíos, negros, musulmanes, menas o nacionalistas?

El informe del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), lo dejó bien claro afirmando que esta ley “nos, retrotrae al derecho penal de autor” o la sentencia 59/2008 que, quien quiera puede consultar, del Juez D. Jorge Rodríguez Zapata, donde ratifica que está ley haría los sueños de Mezger. Porque Javier, en España, a ti se te juzgaría en un juzgado hecho única y exclusivamente para hombres. Hombres que ya han sido condenados y vilipendiados antes de llegar a juicio. Donde, además, a las mujeres se las defiende ante lo indefendible. De los juzgados de familia que son otra aberración donde se producen juicios salomónicos, si quieres, hablamos en otra ocasión.

Y se da un buen número de denuncias falsas, más allá de lo que nos quieren hacer creer… 

Por supuesto. Si el 87% de las denuncias se archivan ¿qué otra explicación hay? Porque la otra opción es pensar que, en la actualidad, las calles están atestadas de maltratadores que han escapado a la mano de la justicia. El ser humano no tiene un porcentaje de error tan bajo como el 0.001 o el 0,04 que afirman.

¿Por qué hay tantas denuncias falsas?

Porque el sistema no solo no las persigue, sino que las alimenta. Es la misma estrategia que se utiliza para la inmigración ilegal que mueve mafias y chiringuitos, “el efecto llamada”. A más denuncias interpuestas, que no sentencias, más dinero para todos los organismos que viven de ello y mas beneficios para aquellas que denuncias de manera instrumental.

Y esto, se convierte en una masacre de hombres inocentes y por extensión, la rama de su familia. Para mi es un atentado llevado a cabo por el mismo Gobierno y los partidos políticos, (excepto Vox) que rompe el estado de derecho. Y que, además, deja desprotegidas a las verdaderas víctimas de depredadores sexuales, psicópatas y narcisistas. Si las partidas millonarias solo sirven para sustentar a los chiringuitos, lo que llega a las “víctimas” es de risa y dentro de esas víctimas la mayoría han denunciado para obtener beneficios; Si, además, la mayoría de las verdaderas víctimas no llegan a denunciar, ¿cuánto se termina destinando a ellas? Prácticamente nada.

¿Por qué aboga por la derogación de la ley de violencia de género? 

Porque una Ley que está mal hecha desde la base, no se puede reparar. ¿Alguien se imagina reparando de alguna manera los manifiestos de Hitler para continuar utilizándolos? 

¿Qué otras medidas propone para acabar con el tema de las denuncias falsas? 

En primer lugar, urge que se persigan de oficio y se castiguen duramente. Que las mujeres tengan que hacerse cargo de los gastos derivados de los juicios y por supuesto, que no exista ningún tipo de privilegio, como mínimo, hasta que haya una sentencia firme y después, que éstas sean por un tiempo limitado, no fomentado la victimización de esas mujeres.

Porque con esta ley, las mujeres tienen derecho a ser asistidas legal y psicológicamente de mano de todos los contribuyentes, por tanto, también de los mismos hombres a los que denuncian, mientras que los hombres no reciben ayudas de ningún tipo. No tienen un 016.

Por eso, como no les cuesta absolutamente nada ni tienen un “escarmiento legal” por denunciar de manera instrumental, muchas de ellas, no solo lo utilizan para conseguir beneficios en procesos de separación, sino que, tras ella, las continúan utilizando para hostigar, amedrentar, destruir e impedir que rehaga su vida y forme otra familia. Algunas lo utilizan incluso fuera de las relaciones de pareja, para vengarse cuando han sido rechazadas, es decir, el hombre en cuestión no ha mostrado interés por ellas.

Las verdaderas feministas reclamamos igualdad de derechos y obligaciones, que, de éstas últimas, siempre se olvidan las supremacistas. Y, por tanto, exigimos al gobierno soluciones para frenar esta masacre de la familia, de la sociedad en su conjunto, que deja a los hombres en la indigencia, a las mujeres que sufren violencia desprotegidas y a nuestros menores y mayores, completamente abandonados.

Las verdaderas feministas queremos una ley que proteja a nuestros hijos por igual, sean hombres o mujeres y por supuesto que les permita crecer, disfrutando de las dos figuras mas importantes de su vida, papá y mamá.

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