Todo será Ceuta

ESCUCHAR NOTICIA: Durante su comparecencia en el Congreso este 26 de agosto, la ministro de “Defensa”, Margarita Robles, reconoció que los servicios de inteligencia españoles habían advertido de lo que se preparaba en Ceuta veinticuatro horas antes de que se produjera el asalto a nuestra plaza de soberanía. Pese a esto, el Gobierno decidió no hacer nada; dejó que los invasores entrasen y sacrificó a la población española, que pasó a ser rehén y víctima de los recién llegados. Pese a desplegar en Ceuta potentes unidades de combate, nada menos que un tercio de la Legión y una agrupación de Regulares, nada se hizo para proteger al territorio y a los nacionales españoles, aunque la función esencial de un Estado es defender al pueblo y al suelo; no en otra cosa se funda, desde los faraones hasta hoy, su legitimidad para exigirnos el pago de tributos. ¿Se imagina alguien esta escena en la España de 1960, por ejemplo, cuando una pareja de guardias civiles se bastaba y se sobraba para estas tareas? El respeto a una nación no se basa en los mimos y recompensas que proporciona a los gamberros que fuerzan sus límites, sino en su capacidad para rechazarlos con la debida contundencia, sin retroceder ante nada. Existían el tiempo y los medios para impedirlo, pero nada se quiso hacer. Los ceutíes fueron abandonados a su triste suerte y hoy, con su vida y sus negocios arruinados, asisten a la destrucción de la que fue su ciudad. Algo que es obra y propósito del Gobierno que les ha vendido. Ceuta ya ha sido entregada. Nunca se recuperará de esta oleada ni de las que le sigan, que son la excusa perfecta para “redimensionar” España, para excluirla de la orilla sur del Estrecho, al igual que el acuerdo sobre Gibraltar de julio pasado dejó el norte en manos británicas. Ante las crisis “migratorias” que nos golpean, la actitud del Gobierno de Madrid es siempre la misma: bajarse los pantalones y dar las gracias a Marruecos. En los últimos tiempos, España ha renunciado a defender al pueblo saharaui, ha entregado miles de millones al Majzén para su desarrollo, ha reenviado el gas argelino “sobrante” (que tanta falta hace en nuestra acogotada red de energía) a Rabat y le ha regalado sin ninguna necesidad el ser sede del Mundial de fútbol. El agradecimiento de la satrapía alauí lo vimos el 30 de julio en las playas de Ceuta. Cualquier gobierno provisto de un mínimo de dignidad estaría ahora formando una alianza militar y política con Argelia, nuestro aliado natural. España, no; el gobierno de Madrid agradece sus leales servicios al de Marruecos. En un porvenir no muy lejano, el mentecato de turno en La Moncloa se sacará de la chistera un proyecto de “cosoberanía” y, en años o meses, la cobardía del Régimen y la sustitución demográfica harán el resto. Y no hay que ser adivino, ya ocurre, ante nuestros ojos, con el éxodo de los ceutíes a la península, que sólo acaba de comenzar. Esta vergüenza no será la única. En un futuro próximo, toda España vivirá escenas como las de Ceuta. Lo que hoy pasa allende el Estrecho, mañana pasará en Ciudad Real, en Lugo, en Torrelavega, en Balaguer y en la puerta de nuestras casas. El objetivo de la Unión Europea es africanizar Europa, llenarla de emigrantes y convertir nuestro continente en un Bangladesh rebosante de mano de obra barata, que arruine a las clases medias y sature los servicios públicos hasta dejarlos inoperantes. Así se podrá producir con menos costes y se podrán privatizar la sanidad y la educación, así como la seguridad. Los estratos de población que se lo puedan permitir, vivirán más o menos protegidos en colonias donde se pagan a buen precio los servicios elementales que antes proporcionaba el Estado; y los demás, las desposeídas clases medias y los trabajadores, estarán condenados a vivir en los gigantescos “bidonvilles” que, al estilo de lo que vemos en las playas de Ceuta, es lo que le espera a la “white trash” europea. Que Londres, París o Roma se acaben pareciendo a Lagos, Dacca o Manila no les importa a quienes ya viven completamente aislados de la plebe, a quienes veranean en La Mareta o compiten en lujosas regatas y se niegan a que les incordien los habitantes de la capital del África española, cuyo triste sino consiste en ser espejo de lo que nos espera a todos los demás europeos. Seremos Tercer Mundo en una generación. Crueldad y sarcasmo supremo, la propia nación es la que, al tributar, paga su asesinato y reemplazo. El dinero que el contribuyente tiene que entregar al Estado que le quiere perder, robar y dejar en la miseria, se emplea en satisfacer las necesidades de los invasores, no las de los invadidos, a los que su propia legislación les impide protestar y defenderse. De nuevo, Ceuta sirve de excelente ejemplo: organizaciones soi-disant “no gubernamentales”, pero que se nutren del dinero del Estado (o sea, del nativo), se desvelan por los invasores que han violado nuestras fronteras, al tiempo que no dedican el menor esfuerzo a atender a los nacionales, que viven encerrados en sus casas y no disponen de atenciones básicas. Nadie protege al europeo originario. Nadie va a defenderlo. Se gastarán millones en Ucrania y en su guerra perdida (esa siniestra zahurda de dinero público, donde engorda la fortuna de las oligarquías occidentales), pero ni un euro va a la defensa de nuestros barrios, de nuestras calles, de nuestras plazas de soberanía. Fuerzas de seguridad modernas y muy bien equipadas se emplean para proteger al invasor y para atemorizar al invadido, cuya seguridad “no garantizan”. Todo ese equipo militar no está destinado a defenderte, lector, sino a todo lo contrario: a destruirte. Ya es hora de que entendamos que el Estado le ha declarado la guerra a la nación y que no parará hasta borrarla del mapa. Para Geoestrategia   Pulse para escuchar el texto Durante su comparecencia en el Congreso este 26 de agosto, la ministro de “Defensa”, Margarita Robles, reconoció que los servicios de inteligencia españoles habían advertido de lo que se preparaba en Ceuta veinticuatro horas antes de que se produjera el asalto a nuestra plaza de soberanía. Pese a esto, el Gobierno decidió no hacer nada; dejó que los invasores entrasen y sacrificó a la población española, que pasó a ser rehén y víctima de los recién llegados. Pese a desplegar en Ceuta potentes unidades de combate, nada menos que un tercio de la Legión y una agrupación de Regulares, nada se hizo para proteger al territorio y a los nacionales españoles, aunque la función esencial de un Estado es defender al pueblo y al suelo; no en otra cosa se funda, desde los faraones hasta hoy, su legitimidad para exigirnos el pago de tributos. ¿Se imagina alguien esta escena en la España de 1960, por ejemplo, cuando una pareja de guardias civiles se bastaba y se sobraba para estas tareas? El respeto a una nación no se basa en los mimos y recompensas que proporciona a los gamberros que fuerzan sus límites, sino en su capacidad para rechazarlos con la debida contundencia, sin retroceder ante nada. Existían el tiempo y los medios para impedirlo, pero nada se quiso hacer. Los ceutíes fueron abandonados a su triste suerte y hoy, con su vida y sus negocios arruinados, asisten a la destrucción de la que fue su ciudad. Algo que es obra y propósito del Gobierno que les ha vendido. Ceuta ya ha sido entregada. Nunca se recuperará de esta oleada ni de las que le sigan, que son la excusa perfecta para “redimensionar” España, para excluirla de la orilla sur del Estrecho, al igual que el acuerdo sobre Gibraltar de julio pasado dejó el norte en manos británicas. Ante las crisis “migratorias” que nos golpean, la actitud del Gobierno de Madrid es siempre la misma: bajarse los pantalones y dar las gracias a Marruecos. En los últimos tiempos, España ha renunciado a defender al pueblo saharaui, ha entregado miles de millones al Majzén para su desarrollo, ha reenviado el gas argelino “sobrante” (que tanta falta hace en nuestra acogotada red de energía) a Rabat y le ha regalado sin ninguna necesidad el ser sede del Mundial de fútbol. El agradecimiento de la satrapía alauí lo vimos el 30 de julio en las playas de Ceuta. Cualquier gobierno provisto de un mínimo de dignidad estaría ahora formando una alianza militar y política con Argelia, nuestro aliado natural. España, no; el gobierno de Madrid agradece sus leales servicios al de Marruecos. En un porvenir no muy lejano, el mentecato de turno en La Moncloa se sacará de la chistera un proyecto de “cosoberanía” y, en años o meses, la cobardía del Régimen y la sustitución demográfica harán el resto. Y no hay que ser adivino, ya ocurre, ante nuestros ojos, con el éxodo de los ceutíes a la península, que sólo acaba de comenzar. Esta vergüenza no será la única. En un futuro próximo, toda España vivirá escenas como las de Ceuta. Lo que hoy pasa allende el Estrecho, mañana pasará en Ciudad Real, en Lugo, en Torrelavega, en Balaguer y en la puerta de nuestras casas. El objetivo de la Unión Europea es africanizar Europa, llenarla de emigrantes y convertir nuestro continente en un Bangladesh rebosante de mano de obra barata, que arruine a las clases medias y sature los servicios públicos hasta dejarlos inoperantes. Así se podrá producir con menos costes y se podrán privatizar la sanidad y la educación, así como la seguridad. Los estratos de población que se lo puedan permitir, vivirán más o menos protegidos en colonias donde se pagan a buen precio los servicios elementales que antes proporcionaba el Estado; y los demás, las desposeídas clases medias y los trabajadores, estarán condenados a vivir en los gigantescos “bidonvilles” que, al estilo de lo que vemos en las playas de Ceuta, es lo que le espera a la “white trash” europea. Que Londres, París o Roma se acaben pareciendo a Lagos, Dacca o Manila no les importa a quienes ya viven completamente aislados de la plebe, a quienes veranean en La Mareta o compiten en lujosas regatas y se niegan a que les incordien los habitantes de la capital del África española, cuyo triste sino consiste en ser espejo de lo que nos espera a todos los demás europeos. Seremos Tercer Mundo en una generación. Crueldad y sarcasmo supremo, la propia nación es la que, al tributar, paga su asesinato y reemplazo. El dinero que el contribuyente tiene que entregar al Estado que le quiere perder, robar y dejar en la miseria, se emplea en satisfacer las necesidades de los invasores, no las de los invadidos, a los que su propia legislación les impide protestar y defenderse. De nuevo, Ceuta sirve de excelente ejemplo: organizaciones soi-disant “no gubernamentales”, pero que se nutren del dinero del Estado (o sea, del nativo), se desvelan por los invasores que han violado nuestras fronteras, al tiempo que no dedican el menor esfuerzo a atender a los nacionales, que viven encerrados en sus casas y no disponen de atenciones básicas. Nadie protege al europeo originario. Nadie va a defenderlo. Se gastarán millones en Ucrania y en su guerra perdida (esa siniestra zahurda de dinero público, donde engorda la fortuna de las oligarquías occidentales), pero ni un euro va a la defensa de nuestros barrios, de nuestras calles, de nuestras plazas de soberanía. Fuerzas de seguridad modernas y muy bien equipadas se emplean para proteger al invasor y para atemorizar al invadido, cuya seguridad “no garantizan”. Todo ese equipo militar no está destinado a defenderte, lector, sino a todo lo contrario: a destruirte. Ya es hora de que entendamos que el Estado le ha declarado la guerra a la nación y que no parará hasta borrarla del mapa. Para Geoestrategia

Durante su comparecencia en el Congreso este 26 de agosto, la ministro de “Defensa”, Margarita Robles, reconoció que los servicios de inteligencia españoles habían advertido de lo que se preparaba en Ceuta veinticuatro horas antes de que se produjera el asalto a nuestra plaza de soberanía. Pese a esto, el Gobierno decidió no hacer nada; dejó que los invasores entrasen y sacrificó a la población española, que pasó a ser rehén y víctima de los recién llegados. Pese a desplegar en Ceuta potentes unidades de combate, nada menos que un tercio de la Legión y una agrupación de Regulares, nada se hizo para proteger al territorio y a los nacionales españoles, aunque la función esencial de un Estado es defender al pueblo y al suelo; no en otra cosa se funda, desde los faraones hasta hoy, su legitimidad para exigirnos el pago de tributos. ¿Se imagina alguien esta escena en la España de 1960, por ejemplo, cuando una pareja de guardias civiles se bastaba y se sobraba para estas tareas? El respeto a una nación no se basa en los mimos y recompensas que proporciona a los gamberros que fuerzan sus límites, sino en su capacidad para rechazarlos con la debida contundencia, sin retroceder ante nada.

Existían el tiempo y los medios para impedirlo, pero nada se quiso hacer. Los ceutíes fueron abandonados a su triste suerte y hoy, con su vida y sus negocios arruinados, asisten a la destrucción de la que fue su ciudad. Algo que es obra y propósito del Gobierno que les ha vendido. Ceuta ya ha sido entregada. Nunca se recuperará de esta oleada ni de las que le sigan, que son la excusa perfecta para “redimensionar” España, para excluirla de la orilla sur del Estrecho, al igual que el acuerdo sobre Gibraltar de julio pasado dejó el norte en manos británicas. Ante las crisis “migratorias” que nos golpean, la actitud del Gobierno de Madrid es siempre la misma: bajarse los pantalones y dar las gracias a Marruecos. En los últimos tiempos, España ha renunciado a defender al pueblo saharaui, ha entregado miles de millones al Majzén para su desarrollo, ha reenviado el gas argelino “sobrante” (que tanta falta hace en nuestra acogotada red de energía) a Rabat y le ha regalado sin ninguna necesidad el ser sede del Mundial de fútbol. El agradecimiento de la satrapía alauí lo vimos el 30 de julio en las playas de Ceuta. Cualquier gobierno provisto de un mínimo de dignidad estaría ahora formando una alianza militar y política con Argelia, nuestro aliado natural. España, no; el gobierno de Madrid agradece sus leales servicios al de Marruecos. En un porvenir no muy lejano, el mentecato de turno en La Moncloa se sacará de la chistera un proyecto de “cosoberanía” y, en años o meses, la cobardía del Régimen y la sustitución demográfica harán el resto. Y no hay que ser adivino, ya ocurre, ante nuestros ojos, con el éxodo de los ceutíes a la península, que sólo acaba de comenzar.

Esta vergüenza no será la única. En un futuro próximo, toda España vivirá escenas como las de Ceuta. Lo que hoy pasa allende el Estrecho, mañana pasará en Ciudad Real, en Lugo, en Torrelavega, en Balaguer y en la puerta de nuestras casas. El objetivo de la Unión Europea es africanizar Europa, llenarla de emigrantes y convertir nuestro continente en un Bangladesh rebosante de mano de obra barata, que arruine a las clases medias y sature los servicios públicos hasta dejarlos inoperantes. Así se podrá producir con menos costes y se podrán privatizar la sanidad y la educación, así como la seguridad. Los estratos de población que se lo puedan permitir, vivirán más o menos protegidos en colonias donde se pagan a buen precio los servicios elementales que antes proporcionaba el Estado; y los demás, las desposeídas clases medias y los trabajadores, estarán condenados a vivir en los gigantescos “bidonvilles” que, al estilo de lo que vemos en las playas de Ceuta, es lo que le espera a la “white trash” europea. Que Londres, París o Roma se acaben pareciendo a Lagos, Dacca o Manila no les importa a quienes ya viven completamente aislados de la plebe, a quienes veranean en La Mareta o compiten en lujosas regatas y se niegan a que les incordien los habitantes de la capital del África española, cuyo triste sino consiste en ser espejo de lo que nos espera a todos los demás europeos. Seremos Tercer Mundo en una generación.

Crueldad y sarcasmo supremo, la propia nación es la que, al tributar, paga su asesinato y reemplazo. El dinero que el contribuyente tiene que entregar al Estado que le quiere perder, robar y dejar en la miseria, se emplea en satisfacer las necesidades de los invasores, no las de los invadidos, a los que su propia legislación les impide protestar y defenderse. De nuevo, Ceuta sirve de excelente ejemplo: organizaciones soi-disant “no gubernamentales”, pero que se nutren del dinero del Estado (o sea, del nativo), se desvelan por los invasores que han violado nuestras fronteras, al tiempo que no dedican el menor esfuerzo a atender a los nacionales, que viven encerrados en sus casas y no disponen de atenciones básicas. Nadie protege al europeo originario. Nadie va a defenderlo. Se gastarán millones en Ucrania y en su guerra perdida (esa siniestra zahurda de dinero público, donde engorda la fortuna de las oligarquías occidentales), pero ni un euro va a la defensa de nuestros barrios, de nuestras calles, de nuestras plazas de soberanía. Fuerzas de seguridad modernas y muy bien equipadas se emplean para proteger al invasor y para atemorizar al invadido, cuya seguridad “no garantizan”. Todo ese equipo militar no está destinado a defenderte, lector, sino a todo lo contrario: a destruirte. Ya es hora de que entendamos que el Estado le ha declarado la guerra a la nación y que no parará hasta borrarla del mapa.

Para Geoestrategia


7 respuestas a «Todo será Ceuta»

  1. Para todo eso que usted cuenta, estimado Sertorio, nos han estado preparando a conciencia desde el 21 de noviembre de 1975 (por dar alguna fecha). Ergo, ¿a quién puede extrañarle que saquemos tan «buenas notas»?

  2. Todas las desgracias que están martirizando a España son por culpa de la Constitución del 78 y de los dos partidos políticos mayoritarios, el PP y el PSOE, que se han alternado para gobernar durante 45 años.
    La única forma de poner fin a esas desgracias es votar a un partido político que se proponga reformar la actual Constitución y derogar las perniciosas leyes que han sido aprobadas desde 1.978. España debe volver a ser un Estado unitario (sin Comunidades Autónomas), un Estado en el que se restablezca la ley y el orden y en el que se defiendan eficazmente nuestras fronteras para impedir la entrada de inmigrantes ilegales. Todos los inmigrantes que hayan entrado ilegalmente en España serán expulsados y la población de origen marroquí que está viviendo en nuestro país (alrededor de 2 millones) se irá reduciendo, año tras año, a base de no renovar sus permisos de residencia. La nacionalidad española solo se conseguirá a través del ius sanguinis, (no del ius soli, como se consigue ahora) de tal forma que ningún marroquí podrá obtener la nacionalidad española, ni tampoco sus hijos aunque hayan nacido en España.

  3. Los demócratas liberales españoles se dejan cortar una mano antes de darle protagonismo al Ejercito porque los españoles podrían comparar lo que hacen los militares y lo que hacen los políticos y eso sería fatal para ellos.
    Sanchez, si pudiera, abolía el Ejército y hacia una milicia de la porra socialista.
    Los socialistas en particular y los demócratas en general temen más al ejército que a un nublado y están dispuestos a destruir la nación antes de dar paso a una situación en la que el ejército pueda tomar decisiones sin contar con ellos.
    Ya sabemos que en la actualidad los mandos de alta graduación militar están vendidos, pero eso es en realidad una anécdota mala que puede y debe ser subsanada en cuanto algún mando decida hacerlo y eso es precisamente el temor que tienen los políticos.
    Si por ley o necesidad el Ejército tiene que tomar las riendas en alguna situación como la actual, los políticos, literalmente no se levantan del WC

  4. Desde cuando el ejército tiene que pedir permiso para defender a la nación que les da de comer y al territorio dónde vive esa nación;
    cual es pues la razón de su existencia:
    Servir al rey, obedecer al gobierno, proteger al ESTADO ? o defender a la nación y su territorio …

  5. La ministra de «defensa», Y MARISCALA DE UN EJÉRCITO DESARMADO, apedreado por los okupas e invasores.
    Que vergüenza.
    ¡Lástima que no la apedrearan a ella también, pero claro, iba rodeada de militares armadas, policias y escoltas, y solo paseó por el centro de CEUTA, con más cara que espalda!

  6. La Hormiga-Atómica es a la FAS-Spain ( Admón. – Administrador $$ )
    , como
    El Jefe del Estado es al SABLE (Táctico – Estratégico .)
    Constitución , bla bla bla [(ノಠ益ಠ)ノ]
    ### De los españoles y los extranjeros
    ## Artículo 11.
    # 1.   La nacionalidad española se adquiere, se conserva y se pierde de acuerdo con lo establecido por la ley.
    # 2.   Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad.
    # 3.   El Estado podrá concertar tratados de [(ノಠ益ಠ)ノ] doble nacionalidad [(ノಠ益ಠ)ノ] con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o tengan una particular [(ノಠ益ಠ)ノ] vinculación [(ノಠ益ಠ)ノ] con España.
    En estos mismos países, aun cuando no reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco,
    podrán naturalizarse los españoles sin perder su [(ノಠ益ಠ)ノ] nacionalidad de origen [(ノಠ益ಠ)ノ].
    Saludos [(•_•) ノ] y gracias.

  7. E la historia interminable, aunque; a decir verdad, estamos en una nueva fase mundial evidente, por lo que igual no procede repetir jugadas. No obstante, si hay repetición, habrá guerra y habrá muertos, traiciones y teatrillos; la crisis económica que ya es grave, se agravará, y la gente no estará tan animada; sobre todo si tiene próximos en peligro. Esto es una repetición y ya deberíamos saberlo por los libros, se repite y se repite desde Felipe III y los validos. Con el enemigo dentro y mandando, no se puede llegar a ninguna parte buena. Los tenemos dentro desde hace siglos, dando por saco día y noche. Peor que los orcos que van sembrando.

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