Toreros en la Guerra de Liberación Española (1936-1939)

ESCUCHAR NOTICIA: 1939. La Corrida de la Victoria. Plaza de toros de las Ventas de Madrid. El mundo de los toros también sufrió en sus propias carnes el furor de la contienda bélica española. La gran mayoría de los matadores se declararon partidarios del bando Nacional al ver que el desgobierno del Frente Popular, con sus milicias armadas e incontroladas, era el dueño y señor de las voluntades y haciendas de numerosos españoles, entre los que se encontraban aquellos toreros, gente muy humilde, que había logrado con su denodado trabajo, valor, cornadas y esfuerzo, una desahogada posición económica. El ver como las milicias se incautaban de todos los objetos de valor, desencadenó la gran huida de toreros hacia la España Nacional, logrando evadirse unos a través de Portugal, mientras que  otros permanecieron escondidos en embajadas o en los lugares más insospechados del Madrid rojo. 1936. Plaza de Toros de las Ventas en Madrid. Corrida contra el fascismo. Juan Belmonte. El dieciséis de agosto de 1936 se celebró en Madrid la corrida contra el Fascismo a favor del Frente Popular, en la que torearon Antonio García Bustamante “Maravilla”, Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”, Joaquín Rodríguez Ortega “Cagancho”, Luis Gómez “El Estudiante”, Félix Colomo, y el miliciano Gregorio Hernández, “El Pollito”, que hicieron el paseíllo puño en alto. Maravillas, El Estudiante y Cagancho, se evadirían del Madrid rojo con destino a la España Nacional. Los toreros Juan Belmonte y José Ignacio Sánchez Mejías –hijo del recordado Ignacio-, se distinguieron sobremanera en la operación militar de la Isla de Mallorca, para frenar el desembarco de 6000 milicianos frente populistas al mando del capitán Alberto Bayo. 1937 Manolete con sombrero chambergo en el frente. Igual hizo Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” que sirvió como artillero de primera, en el Regimiento de Artillería pesada nº 1 de guarnición en la ciudad de los califas. Tras el triunfo del Alzamiento en la bellísima capital andaluza, tras la sublevación del Coronel Ciriaco Cascajo, el Regimiento  pasó a formar parte de las Divisiones que operaron en el frente de Córdoba. Manolete se distinguiría por su valor en el frente de Peñarroya. Incluso estuvo a punto de morir cuando aviones soviéticos del ejército rojo bombardearon al Regimiento de Artillería en el que Manolete estaba encuadrado. El Regimiento Nacional avanzaba en ese instante, en columna de dos, hacia Cabezas de san Juan en el frente extremeño. Los aviones rojos descargaron en vuelo picado toda la furia de sus ametralladoras y bombas. El capitán del Regimiento, Gutiérrez  ordenó cuerpo a tierra, lanzándose los soldados, unos  hacía las cunetas y otros intentando poner a salvo a los mulos que cargaban con la impedimenta artillera. Una bomba cayó al lado de Manolete alcanzando a un compañero que murió en el acto. El que sería grandiosa figura de nuestra fiesta Nacional, tuvo la suerte de caer hacia el lado contrario del estallido de la bomba, salvándose milagrosamente. Precisamente en la contienda de liberación, gracias a los desvelos del Capitán Gutiérrez Ozores, gran aficionado a la fiesta, se celebraría, en marzo de 1937, un Festival Patriótico de Artillería a beneficio del “Auxilio de Invierno”, en la plaza de los Tejares de  Córdoba. Actuarían en él: Juan Belmonte, como rejoneador, José Flores “Camará”, Sánchez Mejías, “Gallito” y los cordobeses Zurito, Manolete y Pepe Luque. Manolete se enfrentaría a un novillo de la ganadería de José de Goya de nombre “Camarón”, al que realizaría una sensacional faena. Tan  extraordinaria debió ser la faena de Manuel, que un nutrido grupo de aficionados, que asistieron al festejo, crearían la primera peña dedicada al irrepetible diestro de Linares en “Casa de Almoguera”. Pepe Amorós Pepe Amorós, que se distinguió valerosamente en los combates en el alto de los Leones de Castilla, enrolado en la centuria falangista de Valladolid, que mandaban José Antonio Girón de Velasco y Luis González Vicén. El toreo vasco Zacarías Lecumberri, marino mercante, se puso, en julio de 1936,  a las órdenes del general Gonzalo Queipo de Llano. Zacarías Lecumberri Lecumberri estaba al mando del buque “Teresa”, que era de su propiedad, un navío de 1300 toneladas, con el que logró romper el bloqueo de la flota roja entre Sevilla y Melilla, llevando por el río Guadalquivir, a la capital hispalense, cuatro banderas de la Legión, dos Tabores de Regulares y uno de la Mehal-la Jalifiana. Durante la contienda, haciendo gala de inusitado arrojo y valor,  llevó armas y municiones de Ayamonte a Vigo. Más tarde, prestó servicios entre los puertos canarios y los nacionales del sur de la Península y norte de África. El general Mola dijo de él: «Este hombre, él solo es una fuerza, con la que contamos para todo». El rejoneador Antonio Cañero, que operó con sus jinetes, junto al Comodante Alfredo Erquicia y su Grupo voluntario de “Policía Montada”,  por los frentes de Andalucía en pro de la causa nacional. Muy querido en La Coruña, pues estuvo destinado, como capitán, durante unos años en el Regimiento de Caballería de Cazadores de Galicia de guarnición en la ciudad de cristal. Antonio Cañero La maldita ley de la memoria histórica producto de una mente enfermiza como la del iluminado, perverso e impresentable presidente que contaba nubes, llamado José Luis Rodríguez Zapatero, corregida y aumentada por la ley de memoria democrática del traidor a España, profanador, corrupto, mentiroso y miserable Sánchez, quiso cebarse con la memoria de Antonio Cañero.  Un individuo oscuro, gris, sin estudios  llamado Juan Pablo Durán, y que llegó a ser elevado a la injusta categoría de  presidente del parlamento de Andalucía tenía entre sus fijaciones sectarias y montaraces la figura de Antonio Cañero. Al igual que ese grupo de desahogados, vividores e impresentables sectarios de  Ganemos Córdoba, la sucia marca de Podemos, que desgobernó durante cuatro años el  ayuntamiento de  la ciudad de los Califas y  perpetró contra la figura de Cañero otra fechoría, retirándole del museo taurino las condecoraciones que el gran rejoneador  había donado a la ciudad de Córdoba, tachándolas de franquistas. De nuevo se puso de manifiesto la incultura e ignorancia de la montaraz izquierda española –que por tiempo indefinido sigue y seguirá obsesionada con la figura de Francisco Franco-, al confundir unas condecoraciones que Cañero recibió entre 1910 y 1911 por participar en diferentes actos de carácter festivo que conmemoraban diversas acciones guerreras al cumplirse el centenario de la victoria de los ejércitos españoles en la guerra de la Independencia contra las tropas del pérfido Napoleón, tales como los sitios de Cádiz, Gerona y Astorga, las Batallas de Pontesampayo, Brihuega y Villaviciosa y la proclamación de la Constitución de 1812, con medallas de la guerra de liberación española de 1936-1939 en la que Cañero no obtuvo ninguna condecoración. Manolo Bienvenida Manolo Bienvenida, también partidario del pensamiento de José Antonio,  comenzó a organizar diversos festejos taurinos en la España Nacional. A él se unión el también  falangista Luis Fuentes Bejarano. Manolo Bienvenida ya había tenido problemas con las milicias marxistas antes del inicio de la guerra, cuando el día 29 de mayo de 1936, en una corrida celebrada en la capital de España, se colocó de rodillas ante el toro, gritando un sonoro ¡Viva España!, desafiando  así a los Chiviris, que eran unas unidades paramilitares socialistas o comunistas formadas por 220 o 300 personas, instruidas por el capitán de la Guardia de Asalto Faraudo y los tenientes del mismo cuerpo Castillo y Moreno,  que realizaban prácticas militares, encaminadas a prepararse para la guerra civil. Recibían ese sobrenombre  porque al regresar a Madrid de sus prácticas de tiro  en la Casa de Campo o el Pardo, se paseaban por las calles con sus camisetas, pantalones y gorrillos blancos, estilo americano  y pañuelo rojo anudado al cuello, desafiantes al grito de ¡Viva Rusia! ¡Muera España!, entonando una cancioncilla zafia cuyo  estribillo  decía: “Ay chiviri, chiviri, chiviri / Ay chiviri, chiviri, chon”. Los chiviris adquirieron trágica notoriedad cuando en la mañana de un  domingo de junio de 1934 asesinaron a la orilla del río Manzanares al joven falangista Juan Cuellar. Cuellar se encontraba con tres jóvenes camaradas en el monte del Pardo cuando se toparon con un batallón de chiviris que les obligó a cantar la Internacional. Estos se negaron aludiendo que eran falangistas y de pronto fueron rodeados, cebándose en el joven Cuéllar, al que dispararon, golpearon bárbaramente, acuchillaron, le arrancaron pelo, y le destrozaron la cabeza con un botijo de los que utilizaban para llevar vino a sus excursiones, dándole al final numerosas patadas. Cuando el joven estaba inerte en el suelo, la militante de los chiviris, Juanita Rico se situó encima de él, abrió las piernas y se orinó sobre su cuerpo moribundo. 1936. Juventudes Socialistas Unificadas. Cuenta Felipe Ximénez de Sandoval en su “Biografía Apasionada” que José Antonio acudió de forma apresurada a donde se encontraba el cadáver del joven Cuellar e impresionado por el estado en que quedó el muchacho dijo lacónicamente: “Esto se tiene que terminar”. “No habrá caído sin respuesta”. Esto, en la pluma de Ximénez de Sandoval “era la ardorosa ingenuidad  combativa de frente e inermes, como si el enemigo fuese leal, caballero y deportivo”. Aquella noche una escuadra de falangistas descubrió a  Juanita Rico, a sus hermanos  y  amigos chiviris en la calle de Eloy Gonzalo. Desde un coche en marcha abrieron fuego alcanzado a la mujer que fallecería momentos después, quedando uno de sus hermanos malherido en una pierna. Nacía así la Falange de la sangre, después de haber soportado los asesinatos a manos de las milicias socialistas de los falangistas Ruiz de la Hermosa, Juan Jara, Segismundo, Vicente Pérez, Tomás Polo, Francisco de Paula Sampol, Matías Montero, Ángel Abella, Jesús Hernández, Luis Arroyo, Hurtado  y Ángel Montesinos. En esa corrida madrileña Victoriano de la Serna imitó también a Bienvenida y  tras realizar una temeraria faena de muleta, lanzó a los cuatro vientos un ¡Viva España!, dejándose enganchar por el toro que le produjo graves heridas Manuel Bienvenida realizaría varios festivales y corridas en la España nacional, sobre todo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde lucía su gran capote de percal en el que iba impreso «VIVA ESPAÑA». Fue muy comentado su brindis al General Queipo de Llano, en una de sus actuaciones, cuando dijo al General: “Tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro al salvador de España, general Queipo de Llano, y para que se mueran de rabia los hijos de la Pasionaria. ¡Viva España!». Manuel, junto a Pascual Márquez y Domingo Ortega, actuaría en el coso de La Coruña, el 17 y 18 de julio de 1937, con motivo de dos festejos organizados por la Junta de suscripción Pro Acorazado España, para recaudar fondos para la construcción de un nuevo acorazado España, que se había hundido frente a la costa de Santander a finales de abril de ese año 37. El mencionado Victoriano de la Serna prestaría sus servicios como médico del bando Nacional en el hospital militar de Pamplona. Domingo González “Dominguín”, hermano mayor de Luis Miguel, se alistó también como  voluntario en el Ejército Nacional siendo herido en 1936 cundo combatía la Bandera de Falange, que mandaba José Antonio Girón de Velasco, en el alto del León.  Finalizada la contienda bélica, Domingo se afiliaría al Partido Comunista y en su domicilio de la calle Ferraz de Madrid se llegó a editar en Mundo Obrero. En 1956 abandonaría el Partido comunista. Fallecería en 1975.   Domingo Ortega El gran Domingo Ortega, también muy amigo de José Antonio Primo de Rivera,  tras tener que participar en una corrida en la España del Frente Popular, concretamente en Valencia, donde curiosamente salió a hombros,  esgrimió antes las autoridades rojas, que tenía que torear en Francia algunas corridas ya firmadas. Eso le ayudaría a pasarse a la zona Nacional, para presentarse como voluntario en las filas del Ejército de Franco. Domingo participaría en 128 festejos organizados en la España nacional, en los casi tres años de guerra. Domingo Ortega, había formado, antes de la guerra,  su ganadería que sería destrozaba por los milicianos. Sólo lograría salvar, una vez finalizada la contienda,  30 vacas que pastaban en dehesas salmantinas. Marcial Lalanda Marcial Lalanda, falangista de la primera época y gran amigo de José Antonio Primo de Rivera, se distinguió valerosamente en los combates del frente de Talavera de la Reina, donde fue herido en una pierna. Lalanda ya se había enfrentado a las autoridades del Frente Popular en su calidad de presidente de la Asociación de Matadores, por diversas circunstancias que tenían que ver con el reglamento taurino. Con el estallido del Alzamiento Nacional y la posterior guerra de liberación, salió para Francia, donde iba a participar en varias corridas. De inmediato regresó a la España Nacional, alistándose en una Bandera de Falange Española, combatiendo como apuntamos antes, en el Frente de Talavera con las tropas que iban camino de la liberación del irreductible y glorioso Alcázar de Toledo. La familia de Marcial Lalanda sufriría de forma brutal la represión roja. Hasta doce miembros de la familia serian asesinados por las milicias socialistas, comunistas y anarquistas.  Su primo Pablo Lalanda, antiguo matador, seria asesinado en la finca de El Puncal (Toledo), junto a sus hermanos Martín, Marcial, Salvador y los hijos de este. Al primo del “más grande” las milicias marxistas no le perdonaron que hubiese participado en un encierro a puerta cerrada en honor a la Reina Victoria Eugenia. La ganadería que Marcial poseía en Toledo, a nombre de su esposa Emilia Mejías García, con ejemplares mezcla de sangre Veragua, Santa Coloma y conde de la Corte, fue prácticamente eliminada  y exterminada con enorme odio y crueldad. Al finalizar la guerra de liberación, Marcial solo encontraría en su finca 19 cabezas, un semental, 10 vacas y 8 erales. Victoriano Roger “Valencia II” Victoriano Roger “Valencia II” afiliado a Falange Española, sería asesinado en el pueblo de Hortaleza (Madrid) el 18 de diciembre de 1936, tras ensañarse con él las milicias que lo cosieron a balazos. En la primavera de 1936, tuvo un incidente con un taxista que no le quiso realizar un servicio al identificarlo como falangista, ya que Victoriano había adquirido mucha popularidad en ese momento, pues en todas sus faenas saludaba brazo en alto al público, haciendo el saludo falangista. Acabaron a puñetazos, llevando el taxista la peor parte. Unos días después, Victoriano, que toreaba en las Ventas, sufrió un boicot por parte del gremio izquierdista de taxistas, que convocaron una huelga de servicio a la plaza de toros, lanzando incluso octavillas por la capital, donde tildaban a Victoriano de “señorito, torero y fascista”. Al inicio del paseíllo, Victoriano es recibido con pitos por una parte de la plaza donde se encuentran situados los taxistas de izquierdas. Victoriano, sin inmutarse, realizará una faena temeraria que pondría a casi la totalidad del público en pie que le ovaciona de forma frenética. Tras su triunfo Victoriano dedicará un gesto muy significativo a los taxistas socialistas y comunistas, echándose la mano a sus partes y agarrándolas. Con la caída del Cuartel de la Montaña y el fracaso del Alzamiento en Madrid, Victoriano, al verse perseguido y temer por su vida, se esconde en la casa de amante, quien según todos los indicios lo denunciará a las milicias, para de esa forma apropiarse del dinero y joyas del matador. Detenido, el 18 de diciembre de 1936, en la carretera de Hortaleza, Victoriano sería asesinado de forma brutal y sádica. Su cuerpo sería encontrado con numerosos balazos. El matador Juan Luis de la Rosa sería asesinado a tiros en una calle de Barcelona, a manos de milicianos el día 6 de noviembre de 1936. Un rival amoroso, valiéndose de su cargo de comisario de milicias, perpetró contra el diestro una cobarde venganza que finalizaría con su fusilamiento. Al genial Rafael Gómez “El Gallo”, la guerra le sorprendería en el Madrid rojo. Se enteraría de que se había iniciado la guerra seis semanas después de su comienzo. Vivía en una pensión de la Carrera de San Gerónimo regentada por su mozo de espadas Serrano, quien le ocultó el inicio del conflicto bélico., diciéndole que en Madrid había una huelga. El genial Rafael, se pasaría esas semanas en la cama. Cuando decidió salir, para actuar en un festival en la plaza de las Ventas, se sorprendió por el ambiente bélico y con aquella gracia de la que Dios le había dotado le dijo a uno de sus banderilleros: “Oye niño, ¿qu’es lo que pasa hoy aquí que hay tanto sordao en la calle?” Cuentan también, que en Valencia, en la corrida en al que saldría a hombros de milicianos Domingo Ortega, con el que compartía cartel. Rafael, a la hora del paseíllo salió con la mano derecha extendida, mientras Domingo lo hacía con el puño izquierdo en alto. El Gallo por aquella acción recibió una enorme pitada. Antes de llegar al final del paseíllo, Ortega, atemorizado y nervioso le dijo: “¿Por tu madre Rafael, cierra el puño que esta gente nos fusila? Rafael continuó con la mano derecha extendida y fue detenido. Al interrogarle y acusarle de haber hecho el saludo fascista, el irrepetible Rafael, sin inmutarse contestó: ¿Pero qué saludo fascista, lo que pasa es que me daba el sol en los ojos y me los tapaba con la mano? ¡Genio y figura! Rafael Gómez “El Gallo” Con la llegada de la paz, Rafael regresó a su Sevilla del alma donde fue recibido con aclamaciones, siguiendo con su vida ya alejado de los ruedos En el trágico Madrid rojo perderán la vida, asesinados los hijos del ganadero García Aleas y los hijos del Conde de Casal. Cristóbal Colón y Aguilera de la Cerda XV Duque de Veragua Especialmente cruentos fueron los asesinatos del Duque de la Vega y de Don Cristóbal Colon y Aguilera, Duque de Veragua, quien había recibido la prestigiosa ganadería de bravo, creada en el siglo XVII del que fuera ministro de Fomento durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y ministro de Marina durante el reinado de Alfonso XIII, Cristóbal Colón de la Cerda y Gante, XIV duque de Veragua.  Colón y Aguilera vendería en 1928 la ganadería a los hermanos Fermín y Manuel Martín Alonso, que con posterioridad se la venderían al bodeguero gaditano Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio. La orden de sus asesinatos, según un pinero llamado Julián “El Estudiante”,  la dio personalmente el conocido “demócrata” Santiago Carrillo Solares. Según la versión de “El Estudiante”, que recogió en un amplio reportaje el diario “El Alcázar” en 1977, los hechos de aquellos asesinatos se produjeron así: “Al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un ‘forito’, ocho cilindros muy viejos y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos y el quinto, el jefe de las checas, que aún yo no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 o 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: Pionero, estudiante ven aquí. ¿Sabes quién es éste? Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre. Este es el duque de Veragua, el fascista número uno de España” . . . mientras sacaba una pistola debajo del tabardo (que recuerdo perfectamente del nueve de largo y disparó tres tiros sobre el cráneo del duque que ya estaba bien muerto . . . Luego  dirigiéndose al guardia de asalto Ramiro Roig (El Pancho) le ordenó: ¡Quítale el anillo (una sortija con brillantes que parecía muy buena), y como no podía, él ordenó: ¡Córtale el dedo, leche!. El guardia sacó una navaja de bolsillo y destrozó la mano hasta que consiguió sacar el anillo y se lo dio a su jefe”. “Recuerdo perfectamente que Santiago Carrillo, después de limpiar la sangre de la sortija con broza que cogió del suelo, se la guardó en el bolsillo”. Las palabras de Julián, “El Estudiante”, enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama y miembro de la Escuadrilla del Amanecer, nunca fueron desmentidas por Carrillo.   Sin embargo, investigaciones realizadas con posterioridad,  por los escritores Alberto Laguna, Antonio Vargas, Victoria de Diego y Daniel Olivares, creadores de la magnífica web guerraenmadrid.net.,  el asesinato del Duque se produjo en  septiembre. El 17 de septiembre, el juzgado de Fuencarral recibió un aviso de que se habían encontrado dos cadáveres en la carretera de Fuencarral a Colmenar Viejo. Los escritores lograron acceder al certificado de defunción donde se manifiesta que el Duque de Veragua murió de dos disparos, uno en la sien y otro en la nuca, algo que contradice la versión de El Estudiante, que dice que el Duque recibió además de fuego de ametralladora, tres disparos. Igualmente la fecha de su asesinato no coincide con la del 24 de agosto dada por “El Estudiante”, puesto que el Duque de Veragua sería detenido el 27 de agosto y asesinado, según las investigaciones de Laguna y Vargas, el 16 de septiembre. En los archivos de la Causa general, instruida por el Ministerio de Justicia nada más finalizada la contienda civil, consta documentalmente que, “los Duques de la Vega y Veragua –este último descendiente del descubridor de América, de edad avanzada y que ninguna actividad política había desarrollado durante su vida-, fueron detenidos, por móviles exclusivos de robo, por unas milicias socialistas dirigidas por un individuo de ese partido, llamado Zacarías Ramírez, convertido en Capitán. Fueron inútiles todos los requerimientos de las representaciones diplomáticas para que el Ministro de Asuntos Exteriores, Julián Álvarez del Vayo, garantizara la vida de los detenidos, que ningún peligro representaban para el régimen rojo. Finalmente, los dos mencionados señores fueron asesinados después de un prolongado secuestro, no sin que antes el jefe socialista obligase al Duque de Veragua a transmitirle, bajo ciertas solemnidades jurídicas, la propiedad de una finca que el Duque poseía en la provincia de Toledo”. El 29 de diciembre en el trascurso de las operaciones sobre el pueblo jienense  de Lopera, es alcanzado en combate, José García Carranza “Pepe El Algabeño” vieja guardia Falangista y que se hallaba encuadrado en el cuartel general del general Queipo de Llano. Fue herido  en un enfrentamiento de unidades Nacionales contra las brigadas internacionales, que luchaban enconadamente en aquel teatro de operaciones. Visiblemente afectado, aquella noche el general Queipo de Llano en su charla radiofónica diaria se refirió de esta forma al Algabeño: “En el día de hoy, José García «El Algabeño», falangista, agregado a mi Cuartel General, se empeñó en llevar personalmente una orden que yo le di al extremo en que se hallaba operando la caballería. Había bastante fuego y recibió un balazo de bastante gravedad y tanto en el momento de caer como en el de ingresar en el Hospital sólo salía de su boca una frase: ¡Viva España! Ha caído como un bravo. Haga Dios que Pepe el Algabeño se restablezca pronto de las heridas que sufre”. No fue así y Pepe falleció en el hospital de la Cruz Roja de Córdoba víctima de un balazo en el abdomen. José García Carranza, Pepe El Algabeño, falangista de la primera época, Vieja Guardia, muerto en combate en la Guerra de Liberación Española. El general Gonzalo Queipo de Llano impuso, a título póstumo, al gran torero, la Medalla Militar Individual y el Caudillo Franco le nombró teniente honorario de Caballería. El féretro que contenía los restos del Algabeño fue recibido multitudinariamente en Sevilla, siendo enterrado posteriormente en el panteón familiar en la Algaba. El toreo de Pepe estuvo lleno de valentía y vitalidad, destacando por ser un consumado estoqueador. El 28 de septiembre de 1929 en Bayona (Francia) sufrió una grave cogida, que le haría abandonar el toreo a pie para dedicarse al rejoneo. Fue junto a Antonio Cañero los que revolucionaron de forma definitiva las formas del toreo a caballo. Simpático, de buena presencia, prodigo y con gran éxito entre las mujeres, fue un relevante personaje de la época,  tanto en los ruedos como fuera de ellos. Intervino en tres películas  «La medalla del torero» realizada en 1924; «La hija del Corregidor» de 1925, ambas dirigidas por  José Buchs, y «Currito de la Cruz» película de 1926 del gran Alejandro Pérez Lugín. Por su gran aporte económico, se distinguieron también por su colaboración con el bando Nacional, los famosos diestros ya jubilados, Ricardo Torres “Bombita”, Rafael Guerra “Guerrita” y Rafael González “Machaquito”. Aurelio Rodero, fotógrafo de toreros, asesinado en Madrid por unos milicianos el 25 de julio, se convertirá en la primera víctima de la guerra del mundo taurino. También esos días fueron fusilados por las milicias marxistas el ganadero Tomás Murube (en La Roda de Andalucía),  Teresa Zayas, viuda del ganadero Romualdo Arias de Reina junto con su hermano Javier, sus dos hijos Alberto y Daniel y sus sobrinos José María y Antonio Arias de Reina Pérez. También será asesinado en Málaga el ganadero Argimiro Pérez Tabernero y tres de sus hijos. Una bomba lanzada sobre Córdoba por un avión del Frente Popular alcanza de lleno al modesto matador de toros Francisco Gutiérrez “Serranito de Córdoba”. También caerían en combate, en las filas del bando Nacional, el banderillero Fernando Gracia y el novillero Félix García. Los ganaderos Demetrio y Ricardo Ayala López, de Ciudad Real, fueron asesinados el 17 de diciembre de 1936, en Carrión de Calatrava, además del hijo de este Ricardo Ayala Cueva. En Granada, en el barranco de Viznar, junto al gran poeta Federico García Lorca,  son fusilados por un grupo de la C.E.D.A, los banderilleros Francisco Galadi Jergal y Joaquín Arcollas Cabezas, ambos militantes de la CNT.  En combate, luchando con el ejército rojo morirían los novilleros Cayetano de la Torre, “Morateño”, y Ramón Torres, que falleció como piloto; los banderilleros Pedro Gómez, “Quirín”, Francisco Ardura, “Paquillo”, y José Duarte Acuña; y el picador Julio Grases, «Jirula», Litri II de teniente en el ejército Popular. Portada Revista Estampa. Madrid 1936. Una brigada mixta del ejército rojo, la 96, conocida como la de “los toreros”,  estuvo compuesta por un amplio número de toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al Sindicato de Toreros. Fue mandada por  Luis Prados “Litri II”,  teniendo como comandante de un batallón a Juan Mazquiarán Beovide  “Fortuna Chico”, a su hermano Raimundo que era banderillero, sobrinos del  famoso matador Diego Mazquiarán” Fortuna”; el novillero con estrellas de capitán, Guillermo Martín Bueno, al igual que el también novillero gaditano Manuel Vilches del Río “Parrita”; Silvino Zafrón “Niño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero  y el matador valenciano  Enrique Torres Herrero, entre otros, que combatieron en la sierra de Guadarrama y en el frente de Teruel, encuadrados dentro de  la 22 brigada mixta del Ejército rojo que mandaba Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, el capitán que se había sublevado en Jaca contra la monarquía de Alfonso XIII, en 1930, siendo posteriormente fusilado. La actuación en Teruel de la Brigada 22 fue tan lamentable que incluso el mando fusiló a varios soldados acusados de traición y complicidad con el enemigo. Los pocos toreros al mando de Litri contuvieron con valentía y heroísmo, durante varios días el avance inexorable del Ejército Nacional con la V Brigada de Navarra en vanguardia al mando del coronel Bautista Sánchez González. Fueron condecorados por el mando rojo con el distintivo al valor. Finalizada la guerra de liberación, Litri fue juzgado, al igual que Fortuna “por apoyo a la causa marxista”. Litri II fue condenado a treinta años de reclusión, intercediendo el  propio Marcial Lalanda  a favor de él ante los tribunales. Logró salvarlo y Litri salió de la cárcel en 1943, volviendo a los toros  como subalterno  y una vez retirado de los ruedos, puso una taberna en Madrid y vivió como tabernero de forma tranquila y honesta durante el resto de su vida. Por su parte Fortuna no volvió al mundo taurino amargado al comprobar cómo sus compañeros le habían vuelto la espalda. Trabajó como peón de la construcción, finalizando su vida laboral como administrativo en el ramo del ladrillo. Nunca quiso hablar de la guerra, incluso en 1990 cuando uno de los gobiernos socialistas de Felipe González reconoció los derechos de pensión a los combatientes del bando republicano, Fortuna no la solicitó. A Félix Colomo el inicio del Alzamiento nacional le sorprendió en Madrid: Decide trasladarse con su familia a Navalcarnero, donde unos milicianos socialistas lo detienen y requisan su vehículo. Colomo pasaría por diversas chekas hasta alcanzar la libertad, algo que le permitiría anunciarse en diversos festivales taurinos celebrados en zona roja. Tras la victoria del ejército nacional, Colomo sería detenido y depurado, acusado de colaboracionista del bando rojo marxista con el agravante de haber sido utiliza<do su vehículo particular en diferentes ejecuciones de presos, los conocidos como “paseos”. Un Consejo de Guerra le condenaría a doce años y un día por el delito de “auxilio a la rebelión”. Al poder demostrar que coche había sido incautado por las milicias rojas, fue condenado a dos años de prisión menor. Félix Colomo Aquella condena le privaría de torear en cualquier plaza de España, hasta 1943 en que ya redimido toreó en Madrid. Su última corrida tuvo lugar en septiembre de 1947, en  la madrileña plaza de Carabanchel. Retirado de los ruedos emprendería una exitosa actividad hostelera al hacerse cargo como propietario del famoso mesón de Cuchilleros, en el Madrid de los Austrias “Las cuevas de Luis Candelas”. Saturio Torón También en algunos casos la guerra colocó en lugar equivocado a algunos toreros como fue el caso del matador Saturio Torón Goyanes “el León Navarro”, un hombre de gran envergadura que tras probar suerte boxeador se hizo novillero, pasando posteriormente a ser banderillero en cuyo arte llegó a tener fama de valiente. Conocido por su filiación  a Falange Española, incluso su nombre apareció en el primer ejemplar del diario “Arriba”. Miembro de una escuadra de aquella “Falange de la sangre”, que reprimió los asesinatos de jóvenes falangistas a manos de pistoleros socialistas y comunistas y que fue disuelta por José Antonio Primo de Rivera tras la expulsión de la organización de José Antonio Ansaldo en 1935. Al estallar la guerra, Saturio Torón fue encarcelado y condenado a muerte. Con la ayuda de otros compañeros de profesión salvó la vida al alistarse en la Brigada Roja de toreros, siendo destinado por el bando frente populista a la Sierra de Guadarrama, donde luchó con valor contra sus antiguos camaradas, llegando a ser capitán por sus méritos de guerra, siendo herido en el frente. La explosión en ese frente de una granada, el 1 de enero de 1937, le produjo la muerte. Algunas versiones de su muerte, apuntaron a que pudo ser asesinado por elementos rojos al conocer su pasado falangista. La guerra de liberación española supondría un terrorífico quebranto a las ganaderías de bravo. Muchas de ellas desaparecerían por hambre o por muerte. Según información recogida por el crítico taurino, que realizaba sus crónicas taurinas en “La Hoja del Lunes” de Madrid,  Luis Uriarte,  los ganaderos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia poseían en la zona central antes del 18 de julio, 5.083 reses de casta y herradas. En mayo de 1937, solo quedarían 166 vacas, 8 toros, 22 añojos y 127 crías. Hubo algunas razas de toro bravo que desaparecieron por completo del mapa ecológico, por ejemplo la ganadería del Conde de Antillón, que fue liquidada completamente. La de n Hernández Plá, fue totalmente sacrificada con destino al abastecimiento del Ejército rojo. No se pudo recuperar la Emilio Bueno,  asesinado en diciembre de 1936, por un piquete comunista. La ganadería de José María López Cobo, casta pura Vistahermosa, fue casi totalmente destruida en el primer año de guerra, pues sólo se pudieron rescatar 50 vacas. Otra aniquilada por completo fue la ganadería de la Viuda de Félix Gómez, en Colmenar Viejo, procedente de los Jijón y cruzada con Parladé. Sólo se recuperaron un semental y 54 vacas. En la localidad jienense de Aldeaquemada se encontraba la ganadería de Pacomio Marín Ginés, que sería asesinado, después de sufrir tormentos, en 1938. La vacada a punto estuvo de extinguirse, siendo rescatada por su viuda y su hijo al  finalizar le guerra.  Otras ganaderías que desaparecieron  victimas del furor y el hambre de las milicias y ejército rojo marxista fueron las de los Herederos del duque de Tovar; Las de Lorenzo Cortés y Ruiz Dayestán, Sólo en la región o Zona Centro se calcula que fueron sacrificados unos 12.000 toros bravos. Quedó totalmente extinguida la del Conde de Casal en Madrid, cuyo propietario, como hemos comprobado fue asesinado por milicianos marxistas.  Desapareció por completo una de las más antiguas ganaderías españolas, la de Patricio Sanz, de San Agustín (Madrid) con fecha de 1885. Otra que sufriría enormes pérdidas fue la de los Herederos de Flores Albarrán. De las treinta y dos mejores ganaderías andaluzas, ocho desaparecieron por completo. 1939, Corrida de la Victoria en Madrid, Los diestros saludan con el brazo en alto. Con España caminando al paso alegre de la paz, el 24 de mayo de 1939, se celebraría en las Ventas del Espíritu Santo de  Madrid la «Corrida de la Victoria»,  primer festejo taurino que se celebraba en dicha plaza después de la guerra liberación española y donde tuvo lugar un curioso e inesperado suceso. El cartel de la corrida de la Victoria lo integraban el rejoneador Antonio Cañero y los espadas Marcial Lalanda, Vicente Barrera, Pepe Amorós, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida y Luis Gómez, «El Estudiante». Durante la actuación de Marcial Lalanda con  el  primer toro de la tarde, el público pidió que sonase la música para amenizar la faena del “más grande”, interpretándose el pasodoble  a él dedicado por el maestro Martín Domingo. Continuó el festejo y en el cuarto toro, Domingo Ortega realizó una faena antológica, ejecutándola sin que en ningún momento sonase la música, algo que incomodó enormemente a los partidarios del torero de Borox que  protestaron ruidosamente el lamentable hecho, al verse, ellos y su torero, profundamente desairados por tan desafortunado detalle y privados de que sonase en honor a Ortega el magnífico pasodoble compuesto por Florencio Ledesma y Rafael Oropesa y cuyo  el letrista era Salvador Mauri. Hubo tal desorden público en los tendidos que las autoridades decidieron que en el momento de la faena de muleta, no sonase ningún pasodoble en la plaza de Madrid, lo que se mantiene en la actualidad.   Pulse para escuchar el texto 1939. La Corrida de la Victoria. Plaza de toros de las Ventas de Madrid. El mundo de los toros también sufrió en sus propias carnes el furor de la contienda bélica española. La gran mayoría de los matadores se declararon partidarios del bando Nacional al ver que el desgobierno del Frente Popular, con sus milicias armadas e incontroladas, era el dueño y señor de las voluntades y haciendas de numerosos españoles, entre los que se encontraban aquellos toreros, gente muy humilde, que había logrado con su denodado trabajo, valor, cornadas y esfuerzo, una desahogada posición económica. El ver como las milicias se incautaban de todos los objetos de valor, desencadenó la gran huida de toreros hacia la España Nacional, logrando evadirse unos a través de Portugal, mientras que  otros permanecieron escondidos en embajadas o en los lugares más insospechados del Madrid rojo. 1936. Plaza de Toros de las Ventas en Madrid. Corrida contra el fascismo. Juan Belmonte. El dieciséis de agosto de 1936 se celebró en Madrid la corrida contra el Fascismo a favor del Frente Popular, en la que torearon Antonio García Bustamante “Maravilla”, Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”, Joaquín Rodríguez Ortega “Cagancho”, Luis Gómez “El Estudiante”, Félix Colomo, y el miliciano Gregorio Hernández, “El Pollito”, que hicieron el paseíllo puño en alto. Maravillas, El Estudiante y Cagancho, se evadirían del Madrid rojo con destino a la España Nacional. Los toreros Juan Belmonte y José Ignacio Sánchez Mejías –hijo del recordado Ignacio-, se distinguieron sobremanera en la operación militar de la Isla de Mallorca, para frenar el desembarco de 6000 milicianos frente populistas al mando del capitán Alberto Bayo. 1937 Manolete con sombrero chambergo en el frente. Igual hizo Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” que sirvió como artillero de primera, en el Regimiento de Artillería pesada nº 1 de guarnición en la ciudad de los califas. Tras el triunfo del Alzamiento en la bellísima capital andaluza, tras la sublevación del Coronel Ciriaco Cascajo, el Regimiento  pasó a formar parte de las Divisiones que operaron en el frente de Córdoba. Manolete se distinguiría por su valor en el frente de Peñarroya. Incluso estuvo a punto de morir cuando aviones soviéticos del ejército rojo bombardearon al Regimiento de Artillería en el que Manolete estaba encuadrado. El Regimiento Nacional avanzaba en ese instante, en columna de dos, hacia Cabezas de san Juan en el frente extremeño. Los aviones rojos descargaron en vuelo picado toda la furia de sus ametralladoras y bombas. El capitán del Regimiento, Gutiérrez  ordenó cuerpo a tierra, lanzándose los soldados, unos  hacía las cunetas y otros intentando poner a salvo a los mulos que cargaban con la impedimenta artillera. Una bomba cayó al lado de Manolete alcanzando a un compañero que murió en el acto. El que sería grandiosa figura de nuestra fiesta Nacional, tuvo la suerte de caer hacia el lado contrario del estallido de la bomba, salvándose milagrosamente. Precisamente en la contienda de liberación, gracias a los desvelos del Capitán Gutiérrez Ozores, gran aficionado a la fiesta, se celebraría, en marzo de 1937, un Festival Patriótico de Artillería a beneficio del “Auxilio de Invierno”, en la plaza de los Tejares de  Córdoba. Actuarían en él: Juan Belmonte, como rejoneador, José Flores “Camará”, Sánchez Mejías, “Gallito” y los cordobeses Zurito, Manolete y Pepe Luque. Manolete se enfrentaría a un novillo de la ganadería de José de Goya de nombre “Camarón”, al que realizaría una sensacional faena. Tan  extraordinaria debió ser la faena de Manuel, que un nutrido grupo de aficionados, que asistieron al festejo, crearían la primera peña dedicada al irrepetible diestro de Linares en “Casa de Almoguera”. Pepe Amorós Pepe Amorós, que se distinguió valerosamente en los combates en el alto de los Leones de Castilla, enrolado en la centuria falangista de Valladolid, que mandaban José Antonio Girón de Velasco y Luis González Vicén. El toreo vasco Zacarías Lecumberri, marino mercante, se puso, en julio de 1936,  a las órdenes del general Gonzalo Queipo de Llano. Zacarías Lecumberri Lecumberri estaba al mando del buque “Teresa”, que era de su propiedad, un navío de 1300 toneladas, con el que logró romper el bloqueo de la flota roja entre Sevilla y Melilla, llevando por el río Guadalquivir, a la capital hispalense, cuatro banderas de la Legión, dos Tabores de Regulares y uno de la Mehal-la Jalifiana. Durante la contienda, haciendo gala de inusitado arrojo y valor,  llevó armas y municiones de Ayamonte a Vigo. Más tarde, prestó servicios entre los puertos canarios y los nacionales del sur de la Península y norte de África. El general Mola dijo de él: «Este hombre, él solo es una fuerza, con la que contamos para todo». El rejoneador Antonio Cañero, que operó con sus jinetes, junto al Comodante Alfredo Erquicia y su Grupo voluntario de “Policía Montada”,  por los frentes de Andalucía en pro de la causa nacional. Muy querido en La Coruña, pues estuvo destinado, como capitán, durante unos años en el Regimiento de Caballería de Cazadores de Galicia de guarnición en la ciudad de cristal. Antonio Cañero La maldita ley de la memoria histórica producto de una mente enfermiza como la del iluminado, perverso e impresentable presidente que contaba nubes, llamado José Luis Rodríguez Zapatero, corregida y aumentada por la ley de memoria democrática del traidor a España, profanador, corrupto, mentiroso y miserable Sánchez, quiso cebarse con la memoria de Antonio Cañero.  Un individuo oscuro, gris, sin estudios  llamado Juan Pablo Durán, y que llegó a ser elevado a la injusta categoría de  presidente del parlamento de Andalucía tenía entre sus fijaciones sectarias y montaraces la figura de Antonio Cañero. Al igual que ese grupo de desahogados, vividores e impresentables sectarios de  Ganemos Córdoba, la sucia marca de Podemos, que desgobernó durante cuatro años el  ayuntamiento de  la ciudad de los Califas y  perpetró contra la figura de Cañero otra fechoría, retirándole del museo taurino las condecoraciones que el gran rejoneador  había donado a la ciudad de Córdoba, tachándolas de franquistas. De nuevo se puso de manifiesto la incultura e ignorancia de la montaraz izquierda española –que por tiempo indefinido sigue y seguirá obsesionada con la figura de Francisco Franco-, al confundir unas condecoraciones que Cañero recibió entre 1910 y 1911 por participar en diferentes actos de carácter festivo que conmemoraban diversas acciones guerreras al cumplirse el centenario de la victoria de los ejércitos españoles en la guerra de la Independencia contra las tropas del pérfido Napoleón, tales como los sitios de Cádiz, Gerona y Astorga, las Batallas de Pontesampayo, Brihuega y Villaviciosa y la proclamación de la Constitución de 1812, con medallas de la guerra de liberación española de 1936-1939 en la que Cañero no obtuvo ninguna condecoración. Manolo Bienvenida Manolo Bienvenida, también partidario del pensamiento de José Antonio,  comenzó a organizar diversos festejos taurinos en la España Nacional. A él se unión el también  falangista Luis Fuentes Bejarano. Manolo Bienvenida ya había tenido problemas con las milicias marxistas antes del inicio de la guerra, cuando el día 29 de mayo de 1936, en una corrida celebrada en la capital de España, se colocó de rodillas ante el toro, gritando un sonoro ¡Viva España!, desafiando  así a los Chiviris, que eran unas unidades paramilitares socialistas o comunistas formadas por 220 o 300 personas, instruidas por el capitán de la Guardia de Asalto Faraudo y los tenientes del mismo cuerpo Castillo y Moreno,  que realizaban prácticas militares, encaminadas a prepararse para la guerra civil. Recibían ese sobrenombre  porque al regresar a Madrid de sus prácticas de tiro  en la Casa de Campo o el Pardo, se paseaban por las calles con sus camisetas, pantalones y gorrillos blancos, estilo americano  y pañuelo rojo anudado al cuello, desafiantes al grito de ¡Viva Rusia! ¡Muera España!, entonando una cancioncilla zafia cuyo  estribillo  decía: “Ay chiviri, chiviri, chiviri / Ay chiviri, chiviri, chon”. Los chiviris adquirieron trágica notoriedad cuando en la mañana de un  domingo de junio de 1934 asesinaron a la orilla del río Manzanares al joven falangista Juan Cuellar. Cuellar se encontraba con tres jóvenes camaradas en el monte del Pardo cuando se toparon con un batallón de chiviris que les obligó a cantar la Internacional. Estos se negaron aludiendo que eran falangistas y de pronto fueron rodeados, cebándose en el joven Cuéllar, al que dispararon, golpearon bárbaramente, acuchillaron, le arrancaron pelo, y le destrozaron la cabeza con un botijo de los que utilizaban para llevar vino a sus excursiones, dándole al final numerosas patadas. Cuando el joven estaba inerte en el suelo, la militante de los chiviris, Juanita Rico se situó encima de él, abrió las piernas y se orinó sobre su cuerpo moribundo. 1936. Juventudes Socialistas Unificadas. Cuenta Felipe Ximénez de Sandoval en su “Biografía Apasionada” que José Antonio acudió de forma apresurada a donde se encontraba el cadáver del joven Cuellar e impresionado por el estado en que quedó el muchacho dijo lacónicamente: “Esto se tiene que terminar”. “No habrá caído sin respuesta”. Esto, en la pluma de Ximénez de Sandoval “era la ardorosa ingenuidad  combativa de frente e inermes, como si el enemigo fuese leal, caballero y deportivo”. Aquella noche una escuadra de falangistas descubrió a  Juanita Rico, a sus hermanos  y  amigos chiviris en la calle de Eloy Gonzalo. Desde un coche en marcha abrieron fuego alcanzado a la mujer que fallecería momentos después, quedando uno de sus hermanos malherido en una pierna. Nacía así la Falange de la sangre, después de haber soportado los asesinatos a manos de las milicias socialistas de los falangistas Ruiz de la Hermosa, Juan Jara, Segismundo, Vicente Pérez, Tomás Polo, Francisco de Paula Sampol, Matías Montero, Ángel Abella, Jesús Hernández, Luis Arroyo, Hurtado  y Ángel Montesinos. En esa corrida madrileña Victoriano de la Serna imitó también a Bienvenida y  tras realizar una temeraria faena de muleta, lanzó a los cuatro vientos un ¡Viva España!, dejándose enganchar por el toro que le produjo graves heridas Manuel Bienvenida realizaría varios festivales y corridas en la España nacional, sobre todo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde lucía su gran capote de percal en el que iba impreso «VIVA ESPAÑA». Fue muy comentado su brindis al General Queipo de Llano, en una de sus actuaciones, cuando dijo al General: “Tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro al salvador de España, general Queipo de Llano, y para que se mueran de rabia los hijos de la Pasionaria. ¡Viva España!». Manuel, junto a Pascual Márquez y Domingo Ortega, actuaría en el coso de La Coruña, el 17 y 18 de julio de 1937, con motivo de dos festejos organizados por la Junta de suscripción Pro Acorazado España, para recaudar fondos para la construcción de un nuevo acorazado España, que se había hundido frente a la costa de Santander a finales de abril de ese año 37. El mencionado Victoriano de la Serna prestaría sus servicios como médico del bando Nacional en el hospital militar de Pamplona. Domingo González “Dominguín”, hermano mayor de Luis Miguel, se alistó también como  voluntario en el Ejército Nacional siendo herido en 1936 cundo combatía la Bandera de Falange, que mandaba José Antonio Girón de Velasco, en el alto del León.  Finalizada la contienda bélica, Domingo se afiliaría al Partido Comunista y en su domicilio de la calle Ferraz de Madrid se llegó a editar en Mundo Obrero. En 1956 abandonaría el Partido comunista. Fallecería en 1975.   Domingo Ortega El gran Domingo Ortega, también muy amigo de José Antonio Primo de Rivera,  tras tener que participar en una corrida en la España del Frente Popular, concretamente en Valencia, donde curiosamente salió a hombros,  esgrimió antes las autoridades rojas, que tenía que torear en Francia algunas corridas ya firmadas. Eso le ayudaría a pasarse a la zona Nacional, para presentarse como voluntario en las filas del Ejército de Franco. Domingo participaría en 128 festejos organizados en la España nacional, en los casi tres años de guerra. Domingo Ortega, había formado, antes de la guerra,  su ganadería que sería destrozaba por los milicianos. Sólo lograría salvar, una vez finalizada la contienda,  30 vacas que pastaban en dehesas salmantinas. Marcial Lalanda Marcial Lalanda, falangista de la primera época y gran amigo de José Antonio Primo de Rivera, se distinguió valerosamente en los combates del frente de Talavera de la Reina, donde fue herido en una pierna. Lalanda ya se había enfrentado a las autoridades del Frente Popular en su calidad de presidente de la Asociación de Matadores, por diversas circunstancias que tenían que ver con el reglamento taurino. Con el estallido del Alzamiento Nacional y la posterior guerra de liberación, salió para Francia, donde iba a participar en varias corridas. De inmediato regresó a la España Nacional, alistándose en una Bandera de Falange Española, combatiendo como apuntamos antes, en el Frente de Talavera con las tropas que iban camino de la liberación del irreductible y glorioso Alcázar de Toledo. La familia de Marcial Lalanda sufriría de forma brutal la represión roja. Hasta doce miembros de la familia serian asesinados por las milicias socialistas, comunistas y anarquistas.  Su primo Pablo Lalanda, antiguo matador, seria asesinado en la finca de El Puncal (Toledo), junto a sus hermanos Martín, Marcial, Salvador y los hijos de este. Al primo del “más grande” las milicias marxistas no le perdonaron que hubiese participado en un encierro a puerta cerrada en honor a la Reina Victoria Eugenia. La ganadería que Marcial poseía en Toledo, a nombre de su esposa Emilia Mejías García, con ejemplares mezcla de sangre Veragua, Santa Coloma y conde de la Corte, fue prácticamente eliminada  y exterminada con enorme odio y crueldad. Al finalizar la guerra de liberación, Marcial solo encontraría en su finca 19 cabezas, un semental, 10 vacas y 8 erales. Victoriano Roger “Valencia II” Victoriano Roger “Valencia II” afiliado a Falange Española, sería asesinado en el pueblo de Hortaleza (Madrid) el 18 de diciembre de 1936, tras ensañarse con él las milicias que lo cosieron a balazos. En la primavera de 1936, tuvo un incidente con un taxista que no le quiso realizar un servicio al identificarlo como falangista, ya que Victoriano había adquirido mucha popularidad en ese momento, pues en todas sus faenas saludaba brazo en alto al público, haciendo el saludo falangista. Acabaron a puñetazos, llevando el taxista la peor parte. Unos días después, Victoriano, que toreaba en las Ventas, sufrió un boicot por parte del gremio izquierdista de taxistas, que convocaron una huelga de servicio a la plaza de toros, lanzando incluso octavillas por la capital, donde tildaban a Victoriano de “señorito, torero y fascista”. Al inicio del paseíllo, Victoriano es recibido con pitos por una parte de la plaza donde se encuentran situados los taxistas de izquierdas. Victoriano, sin inmutarse, realizará una faena temeraria que pondría a casi la totalidad del público en pie que le ovaciona de forma frenética. Tras su triunfo Victoriano dedicará un gesto muy significativo a los taxistas socialistas y comunistas, echándose la mano a sus partes y agarrándolas. Con la caída del Cuartel de la Montaña y el fracaso del Alzamiento en Madrid, Victoriano, al verse perseguido y temer por su vida, se esconde en la casa de amante, quien según todos los indicios lo denunciará a las milicias, para de esa forma apropiarse del dinero y joyas del matador. Detenido, el 18 de diciembre de 1936, en la carretera de Hortaleza, Victoriano sería asesinado de forma brutal y sádica. Su cuerpo sería encontrado con numerosos balazos. El matador Juan Luis de la Rosa sería asesinado a tiros en una calle de Barcelona, a manos de milicianos el día 6 de noviembre de 1936. Un rival amoroso, valiéndose de su cargo de comisario de milicias, perpetró contra el diestro una cobarde venganza que finalizaría con su fusilamiento. Al genial Rafael Gómez “El Gallo”, la guerra le sorprendería en el Madrid rojo. Se enteraría de que se había iniciado la guerra seis semanas después de su comienzo. Vivía en una pensión de la Carrera de San Gerónimo regentada por su mozo de espadas Serrano, quien le ocultó el inicio del conflicto bélico., diciéndole que en Madrid había una huelga. El genial Rafael, se pasaría esas semanas en la cama. Cuando decidió salir, para actuar en un festival en la plaza de las Ventas, se sorprendió por el ambiente bélico y con aquella gracia de la que Dios le había dotado le dijo a uno de sus banderilleros: “Oye niño, ¿qu’es lo que pasa hoy aquí que hay tanto sordao en la calle?” Cuentan también, que en Valencia, en la corrida en al que saldría a hombros de milicianos Domingo Ortega, con el que compartía cartel. Rafael, a la hora del paseíllo salió con la mano derecha extendida, mientras Domingo lo hacía con el puño izquierdo en alto. El Gallo por aquella acción recibió una enorme pitada. Antes de llegar al final del paseíllo, Ortega, atemorizado y nervioso le dijo: “¿Por tu madre Rafael, cierra el puño que esta gente nos fusila? Rafael continuó con la mano derecha extendida y fue detenido. Al interrogarle y acusarle de haber hecho el saludo fascista, el irrepetible Rafael, sin inmutarse contestó: ¿Pero qué saludo fascista, lo que pasa es que me daba el sol en los ojos y me los tapaba con la mano? ¡Genio y figura! Rafael Gómez “El Gallo” Con la llegada de la paz, Rafael regresó a su Sevilla del alma donde fue recibido con aclamaciones, siguiendo con su vida ya alejado de los ruedos En el trágico Madrid rojo perderán la vida, asesinados los hijos del ganadero García Aleas y los hijos del Conde de Casal. Cristóbal Colón y Aguilera de la Cerda XV Duque de Veragua Especialmente cruentos fueron los asesinatos del Duque de la Vega y de Don Cristóbal Colon y Aguilera, Duque de Veragua, quien había recibido la prestigiosa ganadería de bravo, creada en el siglo XVII del que fuera ministro de Fomento durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y ministro de Marina durante el reinado de Alfonso XIII, Cristóbal Colón de la Cerda y Gante, XIV duque de Veragua.  Colón y Aguilera vendería en 1928 la ganadería a los hermanos Fermín y Manuel Martín Alonso, que con posterioridad se la venderían al bodeguero gaditano Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio. La orden de sus asesinatos, según un pinero llamado Julián “El Estudiante”,  la dio personalmente el conocido “demócrata” Santiago Carrillo Solares. Según la versión de “El Estudiante”, que recogió en un amplio reportaje el diario “El Alcázar” en 1977, los hechos de aquellos asesinatos se produjeron así: “Al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un ‘forito’, ocho cilindros muy viejos y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos y el quinto, el jefe de las checas, que aún yo no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 o 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: Pionero, estudiante ven aquí. ¿Sabes quién es éste? Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre. Este es el duque de Veragua, el fascista número uno de España” . . . mientras sacaba una pistola debajo del tabardo (que recuerdo perfectamente del nueve de largo y disparó tres tiros sobre el cráneo del duque que ya estaba bien muerto . . . Luego  dirigiéndose al guardia de asalto Ramiro Roig (El Pancho) le ordenó: ¡Quítale el anillo (una sortija con brillantes que parecía muy buena), y como no podía, él ordenó: ¡Córtale el dedo, leche!. El guardia sacó una navaja de bolsillo y destrozó la mano hasta que consiguió sacar el anillo y se lo dio a su jefe”. “Recuerdo perfectamente que Santiago Carrillo, después de limpiar la sangre de la sortija con broza que cogió del suelo, se la guardó en el bolsillo”. Las palabras de Julián, “El Estudiante”, enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama y miembro de la Escuadrilla del Amanecer, nunca fueron desmentidas por Carrillo.   Sin embargo, investigaciones realizadas con posterioridad,  por los escritores Alberto Laguna, Antonio Vargas, Victoria de Diego y Daniel Olivares, creadores de la magnífica web guerraenmadrid.net.,  el asesinato del Duque se produjo en  septiembre. El 17 de septiembre, el juzgado de Fuencarral recibió un aviso de que se habían encontrado dos cadáveres en la carretera de Fuencarral a Colmenar Viejo. Los escritores lograron acceder al certificado de defunción donde se manifiesta que el Duque de Veragua murió de dos disparos, uno en la sien y otro en la nuca, algo que contradice la versión de El Estudiante, que dice que el Duque recibió además de fuego de ametralladora, tres disparos. Igualmente la fecha de su asesinato no coincide con la del 24 de agosto dada por “El Estudiante”, puesto que el Duque de Veragua sería detenido el 27 de agosto y asesinado, según las investigaciones de Laguna y Vargas, el 16 de septiembre. En los archivos de la Causa general, instruida por el Ministerio de Justicia nada más finalizada la contienda civil, consta documentalmente que, “los Duques de la Vega y Veragua –este último descendiente del descubridor de América, de edad avanzada y que ninguna actividad política había desarrollado durante su vida-, fueron detenidos, por móviles exclusivos de robo, por unas milicias socialistas dirigidas por un individuo de ese partido, llamado Zacarías Ramírez, convertido en Capitán. Fueron inútiles todos los requerimientos de las representaciones diplomáticas para que el Ministro de Asuntos Exteriores, Julián Álvarez del Vayo, garantizara la vida de los detenidos, que ningún peligro representaban para el régimen rojo. Finalmente, los dos mencionados señores fueron asesinados después de un prolongado secuestro, no sin que antes el jefe socialista obligase al Duque de Veragua a transmitirle, bajo ciertas solemnidades jurídicas, la propiedad de una finca que el Duque poseía en la provincia de Toledo”. El 29 de diciembre en el trascurso de las operaciones sobre el pueblo jienense  de Lopera, es alcanzado en combate, José García Carranza “Pepe El Algabeño” vieja guardia Falangista y que se hallaba encuadrado en el cuartel general del general Queipo de Llano. Fue herido  en un enfrentamiento de unidades Nacionales contra las brigadas internacionales, que luchaban enconadamente en aquel teatro de operaciones. Visiblemente afectado, aquella noche el general Queipo de Llano en su charla radiofónica diaria se refirió de esta forma al Algabeño: “En el día de hoy, José García «El Algabeño», falangista, agregado a mi Cuartel General, se empeñó en llevar personalmente una orden que yo le di al extremo en que se hallaba operando la caballería. Había bastante fuego y recibió un balazo de bastante gravedad y tanto en el momento de caer como en el de ingresar en el Hospital sólo salía de su boca una frase: ¡Viva España! Ha caído como un bravo. Haga Dios que Pepe el Algabeño se restablezca pronto de las heridas que sufre”. No fue así y Pepe falleció en el hospital de la Cruz Roja de Córdoba víctima de un balazo en el abdomen. José García Carranza, Pepe El Algabeño, falangista de la primera época, Vieja Guardia, muerto en combate en la Guerra de Liberación Española. El general Gonzalo Queipo de Llano impuso, a título póstumo, al gran torero, la Medalla Militar Individual y el Caudillo Franco le nombró teniente honorario de Caballería. El féretro que contenía los restos del Algabeño fue recibido multitudinariamente en Sevilla, siendo enterrado posteriormente en el panteón familiar en la Algaba. El toreo de Pepe estuvo lleno de valentía y vitalidad, destacando por ser un consumado estoqueador. El 28 de septiembre de 1929 en Bayona (Francia) sufrió una grave cogida, que le haría abandonar el toreo a pie para dedicarse al rejoneo. Fue junto a Antonio Cañero los que revolucionaron de forma definitiva las formas del toreo a caballo. Simpático, de buena presencia, prodigo y con gran éxito entre las mujeres, fue un relevante personaje de la época,  tanto en los ruedos como fuera de ellos. Intervino en tres películas  «La medalla del torero» realizada en 1924; «La hija del Corregidor» de 1925, ambas dirigidas por  José Buchs, y «Currito de la Cruz» película de 1926 del gran Alejandro Pérez Lugín. Por su gran aporte económico, se distinguieron también por su colaboración con el bando Nacional, los famosos diestros ya jubilados, Ricardo Torres “Bombita”, Rafael Guerra “Guerrita” y Rafael González “Machaquito”. Aurelio Rodero, fotógrafo de toreros, asesinado en Madrid por unos milicianos el 25 de julio, se convertirá en la primera víctima de la guerra del mundo taurino. También esos días fueron fusilados por las milicias marxistas el ganadero Tomás Murube (en La Roda de Andalucía),  Teresa Zayas, viuda del ganadero Romualdo Arias de Reina junto con su hermano Javier, sus dos hijos Alberto y Daniel y sus sobrinos José María y Antonio Arias de Reina Pérez. También será asesinado en Málaga el ganadero Argimiro Pérez Tabernero y tres de sus hijos. Una bomba lanzada sobre Córdoba por un avión del Frente Popular alcanza de lleno al modesto matador de toros Francisco Gutiérrez “Serranito de Córdoba”. También caerían en combate, en las filas del bando Nacional, el banderillero Fernando Gracia y el novillero Félix García. Los ganaderos Demetrio y Ricardo Ayala López, de Ciudad Real, fueron asesinados el 17 de diciembre de 1936, en Carrión de Calatrava, además del hijo de este Ricardo Ayala Cueva. En Granada, en el barranco de Viznar, junto al gran poeta Federico García Lorca,  son fusilados por un grupo de la C.E.D.A, los banderilleros Francisco Galadi Jergal y Joaquín Arcollas Cabezas, ambos militantes de la CNT.  En combate, luchando con el ejército rojo morirían los novilleros Cayetano de la Torre, “Morateño”, y Ramón Torres, que falleció como piloto; los banderilleros Pedro Gómez, “Quirín”, Francisco Ardura, “Paquillo”, y José Duarte Acuña; y el picador Julio Grases, «Jirula», Litri II de teniente en el ejército Popular. Portada Revista Estampa. Madrid 1936. Una brigada mixta del ejército rojo, la 96, conocida como la de “los toreros”,  estuvo compuesta por un amplio número de toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al Sindicato de Toreros. Fue mandada por  Luis Prados “Litri II”,  teniendo como comandante de un batallón a Juan Mazquiarán Beovide  “Fortuna Chico”, a su hermano Raimundo que era banderillero, sobrinos del  famoso matador Diego Mazquiarán” Fortuna”; el novillero con estrellas de capitán, Guillermo Martín Bueno, al igual que el también novillero gaditano Manuel Vilches del Río “Parrita”; Silvino Zafrón “Niño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero  y el matador valenciano  Enrique Torres Herrero, entre otros, que combatieron en la sierra de Guadarrama y en el frente de Teruel, encuadrados dentro de  la 22 brigada mixta del Ejército rojo que mandaba Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, el capitán que se había sublevado en Jaca contra la monarquía de Alfonso XIII, en 1930, siendo posteriormente fusilado. La actuación en Teruel de la Brigada 22 fue tan lamentable que incluso el mando fusiló a varios soldados acusados de traición y complicidad con el enemigo. Los pocos toreros al mando de Litri contuvieron con valentía y heroísmo, durante varios días el avance inexorable del Ejército Nacional con la V Brigada de Navarra en vanguardia al mando del coronel Bautista Sánchez González. Fueron condecorados por el mando rojo con el distintivo al valor. Finalizada la guerra de liberación, Litri fue juzgado, al igual que Fortuna “por apoyo a la causa marxista”. Litri II fue condenado a treinta años de reclusión, intercediendo el  propio Marcial Lalanda  a favor de él ante los tribunales. Logró salvarlo y Litri salió de la cárcel en 1943, volviendo a los toros  como subalterno  y una vez retirado de los ruedos, puso una taberna en Madrid y vivió como tabernero de forma tranquila y honesta durante el resto de su vida. Por su parte Fortuna no volvió al mundo taurino amargado al comprobar cómo sus compañeros le habían vuelto la espalda. Trabajó como peón de la construcción, finalizando su vida laboral como administrativo en el ramo del ladrillo. Nunca quiso hablar de la guerra, incluso en 1990 cuando uno de los gobiernos socialistas de Felipe González reconoció los derechos de pensión a los combatientes del bando republicano, Fortuna no la solicitó. A Félix Colomo el inicio del Alzamiento nacional le sorprendió en Madrid: Decide trasladarse con su familia a Navalcarnero, donde unos milicianos socialistas lo detienen y requisan su vehículo. Colomo pasaría por diversas chekas hasta alcanzar la libertad, algo que le permitiría anunciarse en diversos festivales taurinos celebrados en zona roja. Tras la victoria del ejército nacional, Colomo sería detenido y depurado, acusado de colaboracionista del bando rojo marxista con el agravante de haber sido utiliza<do su vehículo particular en diferentes ejecuciones de presos, los conocidos como “paseos”. Un Consejo de Guerra le condenaría a doce años y un día por el delito de “auxilio a la rebelión”. Al poder demostrar que coche había sido incautado por las milicias rojas, fue condenado a dos años de prisión menor. Félix Colomo Aquella condena le privaría de torear en cualquier plaza de España, hasta 1943 en que ya redimido toreó en Madrid. Su última corrida tuvo lugar en septiembre de 1947, en  la madrileña plaza de Carabanchel. Retirado de los ruedos emprendería una exitosa actividad hostelera al hacerse cargo como propietario del famoso mesón de Cuchilleros, en el Madrid de los Austrias “Las cuevas de Luis Candelas”. Saturio Torón También en algunos casos la guerra colocó en lugar equivocado a algunos toreros como fue el caso del matador Saturio Torón Goyanes “el León Navarro”, un hombre de gran envergadura que tras probar suerte boxeador se hizo novillero, pasando posteriormente a ser banderillero en cuyo arte llegó a tener fama de valiente. Conocido por su filiación  a Falange Española, incluso su nombre apareció en el primer ejemplar del diario “Arriba”. Miembro de una escuadra de aquella “Falange de la sangre”, que reprimió los asesinatos de jóvenes falangistas a manos de pistoleros socialistas y comunistas y que fue disuelta por José Antonio Primo de Rivera tras la expulsión de la organización de José Antonio Ansaldo en 1935. Al estallar la guerra, Saturio Torón fue encarcelado y condenado a muerte. Con la ayuda de otros compañeros de profesión salvó la vida al alistarse en la Brigada Roja de toreros, siendo destinado por el bando frente populista a la Sierra de Guadarrama, donde luchó con valor contra sus antiguos camaradas, llegando a ser capitán por sus méritos de guerra, siendo herido en el frente. La explosión en ese frente de una granada, el 1 de enero de 1937, le produjo la muerte. Algunas versiones de su muerte, apuntaron a que pudo ser asesinado por elementos rojos al conocer su pasado falangista. La guerra de liberación española supondría un terrorífico quebranto a las ganaderías de bravo. Muchas de ellas desaparecerían por hambre o por muerte. Según información recogida por el crítico taurino, que realizaba sus crónicas taurinas en “La Hoja del Lunes” de Madrid,  Luis Uriarte,  los ganaderos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia poseían en la zona central antes del 18 de julio, 5.083 reses de casta y herradas. En mayo de 1937, solo quedarían 166 vacas, 8 toros, 22 añojos y 127 crías. Hubo algunas razas de toro bravo que desaparecieron por completo del mapa ecológico, por ejemplo la ganadería del Conde de Antillón, que fue liquidada completamente. La de n Hernández Plá, fue totalmente sacrificada con destino al abastecimiento del Ejército rojo. No se pudo recuperar la Emilio Bueno,  asesinado en diciembre de 1936, por un piquete comunista. La ganadería de José María López Cobo, casta pura Vistahermosa, fue casi totalmente destruida en el primer año de guerra, pues sólo se pudieron rescatar 50 vacas. Otra aniquilada por completo fue la ganadería de la Viuda de Félix Gómez, en Colmenar Viejo, procedente de los Jijón y cruzada con Parladé. Sólo se recuperaron un semental y 54 vacas. En la localidad jienense de Aldeaquemada se encontraba la ganadería de Pacomio Marín Ginés, que sería asesinado, después de sufrir tormentos, en 1938. La vacada a punto estuvo de extinguirse, siendo rescatada por su viuda y su hijo al  finalizar le guerra.  Otras ganaderías que desaparecieron  victimas del furor y el hambre de las milicias y ejército rojo marxista fueron las de los Herederos del duque de Tovar; Las de Lorenzo Cortés y Ruiz Dayestán, Sólo en la región o Zona Centro se calcula que fueron sacrificados unos 12.000 toros bravos. Quedó totalmente extinguida la del Conde de Casal en Madrid, cuyo propietario, como hemos comprobado fue asesinado por milicianos marxistas.  Desapareció por completo una de las más antiguas ganaderías españolas, la de Patricio Sanz, de San Agustín (Madrid) con fecha de 1885. Otra que sufriría enormes pérdidas fue la de los Herederos de Flores Albarrán. De las treinta y dos mejores ganaderías andaluzas, ocho desaparecieron por completo. 1939, Corrida de la Victoria en Madrid, Los diestros saludan con el brazo en alto. Con España caminando al paso alegre de la paz, el 24 de mayo de 1939, se celebraría en las Ventas del Espíritu Santo de  Madrid la «Corrida de la Victoria»,  primer festejo taurino que se celebraba en dicha plaza después de la guerra liberación española y donde tuvo lugar un curioso e inesperado suceso. El cartel de la corrida de la Victoria lo integraban el rejoneador Antonio Cañero y los espadas Marcial Lalanda, Vicente Barrera, Pepe Amorós, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida y Luis Gómez, «El Estudiante». Durante la actuación de Marcial Lalanda con  el  primer toro de la tarde, el público pidió que sonase la música para amenizar la faena del “más grande”, interpretándose el pasodoble  a él dedicado por el maestro Martín Domingo. Continuó el festejo y en el cuarto toro, Domingo Ortega realizó una faena antológica, ejecutándola sin que en ningún momento sonase la música, algo que incomodó enormemente a los partidarios del torero de Borox que  protestaron ruidosamente el lamentable hecho, al verse, ellos y su torero, profundamente desairados por tan desafortunado detalle y privados de que sonase en honor a Ortega el magnífico pasodoble compuesto por Florencio Ledesma y Rafael Oropesa y cuyo  el letrista era Salvador Mauri. Hubo tal desorden público en los tendidos que las autoridades decidieron que en el momento de la faena de muleta, no sonase ningún pasodoble en la plaza de Madrid, lo que se mantiene en la actualidad.
1939. La Corrida de la Victoria. Plaza de toros de las Ventas de Madrid.

El mundo de los toros también sufrió en sus propias carnes el furor de la contienda bélica española. La gran mayoría de los matadores se declararon partidarios del bando Nacional al ver que el desgobierno del Frente Popular, con sus milicias armadas e incontroladas, era el dueño y señor de las voluntades y haciendas de numerosos españoles, entre los que se encontraban aquellos toreros, gente muy humilde, que había logrado con su denodado trabajo, valor, cornadas y esfuerzo, una desahogada posición económica. El ver como las milicias se incautaban de todos los objetos de valor, desencadenó la gran huida de toreros hacia la España Nacional, logrando evadirse unos a través de Portugal, mientras que  otros permanecieron escondidos en embajadas o en los lugares más insospechados del Madrid rojo.

1936. Plaza de Toros de las Ventas en Madrid. Corrida contra el fascismo.
Juan Belmonte.

El dieciséis de agosto de 1936 se celebró en Madrid la corrida contra el Fascismo a favor del Frente Popular, en la que torearon Antonio García Bustamante “Maravilla”, Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”, Joaquín Rodríguez Ortega “Cagancho”, Luis Gómez “El Estudiante”, Félix Colomo, y el miliciano Gregorio Hernández, “El Pollito”, que hicieron el paseíllo puño en alto. Maravillas, El Estudiante y Cagancho, se evadirían del Madrid rojo con destino a la España Nacional.

Los toreros Juan Belmonte y José Ignacio Sánchez Mejías –hijo del recordado Ignacio-, se distinguieron sobremanera en la operación militar de la Isla de Mallorca, para frenar el desembarco de 6000 milicianos frente populistas al mando del capitán Alberto Bayo.

1937 Manolete con sombrero chambergo en el frente.

Igual hizo Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” que sirvió como artillero de primera, en el Regimiento de Artillería pesada nº 1 de guarnición en la ciudad de los califas. Tras el triunfo del Alzamiento en la bellísima capital andaluza, tras la sublevación del Coronel Ciriaco Cascajo, el Regimiento  pasó a formar parte de las Divisiones que operaron en el frente de Córdoba. Manolete se distinguiría por su valor en el frente de Peñarroya. Incluso estuvo a punto de morir cuando aviones soviéticos del ejército rojo bombardearon al Regimiento de Artillería en el que Manolete estaba encuadrado. El Regimiento Nacional avanzaba en ese instante, en columna de dos, hacia Cabezas de san Juan en el frente extremeño. Los aviones rojos descargaron en vuelo picado toda la furia de sus ametralladoras y bombas. El capitán del Regimiento, Gutiérrez  ordenó cuerpo a tierra, lanzándose los soldados, unos  hacía las cunetas y otros intentando poner a salvo a los mulos que cargaban con la impedimenta artillera. Una bomba cayó al lado de Manolete alcanzando a un compañero que murió en el acto. El que sería grandiosa figura de nuestra fiesta Nacional, tuvo la suerte de caer hacia el lado contrario del estallido de la bomba, salvándose milagrosamente.

Precisamente en la contienda de liberación, gracias a los desvelos del Capitán Gutiérrez Ozores, gran aficionado a la fiesta, se celebraría, en marzo de 1937, un Festival Patriótico de Artillería a beneficio del “Auxilio de Invierno”, en la plaza de los Tejares de  Córdoba. Actuarían en él: Juan Belmonte, como rejoneador, José Flores “Camará”, Sánchez Mejías, “Gallito” y los cordobeses Zurito, Manolete y Pepe Luque. Manolete se enfrentaría a un novillo de la ganadería de José de Goya de nombre “Camarón”, al que realizaría una sensacional faena. Tan  extraordinaria debió ser la faena de Manuel, que un nutrido grupo de aficionados, que asistieron al festejo, crearían la primera peña dedicada al irrepetible diestro de Linares en “Casa de Almoguera”.

Pepe Amorós

Pepe Amorós, que se distinguió valerosamente en los combates en el alto de los Leones de Castilla, enrolado en la centuria falangista de Valladolid, que mandaban José Antonio Girón de Velasco y Luis González Vicén.

El toreo vasco Zacarías Lecumberri, marino mercante, se puso, en julio de 1936,  a las órdenes del general Gonzalo Queipo de Llano.

Zacarías Lecumberri

Lecumberri estaba al mando del buque “Teresa”, que era de su propiedad, un navío de 1300 toneladas, con el que logró romper el bloqueo de la flota roja entre Sevilla y Melilla, llevando por el río Guadalquivir, a la capital hispalense, cuatro banderas de la Legión, dos Tabores de Regulares y uno de la Mehal-la Jalifiana. Durante la contienda, haciendo gala de inusitado arrojo y valor,  llevó armas y municiones de Ayamonte a Vigo. Más tarde, prestó servicios entre los puertos canarios y los nacionales del sur de la Península y norte de África. El general Mola dijo de él: «Este hombre, él solo es una fuerza, con la que contamos para todo».

El rejoneador Antonio Cañero, que operó con sus jinetes, junto al Comodante Alfredo Erquicia y su Grupo voluntario de “Policía Montada”,  por los frentes de Andalucía en pro de la causa nacional. Muy querido en La Coruña, pues estuvo destinado, como capitán, durante unos años en el Regimiento de Caballería de Cazadores de Galicia de guarnición en la ciudad de cristal.

Antonio Cañero

La maldita ley de la memoria histórica producto de una mente enfermiza como la del iluminado, perverso e impresentable presidente que contaba nubes, llamado José Luis Rodríguez Zapatero, corregida y aumentada por la ley de memoria democrática del traidor a España, profanador, corrupto, mentiroso y miserable Sánchez, quiso cebarse con la memoria de Antonio Cañero.  Un individuo oscuro, gris, sin estudios  llamado Juan Pablo Durán, y que llegó a ser elevado a la injusta categoría de  presidente del parlamento de Andalucía tenía entre sus fijaciones sectarias y montaraces la figura de Antonio Cañero. Al igual que ese grupo de desahogados, vividores e impresentables sectarios de  Ganemos Córdoba, la sucia marca de Podemos, que desgobernó durante cuatro años el  ayuntamiento de  la ciudad de los Califas y  perpetró contra la figura de Cañero otra fechoría, retirándole del museo taurino las condecoraciones que el gran rejoneador  había donado a la ciudad de Córdoba, tachándolas de franquistas. De nuevo se puso de manifiesto la incultura e ignorancia de la montaraz izquierda española –que por tiempo indefinido sigue y seguirá obsesionada con la figura de Francisco Franco-, al confundir unas condecoraciones que Cañero recibió entre 1910 y 1911 por participar en diferentes actos de carácter festivo que conmemoraban diversas acciones guerreras al cumplirse el centenario de la victoria de los ejércitos españoles en la guerra de la Independencia contra las tropas del pérfido Napoleón, tales como los sitios de Cádiz, Gerona y Astorga, las Batallas de Pontesampayo, Brihuega y Villaviciosa y la proclamación de la Constitución de 1812, con medallas de la guerra de liberación española de 1936-1939 en la que Cañero no obtuvo ninguna condecoración.

Manolo Bienvenida

Manolo Bienvenida, también partidario del pensamiento de José Antonio,  comenzó a organizar diversos festejos taurinos en la España Nacional.

A él se unión el también  falangista Luis Fuentes Bejarano. Manolo Bienvenida ya había tenido problemas con las milicias marxistas antes del inicio de la guerra, cuando el día 29 de mayo de 1936, en una corrida celebrada en la capital de España, se colocó de rodillas ante el toro, gritando un sonoro ¡Viva España!, desafiando  así a los Chiviris, que eran unas unidades paramilitares socialistas o comunistas formadas por 220 o 300 personas, instruidas por el capitán de la Guardia de Asalto Faraudo y los tenientes del mismo cuerpo Castillo y Moreno,  que realizaban prácticas militares, encaminadas a prepararse para la guerra civil. Recibían ese sobrenombre  porque al regresar a Madrid de sus prácticas de tiro  en la Casa de Campo o el Pardo, se paseaban por las calles con sus camisetas, pantalones y gorrillos blancos, estilo americano  y pañuelo rojo anudado al cuello, desafiantes al grito de ¡Viva Rusia! ¡Muera España!, entonando una cancioncilla zafia cuyo  estribillo  decía: “Ay chiviri, chiviri, chiviri / Ay chiviri, chiviri, chon”.

Los chiviris adquirieron trágica notoriedad cuando en la mañana de un  domingo de junio de 1934 asesinaron a la orilla del río Manzanares al joven falangista Juan Cuellar. Cuellar se encontraba con tres jóvenes camaradas en el monte del Pardo cuando se toparon con un batallón de chiviris que les obligó a cantar la Internacional. Estos se negaron aludiendo que eran falangistas y de pronto fueron rodeados, cebándose en el joven Cuéllar, al que dispararon, golpearon bárbaramente, acuchillaron, le arrancaron pelo, y le destrozaron la cabeza con un botijo de los que utilizaban para llevar vino a sus excursiones, dándole al final numerosas patadas. Cuando el joven estaba inerte en el suelo, la militante de los chiviris, Juanita Rico se situó encima de él, abrió las piernas y se orinó sobre su cuerpo moribundo.

1936. Juventudes Socialistas Unificadas.

Cuenta Felipe Ximénez de Sandoval en su “Biografía Apasionada” que José Antonio acudió de forma apresurada a donde se encontraba el cadáver del joven Cuellar e impresionado por el estado en que quedó el muchacho dijo lacónicamente: “Esto se tiene que terminar”. “No habrá caído sin respuesta”. Esto, en la pluma de Ximénez de Sandoval “era la ardorosa ingenuidad  combativa de frente e inermes, como si el enemigo fuese leal, caballero y deportivo”. Aquella noche una escuadra de falangistas descubrió a  Juanita Rico, a sus hermanos  y  amigos chiviris en la calle de Eloy Gonzalo. Desde un coche en marcha abrieron fuego alcanzado a la mujer que fallecería momentos después, quedando uno de sus hermanos malherido en una pierna. Nacía así la Falange de la sangre, después de haber soportado los asesinatos a manos de las milicias socialistas de los falangistas Ruiz de la Hermosa, Juan Jara, Segismundo, Vicente Pérez, Tomás Polo, Francisco de Paula Sampol, Matías Montero, Ángel Abella, Jesús Hernández, Luis Arroyo, Hurtado  y Ángel Montesinos.

En esa corrida madrileña Victoriano de la Serna imitó también a Bienvenida y  tras realizar una temeraria faena de muleta, lanzó a los cuatro vientos un ¡Viva España!, dejándose enganchar por el toro que le produjo graves heridas

Manuel Bienvenida realizaría varios festivales y corridas en la España nacional, sobre todo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde lucía su gran capote de percal en el que iba impreso «VIVA ESPAÑA». Fue muy comentado su brindis al General Queipo de Llano, en una de sus actuaciones, cuando dijo al General: “Tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro al salvador de España, general Queipo de Llano, y para que se mueran de rabia los hijos de la Pasionaria. ¡Viva España!».

Manuel, junto a Pascual Márquez y Domingo Ortega, actuaría en el coso de La Coruña, el 17 y 18 de julio de 1937, con motivo de dos festejos organizados por la Junta de suscripción Pro Acorazado España, para recaudar fondos para la construcción de un nuevo acorazado España, que se había hundido frente a la costa de Santander a finales de abril de ese año 37.

El mencionado Victoriano de la Serna prestaría sus servicios como médico del bando Nacional en el hospital militar de Pamplona. Domingo González “Dominguín”, hermano mayor de Luis Miguel, se alistó también como  voluntario en el Ejército Nacional siendo herido en 1936 cundo combatía la Bandera de Falange, que mandaba José Antonio Girón de Velasco, en el alto del León.  Finalizada la contienda bélica, Domingo se afiliaría al Partido Comunista y en su domicilio de la calle Ferraz de Madrid se llegó a editar en Mundo Obrero. En 1956 abandonaría el Partido comunista. Fallecería en 1975.  

Domingo Ortega

El gran Domingo Ortega, también muy amigo de José Antonio Primo de Rivera,  tras tener que participar en una corrida en la España del Frente Popular, concretamente en Valencia, donde curiosamente salió a hombros,  esgrimió antes las autoridades rojas, que tenía que torear en Francia algunas corridas ya firmadas. Eso le ayudaría a pasarse a la zona Nacional, para presentarse como voluntario en las filas del Ejército de Franco. Domingo participaría en 128 festejos organizados en la España nacional, en los casi tres años de guerra. Domingo Ortega, había formado, antes de la guerra,  su ganadería que sería destrozaba por los milicianos. Sólo lograría salvar, una vez finalizada la contienda,  30 vacas que pastaban en dehesas salmantinas.

Marcial Lalanda

Marcial Lalanda, falangista de la primera época y gran amigo de José Antonio Primo de Rivera, se distinguió valerosamente en los combates del frente de Talavera de la Reina, donde fue herido en una pierna. Lalanda ya se había enfrentado a las autoridades del Frente Popular en su calidad de presidente de la Asociación de Matadores, por diversas circunstancias que tenían que ver con el reglamento taurino.

Con el estallido del Alzamiento Nacional y la posterior guerra de liberación, salió para Francia, donde iba a participar en varias corridas. De inmediato regresó a la España Nacional, alistándose en una Bandera de Falange Española, combatiendo como apuntamos antes, en el Frente de Talavera con las tropas que iban camino de la liberación del irreductible y glorioso Alcázar de Toledo.

La familia de Marcial Lalanda sufriría de forma brutal la represión roja. Hasta doce miembros de la familia serian asesinados por las milicias socialistas, comunistas y anarquistas.  Su primo Pablo Lalanda, antiguo matador, seria asesinado en la finca de El Puncal (Toledo), junto a sus hermanos Martín, Marcial, Salvador y los hijos de este. Al primo del “más grande” las milicias marxistas no le perdonaron que hubiese participado en un encierro a puerta cerrada en honor a la Reina Victoria Eugenia.

La ganadería que Marcial poseía en Toledo, a nombre de su esposa Emilia Mejías García, con ejemplares mezcla de sangre Veragua, Santa Coloma y conde de la Corte, fue prácticamente eliminada  y exterminada con enorme odio y crueldad. Al finalizar la guerra de liberación, Marcial solo encontraría en su finca 19 cabezas, un semental, 10 vacas y 8 erales.

Victoriano Roger “Valencia II”

Victoriano Roger “Valencia II” afiliado a Falange Española, sería asesinado en el pueblo de Hortaleza (Madrid) el 18 de diciembre de 1936, tras ensañarse con él las milicias que lo cosieron a balazos. En la primavera de 1936, tuvo un incidente con un taxista que no le quiso realizar un servicio al identificarlo como falangista, ya que Victoriano había adquirido mucha popularidad en ese momento, pues en todas sus faenas saludaba brazo en alto al público, haciendo el saludo falangista. Acabaron a puñetazos, llevando el taxista la peor parte.

Unos días después, Victoriano, que toreaba en las Ventas, sufrió un boicot por parte del gremio izquierdista de taxistas, que convocaron una huelga de servicio a la plaza de toros, lanzando incluso octavillas por la capital, donde tildaban a Victoriano de “señorito, torero y fascista”.

Al inicio del paseíllo, Victoriano es recibido con pitos por una parte de la plaza donde se encuentran situados los taxistas de izquierdas. Victoriano, sin inmutarse, realizará una faena temeraria que pondría a casi la totalidad del público en pie que le ovaciona de forma frenética. Tras su triunfo Victoriano dedicará un gesto muy significativo a los taxistas socialistas y comunistas, echándose la mano a sus partes y agarrándolas.

Con la caída del Cuartel de la Montaña y el fracaso del Alzamiento en Madrid, Victoriano, al verse perseguido y temer por su vida, se esconde en la casa de amante, quien según todos los indicios lo denunciará a las milicias, para de esa forma apropiarse del dinero y joyas del matador. Detenido, el 18 de diciembre de 1936, en la carretera de Hortaleza, Victoriano sería asesinado de forma brutal y sádica. Su cuerpo sería encontrado con numerosos balazos.

El matador Juan Luis de la Rosa sería asesinado a tiros en una calle de Barcelona, a manos de milicianos el día 6 de noviembre de 1936. Un rival amoroso, valiéndose de su cargo de comisario de milicias, perpetró contra el diestro una cobarde venganza que finalizaría con su fusilamiento.

Al genial Rafael Gómez “El Gallo”, la guerra le sorprendería en el Madrid rojo. Se enteraría de que se había iniciado la guerra seis semanas después de su comienzo. Vivía en una pensión de la Carrera de San Gerónimo regentada por su mozo de espadas Serrano, quien le ocultó el inicio del conflicto bélico., diciéndole que en Madrid había una huelga. El genial Rafael, se pasaría esas semanas en la cama. Cuando decidió salir, para actuar en un festival en la plaza de las Ventas, se sorprendió por el ambiente bélico y con aquella gracia de la que Dios le había dotado le dijo a uno de sus banderilleros: “Oye niño, ¿qu’es lo que pasa hoy aquí que hay tanto sordao en la calle?”

Cuentan también, que en Valencia, en la corrida en al que saldría a hombros de milicianos Domingo Ortega, con el que compartía cartel. Rafael, a la hora del paseíllo salió con la mano derecha extendida, mientras Domingo lo hacía con el puño izquierdo en alto. El Gallo por aquella acción recibió una enorme pitada. Antes de llegar al final del paseíllo, Ortega, atemorizado y nervioso le dijo: “¿Por tu madre Rafael, cierra el puño que esta gente nos fusila? Rafael continuó con la mano derecha extendida y fue detenido. Al interrogarle y acusarle de haber hecho el saludo fascista, el irrepetible Rafael, sin inmutarse contestó: ¿Pero qué saludo fascista, lo que pasa es que me daba el sol en los ojos y me los tapaba con la mano? ¡Genio y figura!

Rafael Gómez “El Gallo”

Con la llegada de la paz, Rafael regresó a su Sevilla del alma donde fue recibido con aclamaciones, siguiendo con su vida ya alejado de los ruedos

En el trágico Madrid rojo perderán la vida, asesinados los hijos del ganadero García Aleas y los hijos del Conde de Casal.

Cristóbal Colón y Aguilera de la Cerda XV Duque de Veragua

Especialmente cruentos fueron los asesinatos del Duque de la Vega y de Don Cristóbal Colon y Aguilera, Duque de Veragua, quien había recibido la prestigiosa ganadería de bravo, creada en el siglo XVII del que fuera ministro de Fomento durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y ministro de Marina durante el reinado de Alfonso XIII, Cristóbal Colón de la Cerda y Gante, XIV duque de Veragua.  Colón y Aguilera vendería en 1928 la ganadería a los hermanos Fermín y Manuel Martín Alonso, que con posterioridad se la venderían al bodeguero gaditano Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio.

La orden de sus asesinatos, según un pinero llamado Julián “El Estudiante”,  la dio personalmente el conocido “demócrata” Santiago Carrillo Solares. Según la versión de “El Estudiante”, que recogió en un amplio reportaje el diario “El Alcázar” en 1977, los hechos de aquellos asesinatos se produjeron así: “Al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un ‘forito’, ocho cilindros muy viejos y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos y el quinto, el jefe de las checas, que aún yo no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 o 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: Pionero, estudiante ven aquí. ¿Sabes quién es éste? Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre. Este es el duque de Veragua, el fascista número uno de España” . . . mientras sacaba una pistola debajo del tabardo (que recuerdo perfectamente del nueve de largo y disparó tres tiros sobre el cráneo del duque que ya estaba bien muerto . . . Luego  dirigiéndose al guardia de asalto Ramiro Roig (El Pancho) le ordenó: ¡Quítale el anillo (una sortija con brillantes que parecía muy buena), y como no podía, él ordenó: ¡Córtale el dedo, leche!. El guardia sacó una navaja de bolsillo y destrozó la mano hasta que consiguió sacar el anillo y se lo dio a su jefe”. “Recuerdo perfectamente que Santiago Carrillo, después de limpiar la sangre de la sortija con broza que cogió del suelo, se la guardó en el bolsillo”. Las palabras de Julián, “El Estudiante”, enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama y miembro de la Escuadrilla del Amanecer, nunca fueron desmentidas por Carrillo.  

Sin embargo, investigaciones realizadas con posterioridad,  por los escritores Alberto Laguna, Antonio Vargas, Victoria de Diego y Daniel Olivares, creadores de la magnífica web guerraenmadrid.net.,  el asesinato del Duque se produjo en  septiembre. El 17 de septiembre, el juzgado de Fuencarral recibió un aviso de que se habían encontrado dos cadáveres en la carretera de Fuencarral a Colmenar Viejo. Los escritores lograron acceder al certificado de defunción donde se manifiesta que el Duque de Veragua murió de dos disparos, uno en la sien y otro en la nuca, algo que contradice la versión de El Estudiante, que dice que el Duque recibió además de fuego de ametralladora, tres disparos. Igualmente la fecha de su asesinato no coincide con la del 24 de agosto dada por “El Estudiante”, puesto que el Duque de Veragua sería detenido el 27 de agosto y asesinado, según las investigaciones de Laguna y Vargas, el 16 de septiembre.

En los archivos de la Causa general, instruida por el Ministerio de Justicia nada más finalizada la contienda civil, consta documentalmente que, “los Duques de la Vega y Veragua –este último descendiente del descubridor de América, de edad avanzada y que ninguna actividad política había desarrollado durante su vida-, fueron detenidos, por móviles exclusivos de robo, por unas milicias socialistas dirigidas por un individuo de ese partido, llamado Zacarías Ramírez, convertido en Capitán. Fueron inútiles todos los requerimientos de las representaciones diplomáticas para que el Ministro de Asuntos Exteriores, Julián Álvarez del Vayo, garantizara la vida de los detenidos, que ningún peligro representaban para el régimen rojo. Finalmente, los dos mencionados señores fueron asesinados después de un prolongado secuestro, no sin que antes el jefe socialista obligase al Duque de Veragua a transmitirle, bajo ciertas solemnidades jurídicas, la propiedad de una finca que el Duque poseía en la provincia de Toledo”.

El 29 de diciembre en el trascurso de las operaciones sobre el pueblo jienense  de Lopera, es alcanzado en combate, José García Carranza “Pepe El Algabeño” vieja guardia Falangista y que se hallaba encuadrado en el cuartel general del general Queipo de Llano. Fue herido  en un enfrentamiento de unidades Nacionales contra las brigadas internacionales, que luchaban enconadamente en aquel teatro de operaciones. Visiblemente afectado, aquella noche el general Queipo de Llano en su charla radiofónica diaria se refirió de esta forma al Algabeño: “En el día de hoy, José García «El Algabeño», falangista, agregado a mi Cuartel General, se empeñó en llevar personalmente una orden que yo le di al extremo en que se hallaba operando la caballería. Había bastante fuego y recibió un balazo de bastante gravedad y tanto en el momento de caer como en el de ingresar en el Hospital sólo salía de su boca una frase: ¡Viva España! Ha caído como un bravo. Haga Dios que Pepe el Algabeño se restablezca pronto de las heridas que sufre”. No fue así y Pepe falleció en el hospital de la Cruz Roja de Córdoba víctima de un balazo en el abdomen.

José García Carranza, Pepe El Algabeño, falangista de la primera época, Vieja Guardia, muerto en combate en la Guerra de Liberación Española.

El general Gonzalo Queipo de Llano impuso, a título póstumo, al gran torero, la Medalla Militar Individual y el Caudillo Franco le nombró teniente honorario de Caballería. El féretro que contenía los restos del Algabeño fue recibido multitudinariamente en Sevilla, siendo enterrado posteriormente en el panteón familiar en la Algaba. El toreo de Pepe estuvo lleno de valentía y vitalidad, destacando por ser un consumado estoqueador. El 28 de septiembre de 1929 en Bayona (Francia) sufrió una grave cogida, que le haría abandonar el toreo a pie para dedicarse al rejoneo.

Fue junto a Antonio Cañero los que revolucionaron de forma definitiva las formas del toreo a caballo. Simpático, de buena presencia, prodigo y con gran éxito entre las mujeres, fue un relevante personaje de la época,  tanto en los ruedos como fuera de ellos. Intervino en tres películas  «La medalla del torero» realizada en 1924; «La hija del Corregidor» de 1925, ambas dirigidas por  José Buchs, y «Currito de la Cruz» película de 1926 del gran Alejandro Pérez Lugín. Por su gran aporte económico, se distinguieron también por su colaboración con el bando Nacional, los famosos diestros ya jubilados, Ricardo Torres “Bombita”, Rafael Guerra “Guerrita” y Rafael González “Machaquito”.

Aurelio Rodero, fotógrafo de toreros, asesinado en Madrid por unos milicianos el 25 de julio, se convertirá en la primera víctima de la guerra del mundo taurino. También esos días fueron fusilados por las milicias marxistas el ganadero Tomás Murube (en La Roda de Andalucía),  Teresa Zayas, viuda del ganadero Romualdo Arias de Reina junto con su hermano Javier, sus dos hijos Alberto y Daniel y sus sobrinos José María y Antonio Arias de Reina Pérez. También será asesinado en Málaga el ganadero Argimiro Pérez Tabernero y tres de sus hijos. Una bomba lanzada sobre Córdoba por un avión del Frente Popular alcanza de lleno al modesto matador de toros Francisco Gutiérrez “Serranito de Córdoba”. También caerían en combate, en las filas del bando Nacional, el banderillero Fernando Gracia y el novillero Félix García. Los ganaderos Demetrio y Ricardo Ayala López, de Ciudad Real, fueron asesinados el 17 de diciembre de 1936, en Carrión de Calatrava, además del hijo de este Ricardo Ayala Cueva.

En Granada, en el barranco de Viznar, junto al gran poeta Federico García Lorca,  son fusilados por un grupo de la C.E.D.A, los banderilleros Francisco Galadi Jergal y Joaquín Arcollas Cabezas, ambos militantes de la CNT.  En combate, luchando con el ejército rojo morirían los novilleros Cayetano de la Torre, “Morateño”, y Ramón Torres, que falleció como piloto; los banderilleros Pedro Gómez, “Quirín”, Francisco Ardura, “Paquillo”, y José Duarte Acuña; y el picador Julio Grases, «Jirula»,

Litri II de teniente en el ejército Popular. Portada Revista Estampa. Madrid 1936.

Una brigada mixta del ejército rojo, la 96, conocida como la de “los toreros”,  estuvo compuesta por un amplio número de toreros y subalternos de segunda y tercera fila, pertenecientes al Sindicato de Toreros. Fue mandada por  Luis Prados “Litri II”,  teniendo como comandante de un batallón a Juan Mazquiarán Beovide  “Fortuna Chico”, a su hermano Raimundo que era banderillero, sobrinos del  famoso matador Diego Mazquiarán” Fortuna”; el novillero con estrellas de capitán, Guillermo Martín Bueno, al igual que el también novillero gaditano Manuel Vilches del Río “Parrita”; Silvino Zafrón “Niño de la Estrella”. Rafael Barberá, banderillero  y el matador valenciano  Enrique Torres Herrero, entre otros, que combatieron en la sierra de Guadarrama y en el frente de Teruel, encuadrados dentro de  la 22 brigada mixta del Ejército rojo que mandaba Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, el capitán que se había sublevado en Jaca contra la monarquía de Alfonso XIII, en 1930, siendo posteriormente fusilado.

La actuación en Teruel de la Brigada 22 fue tan lamentable que incluso el mando fusiló a varios soldados acusados de traición y complicidad con el enemigo. Los pocos toreros al mando de Litri contuvieron con valentía y heroísmo, durante varios días el avance inexorable del Ejército Nacional con la V Brigada de Navarra en vanguardia al mando del coronel Bautista Sánchez González. Fueron condecorados por el mando rojo con el distintivo al valor.

Finalizada la guerra de liberación, Litri fue juzgado, al igual que Fortuna “por apoyo a la causa marxista”. Litri II fue condenado a treinta años de reclusión, intercediendo el  propio Marcial Lalanda  a favor de él ante los tribunales. Logró salvarlo y Litri salió de la cárcel en 1943, volviendo a los toros  como subalterno  y una vez retirado de los ruedos, puso una taberna en Madrid y vivió como tabernero de forma tranquila y honesta durante el resto de su vida. Por su parte Fortuna no volvió al mundo taurino amargado al comprobar cómo sus compañeros le habían vuelto la espalda. Trabajó como peón de la construcción, finalizando su vida laboral como administrativo en el ramo del ladrillo. Nunca quiso hablar de la guerra, incluso en 1990 cuando uno de los gobiernos socialistas de Felipe González reconoció los derechos de pensión a los combatientes del bando republicano, Fortuna no la solicitó.

A Félix Colomo el inicio del Alzamiento nacional le sorprendió en Madrid: Decide trasladarse con su familia a Navalcarnero, donde unos milicianos socialistas lo detienen y requisan su vehículo. Colomo pasaría por diversas chekas hasta alcanzar la libertad, algo que le permitiría anunciarse en diversos festivales taurinos celebrados en zona roja. Tras la victoria del ejército nacional, Colomo sería detenido y depurado, acusado de colaboracionista del bando rojo marxista con el agravante de haber sido utiliza<do su vehículo particular en diferentes ejecuciones de presos, los conocidos como “paseos”.

Un Consejo de Guerra le condenaría a doce años y un día por el delito de “auxilio a la rebelión”. Al poder demostrar que coche había sido incautado por las milicias rojas, fue condenado a dos años de prisión menor.

Félix Colomo

Aquella condena le privaría de torear en cualquier plaza de España, hasta 1943 en que ya redimido toreó en Madrid. Su última corrida tuvo lugar en septiembre de 1947, en  la madrileña plaza de Carabanchel. Retirado de los ruedos emprendería una exitosa actividad hostelera al hacerse cargo como propietario del famoso mesón de Cuchilleros, en el Madrid de los Austrias “Las cuevas de Luis Candelas”.

Saturio Torón

También en algunos casos la guerra colocó en lugar equivocado a algunos toreros como fue el caso del matador Saturio Torón Goyanes “el León Navarro”, un hombre de gran envergadura que tras probar suerte boxeador se hizo novillero, pasando posteriormente a ser banderillero en cuyo arte llegó a tener fama de valiente. Conocido por su filiación  a Falange Española, incluso su nombre apareció en el primer ejemplar del diario “Arriba”. Miembro de una escuadra de aquella “Falange de la sangre”, que reprimió los asesinatos de jóvenes falangistas a manos de pistoleros socialistas y comunistas y que fue disuelta por José Antonio Primo de Rivera tras la expulsión de la organización de José Antonio Ansaldo en 1935. Al estallar la guerra, Saturio Torón fue encarcelado y condenado a muerte. Con la ayuda de otros compañeros de profesión salvó la vida al alistarse en la Brigada Roja de toreros, siendo destinado por el bando frente populista a la Sierra de Guadarrama, donde luchó con valor contra sus antiguos camaradas, llegando a ser capitán por sus méritos de guerra, siendo herido en el frente. La explosión en ese frente de una granada, el 1 de enero de 1937, le produjo la muerte. Algunas versiones de su muerte, apuntaron a que pudo ser asesinado por elementos rojos al conocer su pasado falangista.

La guerra de liberación española supondría un terrorífico quebranto a las ganaderías de bravo. Muchas de ellas desaparecerían por hambre o por muerte. Según información recogida por el crítico taurino, que realizaba sus crónicas taurinas en “La Hoja del Lunes” de Madrid,  Luis Uriarte,  los ganaderos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia poseían en la zona central antes del 18 de julio, 5.083 reses de casta y herradas. En mayo de 1937, solo quedarían 166 vacas, 8 toros, 22 añojos y 127 crías.

Hubo algunas razas de toro bravo que desaparecieron por completo del mapa ecológico, por ejemplo la ganadería del Conde de Antillón, que fue liquidada completamente. La de n Hernández Plá, fue totalmente sacrificada con destino al abastecimiento del Ejército rojo. No se pudo recuperar la Emilio Bueno,  asesinado en diciembre de 1936, por un piquete comunista. La ganadería de José María López Cobo, casta pura Vistahermosa, fue casi totalmente destruida en el primer año de guerra, pues sólo se pudieron rescatar 50 vacas. Otra aniquilada por completo fue la ganadería de la Viuda de Félix Gómez, en Colmenar Viejo, procedente de los Jijón y cruzada con Parladé. Sólo se recuperaron un semental y 54 vacas.

En la localidad jienense de Aldeaquemada se encontraba la ganadería de Pacomio Marín Ginés, que sería asesinado, después de sufrir tormentos, en 1938. La vacada a punto estuvo de extinguirse, siendo rescatada por su viuda y su hijo al  finalizar le guerra. 

Otras ganaderías que desaparecieron  victimas del furor y el hambre de las milicias y ejército rojo marxista fueron las de los Herederos del duque de Tovar; Las de Lorenzo Cortés y Ruiz Dayestán, Sólo en la región o Zona Centro se calcula que fueron sacrificados unos 12.000 toros bravos. Quedó totalmente extinguida la del Conde de Casal en Madrid, cuyo propietario, como hemos comprobado fue asesinado por milicianos marxistas.  Desapareció por completo una de las más antiguas ganaderías españolas, la de Patricio Sanz, de San Agustín (Madrid) con fecha de 1885. Otra que sufriría enormes pérdidas fue la de los Herederos de Flores Albarrán.

De las treinta y dos mejores ganaderías andaluzas, ocho desaparecieron por completo.

1939, Corrida de la Victoria en Madrid, Los diestros saludan con el brazo en alto.

Con España caminando al paso alegre de la paz, el 24 de mayo de 1939, se celebraría en las Ventas del Espíritu Santo de  Madrid la «Corrida de la Victoria»,  primer festejo taurino que se celebraba en dicha plaza después de la guerra liberación española y donde tuvo lugar un curioso e inesperado suceso.

El cartel de la corrida de la Victoria lo integraban el rejoneador Antonio Cañero y los espadas Marcial Lalanda, Vicente Barrera, Pepe Amorós, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida y Luis Gómez, «El Estudiante». Durante la actuación de Marcial Lalanda con  el  primer toro de la tarde, el público pidió que sonase la música para amenizar la faena del “más grande”, interpretándose el pasodoble  a él dedicado por el maestro Martín Domingo. Continuó el festejo y en el cuarto toro, Domingo Ortega realizó una faena antológica, ejecutándola sin que en ningún momento sonase la música, algo que incomodó enormemente a los partidarios del torero de Borox que  protestaron ruidosamente el lamentable hecho, al verse, ellos y su torero, profundamente desairados por tan desafortunado detalle y privados de que sonase en honor a Ortega el magnífico pasodoble compuesto por Florencio Ledesma y Rafael Oropesa y cuyo  el letrista era Salvador Mauri. Hubo tal desorden público en los tendidos que las autoridades decidieron que en el momento de la faena de muleta, no sonase ningún pasodoble en la plaza de Madrid, lo que se mantiene en la actualidad.


4 respuestas a «Toreros en la Guerra de Liberación Española (1936-1939)»

  1. Buenas tardes.
    Estupendo artículo y muy bien documentado; hasta habla del modesto torero cordobés Serranito, muerto en agosto de 1936 por una bomba de la aviación republicana en Córdoba cuando se ganaba la vida como aguador y vendedor de lotería montado en un borriquillo que le regaló Antonio Cañero (había perdido una pierna a consecuencia de una cogida).
    En 1978 Marcial Lalanda se querelló contra un periodista que publicó que había instigado el fusilamiento del torero Félix Colomo. Este no fue fusilado, estuvo dos años en la cárcel por auxilio a la rebelión y fundó el restaurante madrileño «Las Cuevas de Luis Candelas». Cosas de la memoria histórica, sobre todo cuando se meten en ella cenutrios y tuercebotas.
    Antonio Cañero también pudo haber tenido su ración de memoria histórica. Me enorgullece decir que contribuí en parte a que la Justicia revocase el acuerdo del pleno municipal que pretendía quitar su nombre de una popular barriada cordobesa. Quizás hable de esto en otra ocasión.
    Saludos.
    Patricio Hidalgo Luque.

  2. Una vez más el autor nos sorprende con su erudición.
    No cabe duda que el mundo taurino está íntimamente ligado a lo más profundo del alma española.
    Por ello nada tiene de extraño que ese mundo estuviera dividido, como el resto de la sociedad española.
    Y también en este caso los asesinatos en zona roja fueron mucho más numerosos que en la zona nacional.
    Por otra parte la anarquía y desorganización en la retaguardia roja, fue la causa de la terrible hambruna. Que no se dio en la zona nacional. Donde no se pasó hambre hasta que la liberación de las populosas poblaciones que habían quedado en zona roja hizo necesario compartir con ellas los recursos de la zona nacional.
    En este contexto, nada tiene de extraño que en la zona roja las ganaderías bravas fueran más necesarias como imprescindible fuente de proteínas que para festejos taurinos.

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