Tiempo al tiempo

Nevada histórica dicen,

Y miro por la ventana…

Apenas caen cuatro copos

Esta mañana serrana.

 

¡Toda España bloqueada!

Por un temporal de espanto!…

Y camino del trabajo,

Ni rastro del blanco manto.

 

¡Inmisericordes ramas,

Asesinan transeúntes!

Gritan los «chicoslaprensa»,

Metiendo miedo a la gente.

 

Pasan del cambio climático,

A demonizar un frío,

Que en enero sólo asusta,

A quien nunca tuvo bríos.

 

Y esto del hombre blandengue,

Me hace pensar en los tiempos,

En que hasta el tiempo lo daban,

Tíos; no perendengues.

 

¿Recuerdan aquel bigote,

Que gastaba Martín Rubio,

Y por equivocarse un día,

Se lo cortó casi en vivo?

 

Falangista era. Y cabal.

Y físico, y aviador.

Le hizo a La Haya un canal.

Fue arqueólogo e inventor.

 

De Iberia fue profesor,

Y piloto en la Mercante,

Daba el meteo en Barajas:

Mucho arriesgarse era antes.

 

Participó en aquel puerto,

Que hizo de Bilbao salida,

Del acero más solvente

Que en Europa se fundía.

 

Era junto a los Medina,

Quien predecía las lluvias:

Sin modelo matemático,

Ni modelito con rubia.

 

Retrataban los inviernos,

Del Anticiclón de Azores:

«Bajo cero; poca lluvia,

Nevará en cumbres mayores».

 

No asustaban, no gemían,

No aconsejaban medidas,

Que acometer si en la calle,

Hacía sol, frío o ventisca.

 

No había olas de calor.

Ni se bautizaban «danas».

La pila bautismal entonces,

Sólo repicaba nanas.

 

(Ahora que se mata niños,

Antes de nombre ponerles,

Las «climáticas» anuncian,

Que el calor provoca muerte)…

 

¡Cambio climático a espuertas,

Explosivas ciclogénesis!…

Pues Eugenio y los Medina,

No llegaban a ese análisis.

 

La sombrilla y el paraguas,

¿Cuándo se han intercambiado?

¿Y cuándo las isobaras,

Han salido del armario?

 

Quizás cuando a Martín Rubio,

Cebrián le destituyó,

Para poner en su puesto,

A un físico más… del montón.

 

No era aviador, ni piloto.

Cantaba, sí, algún regueldo.

Y como era periodista…

Olía bien un buen sueldo.

 

Toharia se apellidaba,

Quien suplantó a Don Eugenio.

Pero este, por ser hombre,

Tenía algo de mal genio…

 

Y un día al usurpador,

Le propinó un puñetazo.

El otro salió corriendo,

Ni siquiera subió un brazo…

 

Que Toharia era algo espía,

Se ha sabido, con el tiempo,

Y que a Cebrián compró un piso,

Para hacerse… con el tiempo.


3 respuestas a «Tiempo al tiempo»

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad